miércoles, 30 de junio de 2010

Afganistán







Rebelion. Karzai el talibán















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30-06-2010







Karzai el talibán







Traducido por Gorka Larrabeiti




Con tal de salir del pantano afgano, los EE.UU. están dispuestos a dejar Afganistán en manos de los talibanes y de Pakistán. Después de renunciar a lanzar la ofensiva en Kandahar, el Gobierno de Obama -a pesar de su aparente escepticismo- en realidad está apoyando las negociaciones entre Karzai y los talibanes, con la mediación de la cúpula militar paquistaní.

El jefe del Estado Mayor, el general Ashfaq Parvez Kayani, y el director de los servicios secretos paquistaníes (ISI), el general Ahmed Shuja Pasha, estos días están yendo y viniendo de Islamabad a Kabul para promover un acuerdo político entre Karzai y los talibanes de la conocida red Haqqani (que encabeza la resistencia afgana activa en el sureste de Afganistán, en las provincias de la frontera con Pakistán).

Parece que la semana pasada, durante una de estas reuniones, incluso hubo un encuentro cara a cara entre el presidente afgano y el comandante de Siraj Haqqani, el líder del grupo rebelde.

Al igual que en reuniones anteriores -siempre mediadas por los generales paquistaníes- con las otras dos «almas» de la resistencia de los talibanes (emisarios de la Shura de Quetta del Mullah Omar y dell'Hezb-i-Islami de Hekmatyar Gubuddin), parece que se discutió sobre su participación en el Gobierno y la concesión de determinadas provincias a su administración. Una perspectiva inaceptable para las minorías no pashtunes (tayikos, uzbekos y hazaras) que lucharon contra los talibanes hasta el año 2001 bajo la bandera de la Alianza del Norte.

''Es asombroso escuchar a Karzai referiéndose a los talibanes con el sufijo 'jan', muestra de estima y afecto'', dijo Abdullah Abdullah, líder de la minoría tayika y contrincante de Karzai en las últimas elecciones presidenciales. ''Los talibanes no se conformarán con algún ministerio o provincia: tratarán de hacerse con todo''. Para Mohammed Mohaqeq, líder de la minoría hazara, Karzai "está creando las condiciones para la guerra étnica; el futuro del país promete ser muy sombrío". Al hacer eso ''Karzai reabre viejas heridas: Si retorna el poder a los talibanes y la violencia, vamos a volver a combatir en Afganistán y dividirnos'.'

Desde 2001, Afganistán, el ejército y la policía son de dominio exclusivo de Tayikistán y otras minorías no pashtunes. Soldados y policías afganos son casi todos ex muyahidines de la antigua Alianza del Norte, que se mantuvo leal a sus viejos líderes, así que siempre están listos para ir a combatir. Si a esto se añade el proyecto de la OTAN sobre un papel creciente en la cooperación militar de la India con las fuerzas de seguridad afganas (el cumplimiento de una pesadilla, desde la perspectiva de Pakistán), la probabilidad del retorno al poder en Kabul a favor de los talibanes paquistaníes
desatará una nueva guerra civil en aumento de manera exponencial. En Afganistán y Cachemira: un campo de batalla indirecta entre dos estados nucleares.

Para permitir el retorno al poder de los talibanes, evitando al mismo tiempo estos molestos efectos secundarios con sangre, en los círculos políticos y diplomáticos en Washington está ganando la posibilidad de una división consensuada de Afganistán.

Prever este resultado, incluso como algo inevitable, es lo que ha hecho en los últimos días el gran hombre de la política exterior estadounidense: el ex secretario de Estado Henry Kissinger. El viejo político, pero aún muy influyente, escribió en el Washington Post: ''El resultado realista, probablemente es una confederación de regiones semi-feudales autónoma basada principalmente en el origen étnico, interactuando entre ellos a través de acuerdos explícitos o tácitos. La estrategia de EE.UU., aunque creativa, no puede cambiar esta realidad.''

Fuente: http://it.peacereporter.net/articolo/22765/Karzai+il+talebano

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lunes, 28 de junio de 2010

La "reforma financiera"(MB)







Rebelion. La distopía de la “nueva austeridad”















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Economía






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28-06-2010






El golpe de Estado financiero contra el Estado democrático y social de Derecho en Europa

La distopía de la “nueva austeridad”




New Economic Perspectives






“Lejos de limitarse a retraer la economía, lo que persigue ahora el neoliberalismo es alterar la trayectoria en la que ha venido moviéndose la civilización occidental en los dos últimos siglos. Se trata nada menos que de hacer retroceder la seguridad social y las pensiones de los trabajadores, la asistencia sanitaria, la educación y otros servicios públicos, de desmantelar el Estado democrático y social de Derecho, de poner fin a los logros de la era progresista y aun al ideario programático del republicanismo clásico”.

“…estamos asistiendo a la ejecución de una política largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda máquina y por doquiera. Los intereses rentistas, los intereses creados que un siglo de era progresista, de New Deal y de reformismo buscaron subordinar al conjunto de la economía, están contraatacando. Y tienen el control de la situación, con sus propios representantes en el poder, muchos de los cuales son, irónicamente, dirigentes de partidos socialdemócratas o laboristas, desde el presidente Obama al presidente Papandreu, pasando por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en España”.

“Europa se nos muere. Si no cambia su trayectoria, la Unión Europea sucumbirá a un golpe de Estado financiero que se llevará por delante los tres últimos siglos de filosofía social de ascendencia ilustrada”.

Europa está en vías del suicidio fiscal, y no le costará demasiado esfuerzo encontrar aliados en las reuniones del G20 el próximo fin de semana en Toronto. A despecho de una gran recesión que se hace más y más honda, hasta el punto de amenazar con una depresión declarada, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, y los primeros ministros de Gran Bretaña y Grecia, David Cameron y George Papandreu (presidente de la Internacional Socialista), así como el anfitrión, el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, llaman de consuno al recorte del gasto público.

Los EEUU están jugando un papel ambiguo. La administración de Obama está por el recorte drástico de la Seguridad Social y de las pensiones, bajo el eufemismo de “equilibrar el presupuesto”. Wall Street exige reducciones “realistas” de las pensiones ofrecidas por estados federados y municipios, a fin de mantener la “capacidad de pago” (es decir, sin recaudar impuestos en los bienes raíces, en las finanzas y en los estratos superiores del ingreso). Esas pensiones locales han dejado sin el respaldo financiero necesario para permitir a los municipios recortar los impuestos a los bienes raíces, recorte que, a su vez, permite que los valores rentistas de emplazamiento urbano puedan servir de colateral para los intereses bancarios. Sin una depreciación de la deuda (por parte de los bancos hipotecarios o de los tenedores de obligaciones), ningún modelo matemático podrá excogitar una forma de pagar esas pensiones. Capacitar a los trabajadores para que puedan vivir “libremente” cuando hayan quedado atrás los días de su vida laboral, requeriría: o bien 1) que los tenedores de obligaciones y bonos no cobraran (“impensable”); o bien 2) que aumentaran los impuestos a la propiedad, lo que haría que más hogares entraran en situación de quiebra técnica y llevaría todavía a más gente a abandonar su casa [1] y a más pérdidas de los bancos en sus hipotecas basura. Dado que son los bancos quienes actualmente dictan la política económica nacional, eso no pinta bien para las gentes que esperan una sociedad del ocio a la vuelta de la esquina.

El problema para las autoridades estadounidenses es que la súbita pasión europea por recortar drásticamente las pensiones y otros gastos sociales traerá consigo la retracción de las economías europeas, ralentizando el crecimiento de las exportaciones estadounidenses. Las autoridades estadounidenses urgen a Europa a no precipitarse lanzando antes de tiempo una guerra fiscal contra el mundo del trabajo. Mejor hacerlo coordinadamente con los EEUU, luego de una modesta recuperación.

El sábado y el domingo se verá un hito semestral en una guerra financiera cuidadosamente orquestada contra la “economía real”. La escenificación comenzó aquí, en los EEUU. El 18 de febrero, el presidente Obama reclutó su comisión parlamentaria para el déficit (formalmente, la Comisión Nacional para la Responsabilidad y la Reforma Fiscales) entre ideólogos neoliberales de la misma laya que los que compusieron en 1982 la Comisión de Greenspan para la “reforma” de la Seguridad Social.

A todas las reestructuraciones profinancieras, antisindicales y antiestatales que han venido produciéndose desde 1980 se les ha dado el inapropiado nombre de “reforma”. La comisión está encabezada por el senador republicano por Wyoming, Alan Simpson (quien con humor involuntario se refirió a los usuarios de la Seguridad Social como a “gentes menores”), y por el neoliberal clintoniano Erskine Bowles, el que dirigió la batalla a favor de la Ley de Equilibrio Presupuestario en 1997. En el comité están también el demócrata conservador Max Bacus, de Montana, presidente del muy pro Wall Street Comité de Finanzas. El resultado es un "obamesco" sueño hostil al cambio: un patrocinio bipartidista del equilibrio presupuestario, lo que en la práctica significa poner freno a los déficits presupuestarios, déficits que, como explicó Keynes, resultan de todo punto necesarios para alimentar la recuperación económica suministrando liquidez y capacidad de compra.

Un presupuesto equilibrado en momentos de declive económico significa el retraimiento del sector privado. Y en unos momentos en que las economías privadas se precipitan en una deflación por deuda, este tipo de política significa la retracción de los mercados de bienes y servicios. Todo en apoyo de las exigencias que los bancos plantean a la economía “real”.

El ejercicio de manipular a la opinión pública para darle a entender que todo eso es bueno conoció una escalada en abril pasado con la fabricación de la crisis griega. Los periódicos de todo el mundo se quedaron boquiabiertos al descubrir que en Grecia las clases ricas no tributaban a hacienda. Y se unieron al coro de los que exigían que los trabajadores pagaran más impuestos, a fin de llenar ese hueco fiscal. Era su versión del Plan Obama (es decir, rubineconomía [2] al viejo estilo).

El 3 de junio, el Banco Mundial reiteró la Nueva Doctrina de la Austeridad, como si de un descubrimiento nuevo se tratara. El camino a la prosperidad pasaría por la austeridad. “Los países ricos pueden ayudar a las economías en vías de desarrollo a crecer más rápidamente recortando rápidamente el gasto público o incrementando los impuestos”. El Nuevo Conservadurismo Fiscal busca acorralar a todos los países, disminuyendo el gasto social para “estabilizar” a las economías con un presupuesto equilibrado. Lo que habrá de lograrse depauperando al mundo del trabajo, recortando drásticamente salarios, reduciendo el gasto social y haciendo retroceder las manecillas del reloj a los buenos viejos tiempos de la guerra abierta de clases, tal como se daba antes del inicio de la Era Progresista. [3]

La razón ofrecida para ello es la desacreditada teoría del “efecto expulsión”:

Los déficits presupuestarios significan mayores empréstitos, lo que incrementa los tipos de interés. Se supone que unos tipos más bajos ayudan a los países (o lo harían, si el préstamo se empleara en la formación de capital productivo). Pero no es así como operan los mercados financieros en el mundo de hoy. Unos tipos de interés más bajos simplemente hacen más barato y más fácil a los saqueadores profesionales de empresas o a los especuladores capitalizar un flujo dado de ingresos hasta un múltiplo más alto, hundiendo aún más la economía al cargarla con mayores deudas.

Alan Greenspan repitió como un lorito casi palabra por palabra el anuncio del Banco Mundial en una columna de opinión publicada por el Wall Steet Journal. Incurrir en déficits incrementaría los tipos de interés. Diríase que se está preparando el terreno para un gran incremento de los tipos de interés (y para el correspondiente desplome de los mercados de valores y de obligaciones, cuando en los meses venideros la carrera alcista de los inversores “mamones” tenga un abrupto final).

La idea es crear una crisis financiera artificial que venga, “salvadora”, a imponer a Europa y a la América del Norte “recortes a la griega” en la seguridad social y en las pensiones. En el caso de los EEUU, las pensiones ofrecidas por los estados federados y los municipios, en particular, serán recortadas con medidas de “emergencia”, a fin de “liberar” los presupuestos públicos.

Todo eso es exactamente lo contrario de la filosofía social abrazada por el grueso de los votantes. Este es el problema político inherente en la visión del mundo neoliberal. En el siglo XIX, al concepto de un “mercado libre” correspondía la idea de un mercado libre de exigencias predatorias de financieros y propietarios inmobiliarios. Hoy, un “mercado libre” a la Ayn Rand significa un mercado libre para los predadores. El mundo al revés.

Eso muestra la habitual ignorancia sobre el funcionamiento de los tipos de interés, un punto ciego que resulta condición necesaria para acceder hoy en día al cargo de banquero central. Se ignora el hecho de que los bancos centrales determinan los tipos de interés al crear crédito. A tenor de las reglas del BCE, los bancos centrales no pueden hacer nada de eso. Y sin embargo, para eso precisamente fueron creados. Los gobiernos europeos se ven obligados a tomar prestado de los bancos comerciales.

Esa camisa de fuerza financiera amenaza con romper a Europa, o con abismarla en el mismo tipo de pobreza que la Unión Europea está imponiendo a los países bálticos. Letonia es el ejemplo supremo. A pesar de un desplome rayano en el 20% de su PIB, sus banqueros centrales siguen acumulando un excedente presupuestario, en la esperanza de rebajar las tasas salariales. Los salarios del sector público han sido recortados más de un 30%, y el gobierno dice esperar que ulteriores recortes se comuniquen al sector privado. El gasto en hospitales, servicio de ambulancias y escuelas se ha recortado drásticamente.

¿Qué falla en este tipo de argumentos? El coste del trabajo puede rebajarse mediante una restauración clásica de la fiscalidad progresiva y una reforma fiscal centrada de nuevo en la propiedad (en el ingreso inmobiliario y rentista). En cambio, el coste de la vida no hará sino aumentar al seguir desplazando la carga fiscal hacia el trabajo, en descargo del sector inmobiliario y del financiero. La idea es ofrecer el excedente económico como colateral del servicio de la deuda.

En Inglaterra, Ambrose Evans-Pritchard ha hablado de un “euromotín” contra la política fiscal regresiva. Pero es más que eso. Lejos de limitarse a retraer la economía, lo que persigue ahora el neoliberalismo es alterar la trayectoria en la que ha venido moviéndose la civilización occidental en los dos últimos siglos. Se trata nada menos que de hacer retroceder a la seguridad social y a las pensiones de los trabajadores, a la asistencia sanitaria, a la educación y a otros servicios públicos, de desmantelar el Estado Democrático y Social de Derecho, de poner fin a los logros de la Era Progresista y aun al ideario programático del republicanismo clásico. [4]

Así pues, a lo que estamos asistiendo es a la ejecución de una política largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda máquina y por doquiera. Los intereses rentistas, los intereses creados que un siglo de Era Progresista, de New Deal y de reformismo buscaron subordinar al conjunto de la economía, están contraatacando. Y tienen el control de la situación, con sus propios representantes en el poder, muchos de los cuales son, irónicamente, dirigentes de partidos socialdemócratas o laboristas, desde el presidente Obama al presidente Papandreu, pasando por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en España.

Habiendo aguardado pacientemente estos últimos años, la clase predatoria global se lanza ahora a “liberar” a las economías de la filosofía social que se pensaba irreversiblemente incorporada al sistema económico: seguridad social y pensiones de jubilación, para que los trabajadores no tengan que ahorrar de unos mayores salarios para su vejez; educación y asistencia sanitaria públicas, para incrementar la productividad del trabajo; regulación antimonopólica de precios, a fin de evitar un alza de precios por encima de los costes de producción necesarios; y bancos centrales, para estabilizar las economías monetizando los déficits públicos, en vez de forzar a la economía a depender de un crédito bancario comercial que obligue a colateralizar la propiedad y el ingreso para pagar las deudas con sus intereses y traiga consigo, como corolario lógico del “milagro del interés compuesto”, confiscaciones y desahucios.

Tal es la teoría económica basura que los lobistas financieros tratan de vender a los votantes: “La prosperidad exige austeridad”; “Un banco central independiente es el sello de la democracia”; “Los Estados son como las familias: tienen que tener un presupuesto equilibrado”; “Todo viene del envejecimiento de las poblaciones, no de los gastos de la deuda”. Esos son los oximorones que se difundirán por el mundo la próxima semana desde Toronto.

Es la retórica de la guerra de clases fiscal y financiera. El problema es que no hay bastante excedente económico disponible para cubrir los malos préstamos del sector financiero y, simultáneamente, cubrir pensiones y seguridad social. Una cosa o la otra. La comisión tiene que forjar una historia para revivir la rubieconomía, esta vez no para la Unión Soviética, sino para la propia nación. Su propósito es hacer retroceder a la Seguridad Social, recuperando el abortado plan de privatización de George W. Bush para poner en el mercado de valores las cotizaciones a la seguridad social (es decir, en manos de los gestores monetarios, para que las junten con un rimero de paquetes financieros basura concebidos para esquilmar los ahorros de los trabajadores).

Así pues, Obama es hipócrita cuando advierte a Europa para que no se apresure a retraer la economía y poner en pie un acrecido ejército de desempleados. Su idea es hacer lo mismo en casa. La estrategia: asustar a los votantes con el espantajo de la deuda federal, asustarles lo bastante como para que se opongan al gasto en programas sociales destinados a ayudarles. De la crisis fiscal se culpa a las matemáticas de la demografía de una población en trance de envejecimiento, no a los gastos exponencialmente disparados en servicio de deudas, préstamos basura y fraude financiero masivo, gastos a los que tiene que subvenir el gobierno con rescates.

Lo que realmente está causando el estrangulamiento financiero y fiscal, huelga decirlo, es el hecho de que la financiación pública resulta ahora necesaria para compensar al sector financiero de las pérdidas que tendrá año tras año, a medida que los préstamos entren en mora en unas economías sobreendeudadas que se hunden más y más en el mar de la quiebra técnica de los deudores.

Cuando los políticos permiten que el sector financiero lleve la voz cantante, la preferencia natural de éste es convertir a la economía en un saquito de todo a cien. Y muchas veces, los políticos se ponen en cabeza. Eso es lo que significan las palabras “desahucio”, “penalización” o “liquidación”, de la mano siempre de “dinero razonable”, “confianza empresarial” y las consecuencias usuales: “deflación por deuda” y “servidumbre por deuda”.

Alguien tiene que acabar perdiendo en el asunto de los malos préstamos, y lo que los banqueros quieren es que sea la economía la que cargue con las pérdidas, a fin de “salvar el sistema financiero”. Desde el punto de vista del sector financiero, la economía ha de gestionarse para mantener la liquidez bancaria, y no el sistema financiero para servir a la economía. El gasto social del gobierno (el gasto en cualquier cosa que no sean rescates bancarios y subsidios financieros), así como el ingreso personal disponible, han de ser drásticamente recortados para evitar que se deprecie el gasto de deuda. El flujo de caja de las empresas ha de servir para pagar a los acreedores, no para emplear a más trabajadores y para hacer inversiones de capital a largo plazo.

La economía ha de ser sacrificada para subsidiar la fantasía según la cual las deudas pueden ser devueltas con sólo que los bancos puedan reponerse “por entero” y comenzar a prestar de nuevo (es decir, volver a hundir a la economía en deudas todavía mayores, causando una deflación por deuda aún más grave).

Esto no es la tradicional guerra de clases del siglo XIX, empresarios industriales contra trabajadores, aunque eso es también parte de lo que está pasando ahora. Es sobre todo una guerra del sector financiero contra la economía “real”: contra los empresarios industriales y contra los trabajadores.

La realidad subyacente es, en efecto, que las pensiones no pueden pagarse, o al menos, que no pueden pagarse con ganancias financieras. En los últimos 50 años, las economías occidentales han fantaseado con la idea de pagar a los jubilados a partir de ganancias puramente financieras (D-D’, como dirían los marxistas), no a partir de una economía en expansión (D-M-D’, utilizando trabajo para producir más mercancías). El mito era que las finanzas tomarían la forma de activos productivos, capaces de incrementar la formación de capital y la contratación laboral. La realidad es que la forma que toman las finanzas es la de las deudas (y las apuestas). Sus ganancias se hacían, por consiguiente, a costa del conjunto de la economía: eran extractivas, no productivas. La riqueza en la cúspide rentista encogía la base de la pirámide. Así pues, alguien tiene que dar. La cuestión es: ¿qué forma tomará ese “dar”? ¿Y quién será el que dé, y quiénes los receptores?

El Gobierno griego no se ha mostrado dispuesto a hacer que los ricos paguen impuestos. Así que los trabajadores tienen que llenar el hiato fiscal, permitiendo a su Gobierno socialista que recorte las pensiones, la asistencia sanitaria, la educación y otros gastos sociales: todo para rescatar al sector financiero de un crecimiento exponencial de deuda insatisfecha, rescate que resulta imposible de realizar en la práctica. La economía es sacrificada en el altar de un sueño imposible. Sin embargo, en vez de centrarse en el problema de un crecimiento exponencial del volumen de títulos bancarios de deuda que no se puede pagar, los lobistas bancarios –y los políticos del G20, cuyas campañas electorales dependen de sus fondos— lo que hacen es promover el mito de que el problema es demográfico: una población envejecida abatida sobre la Seguridad Social y los fondos públicos de pensiones. Y se dice a los políticos que lo que tienen que hacer es servirse de su poder y recaudar impuestos y crear crédito, pero no para pagar pensiones y asistencia social, sino para rescatar a un sector financiero abrumado por la acumulación títulos de deuda crecientemente insatisfecha.

Letonia se ha presentado como el niño modelo de lo que la UE recomienda a Grecia y a otros países meridionales de la UE en dificultades: los recortes drásticos del gasto público en educación y sanidad han reducido los salarios del sector público en un 30%, y siguen cayendo todavía. Los precios de la propiedad de la vivienda han caído un 70%, y los propietarios y sus familiares cofirmantes de las hipotecas han entrado en quiebra técnica [deben más al banco de lo que ahora valen sus viviendas; T.], hundiéndose en una vida de servidumbre por deuda si no toman sus bártulos y emigran del país. [1]

La extravagante pretensión de esos recortes en el presupuesto público para enfrentarse al declive económico post burbuja es que eso restaurará la “confianza”. Es como si la autodestrucción fiscal pudiera inspirar confianza, y no, como es el caso, empujar a los inversores a huir del euro. La lógica parece la de la vieja guerra de clases, haciendo retroceder las agujas del reloj a la filosofía de dura disciplina fiscal de una época que se creía superada: hacer retroceder la seguridad social, las pensiones públicas, el gasto público en educación y otras necesidades sociales básicas, y sobre todo, incrementar el desempleo para empujar a los salarios a la baja. Algo que hizo explícito el Banco Central de Letonia –tenido por “modélico en punto a retraer la economía por los banqueros centrales de la UE—.

Es una lógica autodestructiva. Exacerbar el declive económico reducirá la recaudación fiscal, empeorando aún más los déficits presupuestarios en una catastrófica espiral bajista. La experiencia de Letonia muestra que la respuesta a la retracción económica es la emigración del trabajo calificado y la fuga de capitales. Lo cierto es que la política europea de retracción económica planificada choca frontalmente con el primer axioma de los libros de texto de política económica, y es a saber: que los votantes actúan conforme al propio interés y que las economías prefieren crecer, no destruirse a sí mismas. Hoy las democracias europeas –y hasta los partidos socialdemócratas, socialistas y laboristas— concurren al poder con una plataforma programática en materia fiscal y financiera que se opone directamente a los intereses del grueso de los votantes y aun al de los industriales.

La explicación, huelga decirlo, es que la planificación económica no la hacen hoy en día los representantes surgidos de las elecciones. La autoridad planificadora ha sido abandonada en manos de los bancos centrales “independientes”, quienes, a su vez, actúan como lobistas de bancos comerciales que venden su producto: deuda. Desde el punto de vista de los bancos centrales, el “problema económico” es cómo mantener solventes a los bancos comerciales y a otras entidades financieras en una economía post burbuja; cómo pueden éstos cobrar deudas, el volumen de las cuales está harto más allá de la capacidad de pago de muchas gentes de a pie en un ambiente de mora e impago crecientes.

Y la respuesta es que los acreedores sólo pueden cobrar a costa de la economía. El excedente económico subsistente tiene que ir para ellos, no para la inversión de capital, no para la contratación laboral, no para el gasto social.

Tal es el problema de la óptica financiera. Es miope y cortoplacista: es predatoria. Ante la disyuntiva de intervenir los bancos para promover la economía, o destruir la economía para beneficiar a los bancos, los bancos siempre optarán por la primera alternativa. Y lo mismo los políticos subvencionados por los bancos.

Los gobiernos precisan sumas gigantescas para rescatar a los bancos de sus malos préstamos. Pero no pueden seguir tomando prestado a causa de las presiones sobre la deuda pública. De manera que las pérdidas derivadas de las malas deudas tienen que cargarse a los trabajadores y a la industria. La coartada narrativa es que los rescates públicos permitirán a los bancos volver a prestar de nuevo y reinflar el préstamo piramidal a la Ponzi de la economía de la burbuja. Pero el volumen de la quiebra técnica es demasiado grande, y no hay paso franco alguno que permita el tránsito a reinflar la burbuja. Las economías están todas anegadas de deuda. Las rentas de los bienes raíces, los flujos de caja de las empresas y el poder público recaudatorio del fisco ya no pueden soportar ulteriores empréstitos, no importa cuánta riqueza transfieran los gobiernos a los bancos. Los precios de los activos se han desplomado hasta el territorio de la quiebra técnica. La deflación por deuda ha retraído los mercados, los beneficios empresariales y los flujos de caja. La dinámica del “milagro del interés compuesto” ha culminado en quiebras y concursos de acreedores que reflejan la incapacidad en que se hallan los deudores de sostener el crecimiento exponencial de las cargas financieras requeridas por la “solvencia financiera”.

Si el sector financiero sólo puede rescatarse recortando el gasto social en Seguridad Social, atención sanitaria y educación y avilantándose a más ventas privatizadoras, la gran pregunta es: ¿vale la pena? Sacrificar de este modo la economía violaría los valores sociales de equidad y justicia de la mayoría de la gente, los valores profundamente arraigados en la filosofía de la Ilustración.

Este es el problema político. ¿Cómo pueden persuadir los banqueros a los votantes para que aprueben eso en un sistema democrático? Es necesario orquestar y manipular sus percepciones. Su miseria ha de pintarse con los colores de lo deseable, como un paso ineludible hacia la prosperidad venidera.

Medio siglo de planes de austeridad fracasados impuestos por el FMI a desdichados países deudores del Tercer Mundo deberían haber destruido para siempre la idea de que la austeridad es la vía a la prosperidad. Una generación cuyo currículo académico ha sido purgado a conciencia ha borrado prácticamente todo vestigio de que hubo en otro tiempo una filosofía económica alternativa a esta teoría contrailustrada, patrocinada por los rentistas. La teoría clásica del valor y de los precios reflejaba la teoría de la propiedad fundada en el trabajo de John Locke. La riqueza de una persona debería ser lo que esa persona creara merced a su propio trabajo y a su propia industria, no merced a apuestas financieras basadas en información obtenida desde dentro o merced a privilegios especiales.

Por eso digo que Europa se nos muere. Si no cambia su trayectoria, la Unión Europea sucumbirá a un golpe de Estado financiero que habrá de llevarse por delante los tres últimos siglos de filosofía social de ascendencia ilustrada. La cuestión es si disolver la Unión es la única manera de recuperar sus ideales democrático-sociales y emanciparse de los bancos que han tomado el control de sus órganos de planificación central.

NOTAS T.:

[1] La ley permite en EEU que los propietarios de una casa hipotecada, cuando deciden no seguir pagando la hipoteca (por ejemplo: cuando entran en situación de quiebra técnica y el valor de su casa se ha depreciado tanto que vale menos que lo que se debe al banco), puedan entregar las llaves de su casa al banco, y cancelar así completamente el vínculo hipotecario con la entidad financiera. Una ley más favorable a los bancos hace que en Europa y en muchos países de América Latina, si la propiedad vale menos que la deuda, el hipotecado tiene que seguir pagando al banco, el cual puede llegar al embargo de otros activos o aun de parte de los ingresos del hipotecado.

[2] “Rubinomics”, o teoría económica de Rubin, en alusión al todopoderoso Secretario del Tesoro de Clinton, un hombre de Wall Street, ejecutivo de Goldman Sachs y célebre halcón del neoliberalismo globalizador más radical.

[3] En EEUU se conoce por Era Progresista la vigorosa reacción democrática de comienzos del siglo XX, que siguió a la Era de la Codicia posterior a la Guera Civil norteamericana, en la que campaban por sus respetos los famosos “barones ladrones” (Rockefeller, Vanderbilt, Stanford, etc.) y políticos como el presidente Rudolf Hayes, que llegó a declarar que su Gobierno era de empresarios y para empresarios.

[4] Siguiendo un uso idiosincrático de la palabra “liberalismo” en los EEUU de la segunda mitad del siglo XX, Hudson habla aquí de “liberalismo clásico”. En Europa y en América Latina, en cambio, la palabra “liberalismo” sigue refiriéndose a un fenómeno político antidemocrático del siglo XIX (la palabra se inventó en la España de 1812), y apunta al desempeño de partidos –los partidos “liberales”— , activos sólo bajo monarquías meramente constitucionales –no parlamentarias, salvo, luego, la británica-, y desconocidos en regímenes republicanos como los de los EEUU, Francia y la Argentina. Así pues, hemos traducido a la europea por “republicanismo clásico”.

Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3444

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G-20 y crisis financiera







Rebelion. El G-20 no impone una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis















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28-06-2010






Cumbre en Toronto de los países más ricos

El G-20 no impone una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis







La declaración de Toronto del G-20 no fija una tasa común para que los bancos paguen un impuesto, ahora que han restablecido sus beneficios, aunque sí se alcanzó un acuerdo débil sobre la reducción del déficit público a la mitad para el año 2013. Sin embargo, hay reticencias, porque Estados Unidos e India, por ejemplo, creen que esa reducción puede influir en la economía que se recupera a ritmo lento. La reunión de Toronto tuvo respuesta en la calle.




Los líderes de las veinte economías más ricas y emergentes del mundo (G-20) acordaron reducir a la mitad los déficits presupuestarios para 2013 «sin paralizar el crecimiento» y se quedaron sin fijar una resolución única y concreta sobre la aplicación de una tasa a los bancos para hacer frente a la crisis. Esta decisión queda en manos de cada Estado.

El Gobierno canadiense invirtió más de 1.000 millones de dólares para garantizar la seguridad de los líderes del G-20. A pesar de ello, durante el fin de semana se produjeron manifestaciones, que reunieron a 10.000 personas de organizaciones sociales, para exigir a los países ricos y emergentes del G-8 y G-20 «medidas sociales contra el desempleo» y para «un mejor reparto de la riqueza», porque «la crisis ha traído más desempleo y pobreza al mundo».

Algunas de estas manifestaciones terminaron con enfrentamientos con los policías. Según explicaron fuentes policiales, 480 personas fueron detenidas en el trascurso de las protestas del pasado sábado.

La declaración final de Toronto (Canadá) señala que el sector bancario deberá hacer frente a los multimillonarios costes públicos de las medidas de rescate, pero deja las manos libres a los Estados para aumentar la presión fiscal. La vicepresidenta segunda de Economía y Hacienda del Gobierno español, Elena Salgado, afirmó que mantendrán el fondo de garantía de depósitos de las entidades financieras españolas para hacer frente a eventuales crisis, aunque abrió la puerta a ampliar la base gravada, limitada ahora a los depósitos. Defendió la apuesta europea por una tasa bancaria que evite que haya que rescatar más bancos con dinero de los contribuyentes y elogió el modelo español, porque el fondo está sufragado por el sector de forma proporcional y está disponible para todas las entidades.

El sector financiero español ha recibido más de 61.000 millones de las arcas públicas en los últimos dos años, mientras de las arcas públicas se han recortado los gastos a los empleados, a la educación, a la sanidad y se han congelado las pagas a los pensionistas y, además, para afrontar el incremento del déficit, provocado por el trasvase de dinero público al sector bancario, a partir de julio sube el IVA, con lo que las rentas más bajas se verán más perjudicadas.

Aunque no hay consenso en el G-20, los países europeos ya han acordado establecer una tasa bancaria. En este sentido, Elena Salgado garantizó que el Estado español no abandonará el fondo de garantía de depósitos, aunque sí podría adaptarlo para que no se calcule sólo con base en los depósitos, sino también con otros pasivos, como «las emisiones o los productos interbancarios», según informó Efe.

El documento final del G-20 confirma la existencia de «diferentes planteamientos» para hacer que la banca «contribuya de manera justa y sustancial» a su propio rescate, y entre esas opciones figura la implantación de una tasa global. Pero en el debate del comité del G-20 este tema no fue cerrado. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, insistió en Toronto en que su gobierno insistirá «para que tengamos una tasa bancaria. Es un impuesto del 0,15% durante diez años que aspira a conseguir 90.000 millones de dólares», que se destinarán a compensar a los contribuyentes estadounidenses por el paquete de rescate facilitado a Wall Street al final de la administración Bush.

Dentro del G-20 se han puesto de manifiesto las diferencias que hay entre los países emergentes y el resto, pero también entre los más desarrollados. La tensión entre Estados Unidos y Europa fue elevada, según las agencias informativas. Porque el G-20 reconoce que durante los próximos años el crecimiento económico será lento en muchos países desarrollados.

Deuda y recesión

Washington, según destacó la agencia Reuters, teme que la campaña de Europa por reducir la deuda después de la recesión «interrumpa la recuperación, una preocupación que también expresaron otros líderes del G-20, incluido el primer ministro de India, Manmohan Singh. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo que entendía la presión a la que se enfrentan las finanzas públicas para regresar a un camino sostenible, pero pidió a los líderes del G-20 que fueran conscientes de quién se llevaba la mayor parte de la carga. Los líderes de los países más desarrollados anunciaron un esfuerzo para reducir a la mitad el déficit del sector público dentro de tres años y estabilizar la deuda de los Gobiernos para 2016, pero además reconocen que el proceso se producirá a diferente ritmo entre países, según el comunicado final. Acordaron en Toronto que se ponga en marcha una consolidación fiscal «diferenciada y ajustada» a las circunstancias de cada estado, según confirmó y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se posicionó a favor de la misma.

El tema de la austeridad fiscal ha provocado tensiones en la declaración final de Toronto, que hasta ese último momento había dado muestras de una gran cohesión y que actuó al unísono a la hora de implementar medidas de estímulo económico para salir de la crisis.

Estados Unidos y los países emergentes abogaron por mantener ciertas medidas para reactivar la economía y advirtieron de que la repentina retirada de los paquetes de estímulo que se aprobaron durante la crisis «podría frustrar la todavía frágil recuperación».

Europa, por su parte, considera que el tiempo de los estímulos ha pasado y ha llegado ya el momento de la austeridad fiscal. Sin embargo, el Gobierno español mantendrá activo el fondo de garantía de depósitos.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100628/207478/es/El-G-20-no-impone-una-tasa-bancos-para-hacer-frente-crisis/

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USA, sobre la reforma financiera







Rebelion. Por qué la reforma financiera de Obama yerra el tiro y deja fuera lo esencial















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28-06-2010







Por qué la reforma financiera de Obama yerra el tiro y deja fuera lo esencial




NewDeal2.0






Todo el enfoque de la reforma financiera anda errado en la identificación de los problemas centrales que propiciaron la crisis. Los derivados financieros de impagos crediticios (CDS), las obligaciones de deuda colateralizada (CDO), etc., han de entenderse como componentes claves de un sistema integrado: el llamado “sistema de banca en la sombra”, que fue el epicentro de la crisis. Más en general, el sistema de la banca en la sombra ha de entenderse como el componente clave del sistema de crédito, más amplio y basado en el mercado de capitales, que en las últimas tres décadas ha crecido hasta llegar a ofrecer el grueso de nuestro crédito, reemplazando al sistema de crédito de la banca tradicional.

Reconocer la realidad de esta nueva estructura en la que nos hallamos es un importante punto de partida para reformarla. Como ha observado Jan Kregel, esta estructura en evolución ha permitido que la creación de liquidez se haya transferido cada vez más de la creación de depósitos por los bancos comerciales, sujetos a regulación prudencial, a estructuras titulizadas cada vez más exentas de la necesidad de informar y de someterse a regulación, al estar categorizadas como “actividades del mercado de capitales”. También han escapado generalmente a la supervisión de la SEC [la agencia norteamericana supervisora del mercado de valores; T.]. Así cada una de estas estructuras podría ser considerada en sí misma como un banco fantasma o en la “sombra”. Así pues, como sostiene Kregel: “las crisis de liquidez en 1998 y 2008 lo que produjeron no fue un desplome de los bancos, sino un colapso de los valores titulizados e insolvencia en las estructuras titulizadas, así como el retraimiento de la financiación a corto plazo de los bancos en la sombra. La red de seguridad creada para responder a una retirada generalizada de los depósitos bancarios era totalmente inadecuada para responder a una crisis de liquidez de los mercados de capitales”.

La nueva ley de “reforma financiera” se limita a reflejar la estructura bancaria que prácticamente ya había desaparecido cuando se abolió [en 1998] la Glass-Steagall. La ley ahora propuesta yerra al ignorar que en un sistema crediticio basado en el mercado de capitales el jugador clave no es el banco que origina y mantiene el préstamo, sino el operador que comercia en mercados líquidos con títulos en los que está empaquetado ese préstamo. En un sistema así, el foco de la regulación no deberían ser la capitalización y la liquidez de los bancos per se, sino más bien la capitalización y la liquidez de esos operadores. Como ha observado el profesor Perry Mehrling en un testimonio prestado la semana pasada ante la Asamblea Nacional de la República francesa: “así como en 1913, cuando el sistema de la Reserva Federal se creó para regularizar y someter a control público las operaciones del club de banqueros que hasta entonces había hecho las veces de prestador de última instancia, así en nuestros días la tarea histórica que tenemos por delante es la de regularizar y someter a control público las actividades del club de operadores comerciantes de títulos que ha venido haciendo las veces de operador privado de última instancia”.

El fracaso de la aseguradora AIG demuestra que una entidad del sector privado no puede ser la encargada de vender “seguros” en el mercado de las CDO. Si lo que se quiere es asegurar completamente la capacidad del vendedor para cubrir la pérdida de un bono a la par de la demanda tratando el suceso de impago como un suceso aleatorio que puede ocurrir sin previo aviso en cualquier momento, entonces el colateral debería ser igual al valor nominal del bono de referencia. Introducir derivados financieros de impagos crediticios en los intercambios podría facilitar la transparencia, pero no sirve para el problema de la liquidez subyacente aquí planteado, porque toda entidad del sector privado, a diferencia de los Estados, está restringida por su balance contable. De hecho, para lo que podría servir es, simplemente, para crear un punto centralizado de quiebra en los intercambios.

Idealmente, los productos de riesgo sistémico como los CDS [derivados financieros de impagos crediticios] deberían ser abolidos, pues no sirven a ningún propósito público. Pero eso ahora es imposible en el mundo real. La caja de Pandora se ha abierto y no puede volver a cerrarse.

El problema de la reforma actual es que los vendedores de CDS sin el adecuado colchón de capital pueden ser obligados a poner colateral en un intercambio, lo que plantea la cuestión: ¿Cuánto colateral bastará? Porque, claramente, el de AIG no bastó. Potencialmente, no basta el de ningún instituto financiero privado.

En cambio, la Reserva Federal siempre puede suministrar la liquidez requerida para honrar los pagos. Como “operador de última instancia” (como cumple ya la función de prestador de última instancia bajo el sistema bancario tradicional), la Fed estaría en mejor posición para controlar los balances contables del operador y de emprender a tiempo las oportunas acciones correctoras en caso de que esos balances reflejaran una incipiente inestabilidad financiera, así como de cargar las “primas” adecuadas el seguro de esos productos.

También deberíamos imponer mayor supervisión regulatoria a los productos salidos de este sistema de mercado basado en capitales. No hay razón para que la SEC no pudiera abrogar la Regla 3a-7, que ha dejado a las estructuras titulizadas exentas del registro y la regulación contemplados por la Ley de Compañías de Inversión. Esa abrogación actuaría funcionalmente como una tasa Tobin, en la medida en que los acrecidos umbrales regulatorios ralentizarían la proliferación de nuevos productos titulizados, al tiempo que impondrían mayor responsabilidad fiduciaria al emisor de los mismos. Lo bonito es que ese cambio vendría de la propia SEC, y no requeriría una ley del Congreso (evitándonos así está horrible farsa a la que hemos asistido en estos últimos meses de discusión de la reforma financiera).

En cuanto a actualizar la llamada “Regla Volcker”, reconozcamos que la Constitución reserva al Estado la emisión de moneda. Por consiguiente, no hay razón para que el grueso de esta obligación se transfiera al sector privado. Deberíamos disponer de un sistema nacional de giro, o al menos, de una porción del sector financiero protegida y estrechamente regulada para quienes no quieren correr riesgos excesivos. Y cualquier institución que apostara con “dinero de la casa” –es decir, que tenga acceso a la Fed en caso de tener un problema de liquidez, y al Tesoro, en caso de tenerlo de insolvencia—, tendría que estar restringida, si operara bajo ese sistema. Eso permitiría lidiar con los asuntos de carácter sistémico que trae consigo el “demasiado grande para caer”, pues el problema no son las dimensiones en sí mismas, sino las garantías implicadas en actividades que contribuyen a la inestabilidad financiera general, que crea el problema. El Banco de la Oficina Postal japonés es una institución harto menos riesgosa que Goldman Sachs, por ejemplo.

Huelga decir que ninguna de estas propuestas está incluida en el proyecto de ley que está a punto de convertirse en ley tras la firma del presidente, razón por la cual yo espero ver repetirse la presente crisis en un período relativamente corto de tiempo. Es probablemente una de las pocas veces en que mis predicciones coinciden con las de Jamie Dimon. Pero sería lindo evitar que la próxima se diera antes de 5-7 años.

Marshall Auerback es un reconocido analista económico norteamericano. Investigador veterano del prestigioso Roosevelt Institute, colabora regularmente con New Economic Perspectives y con NewDeal2.0.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3441

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sábado, 26 de junio de 2010

Fidel Castro







Rebelion. Cómo me gustaría estar equivocado













Cómo me gustaría estar equivocado










Cuando estas líneas se publiquen en el periódico Granma mañana viernes, el 26 de Julio, fecha en la que siempre recordamos con orgullo el honor de haber resistido los embates del imperio, quedará distante, a pesar de que faltan sólo 32 días.

Los que determinan cada paso del peor enemigo de la humanidad -el imperialismo de Estados Unidos, una mezcla de mezquinos intereses materiales, desprecio y subestimación a las demás personas que habitan el planeta- lo han calculado todo con precisión matemática.

En la reflexión del día 16 de junio escribí: ”Entre juego y juego de la Copa Mundial de Fútbol, las diabólicas noticias se van deslizando poco a poco, de modo que nadie se ocupe de ellas.”

El famoso evento deportivo ha entrado en sus momentos más emocionantes. Durante 14 días, los equipos integrados por los mejores futbolistas de 32 países han estado compitiendo para avanzar hacia la fase de octavos de final; después vendrán sucesivamente las fases de cuartos de final, semifinales y el final del evento.

El fanatismo deportivo crece incesantemente, cautivando a cientos y tal vez miles de millones de personas en todo el planeta.

Habría que preguntarse cuántos, en cambio, han conocido que desde el 20 de junio naves militares estadounidenses, incluido el portaaviones Harry S. Truman, escoltado por uno o más submarinos nucleares y otros buques de guerra con cohetes y cañones más potentes que los de los viejos acorazados utilizados en la última guerra mundial entre 1939 y 1945, navegaban hacia las costas iraníes a través del canal de Suez.

Junto a las fuerzas navales yankis avanzan buques militares israelíes, con armamento igualmente sofisticado, para inspeccionar cuanta embarcación parta para exportar e importar productos comerciales que el funcionamiento de la economía iraní requiere.

El Consejo de Seguridad de la ONU, a propuesta de Estados Unidos, con el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Alemania, aprobó una dura resolución que no fue vetada por ninguno de los cinco países que ostentan ese derecho.

Otra resolución más dura fue aprobada por acuerdo del Senado de Estados Unidos.

Con posterioridad, una tercera, más dura todavía, fue aprobada por los países de la Comunidad Europea. Todo tuvo lugar antes del 20 de junio, lo que motivó un viaje urgente del Presidente francés Nicolás Sarkozy a Rusia, según noticias, para entrevistarse con el jefe de Estado de ese poderoso país, Dmitri Medvédev, con la esperanza de negociar con Irán y evitar lo peor.

Ahora se trata de calcular cuándo se desplegarán las fuerzas navales de Estados Unidos e Israel frente a las costas de Irán, y unirse allí a los portaaviones y demás buques militares estadounidenses que montan guardia en esa región.

Lo peor es que, igual que Estados Unidos, Israel, su gendarme en el Medio Oriente, posee modernísimos aviones de ataque y sofisticadas armas nucleares suministradas por Estados Unidos, que lo convirtió en la sexta potencia nuclear del planeta por su poder de fuego, entre las ocho reconocidas como tales, que incluyen a la India y Pakistán.

El Sha de Irán había sido derrocado por el Ayatollah Ruhollah Jomeini en 1979 sin emplear un arma. Estados Unidos le impuso después la guerra a aquella nación con el empleo de armas químicas, cuyos componentes suministró a Iraq junto a la información requerida por sus unidades de combate y que fueron empleadas por éstas contra los Guardianes de la Revolución. Cuba lo conoce porque era entonces, como hemos explicado otras veces, Presidente del Movimiento de Países No Alineados. Sabemos bien los estragos que causó en su población. Mahmud Ahmadineyad, hoy jefe de Estado en Irán, fue jefe del sexto ejército de los Guardianes de la Revolución y jefe de los Cuerpos de los Guardianes en las provincias occidentales del país, que llevaron el peso principal de aquella guerra.

Hoy, en 2010, tanto Estados Unidos como Israel, después de 31 años, subestiman al millón de hombres de las Fuerzas Armadas de Irán y su capacidad de combate por tierra, y a las fuerzas de aire, mar, y tierra de los Guardianes de la Revolución.

A éstas se añaden los 20 millones de hombres y mujeres, entre 12 y 60 años, escogidos y entrenados sistemáticamente por sus diversas instituciones armadas entre los 70 millones de personas que habitan el país.

El Gobierno de Estados Unidos elaboró un plan para llevar a cabo un movimiento político que, apoyándose en el consumismo capitalista, dividiera a los iraníes y derrocara el régimen.

Tal esperanza es ya inocua. Resulta risible pensar que con las naves de guerra estadounidenses, unidas a las israelíes, despierten las simpatías de un solo ciudadano iraní.

Creía por mi parte inicialmente, al analizar la actual situación, que la contienda comenzaría por la península de Corea, y allí estaría el detonante de la segunda guerra coreana que, a su vez, daría lugar de inmediato a la segunda guerra que Estados Unidos impondría a Irán.

Ahora, la realidad cambia las cosas en sentido inverso: la de Irán desatará de inmediato la de Corea.

La dirección de Corea del Norte, que fue acusada del hundimiento del Cheonan, y sabe de sobra que fue hundido por una mina que los servicios de inteligencia yankis lograron colocar en el casco de esa nave, no esperará un segundo en actuar tan pronto se inicie el ataque en Irán.

Es muy justo que los fanáticos del fútbol disfruten a su antojo de las competiciones de la Copa del Mundo. Cumplo sólo el deber de exhortar a nuestro pueblo, pensando sobre todo en nuestra juventud, llena de vida y esperanzas, y especialmente en nuestros maravillosos niños, para que los hechos no nos sorprendan absolutamente desprevenidos.

Me duele pensar en tantos sueños concebidos por los seres humanos y las asombrosas creaciones de las que han sido capaces en sólo unos pocos miles de años.

Cuando los sueños más revolucionarios se están cumpliendo y la Patria se recupera firmemente, ¡cómo me gustaría estar equivocado!

Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/06/24/como-me-gustaria-estar-equivocado/

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viernes, 25 de junio de 2010

El fascismo crece en la hora actual







Rebelion. Samuel Huntington revitalizado por la gobernadora de Arizona















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México






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25-06-2010







Samuel Huntington revitalizado por la gobernadora de Arizona










La gobernadora de Arizona Jan Brewer esta rindiendo un homenaje póstumo al intelectual de la CIA Samuel Huntington con la nueva ley antiinmigrante. Huntington es autor del libro ¿Quiénes somos ? (2004) en el cual expone una serie de cambios por los que ha pasado la identidad nacional de los Estados Unidos. Enfoca su análisis en la prominencia y la sustancia de la identidad estadounidense. Fundamentó su explicación con tres argumentos: 1) La variación histórica que sufre la prominencia de la identidad nacional de los estadounidenses. 2) La correlación que existe entre la identificación de los estadounidenses y el peligro que su nación pueda sufrir ante otras naciones. 3) En la afirmación de que la base de la identidad nacional estadounidense no son los rasgos raciales y étnicos sino el Credo americano resultado de su cultura protestante.

En ¿Quiénes somos? muestra su temor por el hecho de que en las últimas décadas del siglo XX tanto la prominencia como la sustancia de la cultura y el Credo americano son amenazados por el “desafío” –según Huntington- que representan los inmigrantes procedentes de América Latina y Asia, especialmente de México. Debido a que esta inmigración -según Huntington- trae consecuencias graves para la unidad nacional de Estados Unidos, pues abre la puerta a la posibilidad de la creación de un país bifurcado, con dos idiomas y dos culturas: la angloprotestante y la hispana. El libro de Huntington esta lleno de planteamientos de carácter racista sobre la inmigración mexicana a su país, a la cual ve como una amenaza para la unidad e identidad de la cultura nacional de los Estados Unidos, debido a que muchos inmigrantes mantienen en suelo estadounidense aspectos de la cultura mexicana, sobretodo la lengua y la religión.

La nueva “Ley Arizona” convierte en criminal a cualquier trabajador inmigrante, colocando en una situación de desamparo a cientos de miles de indocumentados mexicanos. Su carácter racista se refleja al permitir a la policía detener a cualquier inmigrante simplemente por su aspecto latino. Esta medida ha desatado a pocos días de aplicarse la ley, una serie de redadas, detenciones y torturas racistas en Arizona y en la frontera con México. Como lo demuestra el caso de Anastacio Hernández Rojas, inmigrante mexicano, golpeado y asesinado por agentes de la Border Patrol en California. El presidente Obama no ha pasado de la promesa de poner fin al problema de los indocumentados. La ley SB1070 ha desatado un oleaje racista y xenofóbico característico de los sectores ultraconservadores, pues ya en 14 estados de la Unión Americana se promueven leyes similares a la de Arizona. En el presente gobierno de Obama suman 350 las leyes elaboradas que tienen relación con la migración, pero hasta hoy, ninguna es a favor de los inmigrantes.

Año con año, se persiguen en varios estados a los inmigrantes, situación que aprovechan los patrones para explotar con trabajos precarios y sin derechos laborales ni sindicales a los inmigrantes. El gobierno a favor de lo patrones, los apoya creando programas como el de “trabajadores agrarios temporales”, este programa permite a los patrones importar trabajadores foráneos cuando requieren mano de obra en su región. Las necesidades de ganancia de los explotadores son las que definen cuando empieza la caza y deportación de los indocumentados y cuando tolerarlos, todo en relación con la necesidad de mano de obra barata. En 1994 fue la aprobación de la Ley 187 en California, que negaba a los migrantes indocumentados el acceso a la salud, educación y otros servicios sociales. En 1996, se decreto la Ley de Reforma de Inmigración Ilegal y de Responsabilidad del Inmigrante (IIRIRA), con el objetivo de frenar a la migración indocumentada con un inhumano control de las fronteras, utilizando más patrulleros, construyendo más muros y tecnología militar para detectar y detener a los indocumentados.

Por su parte, el espurio Calderón fue al Congreso estadounidense mostrando su cara acostumbrada en México: un discurso demagógico en el que aparenta su “rechazo” a la ley SB1070 pero confirma su subordinación al Imperio. No se atrevió a recordar que en lo que va del gobierno de Obama se han deportado cuando menos un 40% más de mexicanos, según informa el Departamento de Seguridad Interna. Como simple ejemplo: en El Paso, Texas, se arrestaron y deportaron a 181,000 indocumentados en el 2009. Además Obama envió 1,200 soldados a la frontera con México, con mayores atribuciones en sus acciones, con ello se demostró la farsa de la “cooperación bilateral” entre Estados Unidos y México y el futuro de la prometida reforma migratoria norteamericana. La subordinación de Calderón avanza en la entrega de la soberanía del país rumbo a una nueva forma de colonización.

En todo este marco de leyes racistas, de militarización, de xenofobia creciente en la sociedad estadounidense, y de subordinación espuria, Samuel Huntington se revitaliza porque sus ideas son llevadas a la práctica, son convertidas en políticas de Estado que se extienden rápidamente y ponen en peligro miles de vidas de migrantes. El discurso de Huntington en ¿Quiénes somos? busca ocultar las verdaderas intenciones imperiales de los yanquis, mientras “alerta” a la sociedad de su país "del peligro que representan los mexicanos", utilizando de forma conveniente el miedo, como se hizo para justificar las guerras en Irak y Afganistán. Huntington difundió la hegemonía de la burguesía, pretendiendo modificar las condiciones políticas, ideológicas e institucionales existentes en el seno de su país con el fin de obtener la aceptación de los demás grupos sociales.

La clase obrera de Estados Unidos, compuesta por trabajadores de distinto origen étnico, tiene el poder para luchar contra el gobierno imperial y los patrones que pretenden seguir aumentando sus jugosas ganancias con el sudor y el trabajo de los asalariados. El enorme descontento de los migrantes de Arizona y de todo Estados Unidos, podría originar un gran movimiento nacional de los inmigrantes. En el 2006, se movilizaron miles contra la ley HR 4437 que igualmente criminalizaba a los indocumentados. Los 200,000 inmigrantes que se movilizaron en marzo reciente y el 1 de mayo, demuestran que es posible un gran movimiento en los Estados Unidos para frenar la racista ley SB1070 y las que se disponen a aprobar otros congresos locales, así como conquistar derechos plenos para trabajar en territorio estadounidense.

No importa donde se encuentre la sinrazón, ante las medidas de corte fascista, como la militarización de la frontera, la construcción de muros en la línea fronteriza, la criminalización de los migrantes, debemos disputar desde nuestras trincheras de ideas a los ideólogos que buscan perpetuar la injusticia, con el fin de contribuir a la conformación de ese mundo mejor, sin racismos ni explotación.







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