miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las maquiladoras en LA.


Rebelion. Una nueva forma de esclavitud

Las maquilas en Latinoamérica
Una nueva forma de esclavitud



«Por una camisa marca GAP un consumidor canadiense paga 34 dólares, mientras en El Salvador una obrera gana 27 centavos de dólar por confeccionarla en una planta maquiladora.»
Organización Internacional del Trabajo


Permítasenos comenzar con esta cita escuchada a dos obreras de maquila en El Salvador (Centroamérica): "Con estas condiciones de trabajo parece que volvemos al tiempo de la esclavitud", afirma una de ellas, respondiendo la otra: "¿Volvemos? Pero… ¿cuándo nos habíamos ido?".

Entre los años 60 y 70 del siglo pasado comienza el proceso de traslado de parte de la industria de ensamblaje desde Estados Unidos hacia América Latina. Para los 90, con el gran impulso a la liberalización del comercio internacional y la absoluta globalización de la economía, el fenómeno ya se había expandido por todo el mundo, siendo el capital invertido no sólo estadounidense sino también europeo y japonés. En Latinoamérica, esas industrias son actual y comúnmente conocidas como "maquilas" (maquila es un término que procede del árabe y significa "porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda, con lo que se describe un sistema de moler el trigo en molino ajeno, pagando al molinero con parte de la harina obtenida"). Esta noción de maquila que se ha venido imponiendo desde algunos años invariablemente se asocia a precariedad laboral, falta de libertad sindical y de negociación, salarios de hambre, largas y agotadoras jornadas de trabajo y –nota muy importante– primacía de la contratación de mujeres. Esto último, por cuanto la cultura machista dominante permite explotar más aún a las mujeres, a quienes se paga menos por igual trabajo que los varones, y a quienes se manipula y atemoriza con mayor facilidad (un embarazo, por ejemplo, puede ser motivo de despido).

Estas industrias, en realidad, no representan ningún beneficio para los países donde se instalan. Lo son, en todo caso, para los capitales que las impulsan, en tanto se favorecen de las ventajas ofrecidas por los países receptores (mano de obra barata y no sindicalizada, exención de impuestos, falta de controles medioambientales). En los países que las reciben, nada queda. A lo que debe agregarse que es tan grande la pobreza general, tan precarias las condiciones de vida de estos países, que la llegada de estas iniciativas más que verse como un atentado a la soberanía, como una agresión artera a derechos mínimos, se vive como un logro: para los trabajadores, porque es una fuente de trabajo, aunque precaria, pero fuente de trabajo al fin. Y para los gobiernos, porque representan válvulas de escape a las ollas de presión que resultan sociedades cada vez más empobrecidas y donde la conflictividad crece y está siempre a punto de estallar. Dato curioso (u observación patética): algunas décadas atrás en la región se pedía la salida de capitales extranjeros y era ya todo un símbolo la quema de una bandera estadounidense; hoy, la llegada de una maquila se festeja como un elemento "modernizador".

La relocalización (eufemismo en boga por decir "ubicación en lugares más convenientes para los capitales") de la actividad productiva transnacional es un fenómeno mundial y se ha efectuado desde Estados Unidos hacia México, América Central y Asia, pero también desde Taiwán, Japón y Corea del Sur hacia el sudeste asiático y hacia Latinoamérica, con miras a abastecer al mercado estadounidense, en principio, y luego el mercado global, tal como va siendo la tendencia sin marcha atrás del capitalismo actual. En el caso de Europa, las empresas italianas, alemanas y francesas primero trasladaron sus actividades productivas hacia los países de menores salarios como Grecia, Turquía y Portugal, y luego de la caída del muro de Berlín a Europa del Este. Actualmente se han instalado también en América Latina y en el África.

Las empresas maquiladoras inician, terminan o contribuyen de alguna forma en la elaboración de un producto destinado a la exportación, ubicándose en las "zonas francas" o "zonas procesadoras de exportación", enclaves que quedan prácticamente por fuera de cualquier control. En general no producen la totalidad de la mercadería final; son sólo un punto de la cadena aportando, fundamentalmente, la mano de obra creadora en condiciones de super explotación laboral. Siempre dependen integralmente del exterior, tanto en la provisión de insumos básicos, tecnologías y patentes, así como del mercado que habrá de absorber su producto terminado. Son, sin ninguna duda, la expresión más genuina de lo que puede significar "globalización": con materias primas de un país (por ejemplo: petróleo de Irak), tecnologías de otro (Estados Unidos), mano de obra barata de otro más (la maquila en, por ejemplo, Indonesia), se elaboran juguetes destinados al mercado europeo; es decir que las distancias desaparecen y el mundo se homogeniza, se interconecta. Ahora bien: las ganancias producidas por la venta de esos juguetes, por supuesto que no se globalizan, sino que quedan en la casa matriz de la empresa multinacional que vende sus mercancías por todo el mundo, digamos en Estados Unidos.

En el subcontinente latinoamericano, dada la pobreza estructural y la desindustrialización histórica, más aún con el auge neoliberal que ha barrido esta región estas tres últimas décadas, los gobiernos y muchos sectores de la sociedad civil claman a gritos por su instalación con el supuesto de que así llega inversión, se genera ocupación y la economía nacional crece. Lamentablemente, nada de ello sucede.

En realidad las empresas transnacionales buscan rebajar al máximo los costos de producción trasladando algunas actividades de los países industrializados a los países periféricos con bajos salarios, sobre todo en aquellas ramas en las que se requiere un uso intensivo de mano de obra (textil, montaje de productos eléctricos y electrónicos, de juguetes, de muebles). Si esas condiciones de acogida cambian, inmediatamente las empresas levantan vuelo sin que nada las ate al sitio donde circunstancialmente estaban desarrollando operaciones. Qué quede tras su partida, no les importa. En definitiva: su llegada no se inscribe –ni remotamente– en un proyecto de industrialización, de modernización productiva, más allá de un engañoso discurso que las pueda presentar como tal.

Toda esta reestructuración empresarial se produce en medio de no pocos conflictos sociales en los países del Norte, pues cientos de fábricas cierran y dejan desocupados a miles de trabajadores. Por ejemplo, en la década del 90 del pasado siglo más de 900.000 empleos se perdieron en Estados Unidos en la rama textil y 200.000 en el sector electrónico. El proceso continúa aceleradamente, y hoy día las grandes transnacionales buscan maquilar prácticamente todo en el Sur, incluso ya no sólo bienes industriales sino también partes de los negocios de servicios. De ahí que, para sorpresa de nosotros, latinoamericanos, se vea un crecimiento exponencial de los llamados call centers en nuestros países: super explotación de la mano de obra local calificada que domina el idioma inglés, siempre jóvenes. En definitiva: otra maquila más.

Todo esto permite ver que en el capitalismo actual, llamado eufemísticamente "neoliberal" (capitalismo salvaje, sin anestesia, para ser más precisos), las grandes corporaciones actúan con una visión global: no les preocupa ya el mercado interno de los países donde nacieron y crecieron, sino que pueden cerrar operaciones allí despidiendo infinidad de trabajadores –que, obviamente, ya no serán compradores de sus productos en ese mercado local– pues trasladan las maquilas a lugares más baratos pensando en un mercado ampliado de extensión mundial: venden menos, o no venden, en su país de origen, porque sus asalariados ya no tienen poder de compra, pero venden en un mercado global, habiendo producido a precios infinitamente más bajos.

El fenómeno parece no detenerse sino, al contrario, acrecentarse. La firma de tratados comerciales como los actuales TLC’s (Tratado de Libre Comercio) entre Washington y determinados países latinoamericanos, no son sino el escenario donde toda la región apunta a convertirse en una gran maquila. Las consecuencias son más que previsibles, y por supuesto no son las mejores para Latinoamérica: en el trazado del mapa geoestratégico de las potencias, y fundamentalmente de los capitales representados por la Casa Blanca, nuestros países quedan como agro-exportadores netos (productos agrícolas primarios, recursos minerales, agua dulce, biodiversidad) y facilitadores de mano de obra semi-esclava para las maquilas.

En alguna medida, y salvando las distancias de la comparación, China también apuesta a la recepción de capitales extranjeros ofreciendo mano de obra barata y disciplinada; en otros términos: una gigantesca maquila. La diferencia, sin embargo, está en que ahí existe un Estado que regula la vida del país (con características de control fascista a veces), ofreciendo políticas en beneficio de su población y con proyectos de nación a futuro. No entraremos a considerar ese complejo engendro de un "socialismo de mercado", pero sin dudas toda esta re-ingeniería humana desarrollada por el Partido Comunista ha llevado a China a ser la segunda potencia económica mundial en la actualidad, y ahora se habla de comenzar a volcar esos beneficios a favor de las grandes mayorías paupérrimas. Por el contrario, las maquilas latinoamericanas no han dejado ningún beneficio hasta la fecha para las poblaciones; en todo caso, fomentan la ideología de la dependencia y la sumisión. Eso es el capitalismo en su versión globalizada, por lo que sólo resta decir que la lucha popular, aunque hoy día bastante debilitada, por supuesto que continúa.

Fuente: http://www.argenpress.info/2012/12/las-maquilas-en-latinoamerica-una-nueva.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter

Los acuerdos de inversión.


Frei Betto.


Rebelion. Nubes en el horizonte neoliberal
Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2012

Nubes en el horizonte neoliberal

Alainet


Pasé un agradable fin de semana de noviembre en compañía de Buenaventura de Sousa Santos y de otros amigos. En su fecunda reflexión el cientista social portugués señaló las cargadas nubes que pesan sobre la coyuntura mundial.

Hay una flagrante desconstrucción de la democracia. Desde el siglo 16 Europa tiene su historia manchada de sangre, debido a la incidencia de guerras. En los últimos 50 años, sin embargo, creyó haber conquistado la paz estable debido a la democracia fundada sobre los derechos económicos y sociales.

De hecho tales conquistas funcionaron como antídoto a la amenaza representada por el socialismo que se extendía por la mitad del este del continente europeo. Con la caída del muro de Berlín el capitalismo rompió la fantasía y mostró su cara diabólica (etimológicamente, disgregadora).

Los derechos sociales pasaron a ser eliminados, y los países antes administrados por políticos democráticamente elegidos pasaron a ser gobernados ahora por la troika FMI-BCE (Banco Central Europeo)-agencias de riesgo estadounidenses.

Ningún dirigente de esas instituciones fue elegido democráticamente. ¿Y qué credibilidad pueden tener las agencias de riesgo si en la víspera de la quiebra del banco Lehman Brothers, el 15 de setiembre del 2008, las agencias atribuyeron a sus papeles la nota más alta: triple A?

Hoy el único espacio todavía no controlado es la calle. E incluso se está dando una creciente criminalización de las manifestaciones populares. La tv exhibe todos los días multitudes inconformes reprimidas violentamente por la policía.

El pueblo de ambos lados del Mediterráneo protesta. Pero las movilizaciones tienen un efecto limitado. La indignación no acaba en propuestas. El grito no se transforma en proyecto. Wall Street (la calle del muro) es ocupada pero no derribada, como pasó con el muro de Berlín. No se ven en el horizonte “otros mundos posibles”.

El bienestar que se trata de asegurar hoy es el del mercado financiero. El Estado dejó de ser financiado solamente por los impuestos pagados por empresas y ciudadanos. Antes los más ricos pagaban más impuestos (en los países nórdicos todavía hoy llegan al 75 % de las ganancias), de modo que se distribuía la riqueza a través de los servicios ofrecidos por el Estado a la población.

A partir del momento en que la élite comenzó a exigir un Estado mínimo y pagar cada vez menos impuestos (como lo hemos visto propuesto en la campaña presidencial de los EE.UU.), los Estados empezaron a ver aumentadas sus deudas y se apoyaron en los bancos, que, hartos de liquidez, prestaban a intereses reducidos. De tal modo muchos países se convirtieron en rehenes de los bancos.

Un caso típico es la relación de Alemania con sus pares de la Unión Europea. Los bancos alemanes prestaron dinero a España, para que ésta adquiriese productos alemanes. Ahora Alemania es acreedora de la mitad de Europa.

Eso propaga una nueva oleada de antigermanismo en el continente europeo. En el siglo 20 dos veces intentó Alemania dominar Europa, lo que terminó en dos grandes guerras, en las cuales fue derrotada. Ahora, sin embargo, ella amenaza conseguirlo por medio de la guerra económica. Y una vez más la piedra en el zapato es la Francia de Hollande que, contrariando todas las expectativas, escapó este año de la marea recesiva que asola a Europa. Los países de América Latina y de África resisten la crisis a través de la explotación y exportación de la naturaleza –minería, productos agrícolas, combustibles fósiles, etc. Sin embargo quien fija el precio de los bienes son los EE.UU., China y Europa. Cada vez pagan menos dinero por un mayor volumen de mercancías. El mercado futuro ya fijó los precios de las cosechas ¡para el año 2016! Tal especulación hizo subir, en los últimos años, el número de hambrientos crónicos, ¡de 800 a 1.200 millones!

Aumenta amenazadoramente el precio de mercado de los dos principales bienes de la naturaleza: la tierra y el agua. Las empresas transnacionales invierten sumas enormes en la compra de tierra y en los veneros de agua potable en América Latina, Asia y África. Nuestros países se desnacionalizan por la desapropiación de nuestros territorios. Es un acaparamiento desenfrenado. Lo curioso es que las tierras son adquiridas con los habitantes que se encuentran en ellas… como que fueran parte del paisaje.

Hay una progresiva desmaterialización del trabajo. La actividad humana cede el lugar a la robotización. En los sectores en que no hay robotización campean la tercerización y el trabajo esclavo, como la mano de obra boliviana y asiática usada en las maquilas brasileñas.

Ya no se da distinción entre trabajo pagado y no pagado. ¿Quién paga el trabajo que usted hace vía equipamientos electrónicos al dejar el lugar físico en que está empleado? Antes se luchaba por la remuneración de horas extras y del tiempo empleado entre el local de trabajo y la vivienda. Hoy, mediante el ordenador, el trabajo invade el hogar y ahoga el espacio familiar. La relación de las personas con la máquina tiende a eliminar el contacto con los compañeros. Lo real cede el lugar a lo virtual. Se suprime la frontera entre domicilio y trabajo.

El conocimiento está mercantilizado. En las universidades tiene importancia la investigación capaz de producir patentes con valor comercial. El conocimiento es valorado por su valor de mercado, como sucede en las áreas de biología e ingeniería genética. El profesor encerrado en su laboratorio no está preocupado por el avance de la ciencia sino por su cuenta bancaria, que debe ser aumentada por la empresa que le encarga la investigación.

Esa mercantilización del conocimiento reduce, en las universidades, los departamentos considerados no productivos, como los de las ciencias humanas. De ese modo se decreta el fin del pensamiento crítico. Y de paso el fin del conocimiento científico inventivo, el que nace de la curiosidad por desvelar los misterios de la naturaleza, y no de su manipulación lucrativa, como es el caso de los transgénicos.

La esperanza está en las calles, en la movilización organizada de todos los que, con la mirada en las nubes, son capaces de evitar la borrasca a fin de transformar la esperanza en proyectos viables.

Frei Betto es escritor, autor de “Conversación sobre la fe y la ciencia”, junto con Marcelo Gleiser.
www.freibetto.org twitter:@freibetto.

Traducción de J.L.Burguet

Fuente: http://alainet.org/active/60094


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter

martes, 4 de diciembre de 2012

El gran juego.


UNASUR 2.


Rebelion. Sombras sobre Unasur

Sombras sobre Unasur

Alainet


La VI Cumbre de Unasur en Lima resultó “un retroceso”, dice el Clarín de Argentina. Se excusaron cuatro jefes de Estado que han sido sus más entusiastas impulsores: Dilma Rousseff de Brasil, Cristina Fernández de Argentina, Evo Morales de Bolivia y Hugo Chávez de Venezuela. Llegó tarde el presidente Correa. Pero lo central fue lo poco trascendente de sus acuerdos. Un detalle: la Declaración Final no se hizo oficial y se limitó a un informe del presidente Humala.

Fue positivo facilitar la residencia en cualquier país sudamericano a los nacionales de los países del subcontinente (avance en crear la ciudadanía sudamericana), el anuncio de 31 proyectos de integración física (varios en curso), del Consejo de Seguridad Ciudadana y contra la delincuencia, del Instituto de Gobierno de Salud y la aprobación de los estatutos del Centro de Estudios Estratégicos de Defensa. Pero los problemas de fondo de Unasur rebasan este estrecho ámbito y están estancados.

Dos problemas fronterizos engrosaron los problemas de Unasur. El de Colombia con Nicaragua, con reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que Colombia desconoce. Lo que se agrava con su retiro del Pacto de Bogotá que compromete a los Estados sudamericanos a la solución pacífica de diferencias y acepta a la CIJ de La Haya como máximo instrumento para la resolución de diferendos.

Santos, además, ha pedido apoyo a su posición en Unasur, lo que difícilmente apoyaría Venezuela, firme aliada de Nicaragua, además que ello desestabilizaría el acatamiento al próximo fallo de la CIJ de La Haya respecto al diferendo limítrofe marítimo entre Chile y Perú. Este diferendo fronterizo también calienta las relaciones en Unasur dadas las agresivas declaraciones de ex presidentes chilenos poniendo en tela de juicio a la CIJ y casi amenazándola. Además está latente el reclamo de Bolivia a Chile de una salida soberana al mar, perdida en la Guerra del Pacífico.

La situación paraguaya, luego del golpe blanco contra el presidente Lugo por la derecha, sigue sin encontrar salida. Unasur decidió suspender la participación de Paraguay hasta que se garantice una salida democrática y transparente, pero el régimen paraguayo parece decidido a no permitir una misión de observación del próximo proceso electoral. La situación está estancada.

Hay otros problemas fundamentales estancados: la implementación del Banco del Sur, el desarrollo de un fondo de manejo de reservas o el establecimiento de facilidades para el comercio en moneda nacional entre los países, camino a una moneda sudamericana, o el Consejo de Defensa Sudamericano soberano, sin dependencia de EEUU.

Hay serias diferencias respecto a proteger y defender, o no, los mercados internos frente a los intentos de penetración y especulación de capitales de las grandes potencias en crisis, como lo plantean claramente los países del Mercosur. Chile, Perú y Colombia no lo hacen y promueven más bien los TLC y la apertura. Un tema que promueve el desgranamiento de la Comunidad Andina y atrae a Venezuela, Bolivia y Ecuador al Mercosur. Este 6 de diciembre, Bolivia se incorporaría al Mercosur y Ecuador estaría cerca de similar decisión. Ello haría de este espacio uno de mayor dinamismo que Unasur y marcaría el fin de la CAN.

Finalmente, la VI Cumbre resintió el enfriamiento de las relaciones de Brasil con el Perú ante la decisión de comprar aviones coreanos en lugar de los Tucanos brasileños, la negativa a ampliar el plazo a Petrobrás para la exploración y certificación de reservas del lote 58 de Camisea (que llevaría a un arbitraje internacional) y los problemas en implementar el Gasoducto del Sur ante el planteo de Humala de ir por la vía del “gasoducto virtual”. Estos asuntos, además del juego peruano de facilitar la reactivación del TIAR con los EEUU versus el Consejo de Defensa de Unasur, explicarían la ausencia de Dilma de la VI Cumbre.

La impresión brasileña y de otros países sería que el Perú ha virado a privilegiar la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile con EEUU) frente a Unasur. En este marco, el convertir Mercosur en el polo aglutinador iría cobrando peso mientras la presidencia pro témpore de Humala en Unasur se difumina, sin pena ni gloria.

Fuente: http://alainet.org/active/60057


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter

lunes, 3 de diciembre de 2012

Unasur 1


Rebelion. Unasur renueva esfuerzos para consolidar a Suramérica como zona de paz

Unasur renueva esfuerzos para consolidar a Suramérica como zona de paz

AVN


Suramérica reafirmó este viernes su carácter pacífico en la VI Reunión de Jefas y Jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), realizada este viernes en Lima, Perú.

Presidentes y representantes de los estados miembros se reunieron hasta pasadas las 2:00 de la tarde (hora local Lima) para abordar diversos temas que derivaron en 16 decisiones que deben comenzar a motorizarse desde ya, según se acordó en la plenaria realizada el Swissotel, en San Isidro, un distrito de la capital peruana.

Una de las decisiones fue consolidar lo que ya es un hecho: Suramérica es una zona de paz. Sin embargo, debe afianzarse tanto la agenda para desarrollar una doctrina de defensa común como la instalación de un organismo de resolución de conflictos.

Los mandatarios de Uruguay, José Mujica; de Colombia, Juan Manuel Santos; de Ecuador, Rafael Correa; de Chile, Sebastián Piñera; de Surinam, Dési Bouterse; de Guyana, Ronald Ramotar, y de Perú, Ollanta Humala, asistieron a la cumbre y se retiraron con el compromiso de supervisar y motorizar los temas pendientes.

Igual tarea le corresponde a los mandatarios Hugo Chávez, de Venezuela, y Cristina Fernández, de Argentina, quienes no acudieron a la cita por motivos de salud. Tampoco asistieron, por cuestiones de agenda, los mandatarios de Brasil, Dilma Rousseff, y de Bolivia, Evo Morales.

Al terminar el encuentro, el presidente Humala, quien ejerce la Presidencia Pro Témpore de Unasur, leyó ante medios de comunicación del mundo la declaración final de la Cumbre.

El texto expone las 16 decisiones tomadas por los mandatarios, entre las que destaca "el énfasis al fortalecimiento y la defensa colectiva de la democracia y la vigencia de sus instituciones". Esto en relación al caso Paraguay, cuya situación fue presentada a los jefes de Estado en un informe desarrollado por una comisión de alto nivel que ha sugerido enviar una misión de acompañamiento al proceso de elecciones que se efectuará en ese país en abril del año 2013.

En representación de Unasur, Humala dijo que espera que tras este proceso electoral, Paraguay pueda reincorporarse a la Comunidad Suramericana de Naciones.

Igualmente, anunció que la organización regional aprobará un plan estratégico 2012-2022, que comprende avances en diversos sectores, como la creación de una red de escuelas de salud pública, un centro de estudio estratégico para la defensa, un consejo sudamericano para la seguridad ciudadana y planes estratégicos en infraestructura, con la ejecución de 31 proyectos de instalación de medios de transporte y construcción de vías.

En la Cumbre también se felicitó a Hugo Chávez por la contundente elección el pasado 07 de octubre de 2012, que lo ratifica como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el período constitucional 2013-2019.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter

domingo, 2 de diciembre de 2012

Colombia ¿paz a la vista?


Rebelion. ¿Paz en Colombia?

¿Paz en Colombia?

Le Monde Diplomatique


Se respira otro aire en las calles y plazas de Bogotá. Un aire perfumado de esperanzas, y ya no aquel –plomizo, infausto, medroso– de la violencia eterna y del conflicto interminable. La guerra en Colombia es una de las más viejas del mundo (1), comenzó (o se intensificó) cuando la oligarquía asesinó, el 9 de abril de 1948, a Jorge Eliécer Gaitán, un líder social inmensamente popular que reclamaba justicia social, incluyendo reforma del sistema financiero y reforma agraria (2). Desde entonces, el número de víctimas mortales se calcula en centenares de miles (3)… Hoy, en un subcontinente ampliamente pacificado, este conflicto –la última guerra de guerrillas de América Latina– aparece como un vestigio de otra época.

Viajando por el país y conversando con diplomáticos, intelectuales, ­trabajadores sociales, periodistas, académicos o moradores de barriadas humildes se deduce que, esta vez, la cosa va en serio. Algo parece moverse de verdad desde que el presidente Juan Manuel Santos anunció públicamente, a principios de septiembre pasado, que el gobierno y la insurgencia iniciarían negociaciones de paz (4). Primero en Oslo y luego en La Habana, con el apoyo de los gobiernos de Cuba y Noruega como “garantes”, y de los gobiernos de Venezuela y Chile como “acompañantes”. Los ciudadanos están creyendo en el proceso; sienten que se ha llegado a una configuración interna y externa que autoriza –con prudencia– a soñar. ¿Y si la paz fuese por fin posible?

En 65 años de guerra, no es la primera vez que autoridades e insurgentes se sientan a negociar. Porque este conflicto ha tenido muchas fases. Después del asesinato de Gaitán, se desencadenó una verdadera guerra civil –“la Violencia”– que causó decenas de miles de muertos. Para defender a los campesinos y a las clases medias, surgen entonces ejércitos guerrilleros de estricta estirpe liberal (Gaitán era el líder del Partido Liberal), el más grande de ellos en los Llanos Orientales. Apoyándose en las Fuerzas Armadas asesoradas por Estados Unidos, la oligarquía conservadora lanza una verdadera ola de terror y represión. Los grupos armados liberales abandonan las armas y se reincorporan a la vida política. No lo hacen pequeñas facciones armadas focalizadas en departamentos como Tolima, Huila y Cundinamarca, algunas de las cuales, con el paso de los años, se hacen comunistas, y, en 1964, fundan, bajo la dirección de Manuel Marulanda “Tirofijo”, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Un año más tarde, en 1965, bajo la influencia de la revolución cubana se crea el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla en las filas de la cual muere Camilo Torres, cura guerrillero devenido, para los cristianos progresistas, símbolo del compromiso de la Iglesia con los pobres. Al ELN, pertenecerá también el sacerdote español Manuel Pérez. Otra fuerza guerrillera nace en 1965, el Ejército Popular de Liberación (EPL), brazo armado del Partido Comunista-Marxista Leninista PC(ML), maoísta, dirigido por Pedro Vásquez Rendón y Pedro León Arboleda.

En 1973, aparece una nueva organización guerrillera, el Movimiento 19 de Abril (M-19). Expresión de protesta de una parte de las clases medias urbanas contra el fraude que privó al general Gustavo Rojas Pinilla de su victoria en las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970. Un grupo armado que, con el paso de los años, se irá radicalizando políticamente.

También emerge, en la década de 1980, el “tercer actor” (además de las Fuerzas Armadas gubernamentales y las guerrillas): los paramilitares, financiados por los grandes terratenientes y entrenados por el Ejército, cuya finalidad es aterrorizar, mediante salvajadas y atrocidades, a las bases sociales campesinas de las guerrillas. Hay que añadir, en esa época, al “cuarto actor”: los narcotraficantes (5) que poseen sus propias bandas armadas, compran la complicidad de los paramilitares y pagan “impuestos” a los insurgentes.

Este era, en síntesis, el cuadro del conflicto colombiano hasta los años 1980. Con un elemento social complementario constituido por los millones de campesinos empujados, a causa del nivel de violencia en el campo, al éxodo rural. Y que vinieron a hacinarse en barriadas autoconstruidas de la periferia de las grandes ciudades (6). En particular en torno a la capital Bogotá, cuya área metropolitana tiene hoy cerca de 9 millones de habitantes, o sea más del 20% de la población del país...

¿Qué ha ido cambiando en las últimas tres décadas? Hubo varias tentativas de acabar con la guerra. El presidente conservador Belisario Betancourt consiguió establecer, en 1984, un acuerdo de “cese el fuego” con las FARC y el M-19. Comprometiéndose a hacer reformas y a facilitar la incorporación de los guerrilleros a la vida política. Las FARC crean entonces el movimiento Unión Patriótica (UP) que participa en las elecciones de 1986 y ­obtiene 6 escaños en el Senado, 23 diputados y más de 300 consejeros municipales. Pero este éxito electoral desencadena una ola de atentados y de asesinatos contra los miembros de la UP. En poco tiempo, más de 3 000 cuadros y dirigentes de esa formación son exterminados… Lo cual produce un profundo traumatismo en el seno de las FARC que relanzan con mayor intensidad la lucha armada. En cambio, el M-19 abandona las armas en 1989 y se integra a la acción política civil.

En 1998, el presidente Andrés Pastrana da un golpe de teatro y se entrevista con Manuel Marulanda, reinicia las negociaciones con las FARC y, a pesar de las fuertes críticas en el seno de su propio bando, desmilitariza una zona rural en la región del Caguán para facilitar los contactos con la insurgencia. Hace lo mismo con el ELN. Pero los paramilitares sabotean, una vez más, estos esfuerzos, multiplicando las matanzas de campesinos. Las FARC tampoco juegan el juego y retoman la lucha (7). Despechado y defraudado, el gobierno firma un acuerdo militar con Estados Unidos para poner en marcha el “Plan Colombia” con el propósito de derrotar militarmente a las guerrillas. Después de la elección de Álvaro Uribe en 2002, esta apuesta por una opción exclusivamente militar se refuerza. Las ofensivas del ejército redoblan en intensidad con armamento sofisticado procurado por Washington. Varios líderes de las FARC (Raúl Reyes, Alonso Cano, José Briceño “Mono Jojoy”) son abatidos (8).

¿Por qué el nuevo presidente Juan Manuel Santos, electo en agosto de 2010, que fue un implacable ministro de Defensa contra las guerrillas en la era Uribe, ha optado por la negociación? (9). Porque esta vez, dice él, “los planetas están alineados”. O sea, la coyuntura nacional e internacional no puede ser más propicia.

En primer lugar, las FARC ya no son lo que eran. Obviamente siguen siendo la guerrilla más formidable de América Latina, con sus cerca de 20.000 combatientes que operan en decenas de frentes. Y es asimismo el único ejército guerrillero que no ha sido vencido militarmente en América Latina. Pero la vigilancia por satélite y el uso masivo de drones militares permiten ahora a las Fuerzas Armadas ­gubernamentales controlar sus comunicaciones y sus desplazamientos. La selva, en la que las FARC hallaban refugio, se ha convertido en una jungla de cristal transparente donde la supervivencia resulta cada vez más aleatoria. Por otra parte, la decapitación sucesiva de su cúpula dirigente (mediante el uso de la técnica israelí del “asesinato selectivo”) complica la reorganización de la guerrilla.

Además, algunos métodos odiosos de lucha usados por las FARC (secuestros, ejecuciones de prisioneros, atentados ciegos) han causado rechazo por una parte importante de la sociedad civil (10). Las FARC no están vencidas ni mucho menos, y podrían probablemente proseguir el conflicto durante años. Pero lo seguro es que se hallan en la incapacidad de vencer. La perspectiva de una victoria militar ha desaparecido. Y eso lo modifica todo. La negociación de paz, si desembocase en un acuerdo digno, les permitiría salir con la frente alta, decirle adiós a las armas e incorporarse a la vida política.

Pero si el presidente Santos decidió, ante la sorpresa general, abrir unas negociaciones de paz con la insurgencia no fue sólo porque las FARC se encuentren disminuidas militarmente (11). Es también porque la oligarquía latifundista que, desde hace 65 años, se opone a una reforma agraria en Colombia (este país es prácticamente el único en América Latina que, por la cerrazón de los terratenientes, no ha rea­lizado una redistribución de tierras) ya no tiene el poder dominante que tenía. En los últimos decenios se ha consolidado una nueva oligarquía urbana mucho más poderosa e influyente que la oligarquía rural.

Durante los años más terribles de la guerra, las grandes aglomeraciones quedaron aisladas del campo. Era imposible circular por tierra de una localidad a otra y la “Colombia útil” se convirtió en una suerte de “archipiélago de ciudades”. Estas metrópolis, en las que se acumulaban los millones de personas que huían del conflicto, desa­rrollaron su propia economía cada vez más pujante (industria, servicios, finanzas, importación-exportación, etc.). Hoy es ella la que domina el país y a la que, en cierta medida, representa Juan Manuel Santos. Igual que Álvaro Uribe representa a los grandes terratenientes que se oponen al proceso de paz.

A la oligarquía urbana, la paz le interesa por razones económicas. Primero, el coste de la paz, o sea una –probablemente modesta– reforma agraria, lo asumirían los latifundistas, no ella. Su interés no está en el suelo, sino en el subsuelo. Porque, en el contexto internacional actual, la pacificación le permitiría explotar los inmensos recursos mineros de Colombia de los que la insaciable China sigue sedienta. Por otra parte, el empresariado urbano estima que, en caso de paz, los excesivos presupuestos militares podrían consagrarse a reducir las desigualdades que siguen siendo abismales. Los empresarios constatan que Colombia va hacia los 50 millones de habitantes. Lo cual constituye una masa crítica importante, en términos de consumo, a condición de que el poder adquisitivo medio aumente. En ese sentido, observan que las políticas de redistribución que se están llevando a cabo en varios países de América Latina (Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, etc.) han reactivado la producción nacional y favorecido la expansión de las empresas locales.

A todas estas razones, se añade otro aspecto regional. América Latina está viviendo un gran momento de integración con la reciente creación de la UNASUR (Unión de las Naciones del Sur) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en las que Colombia representa un papel importante. Frente a esta dinámica, la guerra es un anacronismo, como lo ha denunciado repetidas veces el presidente Hugo Chávez de Venezuela. Las FARC lo saben. La hora de que callen las armas ha llegado. Además, la realidad actual de América Latina demuestra que, a pesar de los obstáculos, la conquista del poder por la vía pacífica y política es posible para una organización progresista. Ha quedado demostrado en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Uruguay, Brasil, etc.

Muchos peligros acechan aún. Los adversarios de la paz (halcones del Pentágono, ultras de las Fuerzas Armadas, terratenientes, paramilitares) tratarán de sabotear el proceso (12). Pero todo parece indicar, mientras continúan las negociaciones en La Habana, que el desenlace del conflicto se avecina. Por fin.


NOTAS:

(1) Con el conflicto de Cachemira, que opone desde 1947 a Pakistán y a la India; y el de Oriente Próximo donde se enfrentan, desde 1948, Israel y los palestinos.

(2) Léase Luis Emiro Valencia, Gaitán. Antología de su pensamiento social y económico, ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2012.

(3) Marco Palacios, Violencia política en Colombia 1958-2010, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 2012.

(4) Las conversaciones para la resolución del conflicto se habían iniciado secretamente en Cuba a partir del 23 de febrero de 2012. Cf. “Qué se sabe del proceso de paz”, Semana, Bogotá, 3 de septiembre de 2012.

(5) Los cárteles colombianos de la cocaína ya no tienen el poder que tuvieron en la época de Pablo Escobar (años 1980), ahora son los cárteles mexicanos los que dominan el tráfico de drogas en América Latina.

(6) Léase Raúl Zibechi, “Cerros del sur de Bogotá. Donde termina el asfalto”, Programa de las Américas, 18 de febrero de 2008. http://www.pensamientocritico.org/rauzib0308.html

(7) Léase Fidel Castro, La Paz en Colombia, Cubadebate, La Habana, 2008. http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2008/11/13/la-paz-en-colombia/

(8) En cuanto a Manuel Marulanda, falleció el 26 de marzo de 2008.

(9) Léase Hernando Calvo Ospina, “Juan Manuel Santos, de halcón a paloma”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2011.

(10) Las FARC figuran, desde 2003, en la lista de las “organizaciones terroristas” elaborada por Washington.

(11) Léase Christophe Ventura, “La nouvelle donne qui explique les pourparlers de paix”, Mémoire des luttes, 28 de septiembre de 2012. http://www.medelu.org/Colombie-la-nouvelle-donne-qui

(12) Léase Carlos Gutierrez, “La Mesa de Oslo. Las complejidades del proceso”, Le Monde diplomatique, edición colombiana, octubre de 2012.


Fuente: Editorial de Le Monde Diplomatique nº 206 (diciembre 2012) http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=5accf1f3-47bd-4b3b-8a1e-c72ef81ccc7f


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter