martes, 23 de febrero de 2016

(1) Entrevista a Theotonio dos Santos.(MB)


Rebelion. “No es simplemente una crisis, estamos en un momento de reestructuración de la economía mundial”
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2016

Entrevista a Theotonio dos Santos, exponente de la Teoría Marxista de la Dependencia
“No es simplemente una crisis, estamos en un momento de reestructuración de la economía mundial”



Si hay alguien que ha dejado huella en el pensamiento económico de América Latina es Theotonio dos Santos: científico social brasileño, catedrático de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, exponente de la Teoría Marxista de la Dependencia y galardonado con el Premio Economía Marxista 2013 de la Asociación Mundial de Economía Política. Dos Santos dictó a mediados de febrero una serie de conferencias sobre teorías del desarrollo como parte de la Cátedra Maestro Ricardo Torres Gaitán que le fue otorgada por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM por sus aportaciones en la materia.

Ariel Noyola Rodríguez, consiguió entrevistar a Theotonio dos Santos durante su estancia en la Ciudad de México y abordó, entre otros temas, las perspectivas de la economía y el sistema mundial, las contradicciones del desarrollo capitalista de China, el ascenso del yuan como divisa de reserva internacional, los desafíos de la integración latinoamericana, el atasco burocrático del Banco del Sur, el reposicionamiento regional de Estados Unidos, la crisis del pensamiento económico y los problemas que enfrenta la izquierda para construir alternativas.

Por su amplia extensión, la publicación de la entrevista se ha dividido en varias partes. En esta primera entrega Noyola Rodríguez explora con dos Santos la posibilidad de que se materialice una nueva recesión global, la reestructuración de la economía mundial comandada por los BRICS, las contradicciones del desarrollo capitalista de China y el ascenso del yuan como divisa de reserva internacional…

Ariel Noyola Rodríguez: Muchas gracias por haberme concedido esta entrevista. Quiero comenzar con la complicada situación por la que atraviesa la economía mundial en estos momentos, y cuál será, desde su punto de vista, el impacto sobre los países latinoamericanos. Durante el último mes se ha observado un desplome considerable de las principales bolsas de valores. Las acciones de los grandes bancos de inversiones (Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Deutsche Bank, etc.) se han derrumbado en estos días, lo mismo ha sucedido con los precios de las materias primas (commodities) y los tipos de cambio de los países emergentes ¿Estamos a las puertas de una nueva recesión mundial? ¿En qué posición se encuentra América Latina ante ese posible escenario?

Theotonio dos Santos: La crisis de 2008-2009 fue muy fuerte para los países que formaban parte del centro de la economía mundial, pero al mismo tiempo, China se mantuvo con un fuerte crecimiento junto con los países de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y también casi todos los países en desarrollo. De manera que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la economía mundial no cayó. Esto muestra que hubo cambios muy significativos en los últimos años: el motor de la economía mundial se desplazó de la zona central, básicamente de la tríada (Estados Unidos, Europa y Japón), hacia otras regiones.

Esto ha dado origen a una serie de trabajos, de intentos de explicación de este fenómeno. Desde la década de 1970, incluso un poco antes, nosotros mostramos la tendencia a la decadencia de la economía norteamericana y europea, y hasta Japón, que en aquel momento estaba en un auge económico importante, aunque también se comenzó a revelar una cierta tendencia a una caída que operó a partir de la década de 1990. En ese sentido, Japón mostró un poco lo que iba a pasar con las economías industrializadas. La economía japonesa entró en una baja bastante significativa. Recordemos que Japón registró entre 8 y 10% de crecimiento del PIB durante gran parte del período de posguerra, pero en la década de 1990 bajó a cero, incluso obtuvo tasas de crecimiento negativo (-2%, -3%, etc.), y apenas alcanzó un ligero crecimiento en años muy aislados.

Ahora hay otro problema que está causando desesperación en el centro del sistema, y es que los países en desarrollo, los que han ganado una mayor participación en la economía mundial, ahora también empiezan a tener un menor crecimiento. Es que gran parte de la expansión desde los años 2000 hasta 2010-2012, estuvo basada en la demanda china. La demanda de China es un asunto poco estudiado, durante la década de 1990 cuando nosotros llamamos la atención sobre el crecimiento de la demanda china en la economía mundial, la reacción de muchos colegas fue que eso era absurdo, que China, un “país de pobres”, no iba a generar ninguna demanda importante.

Era un gran desconocimiento, China tiene todavía sí, una población bastante pobre, pero en la década de 1980 y 1990 se desarrolló mucho la economía del Sur de China sobre todo, y esa economía alcanzaba ya unos 500 millones de habitantes con un nivel de consumo próximo a todo el Sur de Europa. Es decir, en esos años se agregó a la economía mundial una “Europa del Sur”. Entonces, despreciar este fenómeno era un problema muy grave porque mostraba exactamente la crisis, esa sí bastante grave, del pensamiento económico.

¿Ahora bien, qué pasó con la caída del crecimiento chino? Frente a la crisis, la dirección política de China tomó posiciones que están alterando bastante su participación en la economía mundial en este momento. Una de esas decisiones fue volcarse más hacia su mercado interno. En 2008 China había adoptado ya la decisión de volcar 500,000 millones de dólares para ampliar la demanda de las zonas más pobres, y re-orientar su economía hacia sus propios mercados. Ese giro tuvo un efecto sobre todo para los países que estaban en ascenso, ya que ese ascenso estaba vinculado con el aumento de los productos de exportación hacia China.

Y a pesar de que se tomaron algunas decisiones para intentar aprovechar el auge de las exportaciones, no fueron suficientes, no se logró un cambio tan sustancial que nos permitiera colocarnos de lleno dentro de las nuevas tendencias de la economía china, para así disminuir un poco el efecto de la caída de la demanda mundial. Además hay otro problema, hay una caída de los precios de las materias primas (commodities), que componen el grueso de las exportaciones de nuestros países hacia China. Frente a eso, hemos tenido problemas graves, y en lo que respecta al petróleo sobre todo.

Hay un intento de manipular el mercado petrolero para servir a objetivos geopolíticos, sobre todo de Estados Unidos, país que para hacer frente al auge de China, favoreció el uso de la fractura hidráulica (fracking), que es un método de producción interesante en términos económicos para las empresas de Estados Unidos. El fracking tiene la ventaja de permitir un gran crecimiento de la producción petrolera sin destinar grandes montos de inversión, pero al costo de acabar con el agua. La crisis del agua se va a agravar en Estados Unidos, en unos 15 o 20 años más.

De cualquier forma, era una decisión estratégica para enfrentar a los enemigos que Estados Unidos definió en este período, básicamente Rusia, Irán y Venezuela, golpeando también a Brasil y otros países. Brasil está ingresando en un dominio petrolero muy grande, que afecta bastante el funcionamiento de la economía mundial. En busca de bajar el precio del petróleo, y así generar problemas en América Latina, Estados Unidos apostó por la acumulación de inventarios (stocks) y colocaron al mercado de materias primas (commodities) en una crisis bastante grave, y también profundizaron la crisis energética.

En este cuadro es posible entender que esa política tuvo efectos bastante negativos desde el punto de vista económico, pero desde el punto de vista político no funcionó. Rusia, en vez de aceptar las presiones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comandada por Estados Unidos, se convirtió entonces en una fuerza muy activa en Europa. Y Europa oriental depende hoy mucho de Rusia, que además se aproximó más a China, garantizando una nueva salida de sus productos de exportación, y además apoyó fuertemente la idea de los BRICS, que es la base de una nueva dinámica económica mundial.

El Oriente Medio también está cansado de Estados Unidos. Arabia Saudita se está reuniendo con Rusia en este momento. La idea es que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tenga una política común con los grandes productores de petróleo [Nota: en efecto, momentos después, la OPEP y Rusia acordaron congelar la producción petrolera a los niveles del mes de enero, una medida que busca apoyar el repunte de los precios]. Arabia Saudita siempre ha sido una fuerza fundamental de Estados Unidos en Oriente Medio, no se gustan mutuamente, pero son necesarios entre sí.

Por eso no es simplemente una crisis, estamos en un momento de reestructuración de la economía mundial. Claro que los más débiles, sobre todo Brasil y Venezuela, son los más afectados. Venezuela por su dependencia económica de las exportaciones de petróleo, por el hecho de que ya no esté presente Hugo Chávez, que tenía una calidad de pensamiento y de estrategia, muy por encima de la media. Entonces, todo esto claro, está afectando muy gravemente la situación económica de Venezuela. Y Brasil también está afectado muy fuertemente, lo mismo Argentina.

Todo esto está en el cuadro, más amplio, de que para enfrentar la crisis en Estados Unidos y Europa la fórmula principal fue una acción muy fuerte de parte de los Estados para proteger al sector financiero, que era el más directamente afectado por la crisis de 2008. Así se generó una transferencia masiva de los recursos del Estado hacia el sector financiero. Esto permitió que la crisis no se agravara tanto en un primer momento, pero creó las condiciones para que en un momento siguiente, que es lo que estamos viviendo ahora, no exista forma de pagar estas deudas.

Los Estados se convirtieron en grandes deudores, los países del Sur de Europa, Estados Unidos, etc. El caso de Estados Unidos es muy dramático. La deuda pública de Estados Unidos salta en estos años de 6 a más de 16 billones de dólares, que es igual al monto del resto de la deuda pública del mundo. Y no hay cómo pagar algo así. Deben buscar alguna forma, la deflación (caída precios) quizás sea una salida. La única forma es la quiebra, la deflación sería una quiebra colosal para Estados Unidos.

El otro problema que tiene Estados Unidos, y Europa también, es que no pueden tener una tasa de interés muy alta. Porque eso los llevaría a una baja de su crecimiento mucho más grave. Los bancos centrales de los países industrializados mantienen actualmente tasas de interés cercanas a cero, pero Japón ya lo hacía desde la década de 1990, eso no resuelve el problema en las economías centrales, eso digamos, permite que la crisis no se manifieste tan fuerte, pero se va generando otra crisis, de grandes excedentes de deuda.

En América Latina no estábamos preparados para enfrentar la crisis, a pesar de que algunos de nosotros lanzamos advertencias. La tendencia en nuestra región es de prejuicio, de no entender lo que pasa más allá de la dinámica del pensamiento que viene de Estados Unidos. La verdad es que no se dio importancia suficiente a lo que pasaba en China, India, etc. Nuestros países no se prepararon para hacer frente a una demanda que todo el tiempo se dijo que no existía. Cuando se llega al gobierno se tiene primero una situación de fantástico crecimiento. Por ejemplo, Brasil pasó de exportar mercancías por 60,000 millones de dólares a casi 200,000 millones de dólares. China que al principio no era tan importante, pasó a ser el primer país importador de productos brasileños.

Chávez sí entendió el contexto, hizo un gran esfuerzo junto con la OPEP, para reestructurar el mercado petrolero, para mejorar el papel de Venezuela como país exportador de petróleo. Chávez intentó forzar la industrialización en Venezuela, pero el problema de países como Venezuela, los que están en el Caribe, Cuba también, es que algunos sectores de la población están acostumbrados a utilizar los excedentes de dólares, que se consiguen en ciertos momentos históricos, para comprar bienes de consumo del exterior. No existe la percepción de que ese dinero que posees debe ser cuidado para utilizarlo después como un instrumento para el desarrollo. Tienes muchos dólares y los pierdes en el exterior, no permites que esos excedentes se utilicen en el desarrollo industrial del país.

La industrialización está basada en el avance de la productividad. Y el avance de la productividad no se da en escala nacional solamente. Desde la década de 1960 se va constituyendo una economía de una gran diferenciación de productos y el capital que dirige eso, el capital de las multinacionales va re-orientando su producción a los lugares donde paga menos impuestos, donde encuentra la mano de obra más barata, etc., la economía mundial se reestructura. Tu país se queda con una parte de eso, pero no cuentas con la capacidad tecnológica para que tú mismo dirijas el proceso, ni económica. Entonces se crea un nuevo tipo de dependencia, que incluso se ha profundizado.

Ariel Noyola Rodríguez: Hay una reforma capitalista que está en curso de dimensiones mundiales, promovida por China y otros países emergentes. En el ámbito de las finanzas internacionales, el gobierno chino consiguió que se incluyera el yuan en los Derechos Especiales de Giro (DEG). Y el Congreso estadounidense destrabó finalmente la reforma del sistema de cuotas de representación del Fondo Monetario Internacional (FMI), con lo cual, China y los BRICS vieron incrementados sus porcentajes de participación, si bien Estados Unidos todavía conserva su poder de veto.

Sin embargo, las concesiones otorgadas por el FMI comprometen a China a llevar a cabo una serie de reformas estructurales que profundizarían su vinculación con el mercado financiero mundial por la vía de la liberalización de las tasas de interés, los tipos de cambio y el mercado de capitales. Los chinos han construido su propio mercado de derivados para emitir títulos financieros respaldados en materias primas (commodities) pero denominados en yuanes, ya no en dólares. Asimismo, la banca en la sombra (shadow banking system), compuesta por las entidades financieras fuera del marco regulatorio, va cobrando una mayor relevancia en el sistema de crédito.

Por otra parte, si bien es cierto que China viene ganando terreno frente al antiguo Grupo de los 7 (G-7, integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) en la jerarquía de la economía mundial, al mismo tiempo se mantiene fuertemente ligada a las economías y los instrumentos de los países industrializados, bajo esta perspectiva, parece haber construido una relación de dependencia mutua, más que de autonomía. Por ejemplo, cuando Lehman Brothers quebró, China mantuvo sus adquisiciones de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Asimismo, China es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos, y uno de los principales destinos de inversión de Estados Unidos, Europa y Japón.

Algunos plantean incluso que el ascenso económico de China será puesto en cuestión en un tiempo breve. La deuda pública sí, todavía es baja, pero la deuda privada, la que incluye la de las familias y las empresas, ha aumentado de modo bastante significativo. La deuda total, esto, es, si sumamos la deuda pública y la privada, sería equivalente a más de 200% del PIB de China.

Entonces, ¿Cómo interpretar el avance económico de China frente al bloque occidental y la construcción de una nueva dinámica económica mundial, cuando en otros aspectos Pekín legitima las instituciones e instrumentos del orden mundial de la segunda posguerra, y reproduce al mismo tiempo muchas de las pautas seguidas por el capitalismo estadounidense?

Theotonio dos Santos: Bueno, estamos en un proceso de armar una nueva economía mundial. La posibilidad de influenciar fuertemente esta nueva economía en un cierto momento parecía muy difícil. Y en la actualidad sí, por supuesto, aún se piensa usar el FMI, digamos, abrir el FMI para lograr una presencia más fuerte, sobre todo de China, pero también de otros países, en términos de mejorar su posición en las cuotas del FMI.

Pero la reforma fue muy pequeña, y ahora finalmente se consiguió, porque Estados Unidos fue obligado a aparentar ayudar un poco la posición de los países en desarrollo. Sin embargo, el FMI actúa para Estados Unidos, también el Banco Mundial. La verdad es que a nuestros países no les interesa más el FMI. Nosotros no somos deudores del FMI, somos acreedores, incluso hemos ayudado con nuevos recursos. Lo que ellos están haciendo claro, es buscar captar nuestras reservas, y buscan mecanismos para lograr eso, muy ayudados por los bancos centrales de nuestros países.

En China existe una corriente, digamos, dentro del mismo gobierno, que defiende que China entre fuertemente al mercado financiero mundial. Y para hacer eso los chinos tendrían que aceptar gran parte de los instrumentos existentes. Pero hay otra corriente que está armando otro tipo de instrumentos. El banco de los BRICS por ejemplo, creo que se va a convertir, a pesar de que se han creado dificultades para impedir que se consolide, en un órgano más poderoso que el Banco Mundial.

Y lo mismo va a pasar con el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII). A Estados Unidos le correspondía contener el apoyo de los europeos y no lo consiguió, todos los europeos se fueron a financiarlo. Lo que revela que la influencia china en este momento es más poderosa que la de Estados Unidos, en una cuestión mercantil, no en una cuestión política propiamente, pero sin duda esto tiene desdoblamientos políticos. Es que el BAII no sólo garantiza el funcionamiento de Asia en general, con la entrada de estos países (Alemania, Francia, Reino Unido, etc.), se convierte en un instrumento de actuación muy amplio, incluso para Europa.

Son cambios que no implican simplemente meterse en el mercado financiero mundial, sino que se están estableciendo nuevas reglas para la economía mundial. El otro asunto es que en los próximos 10 años veremos el ascenso del yuan. De 4 años para acá, el yuan pasó de representar 2% a alcanzar más de 8% del total de las operaciones de financiamiento comercial, un crecimiento de 4 veces, según los datos de la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (SWIFT, por sus siglas en inglés). Y esta dinámica va a continuar, porque el dólar está en plena caída en verdad, pende de un hilo.

A nadie le interesa que haya una caída tan brutal del dólar, pues se podría acentuar la deflación, por eso están haciendo todo lo posible para evitar su derrumbe. Tampoco la caída del dólar le interesa a los chinos, que tienen muchos dólares en este momento, y que necesitan al dólar para realizar muchas operaciones. Pero, en el contexto de la tendencia económica mundial actual, ¿Qué preferirías tú, dólar o yuan?

Ariel Noyola Rodríguez: El yuan, sin lugar a dudas…

Theotonio dos Santos: Evidentemente, es una moneda que se valoriza, cuyo rol en la economía tiende a crecer. El dólar en cambio, es una moneda en decadencia, no paga interés alguno por los títulos de deuda pública norteamericanos. Estados Unidos es un país deudor absoluto. La deuda pública es equivalente al tamaño de su PIB, la deuda misma que el gobierno acepta como tal.

Las deudas que tú mencionas son deudas emitidas por otros agentes sociales, económicos, que el gobierno puede claro, entrar a patrocinarlas, también en un cálculo de que si no lo hacen se haría más profunda la crisis del dólar. Y evitar el colapso del dólar sería mejor para China, pero también para casi todos los jugadores (players) mundiales. Sin embargo, si el yuan consigue mantener ese nivel de ascenso, en unos 10 años podría llegar a 30%, muy próximo a alcanzar 50%. Y cuando llegas a más de 50% entonces puedes emitir moneda, que es lo que hace Estados Unidos. Las previsiones actuales apuntan hacia esa dirección.

Ariel Noyola Rodríguez: Aunque bueno, quizás las contradicciones del desarrollo capitalista de China entorpezcan el ascenso del yuan como moneda de reserva mundial. El Banco Popular de China ha disminuido en varias ocasiones la tasa de interés de referencia, lo mismo el nivel de encaje de los bancos, precisamente para evitar una mayor desaceleración de la economía, apuntalar la provisión de crédito, e impedir a toda costa que la deflación contagie a su industria manufacturera.

Por otro lado, desde que China comenzó a devaluar el yuan, en agosto de 2014, su banco central se ha visto obligado a ocupar una tercera parte de sus reservas internacionales en la defensa de la estabilidad del tipo de cambio, como una consecuencia sí, en parte de los ataques de los especuladores, pero también por cierta desconfianza de los inversionistas en torno a su fortaleza financiera ¿Considera usted que hay riesgos de que estalle una crisis financiera en China por el agravamiento de las contradicciones de su desarrollo capitalista?

Theotonio dos Santos: No, no veo perspectivas de una crisis financiera en China. Ese tipo de problemas son cuestiones de política monetaria, una política que no busca apreciar el yuan fuertemente. El tipo de cambio yuan/dólar no tiene que ver tanto con la política china, es el resultado de las interacciones del mercado financiero mundial. Los chinos quieren que la apreciación de su moneda sea lenta. Y evitarían sin duda que la crisis del dólar fuera tan grande si ellos estuvieran en condiciones de comandar la política económica mundial. Estados Unidos necesita del apoyo chino para poder evitar la crisis del dólar.

La crisis del yuan no sería un problema grave porque no tendría que ver con la tendencia económica de China, que está invirtiendo en el mundo entero, creando mecanismos propios, de préstamos, de inversión, etc. Entonces para los chinos [la apreciación cambiaria] no es algo que ellos quieran apurar. Es un resultado de la mecánica de la economía mundial, derivada a su vez del rol histórico del capitalismo en su organización. Ahora bien, Estados Unidos puede tener más influencia en la economía mundial, y evitar una crisis más grave si teje alianzas con China, pero bajo una condición subordinada. Y es difícil pensar que los norteamericanos lo vayan a aceptar fácilmente.

Pero quizás sí lo hagan, en alguna medida. Por ejemplo, en cuanto a la renovación de la deuda de Estados Unidos, el presidente del Sistema de la Reserva Federal (FED) de ese momento fue semanalmente a China a discutir el asunto para evitar que China se deshiciera de sus bonos del Tesoro. Los chinos conservaron sus títulos, pero ya no compraron más. Pero para convencerlos de que los mantuvieran, Bernanke tuvo que ir semana tras semana a China, durante 1 mes, 2 meses.

Esto es una subordinación clara, tú depende más de ellos, que ellos de ti. Los chinos no fueron obligados a comprar más títulos respaldados en dólares, sino a renovar. Al renovar, China pide exigencias y condicionamientos. Los acreedores siempre imponen sus propias condiciones, sobre todo cuando la deuda es muy grande, porque hay un instrumento de poder muy importante, que es simplemente no pagar.

A nadie le conviene una caída muy fuerte de los títulos de la deuda pública norteamericana, que ya la hay de hecho, aunque no se habla mucho de eso. Nadie compra un título de deuda de Estados Unidos por lo que vale. Cómo vas tú a pagar 100% por un título que representa en realidad 60% de su valor original, menos aún. Para proteger el dólar es verdad que los norteamericanos necesitan a los chinos, sí.

Pero también hay que presentar esta situación desde el otro lado. Los norteamericanos también dependen de China, no es solamente que los chinos dependan de Estados Unidos. Sí, en cierta parte dependen. Es que los chinos no tienen interés en una depreciación masiva del dólar por la enorme cantidad de reservas que poseen, más de 3.3 billones de dólares. Ese es el gran problema.

Muchos sectores en Estados Unidos quieren una pelea con China porque aún piensan que son dueños del mundo. Piensan que hay que imponerse por la fuerza frente a los chinos. Pienso que sería un error muy grave. Y ese escenario no se desdoblaría solamente en el ámbito financiero.

¿Quién puede controlar esos fenómenos que tú citaste, y que obligarían a China a valorizar más el yuan? Bueno, China acepta que tiene que valorizar, pero no lo quieren hacer del todo, no quieren contribuir a eso. Excepto el sector financiero, ellos sí quieren que China entre rápidamente en el mercado financiero mundial en calidad de gran potencia. Cualquiera que sea la salida, creo que no beneficiará a Estados Unidos, en términos de recuperar su poder en el mundo, más bien será favorable para China…

Ariel Noyola Rodríguez es economista por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Twitter: @noyola_ariel.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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lunes, 22 de febrero de 2016

Siria.


Rebelion. Alepo, punto final

Alepo, punto final



El fracaso total de la política de dominación del imperialismo mundial globalizado, IMG, representado por EE.UU. y sus aliados, se comienza a dar con la derrota en el Oriente Medio de los terroristas del Estado Islámico, EI, que se desespera ante el constante ataque aéreo de Rusia, los avances del Ejército Sirio y ve que el juego se finiquita con la toma de Alepo por parte de las Unidades Kurdas de Protección Popular, YPG, cuyo objetivo es combatir y expulsar al EI de los territorios que controla en Siria y cerrar la frontera permeable con Turquía.

El que Rusia y Siria alcanzaren en tan corto tiempo los objetivos que el IMG no logró alcanzar en tantos años causa gran detrimento a sus operaciones camufladas. Decían combatir al Estado Islámico, pero en el fondo, y no tan en el fondo, lo apoyaban. Si no, ¿cómo explicar que el EI fuera el que sacaba la mayor tajada de esas operaciones? ¿Por qué lo hacían? Sólo el diablo lo sabe, pero se sospecha que era para derrotar a Rusia, China e Irán, en la guerra contra los países que amenazan su hegemonía.

¿Por qué 'el malo de la película', el Presidente Putin, actúa en Siria? Pues porque comprendeque lo ocurrido en Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia, e iba a ocurrir en Siria, era el preámbulo de lo que debía ocurrir en Rusia. Según sus palabras: “Los extremistas en Siria claramente hablan de nuestra patria como de un enemigo y no tratan de ocultar sus planes de expandirse hacia el territorio ruso y los países de la Comunidad de Estados Independientes, CEI”. Por eso el 'establishment' de Occidentelo odia, porque se les anticipó en ese juego macabro y recuperó para Rusia la soberanía sobre sus recursos naturales.

En Alepo está por finalizar la película. Rusia les había señalado que sólo era posible derrotar al EI en colaboración con Siria, algo que el IMG nunca aceptó. “Que primero se vaya Bashar al Assad y luego veremos qué pasa”, dijeron convencidos de la veracidad de las palabras de Putin de que sin la colaboración de EE.UU. era muy difícil derrotar al EI. Pensaron: “¡Ah! Con que nos necesitan para derrotarlo, pues no vamos a participar para que se estanquen en Siria como nosotros estamos estancados en Afganistán e Irak”. Y ahora, cuando ven que el tiro les va asalir por la culata, se juegan la carta turca.

En la provincia Siria de Alepo, las YPG están derrotando a los combatientes del EI. Según el representante del Kurdistán sirio en Moscú, Rodi Osman: “Los kurdos controlan un territorio significativo de Siria, disponen de destacamentos armados propios, sin que nos propongamos separarnos de Siria; nuestro objetivo es alcanzar una autonomía democrática como parte de ella; derechos para todos los que habitan en Siria, sean kurdos, árabes, turcos o yazidíes”.

Por eso Erdogan los tacha de terroristas, ataca desde Turquía sus posiciones en el norte de Siria y decide crear una zona de seguridad en territorio sirio, todo esto para ayudar al EI, y advierte a los combatientes kurdos que cesen en su empeño de extender sus posiciones. Le está hablando a un pueblo que en su propio país defiende su propio territorio. Después, el Primer Ministro turco, Davutoglu, sostiene que estos ataques son una represalia contra las YPG, a las que denomina “terroristas de la milicia kurda de Siria”. Todo lo que pasa, en buenas palabras, se llama agresión.

Para evitarla, Rusia presenta en el Consejo de Seguridad de la ONU un anteproyecto de resolución que exige “poner fin a toda acción que atente contra la soberanía y la integridad territorial de Siria y viole la resolución 2254 (sobre el arreglo en Siria) torpedeando los esfuerzos para encauzar el proceso de paz”. Suena bastante racional. ¡Pero no! Este anteproyecto es rechazado por EE.UU., Francia, el Reino Unido y otros tres miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Aunque las posibilidades de que Turquía invada Siria son altas, más que nada luego del ataque terrorista del 17 de febrero en Ankara, sucede que en ese caso el Ejército Turco se enfrentaría no sólo al sirio, convertido ahora, según escribe el periódico británico 'The Independent', en “el más fuerte, el mejor entrenado y con la mayor experiencia en la batalla en todo el mundo árabe… ¡Qué no se olviden sus vecinos de esto!”, sino también a la aviación rusa y el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica, que no son un pelo de cochino.

Tampoco hay que olvidar que, según la Constitución de Turquía, el Ejército es el garante del laicismo de la sociedad turca, por lo que es poco probable que las Fuerzas Armadas de Turquía estén dispuestasa acompañar a Erdogan en su aventura por imponer el islamismo en Siria, pues luego lo impondría en Turquía. Su Estado Mayor considera que una hipotética invasión de tropas turcas a Siria sería posible luego de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU o de una decisión solidaria del Parlamento, el Consejo de Seguridad y el Estado Mayor de Turquía. O sea, nunca. Por lo que se debe esperar que el Ejército de Turquía no envíe tropas a Siria y que, a lo máximo, continúe atacando las bases de los kurdos en Siria, en lo que está de acuerdo con Erdogan, y realice operaciones de fuerzas especiales que garanticen sus intereses, pero nunca una invasión, porque podría darse un enfrentamiento directo con Rusia, lo que no le interesa para nada.

Vale la pena recordar que en la Conferencia de Seguridad Internacional en Múnich, el Primer Miinistro Ruso, Dmitri Medvédev, se pronunció en contra de cualquier operación terrestre en Siria. “Nadie está interesado en una nueva guerra, y una operación terrestre (en Siria) sería una guerra en todo su sentido y de larga duración”. Declaró que Rusia tomará decisiones sobre las operaciones de su Fuerza Aérea en Siria en función del desarrollo de los acontecimientos, de sus intereses nacionales y los acuerdos con Damasco. Dijo también que “Rusia está dispuesta a reanudar el diálogo con la UE y EE.UU.”, pero puntualizó que Occidente debe “dar un primer paso”. Según el canciller ruso, Serguéi Lavrov, toda operación terrestre en Siria “sólo agravaría el conflicto”.

Puede ser que Rusia y EE.UU. se peleen, y duro, pero ambas potencias comprenden que una guerra entre ellas, con los armamentos actuales, acabaría con todo el planeta. Por eso la guerra será sólo mediática y virulenta pero no atómica, pues la locura colectiva puede ser grave, pero no da para tanto.

Si la situación se llegara a complicar más aún, en Turquía podría darse un golpe de Estado, como los que ya hubo en numerosas ocasiones en el siglo pasado; algo que Erdogan no debería olvidar a menos que, parafraseando a José María Velasco Ibarra, se quisiera lanzar sobre las bayonetas.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Brasil.


Brasil: "Expoliación brutal y salida de capitales llevan a un bloqueo histórico"

Entrevista con Ruy Braga, sociólogo del trabajo, profesor en la Universidad de Sao Paulo

Brasil: "Expoliación brutal y salida de capitales llevan a un bloqueo histórico"

Valéria Nader y Gabriel Brito

Correio da Cidadania

21 de febrero de 2016.-

Ruy Barga, sociólogo del trabajo, es profesor en la USP (Universidad de Sao Paulo). Está afiliado a la organización Central Sindical y Popular-Conlutas. Ha sido redactor de la revista Octubro del Instituto de Estudios Socialistas. Ha presentado su tesis sobre el tema La política del precariado: del populismo y la hegemonía lulista. Ha publicado numerosas obras, entre los cuales, en 2015, en las ediciones Alameida, Sao Paulo: La pulsión plebeya: trabajo, precariedad y rebeliones sociales. Esta entrevista publicada el 6 de enero de 2016 en Correo da Cidadania se inscribe en el marco de un debate generalizado, entre otros en la izquierda "clasista", sobre la situación social, económica y política de Brasil. Y ello en un contexto de pérdida enorme de credibilidad del neo-PT de Dilma Rousseff y de un Lula que se declara, de forma desacomplejada, "un liberal".

-Valéria Nader y Gabriel Brito: Después de un año que parece no haber existido en la vida "útil" del país, 2016 comienza en el mismo clima de pesimismo que 2015, especialmente en lo que concierne a la depresión económica. ¿Qué espera de este año que comienza?

-Ruy Braga: A pesar de las acciones de cambio llevadas en la política económica desde el nombramiento de Nelson Barbosa en el Ministerio de Hacienda [en sustitución de Joaquim Lévy de la Bradesco, dimisionario; Barbosa ha sido miembro del Consejo del Banco Regional de Brasil y ha ejercicio numerosas funciones en el ministerio de Hacienda], se puede esperar la continuación de la orientación general del segundo gobierno de Dilma Roussef [en funciones desde enero de 2011]. Esta orientación consiste en garantizar la transición desde un régimen de acumulación basado fundamentalmente en la sobreexplotación del trabajo asalariado hacia lo que se puede llamar un régimen de acumulación apoyado centralmente en las estrategias de expoliación social.

En resumen, ello significa un retroceso del derecho del trabajo y los derechos sociales. Se habla de nueva "ronda" de reformas de la previsión social, de elevación de la edad de jubilación, de disminución de algunos derechos constitucionales, especialmente de los ligados a la obligación de realizar inversiones públicas en terrenos sociales y de profundización de la orientación rentista [sacando beneficio de la deuda interna, la externa, los tipos de cambio, las exportaciones de materias primas o el petróleo y sus recaídas], estructurada sobre todo en el mundo de las finanzas y de sus cambios, etc.

Desde el punto de vista de la estructura social no veo diseñarse hasta ahora una alternativa progresista en el interior del gobierno, que privilegie los intereses de los trabajadores. Lo más probable es la profundización de esta estrategia de expoliación social a fin de garantizar los intereses de los capitalistas.

De otro lado, la crisis política entra en un momento de stand by, pero con una evidente distensión, teniendo en cuenta el hecho de que el gran chantaje que ha marcado el año 2015, es decir la amenaza del impeachment [destitución], ha caído con el comienzo del proceso puesto en marcha en la Cámara de Diputados. A mi entender ello coloca al gobierno en una posición un poco mejor puesto que va a poder reorganizarse alrededor de una causa políticamente legítima, la reacción a una tentativa de golpe de estado parlamentario "a la paraguaya" iniciado por un presidente de Cámara [Eduardo Cunha del PMDB] que es de notoriedad pública que es un político corrupto.

Yo creo que tendrá lugar una reorganización de fuerzas "gobernistas" alrededor de la presidencia de la República en defensa de su mandato. Ello tiende a atraer sectores que estaban desenganchándose del gobierno o que estaban en crisis abierta con él. Muchos militantes de izquierda serán atraídos por el polo de la legalidad. Así, la posición "gobernista" saldrá reforzada del proceso de impeachment.

Sin embargo, diría que 2016 será un año diferente de 2015. El gobierno federal deberá reencontrar una cierta capacidad de iniciativa en la escena política, la tendencia es a la consolidación de un régimen de acumulación (a través de una expoliación) que es completamente mortífera desde el punto de vista de los trabajadores.

-En lo concerniente al proceso de impeachment de Dilma, vemos que continúa el vaivén, que hay una alternancia entre fuertes tensiones y apaciguamientos aparentes. Más allá de ello, la posible caída de Eduardo Cunha ha sido atrasada a febrero, lo que puede crear una dinámica semejante de alianzas y de rupturas entre los grupos políticos dominantes. ¿Qué espera de todo este escenario lleno de piezas en movimiento? ¿Creéis en un gran acuerdo nacional a favor de la estabilidad, en la forma propuesta por el científico y político André Singer en un artículo publicado recientemente?

-Yo diría lo mismo que Florestan Fernandez: el pacto conservador brasileño es implacable. En una coyuntura política marcada políticamente por la polaridad Dilma-Cunha, tenemos una comparación grotesca: Eduardo Cunha no corresponde absolutamente a ninguna alternativa posible y es muy probable que veamos a la presidencia salir reforzada de todo eso.

Incluso yo, que he sostenido siempre una posición de oposición de izquierda a Dilma y he votado nulo en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales, debo admitir que no hay la más pequeña comparación entre las dos figuras. Un gobierno PSDR-PMDB [Partido de socialdemocracia brasileña-Partido del Movimiento Democrático Brasileño] sería un inmenso desastre para los trabajadores, peor todavía que el gobierno de Dilma. Y como tampoco sería un gobierno capaz de volver al clima de pacificación social de la era de Lula, no sería tampoco útil para los numerosos sectores burgueses que dependen de los mercados internos. Seamos claros, con Cunha no hay solución. Por ello me parece que el proceso de impeachment está condenado al fracaso y que este fracaso fortifica al polo vencedor, que es el del gobierno federal.

En este sentido, 2016 será probablemente un año marcado por la recuperación de una cierta capacidad de acción política del gobierno. Este es mi principal pronóstico. Será un año marcado por la tentativa del gobierno de reencontrar un cierto margen de acción política. Y es muy probable que Cunha caiga en los próximos meses, teniendo en cuenta la situación absolutamente grotesca que a la cabeza de la Cámara federal esté un notorio corrupto.

-Después de un fuerte ajuste presupuestario, el ministro Joaquim Ley acaba de abandonar el gobierno, reemplazado por Nelson Barbosa. Sin embargo, después de lo que habéis dicho al comienzo, ¿no se puede esperar una orientación macroeconómica claramente distinta para 2016?

-No, fundamentalmente porque ningún proyecto alternativo ha sido construido. Lo que tenemos hoy es el agotamiento completo del modelo de desarrollo basado en un cierto ritmo de acumulación de los motores tradicionales de la economía brasileña, como la producción de materias primas, las inversiones de construcción pesada, la expansión del agronegocio, las inversiones en energía y petróleo y, principalmente, el consumo popular, con el acceso al crédito de una parte creciente de la población, lo que ha provocado un aumento exponencial del endeudamiento de las familias, que alcanza ahora records en el país.

Esta fórmula no va a repetirse en los próximos diez años. En la escena internacional no existe perspectiva de recuperación en China, en India, ni tampoco en los países de Europa. Al contrario, la desaceleración china es peor todavía que lo que se imaginaba el año pasado. La recuperación norteamericana es notable, pero todavía muy modesta. Más ella de ello la evolución económica de los Estados Unidos está fuertemente ligada con el crecimiento chino… Todo ello hace que muy probablemente, en el próximo período, el mercado mundial va a crecer a tasas muy moderadas, diferentemente de los catorce últimos años.

La economía brasileña, que se ha especializado en la exportación de materias primas, sigue naturalmente en una situación delicada. De otro lado, la estructura social brasileña está marcada por una enorme sobrecapacidad productiva. Los principales sectores de la economía tienen muchos stocks y demasiados stocks "durmientes". Los empresarios miran pues hacia sus empresas y se preguntan: "¿Por qué invertiría si en mi propia empresa tengo una enorme capacidad "durmiente" que no está efectivamente absorbida por la demanda?". Ésta es una cuestión clásica del marxismo: el problema de la contracción cíclica.

Las familias están endeudas, deben pues preocuparse en primer lugar de la realidad muy insegura del mercado de trabajo y del aumento del paro y del subempleo, lo que significa fundamentalmente la compresión de su renta. Cuando están muy endeudadas, las familias adoptan otras estrategias. No consumen, pagan sus deudas como pueden. Es decir que al día y los únicos sectores que han sido los menos tocados por la caída del consumo son los de los bienes de subsistencia más elementales. Todo ello hace que se ha agotado el modelo lulista –el régimen de acumulación del último período–.Y no hay nada en lugar del mismo, nada esbozado, no hay alternativa creíble al colapso del actual modelo.

Es importante comprender que el capitalismo funciona así: cuando hay momentos en que la economía está marcada por la expansión hay un cierto margen de maniobra en términos de concesiones, especialmente sobre los derechos ligados al trabajo y los derechos sociales. Normalmente, tales períodos de expansión están apoyados, no exclusiva pero si principalmente, sobre los sectores asalariados de la clase obrera, es decir, sobre la explotación del trabajo asalariado. Agregaría que en el caso de una estructura social semi-periférica y tardía como es la brasileña, sobre la explotación del trabajo asalariado a precio barato.

Los momentos de contracción cíclica, como el que vivimos hoy, imponen una serie de desafíos que tienden a hacer que las empresas dependan cada día más de lo que yo llamaría, siguiendo a Rosa Luxemburgo, una "acumulación política de capital". Es decir que las empresas dependen de la violencia política de los gobiernos. Ellas dependen incluso de que tal o cual gobierno desplace sus estrategias de acumulación hacia lo que constituye muy exactamente la expoliación de las concesiones hechas en el momento anterior, es decir durante la expansión del ciclo económico. Si ha habido en el ciclo anterior un aumento de la masa salarial, entonces tendremos ahora un ataque contra la masa salarial. Si en el período anterior se ha podido observar un cierto avance, incluso moderado, en términos de derechos, entonces se va a atacar a esos derechos en el período siguiente, etc.

En estos momentos de contracción cíclica, la política y sus decisiones tienden a ensanchar los espacios para la expoliación social: expoliación de los derechos sociales, de los salarios, del tiempo de trabajo de la gente, de los recursos naturales, es una expoliación de todo lo que es público y que se encontraba hasta entonces al margen, o relativamente al exterior del modelo de explotación anterior.

Mi previsión es que vamos a asistir a una profundización de la mercantilización del trabajo, del dinero y del medio ambiente a una escala todavía mayor que en el curso de los últimos catorce años. En suma, tendremos enfrente, bajo disfraces muy diversos, una intensificación de los ataques contra los intereses de los trabajadores. Y ello también tanto desde el punto de vista de los derechos como del salario o del empleo. La tendencia es a la profundización de la degradación de las condiciones de trabajo, con el aumento del subempleo, la disminución de los salarios…

No podemos olvidar que a pesar de todas las dificultades, el último período ha estado marcado por un aumento real de la masa salarial. Ésta ha crecido, lo que significa que hay más dinero a disposición de las familias obreras. Eso ya está ya siendo atacado. El aumento del desempleo es el medio más típico para disciplinar a la clase obrera y profundizar sus condiciones de explotación. No hay ninguna duda en ello.

Y no hay planes B. No existe tendencia generalizada que vaya en dirección de una alternativa económica diferente, con una inversión masiva en sectores de alta intensidad de capitales, etc. En el mejor de los casos, vamos a exportar más coches debido al nuevo nivel del dólar. Pero no hay nada innovador en el horizonte en términos de alternativas. La única cosa que se ve en el horizonte es el ataque contra las ganancias, pequeñas o moderadas, obtenidas por la clase obrera durante el período anterior, con el objetivo de intentar un proceso más acentuado de acumulación.

La izquierda socialista debe comprender que, en el capitalismo, el desarrollo significa acumulación, es decir la profundización de la explotación. De nuevo: desarrollo=acumulación. Y la acumulación implica bases sociales, implica bases económicas e implica bases de intervención en la vida política. Para garantizar la acumulación creciente será necesario atacar a los trabajadores. No hay alternativa, no hay conciliación posible en la situación actual. Si los sectores "gobernistas" esperan una reedición del arbitraje lulista entre las clases, ¡deberán esperar mucho tiempo!

-En una entrevista acordada al Correio en marzo de 2015, decíais que la "gangrena" del modelo económico podría arrastrar también al "lulismo". ¿Qué piensa de este proceso histórico en relación con este comienzo de año?

-A mi entender, el lulismo está acabado porque el consenso ha acabado. El lulismo ha sido fundamentalmente una estrategia política de pacificación social, apoyada sobre dos tipos de consentimientos, distintos pero complementarios. Uno, más pasivo, es el de las masas que adhieren al gobierno porque están seducidas por la relativa difusión de la riqueza entre sectores del mundo del trabajo, el aumento de la formalización en el mercado de trabajo, el crédito popular y las políticas públicas de asistencia que han sacado a millones de trabajadores de la miseria (entre otros en el Nordeste). Hay en efecto un pequeño margen de concesión a los trabajadores y ahora ese margen está siendo atacado.

El otro consentimiento es un consentimiento activo por parte de las direcciones de los movimientos sociales del país que han nacido después de la redemocratización, una época que ha visto nacer a dos grandes movimientos, uno sindical, hegemonizado por la CUT (Central sindical) y otro el MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores). Las direcciones de los años 1980 y 1990 han sido seducidas por los miles de cargos existentes en el aparato de Estado y por las posibilidades de enriquecimiento ofrecidas por las posiciones ocupadas en los consejos de gestión de los fondos de pensiones.

En resumen, los dos, como por otra parte la mayor parte de los movimientos, han sido seducidos por el gobierno federal, lo que significa una pacificación a lo largo de los últimos doce años del polo de resistencia a ciertas políticas, incluso a ciertas políticas muy antipopulares. El momento actual significa que el lulismo en tanto que estrategia de pacificación está en su final, ya que no hay consenso capaz de garantizar la reproducción de las bases sociales de esta estrategia de pacificación. Desde el punto de vista de las masas populares, se asiste a un distanciamiento progresivo de la orientación general del gobierno y, desde el punto de vista de la orientación general de los movimientos, tiene lugar una profundización de esta crisis, puesto que las direcciones no se sienten cómodas con los ataques del gobierno contra los trabajadores.

Hay una crisis de representación basada en el aumento de las tensiones entre las direcciones de los movimientos y el gobierno. Ello ha sido visible durante el último período, con las críticas de la CUT contra el Ministerio de Economía y las políticas adoptadas por Joaquim Levy. Eso es normal y confirma las características del poder sindical, que a un cierto nivel debe ofrecer contrapartidas a sus bases, puesto que trabaja sin la estabilidad de la forma de dominación apoyada en la propiedad, algo típicamente capitalista. Así, el poder sindical es más permeable a la presión de los de abajo.

Sin embargo, por decirlo de alguna manera, como no hay consenso no hay lulismo. El lulismo, como modelo de regulación entre el capital y el trabajo, ha muerto. Y ninguna alternativa políticamente estable ha aparecido en su lugar. Hay una gran confusión, no se sabe efectivamente cual será el nuevo modo de regulación y si de hecho existirá un modo de regulación capaz de estabilizar el conflicto capital/trabajo en el país. Pienso que no. Creo que este modo de regulación va a alimentarse de la destrucción del modo anterior.

Yo pienso que de un lado las clases populares continuarán estando bastante distancias del gobierno y, del otro, las bases "gobernistas", principalmente el movimiento sindical, continuarán gravitando alrededor del gobierno, haciendo todo tipo de presiones. Sin duda que una parte de las bases será atraída por toda migaja que ofrecerá el gobierno, por cualquier concesión. Y que otra, principalmente en los sectores del movimiento social y sindical más próximos de sus bases, se sentirá progresivamente más "presionada" por el activismo esporádico de las clases subalternas.

Me parece que en el día de hoy no es posible hablar de regulación en el país, ya que no hay bases sociales capaces de garantizar la estabilidad del modelo de desarrollo que, fundamentalmente, pasa por concesiones a las masas. Vivimos en una inmensa confusión con un horizonte que muy probablemente seguirá estando marcado por los ataques directos contra los trabajadores, que por su parte tratarán de defender sus derechos.

-¿Qué piensa de los movimientos aparecidos en 2015 a la izquierda del espectro político y qué se podría, o se debería, esperar de estos grupos, movimientos y partidos que todavía pretenden asumir otro proyecto de país?

-Desde el punto de vista de tales movilizaciones, el año 2015 ha estado marcado por dos polos. De un lado ha habido un aumento de la escala y la intensidad de la movilización de los sectores medios tradicionales, lo que ha hecho que los sectores populares han vivido de alguna forma a la defensiva a lo largo del año. Y una tal actitud ha sido marcada por una desorientación de las direcciones tradicionales de los movimientos populares de Brasil, debido a la inflexión reaccionaria y conservadora del gobierno Dilma, en primer lugar con el exministro de economía Joaquim Levy. Y en el último trimestre del año 2015 hemos vivido una relativa reorganización de las fuerzas de "izquierda" alrededor de la defensa de la legalidad, debido al proceso de impeachment lanzado por el presidente de la Cámara de los Diputados, lo que ha permitido al gobierno respirar un poco.

Así han coexistido en las calles los que defendían el gobierno (teniendo en cuenta la ausencia de alternativas creíbles capaces de resolver la crisis) y los sectores populares, movimientos sociales y sindicatos a la defensiva, que se posicionaban de forma crítica contra las medidas de austeridad del gobierno federal y contra el impeachment. A fin de año, hemos visto una "reaglutinación" de los sectores "gobernistas" en defensa de la legalidad, que evidentemente ha atraído a una parte importante del movimiento crítico, incluido de la oposición de izquierda, frente a la situación grotesca de un proceso de impeachment lanzado de esa forma.

Por lo que concierne a los movimientos sociales, las cosas han pasado de forma más pendular. Hasta el mes de septiembre se ha asistido a una actitud relativamente a la defensiva, con una intensificación de la crítica al gobierno y, hacia el fin de año, ha habido un aumento de la movilización que ha desembocado en la manifestación del 16 de diciembre, estructurada alrededor de la legalidad y que ha conocido un relativo éxito.

Sin embargo, yo subrayo que las condiciones socioeconómicas más profundas, es decir una reestructuración de los pilares del último período y el aumento del paro, han minado la fuerza que había acumulado la clase obrera hasta 2014. El sistema de acompañamiento de las huelgas del DIEESE [Departamento intersindical de estadísticas y estudios socioeconómicos] acaba de publicar los datos de 2013. Éstos son impresionantes: ha habido más de dos mil huelgas, con una flagrante recuperación de la actividad huelguista en todo el país, principalmente en los sectores privados y empresariales, igualmente con una participación de los funcionarios públicos y una fuerte presencia de los sectores clave de la economía brasileña, como la metalurgia y el petróleo. Ello ha hecho que se han acumulado fuerzas en términos de masa salarial y de poder político.

Pero a partir de 2014, con el deterioro del mercado de trabajo y el aumento del paro en 2015, la tendencia de una parte de esta fuerza acumulada es la erosión y el debilitamiento de la capacidad de movilización. Me parece sin embargo que esta fuerza que ha estallado a izquierda de los movimientos, en particular del movimiento sindical, está relativamente disociada del proceso de erosión de la fuerza social de la clase obrera.

El escenario es bastante contradictorio. Pienso que tendremos un período marcado por una actitud más bien defensiva adoptada por las clases obreras debida al aumento del paro, pero que habrá una recuperación de la capacidad de organización de los sectores "gobernistas" alrededor de la presidencia de la República. De otro lado comprendo que, teniendo en cuenta el deterioro económico, los sectores más explotados y más dominados deberán jugar un papel central en la lucha política futura, lucha que será superior al momento anterior. En suma, pienso que los sectores de la clase obrera sindicalmente organizados retrocederán, si se consideran las cosas de forma comparativa, y que los movimientos sociales tales como el MTST (Movimiento de los Trabajadores sin Techo) avanzarán.

-¿Es posible concebir otro modelo que cohabite con los sectores "gobernistas" o solo la ruptura total con el lulismo y el petismo puede crear una credibilidad suficiente en el interior de la población para esta finalidad?

-No hay duda que tenemos necesidad de una alternativa radicalmente diferente de lo que existe en la actualidad, porque el lulismo en tanto que forma de regulación ha terminado y en tanto que régimen de acumulación ha colapsado. No hay espacio en el horizonte para aumentar las concesiones a favor de los trabajadores, pero hay espacio para lanzar ataques siempre más profundos contra los trabajadores. Las fuerzas "gobernistas" son incapaces de imaginar una alternativa ya que están incrustadas en el Estado y harán cualquier cosa para garantizar esta posición privilegiada, incluso si deben actuar contra los intereses de los trabajadores.

En cuanto a los sectores de oposición, parece que son todavía demasiado frágiles para presentar una propuesta creíble, incluso si se ha asistido a un relativo reforzamiento de estos sectores durante el último período. En cualquier caso la única alternativa a medio plazo es apostar por los sectores de izquierda intransigentes respecto al gobierno federal y por la formación de un polo alternativo al bipartidismo PT-PSDB que se ha establecido en los últimos veinticinco años. Es la apuesta que hago.

No hay alternativa posible en el interior del "gobernismo". Será preciso que se construya fuera del "gobernismo", en lo que llamo un tercer campo, capaz de organizar la lucha de clases en el país de forma progresista para los trabajadores. Creo que el próximo período está marcada por agudas luchas de clases: políticamente, económicamente, culturalmente e ideológicamente.

No hay pues más espacio para las mediaciones construidas por el lulismo en sus campos políticos intermedios y sus hibridismos políticos. Ya no hay un tal espacio. Lo que existe en realidad es la necesidad de una actitud más radical. En este sentido, los sectores de la izquierda llamada "extrema" tienen un amplio campo para trabajar. Queda por saber si serán capaces de organizar la indignación que crece en el interior de las clases trabajadoras y subalternas en el país.

-Escándalo del Lava Jato, crisis en Petrobrás, tragedia de la Samarco (dos presas que ceden e inundaciones masivas por lodos contaminados de metales diversos), desempleo al nivel más alto, crisis hídricas y energéticas en aumento, ataques contra la educación pública, militarización bárbara de lo cotidiano… ¿Hacia dónde parece caminar Brasil?

-Apuesto todos mis acervos y todas mis esperanzas sobre los sectores jóvenes, sobre los hijos de la clase obrera que están hoy en las escuelas, en la enseñanza media, estos estudiantes que han inundado el mercado de trabajo durante el último período, sobre los jóvenes que están a la búsqueda de un primer empleo y sobre los sectores más alcanzados por el subempleo. Sobre todo lo que tiene que ver con los sectores de la clase obrera que viven entre estos dos polos: de un lado la profundización de la explotación económica y de otro la posibilidad real de exclusión social. Y tales sectores coinciden con los sectores jóvenes, negros y femeninos de la clase obrera brasileña, que han mostrado una enorme capacidad de movilización. Hemos visto claramente esto en junio de 2013 y estamos viéndolo hoy con el aumento de la movilización de los estudiantes de la enseñanza media pública y la ola de ocupaciones de escuelas en el Estado de Sao Paulo, de Goiás, etc.

El gran desafío para una salida progresista de la crisis brasileña pasa necesariamente por la construcción de puentes entre estos sectores jóvenes y movilizados, que tienen mucha vitalidad combativa y que han sido igualmente los mejor formados, puesto que se han beneficiado de más escolaridad que la generación anterior. Y al mismo tiempo ellos se encuentran sumergidos en condiciones muy malas de contratación, de ingreso y de trabajo, haciendo la experiencia en su propia carne de las contradicciones del modelo de desarrollo brasileño, cuya capacidad expansiva se ha agotado. Una salida progresista para la crisis brasileña pasa necesariamente por una movilización de este joven precariado urbano.

El desafío es el siguiente: articular los sectores combativos que encarnan un programa de defensa de los derechos sociales, de la salud, de la educación, del transporte público de calidad, de los ingresos, del mercado de trabajo formal y de los derechos a la protección social. Esta generación es la que encarna tales condiciones, al lado de los sectores más desorganizados de la clase obrera. El gran desafío consiste en llegar a politizar el conjunto de la lucha (que evidentemente es política, como lo es toda lucha social), pero igualmente en lograr construir proyectos alternativos a lo visto hasta la fecha. Es decir, un proyecto alternativo al lulismo.

En este sentido, a pesar del hecho de que 2015 ha sido un muy mal año en términos de economía, de desempleo y de crisis hídrica (con esta enorme tragedia de la Mariana que muestra la significación de la acumulación por expoliación del medio ambiente) y que ha terminado simbólicamente por un incendio en el Museo de la lengua portuguesa, en resumen, que ha sido un año horrible para las clases populares brasileñas, hemos asistido igualmente a la emergencia política de una generación de la que se va a hablar. Y es exactamente sobre esta nueva generación sobre la que yo apuesto.

Fuente original: http://www.correiocidadania.com.br/

A l´encontre

Traducción del portugués Charles-André Udry, http://alencontre.org/

Traducción del francés Viento Sur: http://www.vientosur.info/

 


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viernes, 19 de febrero de 2016

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China, ¿sí o no?.


Rebelion. China, ¿sí o no?
Portada :: Mundo :: China
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2016

China, ¿sí o no?



La pregunta se la hacía BBC Mundo: ¿Por qué necesita China crecer tan rápido? Y para finalmente contestarse que porque alberga a una cuarta parte de la población mundial, explicaba, con mucho tino, que a esa colosal economía le sucede lo que a muchos alumnos destacados en la escuela: “Todos se han acostumbrado a que obtenga resultados perfectos”. Y por eso, a la primera falla, le critican lo que para otros sería motivo de orgullo.

Al menos en esto el emporio mediático lleva toda la razón, pues, si bien es cierto que el despliegue de la nación se ha desacelerado, al extremo de estar situado en su punto más bajo en 24 años -luego de haber obtenido un crecimiento de 7,7 por ciento en 2013, el Producto Interno Bruto se expandió 7,4 en 2014-, casi en cualquier sitio las cifras registradas se recibirían como señales de bonanza.

Y pululan los argumentos pesimistas. A pesar de que la baja no es tan significativa, "lo que importa es el simbolismo", asegura el colega Jon Sudworth. Es la primera vez en 15 años que la economía no aumenta al ritmo de los objetivos oficiales, que eran de 7,5 por ciento, subraya el periodista, para agregar algo que incita a pensar: “La razón de la preocupación parece más política que económica. Pues muchos creen que las autoridades […] necesitan mantener el crecimiento a una escala formidable para garantizar la estabilidad social en la nación más poblada del mundo”.

Mucho más cáustico resulta el análisis de Alejandro Nadal (La Jornada). “Un proceso de acumulación de capital puede avanzar muy rápido; pero ese desarrollo se presentará normalmente con grandes distorsiones intersectoriales, por una parte, y entre el sector real y el sector financiero por la otra. China nunca fue una excepción. Si duró tanto tiempo el experimento chino fue porque los controles sobre el sector financiero se mantuvieron firmes hasta hace una década y los planes de inversión en el sector industrial también fueron administrados desde los comités del partido. Pero en los pasados cinco lustros la sobreinversión en todos los sectores y ramas de la actividad económica se llevó a cabo de manera desbocada, y hoy China es un ejemplo a escala histórica de niveles altísimos de capacidad instalada ociosa. O sea que China es un ejemplo, en efecto, pero de la inestabilidad que trae aparejada consigo el capitalismo”.

De acuerdo con Xavier Fontdeglòria, se debe reparar en que el mayor exportador del mundo experimentó en 2015 el primer retroceso de su potente sector exterior desde el estallido de la crisis financiera internacional. “El volumen total de comercio con otros países cayó un siete por ciento durante el año pasado en comparación con el anterior, según anunció […] la Administración General de Aduanas del país. El valor de las importaciones disminuyó en un 13,2 por ciento, principalmente por la caída de los precios de las materias primas, mientras que las exportaciones retrocedieron un 1,8 por ciento. Hay que remontarse hasta el año 2009, en pleno declive de la demanda mundial, para encontrar una situación similar”.

Pero no todo es sombrío, ¿no? El vigoroso sector exterior ha constituido uno de los principales pilares del milagro económico del gigante desde que ingresó, en 2001, en la Organización Mundial del Comercio y le ha permitido acumular una ingente cantidad de reservas de divisas. Pero los cimientos de este patrón se tambalean con el aumento de los salarios y unas condiciones demográficas que ya han puesto fecha límite en la hasta ahora inagotable fuerza laboral. Ante este panorama, China pretende reducir el peso de las exportaciones de productos manufacturados e incrementar las de un alto valor añadido, algo que, según las autoridades, ya está empezando a ocurrir.

El turno del optimismo

Tal considera Alejandro Nadal, los años del capitalismo mundial continúan en son de espejismo para una miríada de gente. Se habla, por ejemplo que, después de la Gran Recesión, como se ha bautizado a la actual crisis, retornará un tiempo de mayor crecimiento, más empleo, mejores salarios: un repunte universal del bienestar. “Este es el mito de la recuperación”. Mito que, al parecer, conocen al detalle las autoridades pekinesas, que no se inmutan con las reformas emprendidas y lucen la mar de esperanzadas. Y quizás tengan motivos suficientes. Al menos, es lo que se puede inferir de ciertas últimas noticias. Una de ellas reza que el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) ha abierto oficialmente sus puertas en Beijing, en una ceremonia oficiada por el presidente Xi Jinping.

En su discurso en la apertura, Xi dijo que la creación de la entidad mejorará las oportunidades de desarrollo en Asia y promoverá la integración económica regional. No olvidemos en este contexto que el Gobierno de EE.UU. sufrió el año pasado una derrota, cuando la mayoría de sus aliados más cercanos se inscribieron para formar parte de la institución, incluidos el Reino Unido, Alemania, Australia y Corea del Sur. En total, 57 naciones se han unido a la iniciativa, dejando a Washington y Tokio al margen del negocio. "Los países están descubriendo que deben operar cada vez más en la órbita de China", señaló el pasado mes de diciembre el mismísimo The New York Times.

Si no, ¿por qué el de suyo poco anuente diario El País le reconocería, en 2014, que durante más de 20 años ha sido la gran factoría del planeta? “Sus fábricas han inundado la economía mundial de productos de bajo precio, sobre los que ha cimentado un fuerte crecimiento económico. Pero ese modelo parece tener los días contados. Ahora es China la que sale cada vez más de compras al exterior, y no solo para asegurarse materias primas suficientes para su suministro interno o la construcción de infraestructuras que refuercen las vías comerciales con aquellos países. La realidad económica china ha cambiado. Ahora es ya la segunda economía mundial, y, con ese cambio, lo ha hecho también la realidad de sus empresas, que toman la bandera de la globalización y el liderazgo en la inversión”.

En 2013, continúa el rotativo, sus firmas invirtieron 73 mil millones de dólares en el exterior, según la estadística de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). “Eso supone un aumento del 17 por ciento respecto al año anterior y multiplica por 36 veces lo que invertía el país hace apenas 10 años. China se ha convertido así en el tercer país emisor de inversión extranjera directa, solo por detrás de Estados Unidos y de Japón”.

Coincidamos con el periódico en que se agolpan las razones que impulsan esta nueva fiebre inversora. El cambio en el modelo de crecimiento, donde el consumo y la inversión cobran progresivo protagonismo y donde el ritmo se ralentiza obliga en muchas ocasiones a buscar mercados fuera. Y las entidades que se quedan en ese nuevo entorno deben desarrollar procesos tecnológicos e incorporar valor añadido a su cadena productiva, un espacio que antes ocupaban las compañías extranjeras de manera natural. Semejante panorama propicia que toda una legión busque oportunidades de negocios, “ahora que muchos países ofrecen inversiones interesantes a precios de saldo”. Un movimiento impulsado además por una divisa potente como es el yuan hoy día y el nuevo plan de reformas de Beijing, el cual favorece que sociedades públicas y privadas inviertan en el exterior. “A todo ese ejército de empresas hay que sumar el poderoso sector público. China acumula casi cuatro billones de dólares —casi cuatro veces el tamaño de la economía española— en reservas internacionales. La mitad de ese dinero está invertido en deuda pública de Gobiernos extranjeros, hasta convertirse en el primer tenedor de deuda estadounidense, por delante de Japón”.

Evidente que la etapa de inversión compulsiva en materias primas ha quedado superada, aunque la energía, los metales o la producción agrícola ocupen un lugar destacado en sus acuerdos. Pero el sector financiero, el tecnológico y el inmobiliario ganan peso cada día en esta nueva fase. Y eso, en manos de una economía dirigida, se troca en una potente arma diplomática.

Otro dolor de cabeza para algunos profetas resulta el que la propia directora general del Fondo Monetario Internacional, Cristine Lagarde, propuso hace poco incluir el yuan en la canasta de monedas del FMI. Para una inmensa pléyade de peritos, este supone un paso lógico y necesario. Se trata de otorgarle el sitio que amerita como uno de los Estados que más rápido despuntan y que “en pocas décadas podría desbancar a EE.UU. del liderazgo económico internacional”.

Así que, en medio de una crisis general, integral, la cual, según Nadal no representa una simple desviación de un camino que debería conducir a mayor bienestar para todo el orbe, sino otra trayectoria, que lleva a lugares desconocidos y peligrosos, lo cierto es -él mismo lo afirma- que la potencia ha sacado a millones de personas de la pobreza, y su posible renqueo ocurre cuando “la economía mundial se adentra en un período que puede ser largo”. Entonces, ¿por qué esa alharaca mediática sobre la desaceleración del cíclope asiático? ¿Verdad que porque alberga a una cuarta parte de la población mundial? ¿Solo por eso? Aquí hay gato entre rejas. Creo humildemente que Occidente no le perdona la muy posible supremacía sobre los Estados Unidos. Y en su fuero interno, hasta envidie esas tasas de despunte de siete, que antepone a las anteriores, de hasta dos dígitos, durante tiempo logradas por el “alumno aventajado”. De todos modos, no pequemos de absolutos, que la historia enseña de veredas enmarañadas y espejismos. En fin, China, ¿sí o no? Ojalá que sí.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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