jueves, 25 de noviembre de 2010

Irlanda vista por ATTAC(MB)







Rebelion. ¿Salvar a los bancos o a los irlandeses?















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25-11-2010







¿Salvar a los bancos o a los irlandeses?




ATTAC



Traducción Susana Merino




Irlanda mostraba, para los mercados financieros, una imagen de buen alumno de la zona euro, ilustrando el triunfo de la política ultraliberal, basada en impuestos reducidos, excedentes presupuestarios y también un sector financiero desregulado. Sin embargo el “tigre celta” ha terminado pagando el precio de sus “virtudes”. Luego de la explosión de la burbuja de la especulación inmobiliaria, los bancos irlandeses se encontraron rápidamente al borde de la quiebra.

Entonces el gobierno recurrió a la caja y los excedentes presupuestarios se precipitaron al abismo : 32% de déficit en 2010. Pero la caída más dura no será para los bancos sino para el pueblo irlandés. Efectivamente el plan de “salvataje” lanzado por la Unión europea y el FMI está destinado a salvar a los bancos…extranjeros especialmente alemanes, británicos, franceses. Italianos que habían prestado grandes cantidades a los bancos irlandeses para aprovechar el “milagro irlandés”

En contrapartida a esas sumas desbloqueadas para refinanciar al sector bancario, el pueblo irlandés deberá volver a la mesa de la “austeridad” y de manera aún más drástica: se ha programado la supresión de 100 mil empleos públicos, recortes en las asignaciones familiares y por paro como también una reducción del salario mínimo.

Medidas mucho más drásticas desde que el gobierno rechaza encarar el aumento de los impuestos a las empresas (12,5% contra 33% en Francia); Google, Microsoft e Intel, instaladas desde hace largo tiempo en Irlanda ya lo han amenazado con represalias.

Una política de austeridad no solamente injusta sino además absurda puesto que agrava el crecimiento del desempleo y reduce la demanda interna. De tal modo que la agencia de calificación financiera Moody’s informó que bajaría “en varios puntos” la nota de Irlanda, debido a las incertidumbres económicas alimentadas por las nuevas medidas de austeridad…implementadas para ¡“tranquilizar a los mercados”!

Los accionistas de los bancos irlandeses y europeos deben pagar el precio de sus errores, ni lo asalariados ni los contribuyentes. Para absorber sus pérdidas, el BNP (Banque Nationale de Paris), la Societé Générale, el Deutsche Bank, el HSBC… deben de congelar inmediatamente todo pago de dividendos.

Hoy en día, combatir esta política global de austeridad y avanzar hacia verdaderas alternativas rompiendo con el modelo neoliberal constituyen los desafíos esenciales. En Grecia, en Francia, en España, en Portugal, en Gran Bretaña y ahora en Irlanda está comenzando un amplio proceso de movilizaciones populares. Attac Francia, los Attac europeos y el movimiento social europeo contribuirá en la medida de sus propias posibilidades

http://www.france.attac.org/spip.php?article11925








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ATTAC, sobre la situación de Europa







Rebelion. Realidad contra incompetencia de los responsables económicos en la Unión Europea















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25-11-2010






Comunicado de ATTAC España

Realidad contra incompetencia de los responsables económicos en la Unión Europea




ATTAC España






Tras el penoso y requerido por

responsables económicos de la Comisión Europea “rescate de irlanda” los

especuladores internacionales lejos de calmarse han recrudecido los

ataques contra Portugal y España. El contagio se ha acelerado. Como los médicos que yerran en el diagnóstico lejos de sanar al enfermo aceleran su muerte.


El 22 por la tarde resultaba patético escuchar las respuestas

que los fundamentalistas del mercado, y la propia Ministra Elena

Salgado entrevistada por la noche en una televisión, improvisaban ante

periodistas que los enfrentaban a la reacción inversa a la esperada y

anunciada por ellos de los “mercados” al rescate de Irlanda. La

respuesta del Gobernador del Banco de España de esta mañana, 23 de noviembre, pidiendo ante esta reacción “acelerar las reformas” es más que grotesca delictiva.



España no es Irlanda. Tampoco era

Grecia. Pero Irlanda tampoco era ni es Grecia y no por ello se ha

salvado. Ni Portugal ni España lo harán si se sigue con estas políticas

fundamentalistas neoliberales erróneas.



En Grecia la asociación

opaca y secreta delictiva de Goldman Sachs con el Gobierno conservador

anterior estafó a la ciudadanía griega y a la europea, con el apoyo

cómplice de la banca privada alemana y francesa. El rescate articulado

con fondos europeos ha ido a garantizar el cobro de sus fondos a estos

bancos alemanes y franceses, mientras que Goldman Sachs y anteriores

responsables políticos están libres y sin cargos disfrutando de sus

botines. La respuesta justa pasaba y pasa primero por imputar a estos responsables y emitir una orden de caza y captura por sus delitos para que sean juzgados; segundo por no reconocer la deuda y exigir su auditoria previa para sanearla y reconocer sólo lo justo y, tercero por anteponer los intereses sociales de los griegos a los intereses de la banca privada internacional replanteándose los presupuestos y compromisos de compra adquiridos como los nuevos submarinos a Alemania.



En Irlanda el actual Gobierno conservador nacionalizó las pérdidas de sus amigos

los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados

irlandeses, abocando al Estado a la bancarrota, saltándose las normas de

la propia UE, eso si cuando “había que hacer un paréntesis en el

capitalismo” y la Comisión miraba para otro sitio. Ahora el Gobierno

dimite y se apresta a vivir bien amparados por sus amigos salvados,

mientras que a la ciudadanía irlandesa le trasfieren el coste, a la

misma que recientemente acosaron para que ratificaran en referéndum el

neoliberal Tratado de Lisboa con su irracional Título III que hoy les

ata las manos y pies impidiendo que puedan defenderse. El

rescate anunciado se dirige a salvar los intereses de la banca privada

de Gran Bretaña, cuyo país no perteneciente a la zona euro no vacila en

“solidarizarse” en el rescate con fondos públicos que pertenecen a la

ciudadanía de su “graciosa majestad”
. También allí hay motivos de sobra para juzgar los delitos de los actuales gobernantes y de los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados. A negarse a pagar la deuda sin una auditoria previa y anteponer los intereses de la ciudadanía a los espurios de los especuladores fundamentalistas del mercado que nos mienten y engañan.



Hoy los países que integramos la Unión Europea disponemos de más recursos que en 1945,

cuando Europa central estaba destrozada, sin ahorros, industria ni

reservas. Entonces se erigió el Estado de Bienestar porque se priorizó

el interés común y comunitario sobre el privado, la economía productiva

que satisface necesidades sociales a el interés de los especuladores a

los que se les regulaba normativamente, controlando el Estado cualquier

movimiento de capital. Ahora también podemos siempre que volvamos a

priorizar lo comunitario y social sobre el interés particular de un

reducido grupo de especuladores internacionales.



La salida real y definitiva a la crisis para la ciudadanía existe, es posible y está al alcance de nuestras posibilidades,

pero necesariamente ha de encaminarse hacia el desarme de los

especuladores internacionales y la regulación del sistema financiero. No

se conseguirá nada cediendo, intentando “calmar a los mercados”, sino

enfrentándonos a ellos, viéndolos como lo que son: enemigos de la ciudadanía.



Esta respuesta debe ser sobre otras reglas de juego con el establecimiento de un Impuesto a las Transacciones Financieras en toda la Unión Europea o, por lo menos, en la zona euro que es la diana actual de los especuladores; reducción de las desigualdades sociales y redistribución más equitativa de la riqueza; Banca pública que garantice el flujo crediticio a pequeñas empresas y familias; y subordinación de los flujos comerciales a normas sociales y ecológicas recuperando la soberanía alimentaría perdida.



Estas medidas de justicia son

incompatibles con las actuales reglas de la Unión Europea y de las

instituciones financieras internacionales. Por eso es necesario

derogar el Título III del actual Tratado de Lisboa, y avanzar

decididamente en la construcción de la Europa política y social
sin la que no puede sobrevivir la económica.



Desde ATTAC España llamamos la atención sobre el hecho de que la Confederación

Sindical Europea ha convocado para los próximos días 15-18 de

diciembre una acción europea contra los planes de ajuste de la Comisión

y el erróneo fundamentalismo neoliberal de sus propuestas económicas.


Esta es la respuesta de los y las que nos enfrentamos a la irracional y

suicida deriva del actual sistema. No debemos caer en las maniobras y

estrategia de distracción para diluir el golpe que irremediablemente van

a recibir de la ciudadanía. Su tiempo ha acabado.











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Irlanda(MB)

Portada :: Economía
25-11-2010

Hunden a Irlanda
Arruinada por los rescatadores

Dean Baker
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Cuando un bombero o un equipo médico realizan un rescate, lo normal es que a la persona le vaya mejor. Esto no está tan claro cuando los rescatadores son el Banco Central Europeo (BCE) o el FMI.
Irlanda tiene actualmente una tasa de desempleo del 14,1%. Como resultado de las condiciones del rescate que requerirá más recortes en los gastos del gobierno y subida de los impuestos, es casi seguro que la tasa de desempleo aumentará. El pueblo irlandés probablemente se preguntará cómo le iría a su economía si no la hubieran rescatado.

El dolor infligido a Irlanda por el BCE/FMI es totalmente innecesario. Si el BCE se comprometiera a otorgar préstamos a tasas bajas de interés, algo que está totalmente dentro de sus posibilidades, Irlanda no tendría un serio problema presupuestario. Su inmenso déficit pronosticado proviene sobre todo de la combinación de altos costes de intereses sobre su deuda y del resultado de operar a niveles de producción económica que están muy por debajo del pleno empleo; dos resultados por los que se puede culpar en gran parte al BCE.

Vale la pena recordar que el gobierno de Irlanda era un modelo de probidad fiscal antes de la catástrofe económica. Había producido grandes superávit presupuestarios fiscales antes del comienzo de la crisis. El problema de Irlanda no consistía ciertamente en gastos fuera de control del gobierno, sino en un sistema bancario temerario que alimentó una inmensa burbuja inmobiliaria. Los magos económicos del BCE y del FMI o no pudieron ver la burbuja o pensaron que no valía la pena mencionarla.

El hecho de que ni el BCE ni el FMI tomasen medidas para controlar la burbuja antes de la crisis no ha hecho que esas instituciones financieras internacionales muestren timidez para usar ahora mano dura al imponer condiciones. El plan es imponer una extrema austeridad, que llevará a que gran parte de la fuerza laboral de Irlanda sufra desempleo durante años como resultado del fracaso de sus banqueros y del BCE.

Aunque a menudo se afirma que esas instituciones no son políticas, sólo alguien clínicamente muerto podría creerlo. La decisión de hacer que los trabajadores de Irlanda, junto con los trabajadores de España, Portugal, Letonia y otros sitios, paguen por la temeridad de los banqueros de sus países es totalmente política. No existe un imperativo económico que diga que los trabajadores tengan que pagar, es una decisión política impuesta por el BCE y el FMI.

Debería ser una gran señal de advertencia para los progresistas, y de hecho para cualquiera que crea en la democracia. Si el BCE impone condiciones a un paquete de rescate será muy difícil que un gobierno elegido en Irlanda cambie esas condiciones. En otras palabras, los temas que podrán decidir los votantes irlandeses serán probablemente de una importancia trivial en relación con las condiciones que serán impuestas por el BCE.

No existe un argumento serio a favor de que no se pueda responsabilizar a un banco central. Aunque nadie espera o quiere que los parlamentos micro-administren la política monetaria, el BCE y otros bancos centrales deberían ser claramente responsables ante los órganos elegidos. Sería interesante ver cómo pueden justificar sus planes para someter a Irlanda y a otros países a un desempleo de dos dígitos durante años.

El otro punto que hay que considerar es que incluso un país relativamente pequeño como Irlanda tiene opciones. Concretamente podría salirse del euro y cesar el pago de la deuda. No es la mejor opción de principio, pero frente a la alternativa de un desempleo indefinido de dos dígitos, el abandono del euro y el cese de los pagos parecen mucho más atractivos.

El BCE y el FMI insistirán en que es el camino al desastre, pero su credibilidad al respecto es casi nula. Hay un precedente obvio. En 2001, el FMI presionó a Argentina para que impusiera medidas de austeridad cada vez más duras. Como Irlanda, Argentina también había sido un modelo para las huestes neoliberales antes de que tuviera dificultades.

Pero el FMI puede cambiar rápidamente. Su programa de austeridad redujo el PIB en casi un 10% y llevó la tasa de desempleo hasta muy arriba de los dos dígitos. Pero a finales de 2001 fue políticamente imposible que el gobierno argentino aceptara más austeridad. Como resultado, rompió el vínculo supuestamente inquebrantable entre su moneda y el dólar y cesó los pagos de su deuda.

El efecto inmediato fue que la economía empeoró, pero al llegar la segunda mitad de 2002 la economía volvió a crecer. Fue el comienzo de cinco años y medio de continuo crecimiento, hasta que la crisis económica mundial terminó por tener su efecto en 2009.

Mientras tanto el FMI hizo todo lo posible para sabotear a Argentina, que llegó a ser conocida como la “palabra A”. Incluso utilizó pronósticos engañosos que consistentemente subestimaron el crecimiento de Argentina esperando debilitar la confianza.

Irlanda debería estudiar las lecciones de Argentina. La ruptura con el euro tendría consecuencias, pero cada vez parece más probable que el dolor de la ruptura sea menor que el dolor de no hacerlo. Además, la simple mención del tema probablemente hará que el BCE y el FMI adopten una posición más moderada. Lo que deben comprender el pueblo de Irlanda y de todos los países es que si juegan según las reglas de los banqueros saldrán perdiendo.


Dean Baker es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy and False Profits: Recoverying From the Bubble Economy.

Este artículo fue publicado originalmente por The Guardian.

Atilio Borón, sobre Cuba







Rebelion. Cuba, tiempos de cambio















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Cuba






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25-11-2010







Cuba, tiempos de cambio










En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de la Isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de planificación ultra-centralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la revolución. Si se la quiere salvar será preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas luces, ya pasó a mejor vida.

La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la población. Ejemplos: en un país con un déficit habitacional tan grave como Cuba el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8.000 albañiles y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas constructoras del estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 % de la superficie agrícola de la isla está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales -¿en qué página de El Capital recomendó Marx tal cosa?- en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.

Estos son unos pocos ejemplos que conversando con los amigos cubanos se multiplican ad infinitum. Pero plantean una cuestión de importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta es un terminante NO. Si en la Unión Soviética (que sólo tuvo como precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas de su tiempo no le dejaron otra alternativa que fomentar la estatización integral de la economía, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo haber sido necesaria -y aún virtuosa- en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejército Nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo clásico, el desarrollo de las fuerzas productivas decretó la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que siendo eficaces en el pasado ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente modelados por la tercera revolución industrial.

Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del socialismo. Los primeros borradores del proyecto, un documento de una veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el ansia de participación es enorme. El documento será examinado críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas de inicio a un indecoroso -¡y suicida!- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar adelante reformas socialistas que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de producción y distribución de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habrá nada que socializar. Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo, y que no tienen absolutamente nada que ver con las que plagaron América Latina desde los años ochentas.

Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana no será nada fácil y se encuentra erizado de peligros. A las dificultades propias de toda transición se le agregan los derivados del infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nóbel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas degeneren en una reforma económica capitalista. El quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos disponen de una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben muy bien que es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las conquistas históricas de la revolución, que las barrería de un plumazo, sería la re-mercantilización de sus derechos y su conversión en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y nadie quiere que tal cosa ocurra.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Manuel Sacristán Luzón







Rebelion. Conclusiones: La filosofía de la práctica en Manuel Sacristán Luzón












Teoría y Práctica. La trayectoria intelectual de Manuel Sacristán Luzón

Conclusiones: La filosofía de la práctica en Manuel Sacristán Luzón










A lo largo de la tesis doctoral publicada durante los últimos meses en la página de Rebelión, he intentado mostrar la personalidad intelectual de Manuel Sacristán en su trato con las realidades de su tiempo y los acontecimientos históricos, ante los que adoptó una actitud consciente y comprometida. Estudioso de la filosofía –esa tradición de pensamiento, que tan importantes frutos ha rendido a la civilización europea-, Sacristán fue un humanista ilustrado, que se hizo marxista por coherencia personal con la sociedad de su tiempo. Poseía un profundo y extenso conocimiento de la cultura y la ciencia del siglo XX, y fue al mismo tiempo un hombre comprometido con la humanidad -la suya y la de los demás, la de todos-, con una perspectiva de emancipación humana en sentido ético y político. Su labor intelectual consistió en el examen crítico de los contenidos de la cultura y el pensamiento, para clarificar los fundamentos sobre los que se construye la conciencia subjetiva, bajo el lema de que la verdad es revolucionaria. Y orientó su reflexión hacia la política, como actividad más fundamental de la vida humana, entendiéndola con el sentido clásico de búsqueda del bien común, tanto como en el sentido moderno que quiere orientar la historia hacia los fines ideales de una humanidad emancipada.

El humanismo marxista

Como humanista recogió la herencia del racionalismo clásico, que reflexiona sobre los rasgos universales de la naturaleza humana, para establecer las características de una buena vida, fundada en la planificación y la coherencia, el intelectualismo y la amistad, junto con la fraternidad entre todos los seres humanos. Como ilustrado, entendió que la existencia humana es un proceso que se desarrolla en el tiempo, por lo que debe ser entendida en sentido histórico, o bien biográfico; realizó, por tanto, su tarea intelectual, situándose dentro de su momento histórico, que interpretó con los instrumentos teóricos y filosóficos que le parecían ser más adecuados, por ser expresión de la racionalidad posible en el mundo que le tocó vivir.

Personalidad íntegra con un fuerte impulso moral, procuró ser un intelectual orgánico con la clase obrera, considerando que el trabajo es la actividad propia de la especie humana. Existe un punto de vista desde el que se puede describir el trabajo como la esencia del ser humano; pues el rasgo distintivo de la humanidad como especie viva, es su especial interacción con el medio ambiente, introduciendo modificaciones profundas y permanentes en él para adaptarlo a sus necesidades y deseos. Todas especies vivas necesitan adaptarse al medio ambiente -si bien modifican en algún grado ese medio-; pero la humanidad transforma el medio a través de su acción colectiva, el trabajo. La acción humana sobre el medio introduce extensos y permanentes cambios en el paisaje natural. Es por eso que las leyes que rigen el desarrollo humano pertenecen a la historia, y no a la evolución biológica descrita por la biología.

En ese proceso de interacción entre la humanidad y el medio ambiente se producen situaciones de alienación, cuando la acción humana destruye el entorno natural poniendo en peligro su propia existencia. El concepto de alienación significa en primer lugar –en sentido de Hegel- la objetivación de los ideales y valores de la humanidad en el mundo material a través del trabajo; pero el concepto marxista de alienación está enraizado en el sentido que da Feuerbach a la palabra, como un extrañamiento de la subjetividad humana que se produce en su objetivación por el trabajo: los ideales quedan sin realización posible en el mundo de la realidad material, relegados a un mundo del más allá. A partir de ese giro mental, Marx definirá la raíz de la alienación como la explotación del trabajo y la opresión del trabajador, lo que conduce a la perversión de las relaciones sociales, y la desviación del proceso histórico respecto de su desarrollo racional. Superar esa alienación supone liberar el trabajo forzoso, impuesto por la coacción social. Para ello sería necesario un aumento de la consciencia y la racionalidad de la especie humana, y en ese sentido la historia podría ser un progreso de la humanidad, que se realiza mediante la caída en la alienación y su superación posterior.

La emancipación consiste en que el ser humano sea dueño de su destino, realizando una vida plena y conscientemente realizada; pero la sociedad capitalista actual, caracterizada por la división en clases, condena el trabajo a la subalternidad y a los trabajadores al infantilismo. Conseguir la emancipación de aquellas clases que se encuentran oprimidas en la sociedad alienada, es el objetivo de la reflexión de los intelectuales conscientes de la realidad histórica. En ese sentido Sacristán fue un filósofo de la práctica, expresión gramsciana que designa el análisis y la crítica del pensamiento popular espontáneo, para encontrar ahí los objetivos racionales que deben ser propuestos a la acción colectiva de la humanidad, así como los medios institucionales de que una sociedad racional podría dotarse para alcanzarlos.

La expresión ‘filosofía de la práctica’ viene a interpretar una actividad intelectual de las clases subalternas por alcanzar una comprensión más cabal de la realidad social e histórica de la humanidad, condición para realizar una acción moral y política de carácter emancipador a través de la lucha de clases. En esa actividad, el intelectual orgánico con las clases subalternas cumple el papel de clarificar los contenidos de la conciencia obrera, con vistas a fortalecer la lucha colectiva por la justicia social. La filosofía de la práctica parte de la idea de que todo ser humano es filósofo, en cuanto que cada uno piensa su vida con los instrumentos que le proporciona el ‘sentido común’ de la sociedad dentro de la que vive; ese sentido común es un resultado del pensamiento espontáneo de la clase subalterna, y necesita una elaboración crítica para proporcionar a la gente trabajadora las ideas que les permitan actuar en la vida con coherencia.

En sentido clásico, la palabra ‘filosofía práctica’ significa la sabiduría sobre los mecanismos ético-políticos que permiten a un sujeto humano conducir la propia vida hacia sus fines naturales. Pero en sentido marxista e ilustrado, la categoría ‘práctica’ adquiere un matiz fundamental de realización del proyecto de la emancipación humana, el dominio del ser humano sobre la naturaleza, la suya propia y la que le rodea, la interna y la externa. La práctica es la materialización de las ideas en el mundo de la vida, donde debe mostrar su verdad posible; de ahí que la práctica de la emancipación sea la consumación del materialismo dialéctico. De ahí también que la práctica sea el desarrollo omnilateral de las capacidades humanas.

La racionalidad y la historia

Como el mundo anda en continua evolución y cambio, las concepciones de la gente necesitan actualizarse permanente; el marxismo busca aportar a las clases populares los conceptos e ideas que le permitan realizar una práctica coherente sobre esa realidad histórica cambiante. En el mundo moderno, el objetivo de la reflexión consiste en interpretar los conocimientos científicos desde el interés por la emancipación que late en el seno de la gente trabajadora, -interés denominado ‘conciencia de clase’ por los marxistas-. Esa interpretación conlleva una crítica de la ideología que subyace a las formulaciones científicas, especialmente en las ciencias sociales, para alcanzar una política de la ciencia; de ese modo se pretende lograr una intervención racional de la lucha de clases en la ciencia. Por otro lado, el marxismo, como técnica de trabajo intelectual, desemboca en una tarea principal: la elaboración racional del programa político que ha de ser realizado por la acción colectiva de las clases productoras, de modo que pueda conseguirse la emancipación utilizando medios científicos, esto es, la cientificidad en la política.

En lo anteriormente dicho la palabra ‘racionalidad’ ha jugado un papel fundamental, y se refiere a dos aspectos de la realidad humana: primero, el conocimiento sistemático del mundo natural que proporciona la ciencia; segundo, las características de los fines ideales de la acción humana. Filósofo laico y universalista, Sacristán entendió que lo racional era la nota esencial de la humanidad, señalando al tiempo que la naturaleza no es racional, ni la historia tampoco, atravesada como está de profundas alienaciones, pues el ser humano no tiene un dominio suficiente sobre su práctica. La razón es la mejor facultad del ser humano, su mejor arma para la difícil y dura interrelación con la naturaleza. ‘Razón’, podríamos decir, es una conducta compleja del ser humano, que consiste esencialmente en la cooperación colectiva para alcanzar los fines naturales de la especie –en el sentido en que Marx decía en las Tesis sobre Feuerbach que la esencia de la humanidad es el conjunto de las relaciones sociales-; esa acción colectiva tiene varias condiciones: primero, para hacer posible esa cooperación es necesaria una capacidad comunicativa –la razonabilidad derivada del lenguaje-; segundo, sus objetivos sobrepasan la mera supervivencia y se amplían hacia la transformación del medio ambiente para adaptarlo a las necesidades humanas –la humanización de la naturaleza-; tercero, esto se consigue desarrollando los instrumentos que potencian sus actividades –eficacia y eficiencia de la acción-; al tiempo que, cuarto, la capacidad de previsión de los acontecimientos futuros a partir de la experiencia conocida –la sistematización científica de la experiencia-.

La naturaleza racional del ser humano coincide con su ser sociable y su laborar sobre el mundo natural, motivo para considerar con fundamento que la racionalidad humana radica en los ideales que forman la conciencia de las clases subalternas, cooperativas y trabajadoras. Se entiende que esos ideales promueven, primero, la solidaridad social como forma moral de la personalidad; segundo, materialismo que sirve de fundamento a la interpretación científica del mundo; tercero, la crítica del poder político en el orden clasista de la sociedad; y finalmente, la democracia como mal menor dentro del orden político. Esos puntos de vista fueron adoptados por Sacristán bajo la forma de valores comunistas, aunque reconoció también la pertinencia de la perspectiva anarquista de las clases subalternas. Por otra parte, consideró que esos valores no están sólo en la conciencia de la clase obrera bajo el capitalismo, sino en general en la conciencia de las clases subalternas de todos los tiempos y en la mayor parte de la sociedades, pues constituyen la matriz misma de la vida social humana –en cuanto que la humanidad ha vivido la mayor parte de su historia y toda su prehistoria en sociedades que no eran clasistas-.

Eso significa que para Sacristán el materialismo dialéctico marxista –como elaboración de la conciencia de la clase subalterna- contiene los valores e ideales racionales que deben inspirar el quehacer científico de la humanidad. A partir de la perspectiva ilustrada se entiende que los valores e ideales son proyectos de futuro, objetivos propuestos a la acción humana; así en el análisis kantiano la razón se traduce por un conjunto de ideales sobre la humanidad en su devenir histórico. Los ideales no son actuales más que parcialmente, en la medida en que existe una acción social –económica, política y cultural- de la clase trabajadora y sus aliados, en oposición al manejo de la sociedad por la clase dominante. Los valores comunistas o anarquistas se manifiestan en los sujetos históricos como conciencia de clase, que se constituye como tal en la lucha obrera y las clases subalternas y explotadas en general.

El hecho de que el ser humano esté dotado de racionalidad y una conciencia regida por valores e ideales, significa que la humanidad es una ‘emergencia’ –en el sentido técnico de la ontología: ‘aparición de nuevas formas de ser en la historia natural del planeta Tierra’-. La existencia humana no es reductible a la vida biológica o material, y la nota característica de la humanidad es el desarrollo de sus capacidades para transformar el mundo natural, -el desarrollo de las fuerzas productivas a través de los modos de producción-, esto es, las leyes de la historia descubiertas por Karl Marx y Federico Engels, y desarrolladas por el marxismo contemporáneo a lo largo del último siglo y medio.

La cuarta generación de marxistas

Sacristán utilizó el análisis generacional para interpretar los rasgos de pensamiento en los intelectuales, en cuanto que una generación se plantea problemas nacidos de la coyuntura histórica y busca resolverlos colectivamente. Él mismo perteneció a la cuarta generación de marxistas, aquella que asistió a la victoria sobre el fascismo en la segunda guerra mundial y concibió grandes esperanzas de rápida evolución hacia socialismo, decepcionándose más tarde por el rumbo que tomó la historia desde finales de los años 70.

A partir de las investigaciones que realizaron filósofos y filósofas de esa cuarta generación –y especialmente los estudios de investigadores de la Europa del Este como Agnés Heller, Wolgang Harich o Jindrich Zeleny-, y tras el estudio de los clásicos marxistas, Sacristán emprendió una reconstrucción de la teoría marxista que tuvo por base un enfoque epistemológico, en sustitución del enfoque ontológico corriente en los autores marxistas de la tercera generación (Lenin, Lukács y Gramsci). El objetivo consistía en recuperar la actividad crítica propia de la filosofía racional, más o menos embotada por los acontecimientos políticos en los que se vieron envueltos los comunistas durante el siglo XX. Especialmente, Heller propuso una teoría de los valores, que sirvió a Sacristán para explicar el papel de la metafísica en el conocimiento de la realidad como explicitación de los valores propios de la conciencia de clase; esa idea introduce algunas perspectivas innovadoras en el marxismo, al tiempo que enlaza con la crítica de la ideología que realizó Marx. Harich señaló tempranamente los límites del crecimiento, idea que orientó a Sacristán hacia el movimiento ecologista. Y Zeleny realizó un estudio la estructura de la teoría económica de El Capital de Marx.

Su investigación del leninismo le llevó a una formulación del marxismo como técnica política, que en el plano de la teoría sirve para una elaboración racional del programa político y en el plano de la práctica fomenta las instituciones sociales capaces de realizar ese programa, en estrecho contacto con la actividad de las clases trabajadoras: el partido obrero, los sindicatos de trabajadores, las asociaciones populares de todo tipo, culturales, vecinales, deportivas, etc. El marxismo es así un punto de vista en la reflexión sobre el mundo social y natural, que elabora el pensamiento de las gentes del trabajo, de modo que éstas sean capaces de alcanzar la autonomía en su actuación histórica; por eso, el marxismo es independiente respecto de cualquier otro enfoque del problema humano. En ese aspecto, Sacristán enlazaba con la tradición -lo que aquí se ha llamado la ortodoxia marxista-. Pero la crisis aguda del marxismo obligó a Sacristán a una profundización en el estudio de la teoría marxista desde la década de los 70, cuando las perspectivas del socialismo comenzaron a oscurecerse por diferentes problemas históricos. Lo que hemos denominado revisión heterodoxa del marxismo, en el sentido de que una clara visión de los problemas del socialismo en su realización presente en el siglo XX, le llevó a buscar la preservación del legado marxista en los aspectos que consideraba esenciales, más allá de la construcción sistemática del mismo como forma autónoma de pensamiento.

Por tanto, a lo largo de su vida, Sacristán fue moldeando sus convicciones fundamentales para adaptarlas a las diferentes coyunturas históricas que se iban sucediendo. Si bien su labor intelectual tuvo un objetivo constante, pues la intervención cultural que realizó en la sociedad catalana, durante el franquismo y los primeros años de la democracia, tuvo como ejes la construcción de la solidaridad democrática y el desarrollo de la ciencia; no obstante, se puede observar a lo largo de su vida, cómo cambió su manera de interpretar la teoría científica y su papel en la historia. Por ejemplo, consideró que el marxismo como materialismo dialéctico habría de ser una filosofía de la ciencia, y como materialismo histórico habría de contener una sociología de la ciencia. En la primera parte de su militancia comunista exploró la primera idea; en la etapa final de su vida se interesó sobre todo por la segunda.

Entre esos dos momentos de su pensamiento, media una intensa etapa de reflexión y estudio, cuyo objetivo fue repensar el marxismo a la luz de los acontecimientos históricos contemporáneos. Como muchos de los marxistas de su generación, que vieron hundirse las esperanzas suscitadas por la Revolución soviética de 1917, hubo de hacer una profunda revisión de los presupuestos doctrinales del marxismo, para hacer frente a la situación histórica en la que se encontraba. Para ello se apoyó en la filosofía de la ciencia corriente en el tercer cuarto del siglo XX, y que se ha entendido como el giro historicista en la filosofía de la ciencia –donde Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend han jugado un papel fundamental-.

En este aspecto, hay que subrayar la importancia de la sección IV de El Capital, donde Marx trata la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa, como un estudio del uso de la ciencia por la burguesía, como arma para derrotar la fuerza de la clase obrera. En ese texto están explicados los mecanismos que permiten al sistema capitalista innovar tecnológicamente, haciendo de la ciencia una importante fuerza productiva. La revolución tecnológica capitalista de mediados de siglo –la automatización de la producción y la informatización del conocimiento, estudiadas por los marxistas Radovan Richta y Ernest Mandel-, ha sido la clave para la victoria del capitalismo a fines del siglo XX. Sacristán consideró que los sistemas socialistas no habían conseguido desarrollar la ciencia de forma consistente, y dedicó sus esfuerzos a investigar ese problema en la última parte de su vida.

El marxismo habría de ser una ciencia social en acto –según la definición de Lenin-, esto es, un sistema económico que resolviera los problemas de la subsistencia humana sin explotar a los trabajadores. Con ello la humanidad entraría en el reino de la libertad; para eso habría de ser capaz de introducir la innovación tecnológica sin crear las fuertes distorsiones sociales que crea la propiedad privada del capital. Sin embargo, la conclusión de Sacristán es que el marxismo se convirtió en una ideología de la nomenclatura soviética –en términos marxistas: una concepción del mundo-, que sirvió para justificar su dominación de clase burocrática. La denuncia de esa esclerotización del marxismo es constante en los escritos de Sacristán, en sintonía con la crítica reflexión de György Lukács sobre el estalinismo y dentro de una línea política afín a la diseñada por los intelectuales del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti.

El proyecto político de la emancipación

La historia de la humanidad está impulsada por el desarrollo de las fuerzas productivas: infraestructuras, tecnología, maquinaria, conocimientos científicos, población, cualificación de los trabajadores, etc., son los diferentes aspectos de ese crecimiento imparable de la realidad humana, que existe en simbiosis con sus productos técnicos y transforma el paisaje terrestre hasta convertirlo en un medio humanizado: la humanización de la naturaleza. Los procesos de trabajo son de ese modo cada vez más complejos y especializados, requiriendo una organización social bien articulada para hacer posible la cooperación en la división del trabajo. Por eso a través del proceso histórico las relaciones humanas se hacen más intensas y necesarias, más sólidas y cooperativas en un proceso de socialización de la humanidad. Sin embargo, la realización de ese desarrollo no se hace sin dificultades, contratiempos y hasta retrocesos, que hacen dudar de su posibilidad y racionalidad. En términos técnicos esas contradicciones del avance humano las hemos denominanado ‘alienación’. La alienación histórica supone que el ser humano crea las condiciones de su propia autodestrucción, por falta de previsión y conocimiento –como sucede con la actual destrucción ambiental-, a causa de los conflictos entre sociedades por el dominio del territorio y las materias primas –en las continuas guerras históricas-, o también por aquellos otros que se producen en el interior de la sociedad de clases –los conflictos económicos y políticos-.

La teoría marxista ha mostrado que la raíz de la alienación histórica se encuentra en la alienación del trabajo, la falta de libertad de los trabajadores y las capas populares para hacer uso de su razón y actuar consecuentemente. Los modos de producción clasistas dividen a la sociedad en clases sociales, sobre la base de la división social del trabajo: el trabajo intelectual es realizado por la clase dominante, y trabajo manual por la clase subalterna. La división social del trabajo supone una sociedad desarrollada en la que se produce excedente, una cantidad importante de bienes producidos que no son objeto de consumo inmediato y pueden almacenarse, o exceden las necesidades de los trabajadores y pueden servir para sostener a una clase de superiores dedicados a tareas intelectuales. En esos modos de producción se produce un conflicto estructural entre los intereses de las clases subalternas productoras y las clases dominantes organizadoras, de modo que las luchas clases se han producido a lo largo de la historia humana, hasta el punto de poderse decir que es éste el motor de la historia.

La clase subalterna tiene interés en que el excedente sea utilizado de forma productiva incrementando los conocimientos y la riqueza social, permitiendo el desarrollo omnilateral de las capacidades humanas. En la clase dominante, en cambio, existe una tendencia a utilizar el excedente de forma improductiva, mediante el despilfarro y la destrucción, a través de consumo suntuario o conflictos bélicos –hasta el punto que hay suficiente evidencia para dar la razón a los anarquistas cuando afirman que el poder corrompe-. Por eso, la lucha social se produce alrededor del uso del excedente. Cuando la clase dominante consigue imponer un uso improductivo del excedente el modo de producción es decadente y necesita cambiarse. Es claro, por tanto, que la lucha de la clase subalterna es imprescindible para evitar el desastre al que conducen las actitudes insolidarias e irresponsables, cuando se apoderan de los dirigentes sociales y a través de ellos de toda la sociedad. Y es fácil que esto suceda periódicamente, como muestra abundantemente la historia humana –y en especial nuestro actual momento histórico-. En la España que le tocó vivir a Sacristán bajo la dictadura fascista, sólo el tesón de las clases subalternas logró restablecer un relativo equilibrio social, tras el hundimiento de la sociedad por el alzamiento militar y la subsiguiente guerra civil. La consciencia de ello hizo que nuestro filósofo se adhiriera a las instituciones de la clase obrera y aportara su esfuerzo personal en el desarrollo del movimiento político contra el régimen de Franco.

Por otro lado, Sacristán comprendió prontamente el desastre ecológico al que se ve abocada la humanidad en el siglo XXI, por el abuso en la explotación de la biosfera, el despilfarro de recursos escasos, la contaminación ambiental y la desaparición de especies vivas, además de la continuidad de la guerra como forma de las relaciones internacionales y la persistencia del imperialismo para apropiarse de los recursos de continentes enteros, que dirige la riqueza del globo hacia las naciones desarrolladas. La mala organización del orden internacional bajo el capitalismo, que es un orden social, económico y político, despilfarrador y destructivo, irracional y a todas luces insuficiente, son índice de la decadencia del modo de producción. El peligro es que la decadencia del modo de producción capitalista arrastre a toda la humanidad hacia su destrucción, dadas las enormes fuerzas que la ciencia y la tecnología modernas han puesto en juego –combustibles fósiles, energía atómica, armas de destrucción masiva, manipulación genética, viajes espaciales, crecimiento poblacional, etc.-; dado también el alto grado de destrucción medioambiental que está afectando a todos lo ecosistemas terrestres, y dada la debilidad de las fuerzas racionales de la especie humana. El grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad contemporánea es excesivo para el planeta Tierra, sobre todo porque viene acompañado de un incremento paralelo e insoslayable de fuerzas destructivas. Es por eso que en las reflexiones de la última etapa de su vida, Sacristán un más que justificado pesimismo acerca de la evolución inmediata de la historia. La humanidad es una especie de hybris, la especie del pecado original –y ese pecado original es su sobreabundancia de recursos, su enorme potencialidad-.

La estructura de una ciencia social marxista

Sería imprescindible para superar el actual estado de alienación humana, conseguir desarrollar una ciencia social que hiciera posible una organización racional de las sociedades humanas. El marxismo estaba orientado hacia ese objetivo; sin embargo, el resultado de construir una sociedad a partir de los instrumentos teóricos de la ciencia social marxista fracasó en diversos lugares del mundo. En buena parte, eso se debe a la violencia que opusieron las clases dominantes y las corrientes conservadoras al triunfo del socialismo; pero también cuenta la existencia de ciertos errores básicos de la filosofía marxista, derivados de los valores progresistas que asumieron los comunistas como continuadores de la tradición ilustrada. Esos valores son propiamente burgueses y consisten en la ignorancia de que existen límites naturales a la acción humana, los cuales deben ser cuidadosamente observados.

Es claro que esa contradicción afecta directamente al proletariado y su acción transformadora sobre el medio terrestre. En cuanto producto del sistema capitalista, la máxima aspiración proletaria –expresada en la teoría marxista del socialismo y en la práctica política de los países que adoptaron esta teoría para enfocar su futuro- consiste en realizar el proceso industrial y tecno-científico de la producción, mejorando los aspectos del capitalismo que resultan irracionales y fallidos. Pero la conclusión de Sacristán es que el socialismo debe realizarse a través de una vida humana completamente cambiada. Las relaciones sociales y de las técnicas productivas, las formas de organizar la producción y distribuirla, la cultura y el ocio, deben ser profundamente modificadas para resolver la crisis actual de la humanidad provocada por el dominio de la burguesía.

La construcción de una ciencia social marxista es, por tanto, un objetivo prioritario para el desarrollo humano, y Sacristán investigó las características y los conceptos fundamentales que habrían de hacerla posible, siempre en contacto con las luchas obreras y sociales por superar la alienación alcanzando la liberación de la humanidad. El materialismo histórico debe recoger, junto a su tesis central sobre el desarrollo de las fuerzas productivas, la noción de entropía y sus consecuencias para la economía científica, tal como se ha empezado a hacer desde el movimiento ecologista. Tal vez así nos sea posible descubrir que el crecimiento capitalista de las fuerzas productivas no es sino un gigantesco desarrollo de fuerzas destructivas. Y por otra parte, junto a la teoría de los modos de producción se deberá añadir una nueva caracterización de las clases sociales para incluir la burocracia estatal, como clase social nacida en los Estados de orientación socialista. La aclaración metodológica es fundamental en ese proceso teórico y si bien el siguiente análisis no aparece expuesto en los textos de Sacristán de esta forma, su forma de presentación del marxismo conduce fácilmente hacia él.

El marxismo es un emergentismo, es decir, una filosofía de la ciencia que considera una ontología diversificada, con diferentes niveles de existencia que empiezan con el ser inerte -estudiado por las ciencias físico-químicas-, y luego el ser vivo, el ser social y el ser ideal. Esos niveles están unidos entre sí por la historia natural del cosmos, ya que la vida nace del mundo material en determinadas condiciones que se produjeron en el planeta Tierra hace 3.000 ó 4.000 millones de años, y a partir de la evolución del ser vivo durante ese tiempo, aparece el ser social hace un millón de años –esta fecha es aproximativa, pues se necesitaría una definición más precisa de lo que es ‘ser social’ y estudios arqueológicos que nos proporcionaran una historia más completa del pasado humano-. A su vez el universo de las ideas sería una emergencia de la historia humana –y la teología de Teilhard de Chardin intenta pensar esa emergencia como la aparición de Dios a partir de la humanidad-.

La clasificación de las ciencias –tema clave del positivismo científico-, puede hacerse siguiendo ese esquema emergentista, dividiéndolas en físico-químicas, biológicas, sociales y formales. Si dejamos aparte estas últimas por su característica peculiar de no ser empírica, la metodología en cada una de las otras tres modalidades científicas tiene diferencias específicas:

-la ciencia físico-química ha utilizado con enorme éxito el método hipotético-deductivo y la explicación causal –noción correspondiente a la causa eficiente de Aristóteles-;

-en la teoría de la evolución establecida por Darwin como el núcleo teórico de las ciencias biológicas, el método causal –utilizado para explicar la variabilidad de los caracteres de las especies-, viene acompañado de la explicación funcional –que se funda en el equilibrio sistémico que constituye un ser vivo o un ecosistema, como una totalidad holista-. Es la causa final aristotélica.

-¿Qué método habrá que utilizar la ciencia social, en la explicación de la historia? En los últimos años se ha señalado que la metodología en ciencias sociales necesita ser más compleja que en las otras modalidades científicas. Además de utilizar la explicación causal –por ejemplo, en la teoría de mercado o en la ley del desarrollo de las fuerzas productivas-, se utiliza la funcional –en la teoría del Estado o en la de los modos de producción-, y además la explicación intencional para dar cuenta de la capacidad de la persona para orientar su conducta individual según objetivos y finalidades conscientemente decididas.

La composición del ser social necesita de esa variedad metodológica para ser captada en su complejidad. Los distintos factores de la existencia humana deben encontrarse en equilibrio dentro de una sociedad bien ordenada. Para ello es necesario tenerlas presentes y evitar confusiones entre unas y otras. El desarrollo de una conciencia personal fundada en ideales racionales es tan importante para la supervivencia de la especie humana en la Tierra, como el desarrollo de las fuerzas productivas en el plano económico y la organización equilibrada de un Estado democrático, eliminando la represión violenta y la coacción sobre las conductas individuales. El marxismo recoge esos tres aspectos: una teoría causal o hipotético-deductiva, con posibilidad de contrastación empírica como es la ley del desarrollo de las fuerzas productivas –si bien se debe redefinir sus categorías básicas para adaptarla al ecologismo-. Un funcionalismo en la teoría de los modos de producción, que muestra la variación de las relaciones sociales en función del desarrollo de las fuerzas productivas. Una teoría intencional en relación con la acción política de las clases subalternas, fundada en la conciencia de clase y el partido político proletario.

La conciencia personal en los individuos que viven en la sociedad capitalista se encuentra obnubilada por las ideologías burguesas –falsa conciencia, fetichismo de la mercancía, filosofía irracionalista, pragmatismo conformista, etc.-; aquí el sistema de valores está invertido por el predominio del mercado y el dinero en la organización social, y el Estado organizado según un orden violento que desarrolla ingentes cantidades de medios destructivos. Esos errores básicos conducen a la alienación de la acción histórica de la humanidad presente y a la ingente destrucción de la vida en las últimas décadas.

La ciencia social marxista busca construir la utopía: un orden social armonioso y equilibrado, donde el individuo y la sociedad se encuentran reconciliados, y puede suprimirse la coacción y la violencia en las relaciones sociales. Como ha sido señalado desde la antigüedad clásica –Platón, La República-, la condición para construir ese orden social es que su estructura organizativa sea idéntica a la forma en que se estructura la personalidad individual, -que la sociedad sea un fractal de la persona, podríamos decir-. El orden político democrático está fundado en la deliberación pública conseguida mediante las libertades políticas, la participación ciudadana en la decisiones de gobierno gracias a la instrucción pública y el libre acceso a la información, la acción colectiva cooperativa y solidaria libremente asumida por las personas particulares en la consecución del bien común, exige personalidades conscientes y fraternas, con un alto grado de autoconocimiento y dominio de la conducta, motivadas a conseguir una formación intelectual por el estudio y el conocimiento, al tiempo que no rechazan participar de las tareas físicas, de modo a estar capacitados para integrarse plenamente en la vida social, cultural y política.

La forma de organizar la economía de una sociedad socialista al servicio de un orden democrático contiene importantes problemas teóricos. No está resuelto todavía el problema de organizar la economía eficiente prescindiendo de un mercado competitivo, donde el intercambio y distribución de los bienes producidos según las necesidades de consumo. El socialismo será un sistema eficiente, que elimine la eficacia capitalista a la hora de incrementar la producción, sustituyéndola por sistemas de ahorro económico, en función de las constricciones que los límites del planeta Tierra ponen al desarrollo de la humanidad. Otra de las principales dificultades que tiene ese proyecto de sociedad emancipada es la necesidad de la especialización en la compleja organización del trabajo de las sociedades contemporáneas. Dificultad con la que Sacristán no dejó de lidiar a lo largo de su trayectoria intelectual. El humanismo busca personalidades con variadas capacidades intelectuales y manuales –como muestra la Ética de Spinoza-, mientras que la sociedad reclama una fuerte formación especializada. La apuesta por la especialización conlleva a su vez el problema de la inserción de los intelectuales con las instituciones de las clases productoras y el trabajo físico, sin que ello reproduzca de algún modo las diferencias clasistas.

Una convicción esencial de nuestro filósofo es que el nuevo orden social se conseguirá sobre la base de una reforma moral de las conciencias, más que a partir de nuevas conquistas tecnológicas o a través de un mayor desarrollo de las fuerzas productivas por el sistema de producción industrial. Dado que las fuerzas productivas de la humanidad han excedido las capacidades del planeta Tierra para sustentarlas, más bien se trata de frenar ese desarrollo industrial, variando la forma del desarrollo. El programa político que nos legó Sacristán toma ese problema ecológico como fundamental, y muestra la necesidad de detener selectivamente ciertos desarrollos ciegos, como la carrera de armamentos, el crecimiento de la población mundial, la ingeniería genética, la sobreexplotación de los ecosistemas naturales por la agricultura capitalista, etc. La dificultad es que si bien el ser humano es el agente de los mismos, éstos tienen una dinámica propia que escapa al control humano –ver los análisis de Marx sobre el desarrollo de la maquinaria en El Capital-. Por eso sólo mediante un refuerzo de la conciencia colectiva se hará posible un verdadero mundo humano.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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Rebelion. La deriva prooccidental de Rusia en el enfrentamiento Medvedev-Putin















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24-11-2010







La deriva prooccidental de Rusia en el enfrentamiento Medvedev-Putin




CEPRID






Rusia está en un estado de esquizofrenia en lo que respecta a su política exterior. El presidente, Dmitri Medvedev, viene impulsando un notable giro proestadounidense y prooccidental a su política exterior en el último año y medio con dos grandes ejes de actuación: el acercamiento a las tesis occidentales sobre el programa nuclear de Irán y a la OTAN. Su tesis es que sólo estrechando las relaciones con EEUU y Occidente será posible la modernización y despegue económico de Rusia. Por el contrario, el primer ministro y anterior presidente, Vladimir Putin, entiende que sólo una Rusia con pleno control de los recursos energéticos (uno de sus principales rubros de exportación), así como la recuperación del terreno con los antiguos aliados en la época de la Unión Soviética, mantendrá al país plenamente independiente y con voz en el ámbito geopolítico al tiempo que conseguirá el montante económico suficiente para impulsar la modernización.

Dos visiones, dos proyectos que se van a enfrentar aún más a medida que se acerca la fecha de 2012, cuando se tienen que celebrar elecciones presidenciales y tanto Putin como Medvedev mantienen la incógnita de cuál de ellos se presentará finalmente. La pugna entre ambos dirigentes se está trasladando, también, a la calle. Medvedev cuenta con un 76% de aprobación, según las últimas encuestas, y Putin le supera por poco, con un 77%. Antes del verano, el primer ministro superaba en 3’4 puntos al presidente.

Aunque Medvedev fue el candidato de Putin a la presidencia cuando éste terminó su mandato, en 2008, el distanciamiento entre ambos dirigentes se está acelerando aunque puede haber un elemento que les vuelva a unir: el triunfo del Partido Republicano en las elecciones del pasado mes de noviembre. Una de las primeras iniciativas que han tomado los republicanos, que dominan el Congreso estadounidense, es la paralización de la ratificación del nuevo tratado START de control de las armas nucleares estratégicas. Esta era una de las promesas que había arrancado Medvedev a Obama cuando Rusia decidió votar a favor de la Resolución 1929 (julio de 2010) contra Irán. Las otras fueron el ingreso en 2011 en la Organización Mundial del Comercio, así como “consensuar” con Rusia el proyecto de defensa antimisiles para Europa y un acercamiento de la OTAN a los postulados rusos “para enterrar la guerra fría” en una estrategia que desde EEUU se ha denominado “puesta a cero” en las relaciones entre los dos países.

Rusia contra Irán (y la reacción de Turquía)

El voto de Rusia favorable a la ampliación de las sanciones contra Irán que se recoge en la Resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU se explicaba, en primera instancia, por el temor ruso a que las enormes reservas de gas de Irán amenazan el predominio mundial de Rusia en este ámbito y el país persa se convirtiese en el futuro en un hipotético proveedor alternativo para Europa (1). Es evidente que tal eventualidad no se va a dar en mucho tiempo, pero Rusia no iba a esperar máxime cuando Irán lleva un par de años manteniendo una agresiva política exterior (tiene acuerdos comerciales muy ventajosos con Azerbaiyán y Turkmenistán) en una zona considerada por Rusia como su “patio trasero”: el Asia central y el Cáucaso. Las luces de alarma se encendieron en Rusia en noviembre de 2008, cuando Irán y Turquía alcanzaron un acuerdo comercial relativo a la comercialización de gas hacia Europa que se iniciaría con la construcción de un oleoducto de 660 kilómetros y por valor de 1.300 millones de dólares. Dicho acuerdo no se llegó a poner en marcha por las presiones estadounidenses a Turquía, pero el asalto israelí a los buques de la Flotilla de la Libertad que llevaban ayuda humanitaria hacia Gaza a finales de mayo de este año hizo que Turquía volviese a reconsiderar dicho acuerdo. Rusia tomó buena nota y decidió “castigar” a Irán votando a favor de las sanciones. Por el contrario, Turquía –que había llegado a un acuerdo con Brasil e Irán para el procesamiento de uranio- votó en contra de esa resolución de la ONU.

Rusia añadió a su voto favorable a las sanciones la negativa a suministrar a Irán los misiles defensivos S-300, una decisión personal de Medvedev, argumentando que lo hacía en el marco de la resolución de la ONU. Sin embargo, dicha resolución no prohíbe el comercio con Irán de armamento defensivo, sino el ofensivo. Un gesto bien recibido por EEUU y la OTAN, que a partir de entonces se apresuraron a proponer a Rusia un acercamiento en la cuestión de los misiles con los que, supuestamente, se protegería a Europa de cualquier ataque proveniente de los países asiáticos, Irán incluido.

En su acercamiento a Occidente, Rusia ha optado por distanciarse de sus tradicionales aliados. Uno de ellos es Turquía. Pese a ser un país de la OTAN y contar en su territorio con instalaciones militares, de radares y misiles, que están dirigidas al control del territorio ruso, los dos países habían ensanchado sus relaciones comerciales hasta el punto de convertir a Rusia en el principal suministrador de gas a Turquía.

Pero Turquía está cada vez más dolida con Occidente, más a raíz de la postura de bloqueo a la condena contra el ataque israelí a la Flotilla de la Libertad. Los turcos entienden que el acercamiento ruso a Occidente va en detrimento de sus expectativas de ingreso en la UE y en el intercambio comercial, especialmente en el caso del gas. Turquía se considera traicionada por Rusia, por lo que ha decidido retomar el acuerdo con Irán. Los ministros de Petróleo y Energía de Irán y Turquía firmaron en octubre (2) el inicio de la construcción del oleoducto, que durará tres años y que permitirá a Irán la exportación de entre 50 y 60 millones de metros cúbicos de gas diarios a Turquía y Europa. Se da la circunstancia que Irán es el segundo proveedor de gas natural a Turquía, después de Rusia, con lo que el toque de atención turco a los rusos es evidente. Les está diciendo que puede que ganen Occidente, pero les van a perder a ellos.

Al mismo tiempo, Rusia está perdiendo a pasos agigantados la influencia que tenía en Irán. Durante la etapa de la Unión Soviética, Irán era un importante mercado de armas convencionales y tecnología nuclear civil (la central de Busher es el ejemplo más claro). En contrapartida, Irán era un socio constructivo de Rusia en cuestiones de seguridad regional en Asia Central y del Sur. Tras la desaparición de la URSS, Rusia se volcó en los aspectos comerciales (Gazprom se convirtió en la primera compañía transnacional extranjera en invertir en el yacimiento de gas de South Pars) y con Putin como presidente se establecieron acuerdos comerciales. La relación se fortaleció de tal manera que Putin se convirtió en el primer jefe de estado no musulmán en ser recibido por Alí Jamenei, considerado el líder supremo de la República Islámica. Pero todo cambió con la llegada de Medvedev a la presidencia.

Obsesionado con mejorar la relación con EEUU, Medvedev ha llevado a Rusia a desandar el camino de los últimos 20 años respecto a Irán. Ya se han reducido las exportaciones de armas convencionales (no sólo los misiles S-300) y se están reduciendo las asistencias el lo referente a enriquecimiento de uranio y tecnologías de reprocesamiento. Al mismo tiempo, y pese a la retórica de que se opone a un ataque contra Irán, Rusia no ha presionado en ningún momento a EEUU para que ofrezca a Irán garantías de seguridad, es decir, de no ataque, en lo que atañe al derecho iraní a la investigación nuclear.

Rusia contra China (y de nuevo Turquía)

El abandono de Irán por parte de Rusia está siendo aprovechado por China, hoy el país con intereses estratégicos claros en la República Islámica. No sólo han sido los chinos quienes han dado este paso, sino los propios iraníes, conscientes que sus problemas de seguridad básica y necesidades nacionales y de política exterior sólo se pueden asegurar a través de un acercamiento a China.

Y los chinos están viendo con preocupación la deriva prooccidental de Rusia en unos momentos en que en Asia se está jugando una partida de ajedrez geopolítico importante. Asia se está convirtiendo en el principal escenario geopolítico del primer tercio de este siglo XXI en todos los aspectos: económico, político y militar. Los coqueteos con la OTAN hacen de Rusia “un país hostil” de cara a los chinos, y así hay que interpretar una curiosa, y significativa, iniciativa china: la celebración de maniobras militares conjuntas con Turquía e Irán (3). Fueron unas maniobras navales y aéreas, las primeras de esa envergadura fuera de las fronteras chinas.

La coincidencia de dos hechos, la firma del acuerdo gasístico turco-iraní y las maniobras militares, pone de relieve un nuevo mapa geoestratégico en el que ha tenido mucho que ver el movimiento pro occidental ruso. Dado que los países europeos siguen automáticamente los lineamientos de política exterior estadounidense (las sanciones unilaterales que acaban de aprobarse incluyen medidas contra la industria del petróleo y gas iraní) los turcos planifican sus propios caminos energéticos y los chinos se aseguran un mercado casi sin competencia.

Eso preocupa a Putin, pero parece que no a Medvedev. Para el presidente ruso, que apuesta por Rusia como un estado industrial y no por un exportador de materias primas, el que una empresa como Lukoil (participada por la estadounidense Conoco-Phillips) se haya sumado a la campaña de sanciones contra Irán deteniendo la entrega de gasolina y otros productos a los iraníes argumentando las sanciones de la ONU no es criticable, mientras que para Putin no hay que perder cuotas de mercado en ámbitos estratégicos. De ahí que a través de uno de sus principales colegas y valedores, el presidente de Gazprom Neft, Alexandr Dyukov, esté intentando recuperar parte del terreno perdido intentando que Gazprom sea el sustituto de Lukoil en Irán. Que lo consiga o no está por verse aún.

Lo que sí es evidente es que la deriva prooccidental rusa está afectando a su relación con China. En Beijing es vista como una manera “nada discreta” de erosionar la presencia estratégica china en el continente asiático y las acusaciones a Rusia de “privar de seriedad” a la Organización de Cooperación de Seguridad de Shangai por su acercamiento a la OTAN se hacen cada vez más frecuentes y públicas (4).

Rusia y la OTAN (con Afganistán de fondo)

Medvedev y Putin ya no son complementarios, van por caminos separados. Mientras el presidente se dejaba querer y agasajar en la cumbre de la OTAN en Lisboa, su primer ministro negociaba en Bulgaria un nuevo acuerdo energético (5) que pueda servir de sustituto al oleoducto gasístico que ahora pasa por Ucrania y que ha sido causa de no pocos enfrentamientos entre Rusia y este país.

El acuerdo ruso-búlgaro consiste en establecer una empresa conjunta que genere y ejecute un tramo del oleoducto South Stream, destinado al suministro de gas a Europa a través del Mar Negro y los Balcanes para así prescindir del que atraviesa Ucrania. Este oleoducto es visto por la UE como un rival de su proyecto Nabucco, que también atravesará territorio búlgaro, como una fuente alternativa al gas ruso.

Medvedev y Putin sólo están de acuerdo en una cosa: Afganistán. Rusia viene combatiendo junto a las tropas de la OTAN en Afganistán desde el verano con la excusa de combatir el tráfico de drogas. En Rusia se habla de “narcoagresión” el importante tráfico de droga, especialmente heroína, que se genera en Afganistán y que se distribuye por toda la Federación rusa a través de Kirguizistán. Según un informe de la Agencia para el Control del Narcotráfico de Kirguizistán, el volumen de droga intervenida en ese territorio fue en 2009 de 480 kilos de heroína y 2.680 kilos de hachís (6).

Lo curioso es que los rusos lo venían denunciando desde 2008 sin que la OTAN hiciese nada para impedirlo. Esta es la razón que, desde Moscú, se aduce para justificar el acercamiento a la OTAN y las facilidades que acaban de acordarse en la cumbre de Lisboa para que Rusia facilite el tránsito por su territorio de material para la OTAN en Afganistán, sistemáticamente atacado ahora en Pakistán, y que los rusos ofrezcan helicópteros a las fuerzas del gobierno colaboracionista afgano.

Notas:

(1) Alberto Cruz, “China, Rusia y las sanciones a Irán” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article885〈=es

(2) Asia Times, 6 de octubre de 2010.

(3) As Safir, 11 de octubre de 2010.

(4) Asia Times, 16 de noviembre de 2010.

(5) Ria Novosti, 17 de noviembre de 2010.

(6) Alexandr Barentsev, “El cuchillo kirguiz de narcóticos en el cuerpo de Rusia” http://es.fondsk.ru/articlelist.php?section_id=2

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor.

albercruz@eresmas.com

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1010" target="_blank"> http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1010 







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lunes, 22 de noviembre de 2010

La guerra de las divisas(MB)







Rebelion. Nubes de tormenta en el G20















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22-11-2010







Nubes de tormenta en el G20










 

La crisis financiera del 2008 está lejos de terminarse; no sólo fue una crisis que atacó con furia a los países desarrollados por su excesiva dependencia en la economía de servicios, sino que, como un típico virus electrónico, se ha extendido a través de los órganos vitales del paciente causando estragos imposibles de predecir al comienzo de la misma. Eso hace a la crisis financiera una ‘permanente emergencia económica’ para usar las palabras de Slavoj Žižek. [1]

Los últimos dos años han sido de intenso aprendizaje, tanto para la izquierda destinada a la oposición sempiterna, como para los neoliberales en el poder. Pero la furtividad de la crisis ha engañado a un sector mayoritario de la opinión pública, que ha sido sedada por los medios de comunicación y sus políticos aliados en la marionetismo del poder. No sólo la crisis no ha terminado, sino que se deteriora rápidamente. Se cierra el ciclo neoliberal que comenzaría a finales de los 70s, precisamente impulsado por otra crisis, la del Keynesianismo y su verdugo: la Stagflation.

A la larga lista de arranques de sinceridad que sucedieron a la crisis del 2008, ahora debemos agregar los del hombre al frente del Banco Mundial; como Ben Bernanke en el 2008, Robert Zoellick ha salido a la defensa de un sistema monetario internacional más justo y más real. Zoellick ha dicho que la subida estrepitosa del precio del oro no debe ignorarse, que ‘es un elefante en el cuarto’, y que se debe primordialmente a la debilidad de las monedas del mundo occidental. Lo interesante es que, palabras más palabras menos, sus declaraciones reflejan una intensa preocupación por el estado del sistema financiero global, y el ocaso del dólar como moneda referencial. Zoellick dice haber sido malinterpretado por aquellos que leyeron entre líneas en su artículo del lunes en el Finantial Times, [2] que su llamado era a volver al sistema de anclaje de las monedas con el oro previo a la Segunda Guerra Mundial; modificado por Maynard Keynes y Cordell Hull en Bretton Woods como un sistema de fijas, pero ajustables tasas de cambio. La cosa con el famoso anclaje moneda/oro de Bretton Woods, es que el dólar se mantuvo atado al oro a razón de 1/35 de una onza troy, mientras que las demás monedas fueron atadas al dólar. Este acuerdo duraría lo que duró la recuperación de las economías europeas, unos veinte años. Los norteamericanos, sumidos aún en la embriaguez de la victoria absoluta de 1945, se embarcaron en su proyecto del siglo americano, con la venia de sus aliados. Para 1971, la Pax Americana se tambaleaba entre los arrozales del Mekong delta y el río rojo; Kissinger era despachado urgentemente a pactar con el Vietcong y Nixon le daba el tiro de gracia al anclaje dólar/oro que estaba desangrando Fort Knox. Así llegaba a su fin Bretton Woods.

La inestabilidad que causó el Nixon shock, como es popularmente conocido, se debió a que países como Alemania y Suiza se negaran a financiar con un dólar premeditadamente devaluado la guerra de Vietnam y las aventuras imperiales de los Estados Unidos. Viendo como la administración Nixon imprimía dólares y como el déficit comercial se agrandaba, comenzaron a retirar sus depósitos de la reserva federal en oro, desvaciando las arcas norteamericanas. De ahí en adelante, las sucesivas administraciones norteamericanas han usado su poder militar para imponer el dólar como moneda referencial, recordándole a sus aliados occidentales que sin EUA Hitler y los Nazis hubieran conquistado el mundo. El hecho es significativo, porque fueron los tradicionales aliados de la posguerra, los que en varias ocasiones desafiaron la hegemonía económica de EUA. Primero Alemania, luego Japón, el crecimiento económico de ambas naciones le demostró a los norteamericanos que sólo a través de la supremacía militar podía el mundo tolerar su hegemonía económica. Cuando ambos países volvieron a amenazar la economía norteamericana a principio de los 80, con monedas competitivas y un superávit en la balanza comercial, Reagan y sus neoliberales impusieron el Acuerdo de Plaza, destinado a depreciar el dólar y hacerlo competitivo una vez más. Dos años después, en 1987, alemanes, franceses y japoneses, cansados de financiar el déficit norteamericano a través de la compra de bonos e importar la inflación a sus países, idearon el acuerdo de Louvre; el acuerdo duró menos de dos años.

Las aventuras militares se han sucedido casi sin parar desde principio de los 80s hasta nuestros días; con el interregno de Bill Clinton los EUA pareció retomar el camino de la disciplina fiscal y la política del sentido común, tan sólo para caer en manos de otro fanático más: George W. Bush. De nuevo las aventuras guerreristas y el fantasma del déficit aparecieron; agravadas por el 11 de septiembre y la crisis financiera del 2008 estos problemas se encuentran en una etapa de completo descontrol. Acuerdos como Plaza o Louvre ya no son posibles. La razón es sencilla, los nuevos actores que desafían la hegemonía económica de los EUA no son los viejos aliados de la posguerra, maniatados con un sinfín de bases militares y la gratitud de haber sido salvados de los fantasmas del nazismo y el comunismo. Dichos fantasmas ya no existen, y el que han tratado de crear, el extremismo musulmán, sólo existe en la mente de los paranoicos de la CIA, el MI6, DGSE, el Mossad, y por supuesto, CNN.

Los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) se han alzado triunfantes luego del 2008; sus economías han vuelto a niveles de producción previos a la crisis financiera y hasta se dan el lujo de enfocarlas en los mercados internos cuando los internacionales se encuentran en estado de depresión. Esto ha ocasionado una guerra de monedas y un incremento en el déficit de la balanza comercial de los países desarrollados. Sólo Alemania y Japón se encuentran en un lugar privilegiado; a pesar de que debido a los ‘bailouts’ de la banca en 2008 han tenido que reajustar su gasto fiscal, verbigracia, hacer que los más pobres paguen con impuestos la demencia y las apuestas del sector financiero, su situación no es tan peligrosa como la de EUA, Reino Unido, Francia y los más pequeños de la unión europea.

Lo que ocurre en estos momentos es un factor importante de reflexión y contemplación, el neoliberalismo da sus últimos espasmos de agonía; pero lo que viene no tiene que ser necesariamente mejor. Los bancos siguen haciendo negocios como siempre y los pobres siguen pagando el hueco fiscal producido por proyectos imperiales y los impuestos para mantener a los ricos. La única esperanza es que la movilización ha comenzado; y por supuesto acrecentará su tamaño conforme los cortes y la ‘disciplina’ fiscal hacen estragos en la vida de los sectores más desposeídos, los Sans-Culottes. Un sinfín de preguntas quedan sin responder, una de las más relevantes es ¿dónde está la izquierda?



[1] Žižek, S (2010). A Permanent Economic Emergency. New Left Review (64).

[2] Zoellick, R. (Nov 7, 2010) The G20 Must Look Beyond Bretton Woods II. Finantial Times.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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