martes, 27 de septiembre de 2011

China y AL.






Rebelion. “China no quiere jugar el rol de Estados Unidos”















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27-09-2011






Entrevista con Sergio Cesarín, sinólogo, investigador de la Untref y del Conicet

“China no quiere jugar el rol de Estados Unidos”




Debate






Potencia política,

militar y económica global. En tres décadas de reformas y apertura,

China se reinventó a sí misma y, con su ascenso, revolucionó la ecuación

geopolítica mundial. Sergio Cesarín vivió, estudió y eligió al gigante

asiático como su campo de especialización académica. Este investigador

del Conicet se graduó en Economía en la prestigiosa Universidad de

Pekín, por lo que su visión se alimenta de su experiencia de vida en la

nación protagonista del siglo XXI. Gestionado por un “Partido Estado”

(el Partido Comunista Chino, PCCh), Cesarín desmenuza cómo este país

lidera el mundo en desarrollo, al tiempo que subraya los desafíos que

representa para nuestra región.

-China emergió como un actor central en el mapa global. ¿Cuál es la estrategia detrás de esa inserción?

-Hay

un debate que los mismos ciudadanos se plantean y es respecto de qué es

China hoy. Tratan de caracterizarse con una identidad renovada, pero

asentada sobre su larga tradición. Y, luego también, de proyectar esa

imagen al mundo y un poder sobre éste. En términos generales, los chinos

viven un fenomenal y largo proceso de recomposición y reconstrucción de

una posición que China detentó hasta mediados del siglo XIX, cuando era

un imperio. Los chinos evalúan esa transición como una reconstrucción

del brillo de su primacía. El gobierno es consciente de los desafíos que

representa el nuevo poder del país en el mundo. La cuestión clave es

administrarlo. Por caso, a China se le pide cada vez más protagonismo.

Se le pregunta, por ejemplo, por qué no tiene una postura más agresiva

con relación al sistema financiero internacional. Pero ellos toman una

posición prudente, porque son conscientes de sus propias limitaciones.

Evalúan que este proceso de expansión y adquisición de predominio sobre

el mundo debe ser calibrado.

-¿Cuáles son las limitaciones?

-Los

chinos aprendieron de la historia mundial y de su propia historia. La

conclusión es que la sobreexpansión de las capacidades de los poderes

imperiales se convierte en el epicentro de la decadencia de esos

poderes. Pero, además, todavía hay mucha reluctancia de aceptar a China

como un gran poder internacional. El gobierno chino es cauto, sabe que

todavía es una economía en desarrollo, con niveles de pobreza

importantes y que es una nación dependiente de las importaciones de

energía y de alimentos.

-Más

allá de la cautela asiática, el ascenso de China es percibido como un

desafío para el poder de Estados Unidos, ¿cómo se miden fuerzas?

-China

representa el país que va a sobrepasar a Estados Unidos, en términos

económicos. Y, en realidad, lo que los chinos están diciendo es que

ellos no desean hacerlo. Por caso, no quieren jugar el rol hegemónico de

gendarme del mundo de los estadounidenses, además saben que no cuentan

con la capacidad militar para eso. En efecto, tienen mucho más para

ganar si recrean el tradicional vínculo que tuvo el imperio con el resto

de su periferia y otros países, que fue a través del comercio. China es

un exitosísimo caso de cultura mercantil. Ésa es la visión de cómo

China quiere insertarse a escala internacional. Evidentemente, para

Estados Unidos problematiza muchas cosas.

-Por ejemplo, ¿su declinación como super
potencia?

-Si

asumimos que eso es así, sí. Hoy, la economía china en términos de

influencia global es muy importante. Pero, a la vez, Estados Unidos y

China son los dos grandes balanceadores -si vale el término- de la

economía mundial. En realidad, existe una mutua interdependencia. Por

eso, en la puja entre ambos se perciben más elementos de cooperación que

de conflicto. China, por ejemplo, fue uno de los primeros que se acopló

a la lucha contra el terrorismo internacional y es un actor importante

en la moderación de varios conflictos.

-Hace

un tiempo participó del seminario “América Latina y China: ¿opción

estratégica o nuevo colonialismo?”. ¿Es válido pensar la relación en

esos términos?

-Puede que haya sido un título bastante

marketinero. Diría que hay que poner la cuestión en contexto. Para ello,

subrayaría que China tiene claros intereses y una estrategia concreta y

exitosa en su vinculación con nuestra región. Les interesa el comercio

complementario, las inversiones para acceder a materias primas y

recursos. Todo ello, en un contexto de creciente amistad política. Desde

el lado latinoamericano, no hay una visión unificada sobre qué hacer

con China porque somos muchos países y hay muchos intereses en juego.

-¿Es un problema el intercambio de
sigual?

-Sí,

se presenta un escenario de competencia pura. Es decir, nosotros

importamos de China productos manufacturados que contienen un mayor

valor agregado y de contenido tecnológico que nuestras exportaciones.

Hay que tener en cuenta que las tres cuartas partes de las exportaciones

latinoamericanas a China son materias primas, en tanto importamos

informática, automóviles, etcétera. Entonces, si bien cuantitativamente

el comercio se ha expandido, en términos cualitativos comienza otra vez a

aparecer el dilema de la reprimarización exportadora de la región.

Pero, lo cierto es que somos nosotros los que tenemos que aprender de

nuestra propia historia.

-¿Cómo se traduce esta situación para la Argentina?

-La

Argentina estableció una relación cada vez más intensa con China. Creo

que hemos sabido dar respuesta a los cambios del sistema económico

mundial, aprovechando las ventajas que este país asiático nos otorga.

Desde mi visión, me gustaría que el comercio estuviera más

diversificado. Entiendo que es muy difícil para un país como el nuestro,

amén la asimetría de poder con China, imponer condiciones. Todas las

naciones de la región aprovechan la ola beneficiosa de la demanda de los

commodities y de las materias primas. En realidad, la clave es lo que

cada país haga con esos excedentes.

-¿Qué opciones se plantean?

-Por

ejemplo, los pueden aplicar a la seguridad social, a comprar

armamentos, etcétera. Pero, también, los países pueden desarrollar

parques tecnológicos para que, en la segunda o tercera década del

presente siglo, aun cuando se siguieran vendiendo materias primas, éstas

sean cada vez un componente menos importante del intercambio. Para

entonces, se podría contar con una base tecnológica de primerísimo nivel

en sectores de punta. La Argentina ha tenido avances en este sentido,

como en biotecnología y energía nuclear. Será cuestión de profundizar

ese camino. Es decir, comparto la visión de los críticos con relación a

algunos aspectos del vínculo con China, pero también veo elementos

positivos en tanto los países sepan reinvertir las ganancias. Peor sería

que China o la India no mantuvieran la demanda.

-¿Es posible una respuesta regional, por ejemplo, desde la Unasur?

-Me

conformaría que fuera desde el Mercosur, donde hay muchas asignaturas

pendientes. Se trataría de una estrategia mancomunada de coordinación de

políticas macroeconómicas. Desde el lado chino, la tensión que se

genera con su socio latinoamericano por el déficit comercial se resuelve

en parte por el lado de las inversiones, que si bien están focalizadas

en los sectores extractivos (minero, agroalimentario, energético)

también está el caso de las empresas chinas transnacionales y estatales

que están invirtiendo en otras industrias como la automotriz o la

electrónica, por ejemplo, además de la cooperación financiera. Insisto,

la cuestión es aprovechar el contexto para construir sociedades más

equitativas.

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Desde adentro

El sinólogo

Sergio Cesarín subraya otros aspectos que caracterizan la actual “fase

de transición” del país que se perfila como la futura primera potencia

planetaria.

Crecimiento e inequidad:

“Con

el correr de los años, el desarrollo de su economía sigue siendo

elevado (este año se estima un alza del 9 por ciento), lo cual refleja

lo sostenible del proceso. Sin embargo, dos cuestiones preocupan al

gobierno chino: la calidad de ese crecimiento y la redistribución del

ingreso. Dos ejes que hay que mejorar y sobre los que se están

implementando correcciones. El crecimiento con equidad es uno de los

planteos del próximo plan quinquenal”.

El Partido Comunista Chino, como única fuerza política:

“La

base de legitimación primaria del PCCh es que libró y ganó una

revolución que, entre otras cosas, les dio a los campesinos la reforma

agraria. Aunque, hoy, el gobierno legitima su rol de liderazgo sobre la

base de la promoción y desarrollo económico. Así, representa la garantía

del beneficio. Sin embargo, los líderes de ese país reconocen que China

sí o sí tiene que virar hacia un sistema de mayor pluralismo político”.



La herencia de Mao Tse Tung:

“En

términos ideológicos, podría decirse que sólo en los discursos

oficiales, o documentos intrapartidarios, se percibe que aún perdura

algún núcleo duro de ideas marxistas, más bien para calmar a los cuadros

militantes más conservadores. Pero, en la praxis política prima una

visión más sofisticada y pragmática. China se encuentra en una larga

transición desde una sociedad agrícola hacia un modelo de sociedad

urbana industrial. Cómo el sistema político administra la emergencia de

las nuevas demandas es su gran desafío”.

Fuente original: http://www.revistadebate.com.ar//2011/09/23/4468.php






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