martes, 5 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Pepe Ecobar: USA y su guerra contra el terror.
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
Un nuevo y amargo informe de Médicos por la Responsabilidad Social, galardonados con el Premio Nobel, ha revelado que más de 1.300.000 personas fueron asesinadas solo en los primeros diez años de la Guerra Global contra el Terror (GWOT por sus siglas en inglés) en Irak, Afganistán y Pakistán. Lo que antes era conocido como GWOT fue "orwellianizado" por la administración de Obama como “Operaciones de Contingencia en el Exterior” (OCO)
Básicamente, el informe ni siquiera cubre el rastro de OCO en Libia, Siria, Somalia y Yemen (una guerra “ganada” por OTAN/AFRICOM; una guerra civil actual y dos objetivos de la nefasta “lista de asesinatos” de Obama). Además las cifras sobre AfPak están lejos de ser las más recientes. Y el cálculo total de víctimas mortales seconsidera “conservador”.
La evidencia muestra que esta máquina letal OCO se volvió frenética durante casi 15 años contra regiones enteras del planeta –para no mencionar la quema de billones (millones de millones) de dólares de fondos públicos estadounidenses– y tuvo un efecto nulo en la contención del terrorismo. Más bien lo contrario: los lectores de Asia Times saben cómo he definido GWOT como el regalo que sigue siendo regalado.
Y todo esto comenzó mucho antes del 11-S y la veneración oficial al GWOT por parte de Bush.
¿Dónde está mi visa de yihadista?
Basta con leer el libro Visas for al-Qaeda: CIA Handouts that Rocked the World de Michael Springmann, un antiguo funcionario del Departamento de Estado que ejerce la abogacía actualmente en Washington. Fundamentalmente fue jefe de la sección de visas del consulado de EE.UU. en Yeda, Arabia Saudí, entre 1987 y 1989. Hasta que, como parte de una historia muy enrevesada, perdió su puesto y se lanzó a un camino largo y tortuoso hasta convertirse en un denunciante.
La revelación de Springmann de que el consulado de Yeda era una base de la CIA no es ninguna sorpresa, ya que el libre flujo de visas era esencial para los denominados “afganos árabes” que participaron en la yihad de los años 80 contra la antigua URSS.
Y el asunto continuó sin parar. Mientras investigaba para su libro, Springmann también descubrió que 15 de los 19 secuestradores del 11-S obtuvieron sus visas en Arabia Saudí, 11 en Yeda y 4 en Riad. Springmann descubrió que esas visas fueron aprobadas por una cierta Shayna Steinger “contratada directamente en la Universidad de Columbia con una maestría como FSO4, que es un rango muy elevado para alguien recién salido de la universidad sin ningún antecedente, experiencia o capacitación. Y se esperaba que ella diera respuestas muy controvertibles a la Comisión del 11-S que investigó lo que sucedió en Yeda”.
Después del 11-S, Springmann también trató de ponerse en contacto con el FBI para contar su historia. Sigue esperando respuesta. (La entrevista de Lars Schall con Springmann se encuentra aquí).
Springmann no tiene dudas de que toda la génesis de la “guerra contra el terror”, antes del 11-S, fue un timo en el que participaban la CIA y el Departamento de Estado. Como escribe, “los terroristas internacionales que EE.UU. reclutó para las guerras de Afganistán y Bosnia hace unos treinta años todavía están involucrados actualmente en los combates en otros sitios. Bosnia no fue el único sitio en el que fueron empleados. Las visas que les extendió el Departamento de Estado entonces están ahora vinculadas a las continuas guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria. Los fanáticos a los que vi obteniendo documentos de viaje durante mi estadía en Yeda están directamente involucrados o han entrenado a los que ahora participan directamente en los combates contra fuerzas de EE.UU.”
Hablad con RAND
No han nada nuevo bajo el sol de GWOT/OCO. Es un simple cambio de nombre de lo que el Pentágono en los primeros días del “eje del mal” del régimen Cheney llamó Guerra Larga. Y su futuro fue debidamente conceptualizado más adelante en 2008 por el informe de RAND Corporation Unfolding the Future of the Long War (Desarrollo del futuro de la guerra larga).
RAND estableció claramente lo que se ha convertido en lo que ahora es normal. Washington apoya al tinglado CCG/petrodólar –con la Casa de Saud arriba– pase lo que pase, siempre en función del interés de contener “el poder y la influencia iraníes”. Desvía recursos salafistas/yihadistas hacia el ataque de intereses iraníes en todo Medio Oriente”, especialmente en Irak y Líbano, por lo tanto “debilitando… operaciones antioccidentales”. Y apoya a al-Qaida y al EI/ISIS/Daesh. CCG apoya y “empodera” enconadamente islamistas antichiíes en todas partes para mantener la “dominación occidental”.
Técnicamente la Guerra Larga es una fabulosa mina de oro para el complejo industrial-militar. Geopolíticamente, mata dos pájaros de un tiro: causa estragos mediante "divide y vencerás" en todo el mundo musulmán y también es una guerra por encargo contra Irán.
Pocos recordarán que el concepto de Guerra Larga se formuló primero en la era del “eje del mal” por el Highlands Forum, un think-tank relativamente oscuro del Pentágono infestado de neoconservadores. No es por accidente que RAND Corporation sea un importante “socio”.
Y ahora con profesionales de la Guerra Larga como el jefe supremo del Pentágono “Ash” Carter, su adjunto Robert Work y el jefe de inteligencia del Pentágono Mike Vickers, a cargo de la autodenominada “No hagas cosas estúpidas” estrategia militar de la administración de Obama, la continuidad es la nueva norma.
Y la diversificación, por supuesto. El nuevo libro de Nick Turse, Tomorrow’s Battlefield: US. Proxy Wars and Secret Ops in Africa se lee como un viaje alucinante a lo largo del giro del Pentágono hacia virtualmente todo el continente, desplegando totalmente OCO para combatir el “terror” a través de AFRICOM.
OCO para siempre. Feliz travesía y buena caza.
(Copyright 2015 Asia Times Holdings Limited, a duly registered Hong Kong company. All rights reserved.)
Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007), Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge (Nimble Books, 2007) y Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009).
Fuente: http://atimes.com/2015/04/why-the-u-s-war-on-terra-is-a-fraud/
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viernes, 1 de mayo de 2015
¿Coalición China-Rusia- Irán?
China.
Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el dominio militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes, en particular el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Lo cual no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia, ningún país creció tanto en tan poco tiempo.
Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado ‘emergente’, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior y con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per capita, en 2013) de apenas 6.800 dólares, semejante al de, por ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo, España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su masa demográfica es tan enorme (casi mil quinientos millones de habitantes) que su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población, China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos que ocupaba ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872...
Poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configurándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a medio plazo, una verdadera ‘rivalidad estratégica’ con Washington. El presidente Barack Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos –en la segunda mitad del siglo XXI–, su hegemonía planetaria.
En esa perspectiva, decidida a rivalizar con Estados Unidos en un sector en el que éstos aparecían como intocables, China acaba de abrir un nuevo frente, esta vez contra el poderío financiero norteamericano. Con la reciente creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) –al que España se adhirió el pasado 14 de abril–, Pekín aporta una nueva prueba de sus ambiciones.
Este Banco quiere rivalizar nada menos que con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, o sea las dos principales instituciones financieras planetarias creadas bajo los auspicios de Washington al final de la Segunda Guerra Mundial en el marco de los Acuerdos de Bretton Woods (1) y controladas desde entonces por Estados Unidos y el campo occidental. El AIIB competirá además con el Banco Asiático de Desarrollo (BASD, por sus siglas en inglés), creado en 1966, y muy controlado por Japón. Por eso, ni Tokio, ni Washington se han adherido –por ahora– al AIIB aunque han fracasado rotundamente en su intento por disuadir a sus principales aliados de hacerlo.
El plazo impuesto por Pekín para ser “miembro fundador” del AIIB se terminaba el pasado 31 de marzo. Y a esa fecha ya se habían adherido unos 57 países, entre ellos los BRICS (Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica), así como algunos de los principales socios de Estados Unidos como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, etc. Lo cual constituye una enorme victoria diplomática de Pekín y un paso más en la vía para imponerse como potencia financiera internacional.
La creación del AIIB es asimismo la consecuencia de las críticas constantes contra el FMI, y que este organismo no ha sabido corregir. En particular en lo que concierne al voto. Como se sabe, para adoptar una decisión importante en el seno del FMI es necesario el 85% de los derechos de voto. Lo cual significa que Estados Unidos (que dispone del 16,74% de los votos) posee en realidad un derecho de veto. La Unión Europea también, si todos sus miembros (que disponen, juntos, de más del 30% de los votos) se unen. Mientras que, por ejemplo, China sólo tiene el 3,81% de los votos, la India el 2,81% y Brasil el 2,50%...
Este sistema tan inequitativo de votación permite que el FMI sea, desde 1945, un ‘agente objetivo’ del capitalismo en su versión ultraliberal, partidario a ultranza de las privatizaciones, de los ‘ajustes estructurales’ (como el que se le impuso a América Latina y África en los años 1980 y 1990, y que se le impone hoy a Grecia), de la desregulación financiera y de la desregulación del trabajo.
Además, bajo el pretexto de “lucha contra la corrupción” y “de promoción de la moralidad financiera”, el Banco Mundial y el FMI (cuyos dos precedentes Directores gerentes fueron Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn...) se niegan a favorecer las inversiones para el desarrollo de las infraestructuras de muchos países emergentes.
En el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) ningún Estado, ni siquiera China, tendrá derecho de veto. Por vez primera, en un proyecto financiero de esta envergadura, las grandes potencias occidentales sólo dispondrán de un papel secundario. Mientras que el papel de los actores regionales será determinante.
El AIIB surge también, en el marco de una arquitectura financiera mundial alternativa, como una pieza que se añade al Banco de Desarrollo de China (creado por Pekín en 1994) y que le acaba de prestar 3.500 millones de dólares a la empresa estatal brasileña Petrobras, muy afectada por la caída de los precios del petróleo y por un enorme escándalo de corrupción (2). Y al Nuevo Banco de Desarrollo BRICS (New Development Bank BRICS, NDB BRICS) (3), creado el 15 de julio de 2014 con ocasión de la VI cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica) que tuvo lugar en Fortaleza (Brasil). La sede del NDB BRICS está –no podía ser de otra manera– en Shanghái (China) y su capital inicial es de 100.000 millones de dólares. Sus principales objetivos son: favorecer una mayor cooperación financiera y fomentar un mejor desarrollo de los Estados emergentes. O sea, los objetivos del Banco Mundial... Otro de sus propósitos, reivindicado por Pekín, es reducir la dependencia de estos Estados con respecto a los bancos crediticios occidentales y al dólar.
La batalla de la moneda es otro aspecto de la ofensiva china por la hegemonía mundial. De tal modo que, por ejemplo, todos los financiamientos realizados por el Banco AIIB este año, unos 50.000 millones de dólares, lo son en yuans chinos. Las reservas de Pekín en divisas extranjeras ascienden a 3,7 billones de dólares... Pero las fluctuaciones del ‘billete verde’ estadounidense y las flaquezas del euro hacen que China desee disponer de su propia divisa, y quiera imponerla como divisa internacional. Más de un millar de bancos en unos 85 países utilizan ya el yuan en sus transferencias. En África, el yuan es, desde hace tiempo, un instrumento fundamental de la política china de inversiones. Nigeria, Ghana, Zimbabue y Sudáfrica, por ejemplo, son algunos de los países que han adoptado el “billete rojo” como moneda de pago internacional y de reserva. El volumen de los intercambios comerciales de Pekín con los países africanos alcanzó, en 2014, unos 200.000 millones de dólares, o sea más del doble de los intercambios de África con Estados Unidos (4).
Con América Latina también se han incrementado de manera espectacular los intercambios comerciales (entre 2000 y 2013, se multiplicaron por 22). En 2013, el volumen comercial total China-América Latina alcanzó los 275.000 millones de dólares. Y se estima que esta cifra se duplicará al finalizar esta década. En los próximos diez años, China invertirá 250.000 millones de dólares en América Latina, anunció el presidente Xi Jinping, en enero pasado en Pekín, durante el primer Foro Ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Las cifras de los créditos chinos a América Latina son menos destacadas, pero también reflejan la inaudita expansión de la potencia financiera asiática y sus intereses prioritarios en petróleo, minerales y productos agrícolas. De 2005 a 2014, esos créditos sumaron 119.000 millones de dólares. Y de ese total, casi la mitad (56 300 millones de dólares) se concedió a Venezuela, que posee las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Le siguen Brasil y Argentina, grandes exportadores de soja, con 22 000 y 19 000 millones de dólares, respectivamente (5).
Desde el inicio del siglo XXI, China viene aumentando sus inversiones directas en el exterior, alcanzando una media de 200.000 millones de dólares al año. Su potencia de fuego inversionista sigue siendo menor que la de Estados Unidos (367.000 millones de dólares en 2012), pero ya le está empezando a morder los talones. Con cierto “pánico estratégico”, Washington ve acercarse la hora en que China se impondrá también como megapotencia financiera.
Notas:
(1) Los Acuerdos de Bretton Woods se firmaron al final de una Conferencia internacional que reunía a los cuarenta y cuatro países aliados y que tuvo lugar en esa ciudad estadounidense de New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944. Ampliamente inspirados por el economista británico John Maynard Keynes, los Acuerdos dibujaron las grandes líneas de lo que sería el Sistema financiero internacional después de la guerra, organizado en torno al dólar; y crearon dos influyentes organismos: el FMI y el Banco Mundial.
(2) Cf. L’Agefi, París, 22 de abril de 2015.
(3) Les Echos, París, 14 de julio de 2014.
(4) Le Monde, París, 15 de abril de 2015. (5) Léase, Mario Osava: “China penetra en América Latina con créditos a países en penurias”, IPS, Roma, abril de 2015.
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