viernes, 29 de octubre de 2010

El tema de lasa divisas(MB)







Rebelion. Hacia la reforma del sistema financiero internacional















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29-10-2010







Hacia la reforma del sistema financiero internacional




Cinco Días






Desde los acuerdos de Bretton Woods en 1944 Estados Unidos ha tenido el privilegio y la responsabilidad de emitir la moneda internacional por excelencia: el dólar. El privilegio consiste en que EE UU puede importar productos y emitir deuda en su propia moneda, mientras que la responsabilidad se centra en implementar políticas macroeconómicas estables para el buen funcionamiento de la economía global.

Lamentablemente, el cumplimiento de la responsabilidad refuerza el privilegio, llevando el sistema constantemente a desequilibrios insostenibles. Una de las responsabilidades del emisor de la moneda internacional es proporcionar suficiente liquidez (y por tanto demanda) al sistema para que la actividad económica global no decaiga. Para lograr esto, el emisor debe aumentar su déficit por cuenta corriente. Ésta es una de las razones por las cuales Estados Unidos ha aumentado su deuda externa en los últimos 30 años. Lógicamente, a medida que esa deuda aumenta, la credibilidad del dólar como moneda internacional se debilita y el sistema empieza a ponerse en duda. Esto se conoce como el Dilema de Triffin.

A finales de los años sesenta y a mediados de los ochenta los desequilibrios entre Estados Unidos y Europa Occidental y Japón eran tan grandes que amenazaban también la estabilidad del sistema. En ambas ocasiones, primero con la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods y después con el Acuerdo Plaza de 1985, Estados Unidos logró reducir estos desequilibrios con una devaluación del dólar. En ambas ocasiones los perdedores fueron Europa, que acto seguido empezó a valorar la posibilidad de crear una moneda única, y Japón, que con la subida del yen experimentó una burbuja financiera con graves consecuencias hasta el día de hoy. Hay que recordar aquí que Europa y Japón aceptaron la drástica depreciación del dólar frente a sus monedas, en parte, a cambio de la protección militar que Estados Unidos les ofrecía en plena Guerra Fría.

Hoy, sin embargo, la situación es diferente. Frente a la crisis actual, consecuencia de los propios desequilibrios, Estados Unidos vuelve a necesitar una devaluación del dólar. Pero en esta ocasión el país con el mayor superávit es China, que no depende de la protección de Washington. El Gobierno americano ha intentado convencer a las autoridades chinas para que aprecien su moneda, pero por ahora la presión no ha resultado efectiva. Como los chinos no ceden, el dólar se deprecia frente a otras monedas convertibles, lo que hace que diferentes países tengan que intervenir en los mercados para evitar la apreciación de sus monedas. Esta carrera hacia la devaluación ha sido descrita justamente por el ministro de Finanzas brasileño, Mantega, como una guerra de divisas.

Con una moneda internacional más estable, con más poder de absorción de demanda que las monedas nacionales anteriores al euro, los europeos no están tan expuestos a las depreciaciones del dólar. En este sentido, por ahora, no se han visto en la obligación de intervenir en el mercado. ¿Pero qué pasaría si el euro llegase de nuevo a 1,50 dólares? Especialmente ahora que la recuperación económica en la zona euro depende en sobremanera de las exportaciones. Las consecuencias serían desastrosas, y los franceses son los primeros en darse cuenta de ello. Cada vez que el euro pasa de 1,40 sus exportadores sufren. Es por eso que el Gobierno de Sarkozy lleva trabajando un tiempo con el Gobierno chino en la reforma del sistema monetario internacional.

El afán de los franceses en abrir este debate es un paso en la dirección correcta. La Unión Europea puede convertirse en un mediador entre los denominados Brics, que han declarado abiertamente su malestar con el actual sistema, y Estados Unidos. El presidente de la Comisión, Barroso, ha reiterado que la UE está a favor de un sistema basado en la cooperación y la coordinación entre las distintas divisas. Sin embargo, hasta ahora esa coordinación consiste en aliarse con Estados Unidos y poner más presión sobre los chinos para que aprecien su moneda y en última instancia la dejen flotar en el sistema. Esto desde Pekín se ve más como una imposición que como una proposición.

Es aquí donde chocan dos visiones distintas de lo que sería un sistema monetario ideal. El mundo occidental, dominado por la cultura anglosajona, propone un sistema de flotación libre, donde no haya intervención estatal. En la cultura china, en cambio, el Estado siempre ha tenido una mano en el funcionamiento de la economía. Para los chinos, coordinación sería establecer por ejemplo una banda de flotamiento entre las divisas más importantes (dólar, euro, yen y libra esterlina) y coordinar intervenciones multilaterales cada vez que esas monedas se salgan de la banda. Al principio, el yuan chino estaría anclado al dólar, pero gradualmente se haría tan flexible dentro de la banda como las otras divisas. Así se conseguiría una mayor estabilidad en el sistema y se disciplinaría a todos los emisores de las divisas internacionales.

La propuesta parece razonable. Incluso puede ser bien vista en Francia donde el Estado siempre ha tomado un papel activo en la economía. ¿Pero resultaría atractiva en países tradicionalmente opuestos al dirigismo de estado como Reino Unido, Estados Unidos e incluso Alemania? Eso ya es más difícil. Aunque esta última reunión del G-20 en Seúl puede significar un cambio de rumbo. Si Estados Unidos propone ahora, sorprendentemente, techos para los desequilibrios, quizás algún día acepte también techos en la fluctuación de las divisas.

Fuente: http://www.acordem.org/2010/10/27/hacia-la-reforma-del-sistema-financiero-internacional/







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La guerra de las divisas







Rebelion. Guerra de divisas en Corea del Sur















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29-10-2010







Guerra de divisas en Corea del Sur




APM



En el marco de la próxima Cumbre del G-20, Alemania se afirma en contra de la postura de Estados Unidos y rechaza de plano la opción de una “economía planificada” a nivel mundial.




La expresión utilizada por la representación alemana este último fin de semana en el G-20 para rechazar la postura de Timothi Geithner, secretario del tesoro de los Estados Unidos, encierra un mensaje político contundente y difícil de digerir para los funcionarios estadounidenses; discípulos y defensores del liberalismo económico.

La planificación de la economía ha sido asociada a lo largo de la historia mundial a naciones con sistemas políticos comunistas con una fuerte centralización en cabeza del Estado en las decisiones de producción y consumo. Pero en las últimas décadas dichas naciones realizaron sensibles reformas hacia economías de mercado con creciente participación del sector privado.

La reunión del G-20 tendrá lugar en noviembre en Corea del Sur. Aun sin grandes acuerdos logrados, los ministros de economía de los Estados miembros delinearon este último fin de semana el escenario de debate que puede dejar al descubierto el fondo de la discusión. Sin lugar a dudas está relacionado con el reclamo estadounidense de volver a tomar las riendas de una “planificación de la economía” mundial.

El G-20 discutirá, en la superficie, el valor de la divisas, aunque esta solo sea la punta de un iceberg. La discusión de fondo será la situación que, desde la explosión de 2008, se ha desmadrado para Estados Unidos en materia de “planificación”.

Las economías centrales carecen del mecanismo tradicional para transmitir el peso de la crisis financiera y la recesión a las economías emergentes mediante la apreciación de sus respectivas monedas, el encarecimiento de su producción y la consecuentemente apertura como mercados de consumo para reactivar las alicaídas industrias de los países centrales.

El plan de estímulo fiscal en Estados Unidos, cercano a los 800 mil millones de dólares, sumado a las millonarias inyecciones de dólares de la Fed a su sistema bancario para rescatarlos de la quiebra, y la baja de sus tasas de interés a cero, puede tener importantes consecuencias y efectos colaterales en el resto de las economías del mundo.

El sistema se preveía simple. El exceso de liquidez en Estados Unidos se traslada a los emergentes, con lo cual genera una apreciación en sus monedas y con ello su apertura como mercados consumidores para que los países industrializados dinamicen sus exportaciones.

Brasil puede ser un claro ejemplo de esta realidad. En los últimos días, el Ministerio de economía de ese país anunció el incremento del impuesto al ingreso de capitales: se trasladará del 4 al 6 por ciento. Así, contendrá los millones de dólares que buscan plazas en emergentes cuya dinámica económica es más atractiva que la de países centrales. Se estima que en el 2010 el flujo de capitales en dólares a economías en desarrollo será de alrededor de 80 mil millones solo en un año.

La apreciación del real brasileño, como consecuencia de la libre flotación en el mercado de cambios, frente al dólar es una carga que deberá afrontar el gobierno que resulte electo en el ballotage previsto para el 31 de octubre. Según The Economics, que publica un índice para dar cuenta de la cotización de las monedas en relación al dólar en los distintos países, hay una apreciación del real frente al dólar en torno al 40 por ciento.

A su vez, en aquellas economías que no permiten la libre fluctuación de su moneda frente al dólar en un contexto de excesiva liquidez, logran niveles de subvaluación de sus monedas. De allí que el ojo de la tormenta se centre en Asia, y fundamentalmente en China.

Este mecanismo ha sido interrumpido en gran parte de las economías emergentes, mediante la intervención en sus mercados de cambio. El mundo “desarrollado” no encuentra la forma de compartir con el resto de países ajenos a la crisis y que suprimen la recesión en sus aparatos productivos.

Es conocida la postura argentina ante el G-20 en relación a la autonomía de la política económica para establecer un tipo de cambio competitivo y necesario para sostener niveles de crecimiento en el sector industrial, capaz de absorber dos tercios del empleo nacional.

Un conjunto de políticas económicas que podríamos llamar “heterodoxas” en relación a lo propuesto tradicionalmente en la literatura anglosajona han permitido combinar el sostenimiento de un tipo de cambio real competitivo con acumulación de reservas internacionales, junto al control de los agregados monetarios mediante intervenciones del Banco Central. Los resultados fueron favorables en términos de crecimiento sostenido en el producto y han permitido una buena performance de las exportaciones nacionales.

Argentina forma parte del conjunto de países denominados emergentes que solo hace una década representaba algo más del 20 por ciento del producto mundial. Diez años más tarde, en la actualidad, representa alrededor del 30 por ciento, y en los próximos diez años significaran casi el 50 por ciento del PBI mundial.

El final está abierto. Lo que resta será evaluar cual es el nivel de presión que lograrán imponer las economías centrales no sólo en la cumbre del G-20 sino también a través de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para lograr que el resto de los países compartan las consecuencias de crisis financiera del 2008.

http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=4854






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miércoles, 27 de octubre de 2010

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Irán-Venezuela






Rebelion. La simpatía hacia Irán augura nuevo orden mundial















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27-10-2010







La simpatía hacia Irán augura nuevo orden mundial




Asia Times Online



Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens




A Irán y Venezuela los separan continentes. Pero como dos miembros destacados de la Organización de Países Exportadores de Petróleo con economías mixtas y orientaciones de política exterior compartidas, y en su calidad de destacadas pesadillas para la hegemonía estadounidense, su creciente interdependencia refleja una alianza estratégica que va mucho más allá de sus relaciones bilaterales y, de hecho, está conectada a sus aspiraciones por un “nuevo orden mundial”.

Por lo tanto, en su último (noveno) viaje a Teherán de esta semana, el presidente venezolano Hugo Chávez –fuera de firmar una elevada inversión de casi 800 millones de dólares en el sector del campo de gas de Pars, entre once nuevos acuerdos económicos– dio un apoyo oportuno a su asediado homólogo iraní.

El apoyo de Chávez al presidente Mahmud Ahmadineyad fue expresado no sólo a través de su ayuda a la continua batalla de Irán contra el aislamiento impuesto desde el extranjero, sino también en el tema más amplio de la búsqueda de un orden mundial post-hegemónico basado en relaciones horizontales y la igualdad entre naciones, en lugar de la actual estructura jerárquica osificada que permite que las potencias occidentales actúen como “reyes del mundo”, para parafrasear a Chávez en su visita a Damasco que precedió una parada de dos días en Teherán.

En el contexto actual posterior a la Guerra Fría en el cual la política global manifiesta pruebas de un descenso del orden mundial unipolar dominado por Occidente, los contendientes del statu quo como Irán y Venezuela representan “sociedades heroicas”, abanderadas de un contra-sistema alternativo global determinado a resistir las seducciones de la hegemonía occidental.

Por lo tanto no es sorprendente que algunos críticos se hayan concentrado en ambos países, vilipendiándolos y estigmatizándolos como “Estados delincuentes” y cosas semejantes. Mientras tanto, Occidente ha mostrado una capacidad implacable en la eliminación de resistencia –especialmente ésta, ya que gran parte del mundo se ha hundido en el cenagal de la sumisión, la apatía y el cinismo puro nacido de la impotencia.

Coincidiendo con la visita de Chávez a Teherán ha habido una gran cantidad de informes anti-iraníes en los medios occidentales, que van desde una oportuna filtración de información secreta según la cual Iraq acusa a Irán de actividades subversivas, a afirmaciones de soborno iraní del jefe de gabinete del presidente afgano Hamid Karzai, Umar Daudzai, pregonadas por el New York Times.

Respecto a las afirmaciones, un editorial en Teherán formuló la pregunta legítima: “¿Cómo es posible que un diplomático de quien se afirma que tiene el objetivo de interferir en los asuntos internos de un país lo haga a plena vista de otros?” El editorial se refiere a la afirmación del Times de que Daudzai recibió una bolsa de plástico repleta de un pago iraní “por influencia”, una acusación rechazada contundentemente por Daudzai y el embajador de Irán en Kabul.

Algunos observadores se han preguntado si la historia del New York Times forma parte de un intento de EE.UU. de aumentar su influencia sobre el gobierno de Karzai, que incluye a varios miembros del Partido Islámico asociado con Gulbuddin Hekmatyar –buscado por EE.UU.– así como sobre las actuales actividades del Consejo Supremo de la Paz de Afganistán, dirigido por el ex presidente Burhanuddin Rabbani, que es nominalmente independiente del gobierno y de fuentes extranjeras.

Pero EE.UU., después de tantos gastos en Afganistán en los últimos nueve años, es reacio a ser simplemente un observador pasivo de los actuales esfuerzos del consejo de lograr la paz con los talibanes. A pesar de toda el habla de una reducción de las tropas de EE.UU. a mediados del próximo año, todas las señales muestran que los militares de EE.UU. están ocupados construyendo bases como parte de una estadía indefinida –en una ubicación estratégica que coloca a las fuerzas de la OTAN en estrecha proximidad con Irán y China-, para no mencionar el centro energético del Mar Caspio a la luz de los planes de EE.UU. de realizar el gasoducto TAPI (es decir Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India) como alternativa al gasoducto IPI (Irán-Pakistán-India) conocido como “gasoducto de la paz”.

La oportuna inversión venezolana

Según informaciones de Teherán y Caracas, la compañía petrolera estatal venezolana PDVSA ha decidido comprar un 10% de la inversión en la fase 12 del campo Sur de Pars, el gigantesco campo petrolífero y de gas que Irán comparte con Qatar.

Mientras ocurre una rápida desinversión de compañías petroleras occidentales de Irán, el antídoto de la inversión bastante sustancial de Venezuela puede inducir a otros países, como ser India, a dejar de lado sus vacilaciones sobre si hacer caso omiso a las sanciones occidentales y participar en el sector energético de Irán; respecto a la fase 12 de Pars Sur, aparte de una compañía angolana, dos compañías indias –postergadas hasta ahora por temor a una reacción occidental– han expresado su interés en participar.

Además, Irán y Venezuela han firmado un acuerdo conjunto de transporte marítimo que, según informaciones desde Caracas, posibilitará que Venezuela “venda más de medio millón de barriles de petróleo a Europa y Asia”.

Aunque no compensan la disminución de la inversión occidental, estas operaciones representan importantes contrapartidas, o más bien “medidas de represalia”, para parafrasear a funcionarios de Teherán, frente a las sanciones occidentales.

Según Mahmud Bahmani, el gobierno ha invertido más de 75.000 millones de dólares en los proyectos energéticos y “los resultados serán vistos durante los próximos tres o cuatro años”. A pesar de semejantes noticias optimistas, hay una nube de inseguridad sobre la capacidad de Irán de mantener sus exportaciones de petróleo al nivel actual (hasta 2,5 millones de barriles por día) a la luz de las sanciones; varios gigantescos campos petrolíferos están a la espera de desarrollo debido a la falta de inversión, y algunos expertos han atribuido el reciente aumento alarmante de accidentes en las instalaciones petroleras de Irán a una falta de modernización adecuada de equipos antiguos.

“No se ha mencionado en ninguna parte [en documentos internacionales] la prohibición del suministro de carburante a aviones de otros países”, se quejó recientemente el primer vicepresidente de Irán Mohammad Reza Rahimi, refiriéndose a las noticias de que los europeos se niegan a proveer carburante jet para aviones de pasajeros iraníes, mientras tanto EE.UU. como Europa siguen presentando la fachada de “sanciones inteligentes” que no afectan al pueblo iraní.

Incluso en Europa, no todos mantienen la misma posición sobre la efectividad de las sanciones; por ejemplo, la semana pasada el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en una entrevista con un periódico alemán, expresó su pesimismo de que sanciones puedan ser efectivas, aconsejando métodos “más moderados” de tratar con Irán.

“Las sanciones son las armas de hegemones para debilitar a los que los cuestionan y en nuestro caso esto es racionalizado con el pretexto del tema nuclear”, dice un analista político en Teherán. “Por eso las naciones que comparten nuestro sentimiento contra la hegemonía se niegan a cooperar con esos instrumentos para [perpetuar] la hegemonía”. Por su parte, esto provoca la pregunta de cuál será el próximo paso en las negociaciones nucleares con Irán.

Nuevas conversaciones nucleares

Hasta ahora, Teherán no ha respondido formalmente a una carta de la jefa de la política exterior de la Unión Europea, Catherine Ashton, proponiendo una nueva vuelta de negociaciones de los países de “Irán Seis” (Rusia, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, China y Alemania) a mediados de noviembre. Teherán quiere aclarar los temas para la negociación antes de comprometerse, y la prensa iraní ya está repleta de referencias a las tres condiciones previas de Ahmadineyad: el tema de las bombas nucleares israelíes, los derechos nucleares de Irán, y el estatus regional de Irán.

A pesar de todo, considerando el deseo continuo de Irán de reducir el peso de las sanciones y de realizar el objetivo de asegurar el combustible nuclear para su reactor de Teherán, es probable que Teherán dé una aprobación retardada a la nueva vuelta de conversaciones nucleares a pesar de sus dudas sobre el resultado. Después de todo, en su conferencia de prensa final en Nueva York, Ahmadineyad declaró que había autorizado a los funcionarios iraníes para que contacten a Ashton respecto a una nueva vuelta de negociaciones. Una reunión preliminar entre Ashton y el negociador nuclear jefe de Irán, Saeed Jalili, podría ser necesaria.

Desde el punto de vista de Teherán, su capacidad de pedir la simpatía de otras naciones, sobre todo Turquía y Brasil, y de involucrarlas como participantes directos en lo que es indudablemente un importante tema polémico en los asuntos internacionales actuales, también está relacionado con su sueño de un mundo post-hegemónico en el cual una multiplicidad de naciones tengan un papel efectivo en lo que Ahmadineyad llama constantemente “gestión global”.

Por lo tanto, si tiene éxito o no el guión iraní para las conversaciones nucleares es un tema específico que ha adquirido repentinamente un nuevo nivel de importancia discursiva, en términos de los actuales esfuerzos por “construir lazos para acelerar el nacimiento de un nuevo mundo de equilibrio y paz”, parafraseando a Chávez.

Kaveh L Afrasiabi es doctor y autor de “After Khomeini: New Directions in Iran’s Foreign Policy (Westview Press). Su último libro es “Reading In Iran Foreign Policy After September 11” (BookSurge Publishing, 23 octubre 2008) y su último libro Looking for rights at Harvard, se encuentra actualmente en venta.

(Copyright 2010 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/LJ26Ak04.html







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Carlin

martes, 26 de octubre de 2010
















Perfiles

























martes 26 de octubre de 2010




























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