viernes, 1 de mayo de 2015
¿Coalición China-Rusia- Irán?
China.
Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el dominio militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes, en particular el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Lo cual no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia, ningún país creció tanto en tan poco tiempo.
Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado ‘emergente’, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior y con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per capita, en 2013) de apenas 6.800 dólares, semejante al de, por ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo, España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su masa demográfica es tan enorme (casi mil quinientos millones de habitantes) que su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población, China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos que ocupaba ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872...
Poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configurándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a medio plazo, una verdadera ‘rivalidad estratégica’ con Washington. El presidente Barack Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos –en la segunda mitad del siglo XXI–, su hegemonía planetaria.
En esa perspectiva, decidida a rivalizar con Estados Unidos en un sector en el que éstos aparecían como intocables, China acaba de abrir un nuevo frente, esta vez contra el poderío financiero norteamericano. Con la reciente creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) –al que España se adhirió el pasado 14 de abril–, Pekín aporta una nueva prueba de sus ambiciones.
Este Banco quiere rivalizar nada menos que con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, o sea las dos principales instituciones financieras planetarias creadas bajo los auspicios de Washington al final de la Segunda Guerra Mundial en el marco de los Acuerdos de Bretton Woods (1) y controladas desde entonces por Estados Unidos y el campo occidental. El AIIB competirá además con el Banco Asiático de Desarrollo (BASD, por sus siglas en inglés), creado en 1966, y muy controlado por Japón. Por eso, ni Tokio, ni Washington se han adherido –por ahora– al AIIB aunque han fracasado rotundamente en su intento por disuadir a sus principales aliados de hacerlo.
El plazo impuesto por Pekín para ser “miembro fundador” del AIIB se terminaba el pasado 31 de marzo. Y a esa fecha ya se habían adherido unos 57 países, entre ellos los BRICS (Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica), así como algunos de los principales socios de Estados Unidos como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, etc. Lo cual constituye una enorme victoria diplomática de Pekín y un paso más en la vía para imponerse como potencia financiera internacional.
La creación del AIIB es asimismo la consecuencia de las críticas constantes contra el FMI, y que este organismo no ha sabido corregir. En particular en lo que concierne al voto. Como se sabe, para adoptar una decisión importante en el seno del FMI es necesario el 85% de los derechos de voto. Lo cual significa que Estados Unidos (que dispone del 16,74% de los votos) posee en realidad un derecho de veto. La Unión Europea también, si todos sus miembros (que disponen, juntos, de más del 30% de los votos) se unen. Mientras que, por ejemplo, China sólo tiene el 3,81% de los votos, la India el 2,81% y Brasil el 2,50%...
Este sistema tan inequitativo de votación permite que el FMI sea, desde 1945, un ‘agente objetivo’ del capitalismo en su versión ultraliberal, partidario a ultranza de las privatizaciones, de los ‘ajustes estructurales’ (como el que se le impuso a América Latina y África en los años 1980 y 1990, y que se le impone hoy a Grecia), de la desregulación financiera y de la desregulación del trabajo.
Además, bajo el pretexto de “lucha contra la corrupción” y “de promoción de la moralidad financiera”, el Banco Mundial y el FMI (cuyos dos precedentes Directores gerentes fueron Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn...) se niegan a favorecer las inversiones para el desarrollo de las infraestructuras de muchos países emergentes.
En el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) ningún Estado, ni siquiera China, tendrá derecho de veto. Por vez primera, en un proyecto financiero de esta envergadura, las grandes potencias occidentales sólo dispondrán de un papel secundario. Mientras que el papel de los actores regionales será determinante.
El AIIB surge también, en el marco de una arquitectura financiera mundial alternativa, como una pieza que se añade al Banco de Desarrollo de China (creado por Pekín en 1994) y que le acaba de prestar 3.500 millones de dólares a la empresa estatal brasileña Petrobras, muy afectada por la caída de los precios del petróleo y por un enorme escándalo de corrupción (2). Y al Nuevo Banco de Desarrollo BRICS (New Development Bank BRICS, NDB BRICS) (3), creado el 15 de julio de 2014 con ocasión de la VI cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica) que tuvo lugar en Fortaleza (Brasil). La sede del NDB BRICS está –no podía ser de otra manera– en Shanghái (China) y su capital inicial es de 100.000 millones de dólares. Sus principales objetivos son: favorecer una mayor cooperación financiera y fomentar un mejor desarrollo de los Estados emergentes. O sea, los objetivos del Banco Mundial... Otro de sus propósitos, reivindicado por Pekín, es reducir la dependencia de estos Estados con respecto a los bancos crediticios occidentales y al dólar.
La batalla de la moneda es otro aspecto de la ofensiva china por la hegemonía mundial. De tal modo que, por ejemplo, todos los financiamientos realizados por el Banco AIIB este año, unos 50.000 millones de dólares, lo son en yuans chinos. Las reservas de Pekín en divisas extranjeras ascienden a 3,7 billones de dólares... Pero las fluctuaciones del ‘billete verde’ estadounidense y las flaquezas del euro hacen que China desee disponer de su propia divisa, y quiera imponerla como divisa internacional. Más de un millar de bancos en unos 85 países utilizan ya el yuan en sus transferencias. En África, el yuan es, desde hace tiempo, un instrumento fundamental de la política china de inversiones. Nigeria, Ghana, Zimbabue y Sudáfrica, por ejemplo, son algunos de los países que han adoptado el “billete rojo” como moneda de pago internacional y de reserva. El volumen de los intercambios comerciales de Pekín con los países africanos alcanzó, en 2014, unos 200.000 millones de dólares, o sea más del doble de los intercambios de África con Estados Unidos (4).
Con América Latina también se han incrementado de manera espectacular los intercambios comerciales (entre 2000 y 2013, se multiplicaron por 22). En 2013, el volumen comercial total China-América Latina alcanzó los 275.000 millones de dólares. Y se estima que esta cifra se duplicará al finalizar esta década. En los próximos diez años, China invertirá 250.000 millones de dólares en América Latina, anunció el presidente Xi Jinping, en enero pasado en Pekín, durante el primer Foro Ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Las cifras de los créditos chinos a América Latina son menos destacadas, pero también reflejan la inaudita expansión de la potencia financiera asiática y sus intereses prioritarios en petróleo, minerales y productos agrícolas. De 2005 a 2014, esos créditos sumaron 119.000 millones de dólares. Y de ese total, casi la mitad (56 300 millones de dólares) se concedió a Venezuela, que posee las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Le siguen Brasil y Argentina, grandes exportadores de soja, con 22 000 y 19 000 millones de dólares, respectivamente (5).
Desde el inicio del siglo XXI, China viene aumentando sus inversiones directas en el exterior, alcanzando una media de 200.000 millones de dólares al año. Su potencia de fuego inversionista sigue siendo menor que la de Estados Unidos (367.000 millones de dólares en 2012), pero ya le está empezando a morder los talones. Con cierto “pánico estratégico”, Washington ve acercarse la hora en que China se impondrá también como megapotencia financiera.
Notas:
(1) Los Acuerdos de Bretton Woods se firmaron al final de una Conferencia internacional que reunía a los cuarenta y cuatro países aliados y que tuvo lugar en esa ciudad estadounidense de New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944. Ampliamente inspirados por el economista británico John Maynard Keynes, los Acuerdos dibujaron las grandes líneas de lo que sería el Sistema financiero internacional después de la guerra, organizado en torno al dólar; y crearon dos influyentes organismos: el FMI y el Banco Mundial.
(2) Cf. L’Agefi, París, 22 de abril de 2015.
(3) Les Echos, París, 14 de julio de 2014.
(4) Le Monde, París, 15 de abril de 2015. (5) Léase, Mario Osava: “China penetra en América Latina con créditos a países en penurias”, IPS, Roma, abril de 2015.
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jueves, 30 de abril de 2015
Filosofía científica.
Pregunta: ¿Cómo podría definirse una filosofía científica?
Respuesta: Recordemos una propuesta de Jean Piaget: primero, hay filosofías no científicas, como las que se inspiran en la literatura; segundo, existen filosofías anticientíficas, las que objetan teorías demostradas por la ciencia; tercero, hay filosofías científicas porque tienen a la ciencia como motivo constante de reflexión.
La respuesta de Luís Camacho es pobre y poco precisa. Podríamos decir que es poco científica. Las teorías científicas tienen dentro de sus mínimos requisitos el rigor conceptual, y la respuesta del filósofo costarricense no lo es. Y una precisión: Jean Piaget fue un gran psicólogo, no un gran filósofo. Igual ocurre con Einstein. No conozco filosofías que se inspiren en la literatura. No comprendo cómo puede ponerse como opción filosófica algo inexistente. Dentro de los grandes y medianos filósofos de todos los tiempos no hay filósofo alguno que se haya inspirado en la literatura. De todos modos creo que Luís Camacho cae en el error de muchos intelectuales “científicos”: no saben distinguir el saber del saber específico de las ciencias naturales, puesto que cuando Luís Camacho habla de las ciencias se refiere muy especialmente a las ciencias naturales; y dentro de estas muy especialmente a la lógica matemática y a la física. La literatura no es ciencia pero sí es saber. Se pueden conocer muchos aspectos de la vida de los seres humanos por medio de la literatura. Una profunda y extensa elaboración de la concepción del mundo necesita de la literatura. El ser humano no solo es un científico de la naturaleza, es muchísimas cosas más, y entre ellas un escritor de historias humanas. Las ciencias más excelsas, la matemática y la física, no representan toda la diversidad y complejidad de la existencia humana. El ser no puede reducirse a dos o tres de sus modalidades, sino que debe exponerse en toda su diversidad, complejidad y devenir histórico.
Tampoco existen filosofías dedicadas a objetar las teorías científicas. Las teorías idealistas, que tal vez puedan ser consideradas las más alejadas del espíritu científico, puesto que no toman como punto de partida el conocimiento sensible o la experiencia sensible, han tenido la gran virtud, según reconoce el propio Marx en Tesis sobre Feuerbach, de haber desarrollado y comprendido muy profundamente el lado subjetivo de las cosas. Y la lógica matemática y la física en nada sirven para comprender el lado subjetivo de las cosas. La subjetividad debe ser objeto de la ciencia. Y lo es de la psicología y de la sociología. Lo cierto es que los autoproclamados filósofos científicos tienen muy pocos conocimientos de las ciencias sociales e históricas. Recientemente se ha discutido en el foro Filosofía y Pensamiento sobre el determinismo social. Es también un problema científico. Pero el modo en que se estudia y se resuelve teóricamente este problema no es el modo en que la lógica matemática y la física resuelven sus problemas específicos.
Afirmar que la filosofía científica es aquella que tiene a la ciencia como motivo constante de reflexión implica declarar que la filosofía carece de objeto propio. Por el modo en que ha respondido Luís Camacho, subscribiendo lo ha afirmado por Piaget, la filosofía se presenta como un saber que tiene como objeto a otros saberes ya elaborados, de manera que carece de mirada propia sobre la realidad. No me parece un gran acierto afirmar después como él lo hace que hay aspectos específicos de la vida humana que la ciencia no cubre y la filosofía sí, como son los valores y todo lo relacionado con la ética. Creo que el gran objeto de la filosofía es el propio saber, pero no solo el saber lógico matemático y físico sino todas las formas del saber. Como también creo que el objeto fundamental de la filosofía es la contradicción entre el ser y el pensamiento, que hoy día como en tiempos de Aristóteles sigue desgarrando la vida humana.
Cuando a Luís Camacho le preguntan cuál es su ideal de sociedad, formula la siguiente respuesta: “El mejor de los mundos es el que tenga la mayor diversidad de entidades y culturas, con la mínima complejidad de regulaciones”. Quien sepa leer tras las palabras, esto es, quien sepa conectar las palabras de Luís Camacho con el mundo actual, se percatará que el filósofo costarricense es neoliberal. Cualquier pensador mínimamente sensible sabrá que uno de los problemas más graves de los últimos treinta años es la extrema desigualdad social. De manera que el mejor de los mundos posibles será aquel donde haya la menor desigualdad. Otro aspecto del mundo actual es el enorme padecimiento humano que ha generado la crisis financiera desatada en 2008 y cuyo rasgo más criticado ha sido la falta de regulación de los mercados financieros. Y justamente cuando la desregularización financiera ha sido señalada como una de las causas principales del enorme dolor humano que se ha padecido en los últimos siete años, Luís Camacho afirma que el mejor de los mundos es aquel que tenga “la mínima complejidad de regulaciones”. Tras su apariencia neutral de “filósofo científico” ha salido a relucir la piel de los lobos financieros.
Blog del autor: http://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com.es/
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(MB) Movidas en el tablero asiático.
La seguridad regional en Asia del Sur y las regiones adyacentes al oeste y al norte se encuentran en la cúspide de una profunda transformación. En términos generales, hay tres vectores implicados aquí.
Uno, la integración de Irán con la comunidad internacional como un "país normal", un proceso que ya ha comenzado; dos, la entente histórica entre Rusia y China, que se ha consolidado significativamente en el último año, desde que las tendencias nueva guerra fría comenzaron a aparecer; y, tres, un cambio en gran parte desapercibido, pero muy significativo en las prioridades de política exterior de Pakistán, un Estado auténticamente ’fundamental’ en la política del sur de Asia dada su ubicación geográfica muy estratégica en la región del sur de Asia, en términos de la seguridad regional en Asia Central y Asia Occidental.
La visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a Pakistán el lunes 15 de abril en muchos aspectos reúne a los tres vectores. La visita es un evento bilateral de importancia histórica para los vínculos de larga data entre los dos países, que ha añadido mucho contenido estratégico a la relación y la ha elevado a un nivel cualitativamente nuevo.
Sin embargo, China también está jugando a largo plazo en la medida en que Beijing está realmente empezando la aplicación de su iniciativa "Un Cinturón, Un Camino", que es un proyecto global para el inexorable crecimiento de China en el escenario mundial como superpotencia.
Es extraordinario que China está acometiendo inversiones que superan los 40.000 millones de dólares en un solo país, sin inmutarse por la percepción en los círculos financieros occidentales de que Pakistán es un "estado fallido" y una puerta giratoria del terrorismo internacional.
En los años 1980-90 esto se habría prestado como un movimiento diabólico de las autoridades chinas para fortalecer la capacidad de Pakistán para desafiar a la India, un enemigo común. Pero ese no es el caso hoy en día. Los impulsos que impulsan las políticas chinas hacia Pakistán hoy se encuentran en otros lugares.
En primer lugar, la estabilidad de Pakistán ha llegado a ser un motivo de grave preocupación desde la perspectiva de las necesidades de seguridad interna de China, que es atribuible no sólo a la racha en actividades terroristas en Xinjiang por los grupos que se refugian a la región Af-Pak , sino también fuera de las preocupaciones emergentes de China como una de las partes interesadas en la estabilidad regional que es una necesidad imprescindible para avanzar de manera óptima en sus políticas regionales y globales (político-militar, económica y cultural).
El cambio dramático en el pensamiento chino a propósito de las cuestiones de terrorismo en el sur de Asia y la empatía inconfundible de Beijing con las preocupaciones de la India como una víctima del terrorismo dan testimonio de esto. Uno de los diarios de mayor tirada de la India ha publicado una declaración extraordinaria atribuida al jefe de la cancillería china y miembro del think tank Instituto de Estudios del Sur y Sureste de Asia y de Oceanía, Hu Shisheng, en la que se dice que China se encuentra "incómoda diplomáticamente" haber mantenido una "posición neutral" en el ataque terrorista en Mumbai en noviembre de 2011 dado que “China también ha sufrido a causa del terrorismo, y ha sufrido los dobles raseros de EEUU sobre el terrorismo, por lo que no debe comportarse de una manera similar”. En consecuencia, “China abordará las preocupaciones de la India por el terrorismo de una manera más constructiva”.
Por lo tanto, por un lado, China espera contribuir a la estabilización de Pakistán de una manera que los Estados Unidos nunca ha intentado en toda la crónica de su coqueteo con Pakistán como un "aliado extra OTAN" en las últimas décadas - ya sea debido a la escasez de recursos o falta de interés genuino o una vacilación innata para lograr una alianza profunda, mientras que por otro lado, tanto en términos de sus propios intereses y en los intereses más amplios de la seguridad regional, China espera aprovechar su amistad y cooperación con Pakistán para reforzar los recientes cambios en las políticas de Islamabad hacia grupos terroristas.
Si Estados Unidos había estado esperando que podría haber un condominio chino-estadounidense sobre el futuro de Pakistán (algo que los funcionarios y analistas estadounidenses han estado propagando en los últimos años), claramente han estado ladrando al árbol equivocado. China no está mostrando ningún signo de interés por enredarse con lo que pasa por las estrategias regionales de Estados Unidos.
Los proyectos que se espera que se harán público durante la visita de Xi a Pakistán se financian totalmente fuera de riqueza soberana de China. El meollo del asunto es que los futuros historiadores hablarán de la visita de Xi a Islamabad como el principio del fin de la manipulación de América de la política paquistaní, que comenzó hace seis décadas con el golpe militar organizado por Ayub Khan en los principios de 1950.
Como mínimo, China está creando una situación, a sabiendas o no, que obligará a EEUU a negociar mucho más duro, por parte de los otros países, de lo que ha hecho hasta ahora para lograr favores. Es un movimiento táctico por parte de China. Pero entonces, en realidad, el debilitar la influencia estadounidense en Pakistán también es una necesidad estratégica para China dado el cambio de estrategia de Washington hacia el "pivote Asia".
Sin duda, Pakistán (junto con Asia Central e Irán) se convierte en una puerta de entrada para China al mercado mundial y es crucial para Beijing que la capacidad de Washington para bloquear esta puerta de enlace sea "cero". Pakistán es en realidad la única puerta de entrada más importante para China en el paradigma emergente. Podría decirse, que por sí sola podría explicar la extraordinaria medida en que China está haciendo de la estabilización de Pakistán una dimensión en tiempo real a sus propias políticas nacionales de desarrollo.
Las relaciones de China con la región de Asia Central ya están en un gran nivel. A pesar de los intentos de Estados Unidos para crear inquietud en la opinión de Rusia con respecto a la creciente influencia de China en la región de Asia Central, las dos grandes potencias han visto claras las maniobras estadounidenses y han calibrado cuidadosamente sus movimientos de tal manera que, hasta ahora, han logrado un notable grado de armonización de sus respectivas políticas.
China pisa con cuidado para no ser vista como un adversario a la reto presencia dominante de Rusia en la región central, mientras que Moscú considera la contribución de China para el progreso y el desarrollo económico de la región y confía en los líderes de Asia central a apreciar que el liderazgo regional de Rusia es único y es insustituible, tanto históricamente hablando como en un sentido contemporáneo. Lo más importante, China y Rusia comparten una gran desconfianza sobre cualquier proyección del poder estadounidense en Asia Central. Por lo tanto, China y Rusia se han convertido en partes interesadas en la seguridad de la región y la estabilidad de los regímenes allí.
La entente y mutuo entendimiento entre Rusia y China ha alcanzado un nivel muy alto que hace imposible que Washington cree percepciones erróneas o siembre las semillas de la discordia entre las dos grandes potencias. Los "occidentalistas" entre las élites rusas están en retirada y las consideraciones objetivas en las que Rusia se coloca en Eurasia también incitan Moscú para acercarse a Pekín.
Sólo la semana pasada funcionarios del sector energético ruso por primera vez hablaron de un escenario en el que más allá de 2019 Europa tendrá que buscar y asegurar que el gas ruso le llegará desde Grecia, donde a su vez llegará a través del gasoducto a Través de Turquía, mientras que Moscú siempre tiene la alternativa de desviar el "gas europeo" para el mercado de China a través del nuevo gasoducto Altai.
Curiosamente, Moscú también anunció la semana pasada que China es el primer país al que ha suministrado su último sistema S-400, misiles antibalísticos de defensa, que está actualmente en servicio sólo en las fuerzas armadas rusas y está clasificado como el sistema SAM más capaz en la región de Asia-Pacífico.
Para que se entienda: tanto China como Rusia entienden perfectamente bien que está en su interés común contrarrestar las estrategias regionales de Estados Unidos. Tienen muy claro de que la estrategia de contención de EEUU está dirigido a los dos y, por lo tanto, es en de su interés coordinar sus movimientos para derrotar la agenda de Estados Unidos.
Como era de esperar, un nivel de coordinación entre Moscú y Beijing en cuanto a sus políticas regionales hacia Pakistán también es concebible. Los ministros de Defensa de Rusia y Pakistán firmaron un acuerdo en Moscú, dos días antes de la llegada de Xi a Islamabad, que marca el comienzo por primera vez de ejercicios militares entre los dos países dando un significativo paso adelante hacia el "deshielo" de su relación en general.
Sin duda, Rusia puede esperar a sacar provecho de la disminución de la influencia estadounidense en Pakistán. Desde el punto de vista ruso, la cooperación de Pakistán es vital para aumentar sus esfuerzos para prevenir los planes que en el futuro ponga en marcha EEUU para utilizar grupos islamistas violentos como herramienta geopolítica para desestabilizar el norte del Cáucaso y los regímenes de la región de Asia Central. Rusia está reforzando su presencia militar en Asia Central en el marco del establecimiento de bases militares estadounidenses en Afganistán y también ha abierto un canal político con el gobierno de unidad nacional en Kabul. El ministro de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov, recibió al asesor de seguridad nacional afgano, Mohammad Hanif Atmar, en Moscú en febrero.
Tanto Pekín y Moscú han observado con interés las reclamaciones de Pakistán de un cambio fundamental en su enfoque de los grupos terroristas.
Es evidente Pakistán tomó una decisión muy dolorosa al rechazar la solicitud de Arabia Saudita de una ayuda militar para sostener la intervención de los Estados del CCG en Yemen. Es algo que va mucho más allá de una declaración de la política de Pakistán hacia Yemen. Se ha convertido en la prueba de fuego del gobierno ante la opinión pública paquistaní de que es un gobierno representativo elegido democráticamente.
Pero, más allá de todo lo que hay es una señal profundamente significativa en la medida en que también está indicando una falta de interés en ser arrastrado a otra guerra, y una medida de retirada, por lo tanto, de las empresas regionales de Arabia Saudita aunque ello tenga un impacto nocivo en las relaciones de dos países que son todavía aliados.
En pocas palabras, Islamabad también está mostrando renuencia, rozando la falta de interés, en escarceos con una trayectoria política regional que ha llevado en última instancia sólo dolores indecibles y devastación en las últimas décadas, desde la toma de poder comunista en Kabul en 1978 y la Revolución Islámica en Irán al año siguiente, momento en el que comenzó el coqueteo entre Arabia y Pakistán y que se convirtió en una floreciente alianza estratégica bajo el patrocinio estadounidense y todo ello remachado con el señuelo del "yihadismo".
Tanto Rusia y China comprenden que Pakistán está buscando desesperadamente una nueva dirección y los obstáculos son muchos (India tampoco está ayudando). Ambos se dan cuenta de que está en sus propios intereses vitales que la búsqueda de Pakistán de esa nueva dirección se fortalezca y dé frutos para que se vuelva irreversible.
Comparativamente hablando Rusia tiene un carácter de mayor urgencia en ampliar las relaciones con Pakistán, dado que la alianza entre EEUU y Pakiskistán que se ha mantenido durante décadas parece tener un final a la vista. Y ello tiene lugar precisamente en un momento en que las estrategias chinas hacia Pakistán están superando sus dimensiones bilaterales (o regionales) tradicionales y comenzando a asumir un carácter global.
De manera significativa, tanto Rusia como China (y Pakistán, también) están también actualmente reestructurando sus políticas hacia Irán al tiempo que la integración de ese país en la comunidad internacional se pone en marcha. Ha habido varios intercambios de alto nivel entre Moscú y Teherán antes de que se llegase al preacuerdo entre Teherán y las "potencias mundiales" en el tema nuclear.
Muchas de las nuevas propuestas han surgido últimamente en la dirección de añadir un contenido estratégico para relación ruso-iraní -regreso de las compañías petroleras rusas a Irán, construcción de plantas de energía nuclear de fabricación rusa en Irán, la Fase II de la planta de Bushehr, el trueque del acuerdo por valor de 20.000 millones de dólares en virtud del cual Rusia recibiría medio millón de barriles de petróleo iraní por día a cambio del suministro de diversos productos y así sucesivamente.
Para colmo, el presidente Vladimir Putin levantó el veto a la venta del sistema de defensa de misiles S-300 a Irán. Evidentemente, Rusia espera establecer una presencia clave en Irán en la cuestión energética y la esfera militar. Pero la dimensión estratégica es que Rusia está animando a Irán a preservar sus políticas exteriores independientes y "autonomía estratégica" y está desafiando las aspiraciones de Occidente para transformar a Irán en una ciudadela de los intereses occidentales, algo similar a lo que solía ser hasta la Revolución Islámica de 1979 cuando ^con el impulso de Jomeini] Irán reescribió la política regional y la historia actual en esa región.
Una vez más, hay suficiente evidencia de que Rusia y China podrían coordinando sus enfoques hacia la Nueva Irán. El Wall Street Journal informó la semana pasada que China podría estar dispuesta a emprender la construcción de un gasoducto Irán-Pakistán. Mientras tanto, Xi está planeando una visita pionera a Irán muy pronto. La visita de Putin también está pendiente. ¿Van a vencer a Obama en Teherán? Podrían.
En suma, tiene sentido que Rusia y China esperen incluir a Irán y Pakistán en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) como miembros de pleno derecho en un futuro muy próximo. La incluisión de estas dos potencias regionales estratégicamente colocadas haría que la OCS saliese de las estepas de Asia Central a las cálidas aguas del Océano Índico y el Golfo Pérsico y asumiese una nueva identidad como el proveedor de seguridad para un amplio arco de países.
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1989
Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés
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