martes, 27 de noviembre de 2012

Israel y Gaza.


Rebelion. Por qué no venció Israel

Por qué no venció Israel

LRB/ICH

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


El alto el fuego acordado por Israel y Hamás en El Cairo después de ocho días de combates es solo una pausa en el conflicto Israel-Palestina. Promete facilitar el movimiento en todos los cruces fronterizos con la Franja de Gaza, pero no levantará el bloqueo. Requiere que Israel termine su ataque contra la Franja y que los militantes palestinos dejen de lanzar cohetes hacia el sur de Israel, pero deja a Gaza en la misma miserable condición de siempre: según un reciente informe de la ONU, la Franja será “inhabitable en 2020”. Y es hablar solo de Gaza. Con qué facilidad se hace que uno olvide que Gaza es solo una parte –una parte tratada con mucha brutalidad– del “futuro Estado palestino” que una vez pareció inevitable y que ahora parece que existe sobre todo en los arrullos de los negociadores occidentales de la paz. Ninguno de los temas cruciales del conflicto Israel-Palestina: la Ocupación, fronteras, derechos al agua, repatriación y compensación de refugiados, se abordan en este acuerdo.

Los combates volverán a estallar porque Hamás seguirá bajo la presión de sus miembros y de otras facciones militantes y porque Israel nunca ha necesitado muchos pretextos para ir a la guerra. En 1982 violó su alto el fuego con la OLP de Arafat e invadió Líbano, con la excuso del intento de asesinato de su embajador en Londres, a pesar de que el ataque fue obra del agente iraquí Abu Nidal, enemigo jurado de Arafat. En 1996, durante un período de relativa calma, Israel asesinó al fabricante de bombas de Hamás, Yahya Ayyash, el “Ingeniero”, lo que llevó a Hamás a devolver el golpe con una ola de ataques suicidas en ciudades israelíes. Cuando, un año después, Hamás propuso una hudna o tregua, de treinta años, Binyamin Netanyahu envió un equipo de agentes del Mossad a Amman a envenenar al líder de Hamás Khaled Meshaal; bajo la presión de Jordania y EE.UU., Israel fue obligado a suministrar el antídoto y Meshaal es ahora jefe del buró político de Hamás y aliado del nuevo presidente de Egipto, Mohamed Mursi.

La Operación Pilar Defensivo, la última guerra de Israel, comenzó precisamente cuando Hamás estaba preparando un acuerdo para un alto el fuego a largo plazo. Su comandante militar Ahmed al-Yabari fue asesinado solo unas horas después de que revisase el borrador de la propuesta. Netanyahu y su ministro de defensa, Ehud Barak, podrían haber obtenido un alto el fuego –probablemente en términos más favorables– sin las muertes de más de 160 palestinos y cinco israelíes, pero entonces no habrían tenido la posibilidad de probar su nuevo escudo de defensa contra misiles, Cúpula de Hierro, cuya efectividad fue el principal éxito de Israel en la guerra. También han perdido la oportunidad de recordar al pueblo de Gaza su debilidad ante el poderío militar israelí. La destrucción de Gaza fue menos extensiva que en la Operación Plomo Fundido, pero también en esta ocasión el objetivo, descrito por Gilad Sharon, hijo de Ariel, en Jerusalem Post, fue enviar un “grito al estilo de Tarzán que haga que toda la selva sepa muy claramente quién ganó y quién fue derrotado”.

Sin embargo, la victoria de una guerra no se mide solo con el recuento de víctimas. Y la “selva” –la palabra israelí no solo para los palestinos sino para el conjunto de los árabes– puede tener la última palabra. Hamás no solo se defendió mejor que en la guerra anterior, sino que además impidió la ofensiva terrestre israelí, logró un reconocimiento implícito como actor legítimo de EE.UU. (que ayudó a mediar en las conversaciones de El Cairo), y consiguió objetivos concretos, sobre todo el final de los asesinatos selectivos y un alivio de las restricciones del movimiento de personas y mercancías en los cruces fronterizos. Tampoco se habló en El Cairo, de los Principios del Cuarteto que exigían que Hamás renunciara a la violencia, reconociera Israel y cumpliera acuerdos anteriores firmados entre Israel y la Autoridad Palestina; una victoria simbólica pero no pequeña para Hamás. Y los palestinos no fueron los únicos árabes que pudieron cantar victoria en El Cairo. En términos diplomáticos, el final de los combates gracias a la mediación egipcia marcó el alba de un nuevo Egipto, ansioso de recuperar el papel que perdió cuando Sadat firmó una paz aparte con Israel. “Egipto es diferente de ayer”, advirtió Mursi a Israel el primer día de la guerra. “Les aseguramos que el precio será elevado si continúa la agresión”. Subrayó este punto al enviar a su primer ministro, Hesham Kandil, a Gaza el día siguiente. Aunque se abstuvo de una retórica incendiaria, Mursi dejó claro que Israel no podía contar con el apoyo egipcio para atacar a Gaza, como cuando Mubarak estaba en el poder, y que Israel sería el único culpable si se ponía en peligro el tratado de paz. Después de todo, Mursi tiene que responder ante la Hermandad Musulmana, la organización madre de Hamás, y ante el pueblo egipcio que es, en su abrumadora mayoría, hostil a Israel. El gobierno de Obama, ansioso por preservar las relaciones con Egipto entendió, y al parecer también entendió Israel. Mursi demostró que podía negociar con Israel sin “traicionar a la resistencia”, en palabras de Meshaal. Internacionalmente fue su mejor momento, aunque los egipcios pueden recordarlo como el preludio de su iniciativa, al día siguiente del alto el fuego, de arrogarse amplios poderes ejecutivos que lo colocan por encima de cualquier ley.

El hecho de que Netanyahu se haya detenido antes de una guerra terrestre y haya cedido a demandas cruciales en las conversaciones de El Cairo, es una señal no solo de la creciente importancia de Egipto, sino de la posición debilitada de Israel. Sus relaciones con Turquía, otrora su aliado más cercano de la región y pilar de su ‘doctrina de la periferia’ (una estrategia basada en alianzas con Estados no árabes) se han deteriorado con el ascenso de Erdogan y el AKP. La monarquía jordana, el segundo gobierno árabe que firmó un tratado de paz con Israel, cada vez se enfrenta a más protestas radicales. Y aunque Israel puede celebrar la caída de Asad, aliado de Hizbulá e Irán, le preocupa que un gobierno post Asad, dominado por la filial siria de la Hermandad Musulmana, pudiera no ser menos hostil con respecto a la potencia ocupante del Golán: el ocasional fuego de cohetes en Siria en los últimos días ha sido un recordatorio para Israel de lo tranquila que estaba esa frontera bajo la familia Asad. Los dirigentes israelíes se lamentaron durante años de que la suya era la única democracia de la región. Lo que ha revelado esta temporada de revueltas es que Israel invirtió profundamente en el autoritarismo árabe. La descomposición del viejo orden árabe, en el que Israel podía contar con la complicidad silenciosa de mandamases árabes que satisfacían a sus súbditos con denuncias rimbombantes de las fechorías israelíes pero no hacían nada para impedirlas,fue dolorosa para Israel e hizo que se sienta más solo que nunca. Este agudo sentido de vulnerabilidad, más que el deseo de Netanyahu de reforzar sus credenciales marciales antes de las elecciones de enero, es lo que condujo a Israel a la guerra.

Hamás, mientras tanto, ha sido reconfortado por los mismos cambios regionales, en particular el triunfo de movimientos islamistas en Túnez y Egipto: Hamás, no Israel, ha sido ‘normalizado’ por los levantamientos árabes. Desde el ataque a la flotilla ha desarrollado una estrecha relación con Turquía, que está ansiosa por utilizar el problema palestino para proyectar su influencia en el mundo árabe. También asumió el riesgo de romper con sus benefactores en Siria: antes este año Khaled Meshaal abandonó Damasco hacia Doha, mientras su número dos, Mousa Abu Marzook, se estableció en El Cairo. Desde entonces Hamás unió su suerte al levantamiento sirio, se distanció de Irán y encontró nuevas fuentes de apoyo financiero y político en Catar, Egipto y Túnez. Ha soslayado las dificultades del bloqueo convirtiendo los túneles en una fuente lucrativa de ingresos y ha trabajado, con éxito irregular, para imponer disciplina a Yihad Islámico y otras facciones militares de la Franja. El resultado ha sido un creciente prestigio regional y una procesión de visitantes de alto perfil, incluido el emir de Catar, Jeque Hamad bin Khalifa al-Thani, quien fue a Gaza tres semanas antes de la guerra y prometió 400 millones de dólares para construir viviendas y reparar carreteras. El emir no hizo un viaje semejante a Ramala.

La creciente influencia de Hamás no ha pasado desapercibida en Tel Aviv: colocar a Hizbulá en su sitio fue seguramente uno de los objetivos de la guerra. Si Israel estuviera verdaderamente interesado en llegar a un acuerdo pacífico sobre la base de las fronteras de 1967 –parámetros que han sido aceptados por Hamás– podría haber intentado fortalecer a Abbas deteniendo la actividad de las colonias y apoyando, o al menos no oponiéndose, la solicitud de Palestina del estatus de observadora de la ONU. En vez de eso, Israel ha hecho todo lo posible para sabotear su iniciativa en la ONU (con la sólida colaboración del gobierno de Obama), amenazando con construir más colonias si persiste: ésas, ha señalado satisfecho Hamás, son las recompensas de la resistencia palestina no violenta. La Operación Pilar Defensico debilitará aún más la posición ya frágil de Abbas en Cisjordania, donde el apoyo a Hamás está en su punto más alto.

Apenas entró en vigor el alto el fuego Israel hizo incursiones en Cisjordania para detener a más de cincuenta partidarios de Hamás, mientras Netanyahu advertía de que Israel “podría verse obligado a embarcarse” en “una operación militar mucho más dura”. (Se dice que Avigdor Lieberman, su ministro de Exteriores, presionó por una guerra terrestre). Después de todo Israel tiene derecho a defenderse. Es lo que dicen los israelíes y el lobby de Israel, junto con gran parte de la prensa occidental, incluido el New York Times. En un editorial titulado “La ilegitimidad de Hamás” –una frase curiosa, ya que Hamás llegó al poder en Gaza después de obtener la mayoría en las elecciones parlamentarias de 2006– el Times acusó a Hamás de atacar a Israel porque está “consumido de odio a Israel”. El Times no mencionó que el odio de Hamás puede haber sido avivado por el duro bloqueo económico. No mencionó que desde comienzos del año y el estallido de esta guerra, 78 palestinos en Gaza han muerto por el fuego israelí frente a un solo israelí en todo el tristemente célebre fuego de cohetes de Hamás. O que –hasta el comienzo de la guerra– ha sido un año relativamente pacífico para la miserable Franja, donde casi 3.000 palestinos han sido eliminados por Israel desde 2006 frente a 47 israelíes eliminados por fuego palestino.

Los que invocan el derecho de Israel a defenderse no se inmutan ante esta disparidad de la cantidad de víctimas, porque el corolario tácito es que los palestinos no tienen los mismos derechos. Si se atreven a ejercer esos no-derechos, hay que darles una lección. “Tenemos que arrasar vecindarios enteros de Gaza”, escribió Gilad Sharon en el Jerusalem Post. “Arrasar toda Gaza. Los estadounidenses no se detuvieron en Hiroshima – los japoneses no se rindieron lo bastante pronto, así que también atacaron Nagasaki.” Israel no debería preocuparse de los civiles inocentes de Gaza porque no hay civiles inocentes en Gaza: “Eligieron a Hamás… lo hicieron libremente, y deben vivir con las consecuencias”. Semejante lenguaje sería chocante si no fuera tan familiar: en Israel la retórica del justo victimismo se ha fusionado con la retórica beligerante –y el racismo– del conquistador. La alusión de Sharon a Tarzán solo es una variación de la descripción de Barak de Israel como una ciudad en medio de la selva; su invocación de la guerra nuclear nos recuerda que, en 2008, el ministro de Defensa adjunto Matan Vilnai propuso “un holocausto mayor” si Gaza seguía resistiendo.

Pero el precio de la guerra es mayor para Israel de lo que fue Plomo Fundido y su margen de maniobra es más limitado, porque el único verdadero aliado del Estado judío, el gobierno de EE.UU., tiene que mantener buenas relaciones con Egipto y otros gobiernos islamistas democráticamente elegidos. Durante los ocho días de Pilar Defensivo, Israel presentó un show de fuegos artificiales impresionante y letal, como siempre, iluminando el cielo de Gaza y emitiendo sonidos amenazantes directos de Los Soprano. Pero la matanza de familias enteras y la destrucción de edificios del gobierno y de estaciones de policía, lejos de alentar a los palestinos a someterse, fortalecerán su resistencia, algo que Israel podría haber aprendido mediante una consulta de las páginas de la reciente historia judía. Los palestinos comprenden que ya no se enfrentan solos a Israel: Israel, no Hamás, es el paria de la región. El mundo árabe está cambiando e Israel no cambia. En lugar de hacerlo, se ha retirado más detrás del “muro de hierro” de Jabotinsky, profundizando su control en los Territorios Ocupados, burlándose de una región que finalmente adquiere una idea de su propio poder, haciendo estallar espasmos de violencia de alta tecnología para ocultar que carece de una estrategia política para acabar con el conflicto. La Cúpula de Hierro podrá blindar a Israel contra los cohetes Qassam, pero no contra el futuro.

Adam Shatz es editor colaborador en LRB e informa desde Medio Oriente para la publicación.

Este artículo fue publicado originalmente en London Review of Books

Copyright © LRB Ltd.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article33138.htm

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lunes, 26 de noviembre de 2012

Los fondos buitre atacan a Argentina.


Rebelion. ¡Argentina peligra!: ofensiva "Malvinas jurídico-financiera" de los "fondos buitre"
Portada :: Economía
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2012

¡Argentina peligra!: ofensiva "Malvinas jurídico-financiera" de los "fondos buitre"



Argentina sufre una embestida brutal a la que ha dado mucho vuelo The Financial Times (FT, 9,12 y 23/11/12), lo cual equivale, a mi juicio, a unas Malvinas jurídico-financieras de la dupla anglosajona de Wall Street/la City.

Si no se entienden los depredadores alcances unilaterales de la desregulada globalización neoliberal, puede sonar descabellado que una sola empresa especulativa de fondos de cobertura de riesgos (hedge funds) Elliot Capital Management/NML Capital, que busca recuperar 182 millones de dólares de deuda argentina mediante los ignominiosos fondos buitre (vulture funds) que adquirió antes de 2002, gracias a una sentencia muy leonina del juez Thomas Griesa –muy locuaz, visceral y vituperante (literal) para su investidura– de un distrito de Nueva York, haya sido capaz de poner en jaque a Cristina Fernández, lo cual puede concluir en su mate el próximo 15 de diciembre por incumplimiento de pagos que el enjuiciador obsequió dadivosamente en mil 330 millones de dólares. Suena inverosímil en el siglo XXI (que rememora los embargos coloniales pasteleros del XIX), que Elliot Capital Management/NML con activos por 15 mil millones de dólares pueda arrodillar a la tercera economía de América Latina (PIB medido por poder adquisitivo: 716 mil 500 millones de dólares y un per cápita de 17 mil 700 dólares), salpicada por el insólito embargo precautorio del barco Libertad (sic) de su Armada en Ghana (¡supersic!).

Elliot Capital Management/NML Capital, con sede en las islas Caimán, pertenece a los fondos buitre cuya característica consiste en comprar deuda a precio de remate para cobrar en su totalidad al afectado. Su polémico dueño es Paul Singer, íntimo de Israel, quien ha hecho fortuna con estas escandalosas y dolosas transacciones.

Según The Guardian (15/11/12), los polémicos fondos buitre usan a los tribunales para reclamar centenas de millones de los países más pobres del mundo. Por lo visto, ahora no respetan, gracias a la connivencia judicial neoyorquina, ni a un miembro prominente del G-20.

Argentina se volvió paria del financierismo israelí-anglosajón a partir de su imperdonable incumplimiento de pagos, lo cual fue acentuado con la temeraria nacionalización de YPF que había saqueado la parasitaria petrolera española Repsol (ver Bajo la Lupa, 4/4/12).

Russia Today (12/11/12) asevera que Repsol es la petrolera de paja de la británica BP, lo cual facilita la deglución de muchas cosas insólitas, como otras trasnacionales españolas que operan en AL como caballos de Troya de Gran Bretaña (GB): Banco Santander (propiedad real del banco británico RBS) y el periódico neoliberal El País, con máscara socialdemócrata de una aseguradora inglesa.

Muchos se preguntarán por qué figura un distrito legal de Nueva York en este asunto. Sucede que Bank of New York fue el fiduciario y el contratante de la anterior deuda argentina que detonó en su previo incumplimiento de pagos en 2001. Dos expeditas moralejas posmodernas: 1) nunca contraer adeudos bajo jurisdicción extranjera, menos en las plazas chacales de Wall Street y la City, y 2) a los países que preserven aún un mínimo de soberanía (whatever that means) se les aconseja con urgencia restructurar y relocalizar bajo jurisdicción local las deudas y/o reclamos israelí-anglosajones.

Jude Webber y Robin Wigglesworth, del FT (23/11/12), ultrajan la reacción furibunda de Fernández sobre el letal fallo legal en medio de la protestas contra su gobierno en Argentina. Embisten contra Cristina Fernández, quien ha hecho de la confrontación (sic) su sello de marca: con las empresas agrícolas (por las tarifas a las exportaciones); la clase media; con Repsol (sic); con GB sobre las Malvinas (sic), y ahora con la huelga generalizada de los sindicatos. Juzgan que en nombre de la soberanía económica nacional, Fernández está dispuesta a otro juego dramático (sic) de todo o nada”.

Como portavoces del financierista chantaje vil, Webber y Wigglesworth, en forma muy superficial y tomando en cuenta sólo los intereses de los chacales de Wall Street/la City, consideran que Fernández puede pagar a los tenedores 93 por ciento de la deuda de 2001 que fue restructurada en 2005 y 2010: Argentina corre el riesgo de un nuevo incumplimiento de pagos.

Sacan a relucir lo que Fernández meditaba como la madre de todas sus batallas para el 7 de diciembre: la aplicación de la nueva ley de medios para poner en orden al oligopolio de Clarín (propiedad del banco de inversiones Goldman Sachs) a quien la presidenta acusa de mentiroso.

Webber y Wigglesworth aducen que el jaque de Elliot Capital Management/NM Capital junto con el fallo del juez Griasa encajonaron a la presidenta Fernández.

Buenos Aires considera apelar la flagrantemente leonina sentencia perentoria del juez neoyorquino mientras arremete contra los fondos buitre.

Hans Humes, presidente de Greylock Capital (otro hedge fund) y anterior copresidente del comité de tenedores de bonos argentinos, fustigó a Argentina como país y deudor canalla (¡supersic!) y da por acabada a Fernández, a quien no le queda más que arrojar la toalla o practicar la guerra de la tierra quemada.

Como que en este delicado asunto financierista el conglomerado israelí-anglosajón aplica los mismos términos propagandísticos que en geopolítica contra Irak, Libia, Siria y ahora Irán.

Según Webber y Wigglesworth, otro incumplimiento intensificaría su aislamiento del mercado internacional de capitales que le arrinconaría a sobrevivir con sus propios medios (algo así como una Cuba más Irán más Gaza).

El think tank FIEL (muy fiel a la cosmogonía neoliberal) expone que el gasto público de Argentina se disparó a 43.5 por ciento del PIB: en casi 200 mil millones de dólares, con el fin de reducir la pobreza y crear empleos.

Webber y Wigglesworth vituperan el modelo estatista (sic) económico (con restricciones de importaciones y en la compraventa de divisas) de la presidenta argentina, el cual, por cierto, fue elogiado por Joseph Stiglitz como paradigmático por haber disparado el crecimiento: ¡8.9 por ciento en 2011 y 9.2 en 2010! Tampoco le perdonan a Fernández haber nacionalizado los fondos de pensiones y haber usado las reservas de divisas del banco central para financiar sus políticas nacionales y populares. Martín Redrano, anterior director del banco central argentino, coloca la suerte de Fernández en manos de la cosecha de soya que le puede perjudicar si suceden calamidades climáticas en medio de 25 por ciento de inflación. Por ahora puede resistir con elevados precios de soya y la alta demanda china.

Acabo de dialogar con un ex ministro de Economía de un relevante país de Sudamérica (que exigió anonimato) quien me comentó que contemplan en el radar dos escenarios: 1) una deliberada baja brutal especulativa del petróleo para golpear a Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador y Argentina, y 2) una guerra financiera multifactorial (guerra de divisas, fuga de capitales, etcétera). ¡Uf! ¿Están preparados los mandatarios de Sudamérica para confrontar la guerra financiera multifactorial que ya empezó contra Argentina?

A mi juicio, detrás del asalto financierista buitre contra Argentina se encuentra cercar a Brasil, su primer socio geoeconómico sudamericano.

http://www.jornada.unam.mx/2012/11/25/opinion/016o1pol


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sábado, 24 de noviembre de 2012

Morsi.

Jueces egipcios tachan el decreto de Morsi de insólita "agresión" contra su independencia – RT

Siria.


El amo de Europa.


Rebelion. El capitalismo europeo bajo el pangermanismo

El capitalismo europeo bajo el pangermanismo




Son años de incertidumbre. Los derroteros por donde transita el capitalismo abren las puertas a un orden totalitario. Las nuevas formas de dominación no auguran un futuro democrático. El aumento de las desigualdades y la pérdida de derechos políticos, económicos, culturales y sociales de las clases populares y unos degradados sectores medios, cuyos sueños de consumo se esfuman, coincide con el establecimiento de un sistema que usa la violencia física como arma privilegiada para reprimir manifestaciones. Los principios de igualdad, libertad y fraternidad, nacidos de la revolución burguesa y democrática, no tienen posibilidad de prosperar en el neoliberalismo. Resistir las reformas, sean constitucionales, laborales, educativas, sanitarias, se transforma en un acto estéril. Las clases dominantes, los poderes fácticos, entre ellos los financieros y trasnacionales, hacen oídos sordos.

Está en juego la pervivencia del capitalismo, cuya hegemonía se proyecta bajo nuevos principios. Otro imperialismo aflora y sus pasos no vaticinan nada halagüeño. Entre los amos del mundo hay consenso. El capital financiero tiene la batuta y dirige la orquesta. Impone su ritmo. Las elites políticas deben seguir el compás. Cambiar de programa muestra debilidad. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga se impone un itinerario. El patrón de acumulación de capital no debe sufrir cambios de última hora. Es peligroso saltarse la bitácora. El futuro está en marcha y quien lo cuestione, que se atenga a las consecuencias. No caben alternativas. El proyecto dibuja un Estado neo-oligárquico de exclusión social bajo la égida de unas fuerzas de seguridad con patente de corso para reprimir cuanto sea y donde sea.

En este proceso histórico vive Europa desde los años 70 del siglo pasado. Ningún país ubicado en su geografía ha nadado contra corriente. Ni qué decir de los procesos abiertos tras la caída del Muro de Berlín y la hecatombe soviética. Polonia, Hungría, Bulgaria, Rusia y el conjunto de estados emergentes Bosnia, Croacia o Serbia se acoplan sin rechistar. De enemigos declarados del liberalismo han pasado a ser miembros de la Unión Europea y otros hasta se integran en la OTAN.

Visto en perspectiva, pareciera que estamos en presencia de un proyecto perfectamente construido y con directrices concretas. Reformar el Estado para facilitar la desregulación, la privatización y la descentralización. Sin embargo, no todos estaban en las mismas condiciones ni partían de la misma realidad. Hubo países que buscaron recuperar su papel hegemónico y convertirse en un factótum de poder en una Europa que se redefinía a marchas forzadas. Alemania veía cómo la reunificación la hacía más fuerte y con ello su voz cobraba más peso en el escenario de post guerra fría. Fortalecida y bajo el mando de la democracia cristiana, fue ganado terreno. Su papel hegemónico tendrá, con la llegada del euro, su puesta de largo. Entre 1991 y 2002, fecha de entrada en circulación del euro, Alemania emprendió un ciclo de reformas estructurales y logró situarse en la avanzada. El desarrollo de Alemania del Este costó 2 billones de euros y ha sido descrito como el mayor programa keynesiano de la historia. Exigió nuevos impuestos, grandes desembolsos sociales para cubrir a millones de nuevos parados y jubilados, enormes inversiones ambientales y en infraestructura. La política de Kohl en la reunificación fue una victoria política que desencadenó una crisis económica de 10 años. Se atacó a los sindicatos, se bajaron los salarios y de paso se emprendió una expansión hacia los viejos países comunistas. Su aliado, como siempre en la historia, será Rusia. El rearme económico, los cambios en la estructura productiva y su aumento de la competitividad, bajando salarios, y la entrada del euro, desembocan en una explosión exportadora de los productos alemanes, que ganan mercado a costa de sus competidores europeos. Desde 2002, la industria alemana dobló sus exportaciones, pasó de representar 20 por ciento de su PNB a fines de los 90 a ser 46 por ciento en 2010. En 2007 Alemania obtuvo un superávit comercial aproximado de 200 mil millones de euros. Mientras tanto, 19 de los 27 países de la UE registraban un déficit en su comercio exterior.

Los cambios introducidos en la economía germana han creado el mito de ser un país que cumple, que se ciñe a los acuerdos, que no despilfarra, ajusta el déficit público y de paso crea empleo y crece. Mito que se desvanece si consideramos que el aumento de empleo deviene de la precarización. El sector de salarios bajos, que en 1995 representaba a 15 por ciento de los trabajadores, en 2011 emplea a 25 por ciento. El 42 por ciento de ex empleados del sector tradicional que han perdido su empleo encuentran trabajo en el sector de salarios bajos y la estadística oficial señala que 71 por ciento de los nuevos empleos son precarios, parciales o temporales. Hay 8 millones de empleados a tiempo parcial, con contrato limitado. El milagro alemán no lo es tanto. Sin embargo exportan su receta al resto de países de la UE. Dictan políticas, definen tiempos y califican economías y primas de riesgo según sus intereses. Para ellos, los países que hoy están siendo rescatados lo son por su ineficiencia y por el despilfarro del gasto público. Además, consiguen ser vistos como los adalides de la nueva Europa.

La simbología nazi es pasado, al menos en cuanto a la parafernalia se refiere, no así en cuanto ideología nacionalista que domina la mente de los líderes y dirigentes que hoy tienen el poder en la Alemania de post guerra fría. Sus deseos de control de Europa guían las políticas económicas de los teutones. No resulta extraño que el ex canciller Helmut Schmidt hable de bravuconería autoritaria cuando se refiere al discurso nacionalista que emana de la canciller Ángela Merkel, el Bundestag y los poderes económicos reunidos en el Bundesbank.

Hoy emerge un nuevo pangermanismo, cuya fuerza radica en el control económico y político de las instituciones europeas. No ha sido necesario recurrir a la esvástica, la Gestapo, invadir países y mostrar la fuerza militar. Tampoco les hace falta contar con un Führer atrincherado en la superioridad étnica de la raza aria para elevar la moral del pueblo alemán. Les basta con mover los hilos de sus bancos, trasnacionales y crear comisiones ad hoc en los países en crisis, recordándoles su rol de comparsas y la obligación de arrodillarse. En esta lógica se puede entender que representantes de las dos sindicales más importantes de España, Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras, pidan audiencia a la canciller Merkel para exponerle sus demandas, y que una comisión de diputados alemanes se entreviste con los indignados del 15-M para escuchar sus propuestas. La pérdida de soberanía en países del viejo continente a favor de Alemania expresa en el sobrepoder que gana un pangermanismo afincado en los deseos de dominar el mundo. Primero Europa, luego veremos...

http://www.jornada.unam.mx/2012/11/23/opinion/024a2pol



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viernes, 23 de noviembre de 2012