sábado, 27 de agosto de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
Carta a Soros.
Estimado George Soros:
He leído la entrevista que ha concedido a Le Monde. Viene usted a decir que la Unión Europea debe obtener una legitimidad propia para la zona euro que la faculte para otorgar límites variables a las políticas presupuestarias estatales, con potestad para prohibir o flexibilizar sus déficits públicos. Llámelo gobernanza europea, pero se traduce bien como cesión de soberanía nacional y consiguiente pérdida de representatividad democrática de las decisiones económicas, porque las democracias siguen siendo nacionales y no está a la vista cómo puedan ser sustituidas por instancias supraestatales sin lesionar la representatividad de las decisiones.
Está a favor de la emisión y comercialización de eurobonos, lógicamente, porque es un buen negocio para quienes, como usted, podrán comprarlos. Pero omite pronunciarse sobre un impuesto a las transacciones financieras, lo cual plantea una interesante cuestión: un mercado de eurobonos libre de impuestos que absorbe recursos de los impuestos nacionales, ¿no acabará reforzando la inyección en la economía virtual transnacional de riqueza generada en la economía real de los estados europeos? ¡No puede haber eurobonos sin euroimpuestos, Sr. Soros! Y para qué crear euroimpuestos si el mercado de eurobonos será global: tiene que haber un fisco mundial, pero como eso no es viable, debe implementarse a través de la fiscalidad de los Estados. No es sólo estar de acuerdo con Warren Buffet en la imposición de mayores cuotas fiscales a los ricos. Es usted muy listo, pero yo pregunto: ¿a qué ricos, los que tienen su negocio en las transacciones de las finanzas internacionales, o aquellos cuya riqueza continúa estando localizada en sedes nacionales?
Sería un paraíso para usted poder comprar eurobonos cuyo valor proviene de una fiscalidad reforzada a la producción y las grandes fortunas nacionales y comerciar con ellos en la economía global sin pagar impuestos por esas transacciones, incrementando su propia fortuna. Pero el problema se generó precisamente en decisiones fiscales de ámbito estatal, cuando los Ministerios de Economía consideraron que una forma de atraer la inversión de fondos financieros especulativos e inyectarlos dopando el músculo de sus economías, era reducir a la mínima expresión los impuestos a los operadores de ese tipo de productos, ahora denominados tóxicos: en España se redujo el Impuesto de Sociedades a un 1% a los intercambios de productos financieros sin aval, así que si esa medida fue un aldabonazo para la creación del problema hipotecario e inmobiliario cuya posterior desinversión ha conducido a la actual crisis de déficit y endeudamiento público, no veo por qué no pueden ser los propios Estados los que, incrementando los mismos impuestos que ayer rebajaron, implementen en la práctica esa fiscalidad global para la que no existen, hoy por hoy, ni existirán, estructuras de gobierno mundiales.
Por lo tanto, no es una conclusión necesaria acudir a la gobernanza europea, ni detraer competencias democráticas a los gobiernos nacionales sobre sus propias economías; por el contrario, son estos los que pueden adoptar medidas, a través de sus políticas fiscales propias, empleando las instancias existentes en la Unión Europea solamente como medios de coordinación de aquellas, tal y como acaban de anunciar Alemania y Francia respecto a sus Impuestos de Sociedades, por ejemplo. Pero esas medidas fiscales no se deben aplicar solamente a los empresarios nacionales, aumentando sus contribuciones al erario público, sino que tienen que suponer un castigo desincentivador de la especulación: si usted, Sr. Soros, quiere ganar dinero en todas partes sin producir en ningún sitio, no hay inconveniente, pero tendrá que pagar por ello porque lo que queremos es que ese dinero produzca, a ser posible, en nuestro país; pero no venga a nuestro país si no es para crear riqueza distributiva, es decir, en la economía real, porque si esas son las intenciones lo vamos a freír a impuestos.
En conclusión, plantea en la entrevista elevar el riesgo de los eurobonos y recapitalizar los bancos: no veo cómo puede hacerse sin crear gravámenes a las transacciones financieras transnacionales que van a operar con esos eurobonos, y si las medidas fiscales se hacen recaer solamente sobre los capitalistas locales, no veo cómo se podría evitar que al final ese dinero obtenido por los Estados no acaba, a través de las emisiones de eurodeuda, en manos de los mismos especuladores transnacionales que han generado la actual crisis sin producir nada en la economía real ni pagar impuestos.
Otra llamativa propuesta suya es organizar la salida temporal del euro de Portugal y Grecia, mediante lo que denomina “quiebra organizada”, mientras que los gobiernos de España o Italia deberían ser autorizados a mantener cierto nivel de déficit público, pues lo necesitan para sostener estímulos que mantengan la situación mientras se aplican reformas estructurales, se flexibiliza el mercado laboral, se reduce el coste del crédito y se fomenta la inversión y el consumo. Viene a decir: como hace falta dar algunos palos, eso es mejor que se haga contando con algunas zanahorias. ¿Por qué no pone las suyas, Sr. Soros? ¿Por qué nos tenemos que pagar nosotros las zanahorias y recibir además los palos, sin que a usted le cueste dinero, cuando es la especulación a la que usted se dedica la que nos ha puesto en esta situación? Tráigame sus zanahorias y asuma su parte en los palos, o cállese.
No veo por qué la única alternativa posible deba ser la salida de Grecia del euro. En primer lugar, la Unión Europea se basta para sostener el tortuoso regreso griego a la veracidad de sus cuentas públicas y a los estándares económicos de la media europea: no estamos afrontando allí un problema nuevo, sino una situación heredada que fue camuflada para que Grecia pudiera entrar en la Unión Europea. El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Los alemanes faltaron a la verdad bastante más a todos los demás europeos, incluidos los griegos, para hacer creíble la reunificación de la RFA con la RDA, una solución nacional para Alemania que han pagado las otras economías europeas, sobre todo la española. Poca autoridad moral existe, entonces, para forzar a Grecia a salir del euro, castigándola por hacer lo mismo que hicieron sus socios.
En cuanto a Portugal, tampoco me parece que el opting-out vaya a ser ninguna solución real. En primer lugar, me pregunto por qué usted, Sr. Soros, que se reclama ciudadano europeo, no ha pensado antes en presionar a Inglaterra para que la libra se integre en el euro. La banca británica, como es sabido, es junto a la alemana la que más recursos obtiene de la crisis de los bonos de la deuda de España, Portugal o Italia, mientras sus europarlamentarios participan en las decisiones que fiscalizan a esos países por sus elevados déficits públicos. ¿Cuándo se va a poner sobre la mesa el punto final a los privilegios ingleses en Europa? ¿Por qué proponer una salida de Portugal y no una entrada de Inglaterra no sólo en los derechos, sino también en los deberes, de la Unión Europea? ¡Europa necesita más opting-in, Sr. Soros, y menos opting-out!
Pero desde España existe también una visión propia y una posible alternativa a lo propuesto por usted. Incluso aquí, en un apartado archipiélago ultramarino, puede parecer chocante recordar cómo en las concentraciones obreras de los federalistas canarios de principios del siglo XX los congregados coreaban a voz en grito “¡Viva la unión ibérica!”, es decir, la reunificación de España y Portugal. ¡Qué osadía! Gentes que ignoraban probablemente los estrechos vínculos históricos entre canarios y lusitanos, pues en la colonización de Canarias participaron como pobladores más portugueses que castellanos, no sólo carecían totalmente de un punto de vista separatista y se oponían a la exclusión de las nacionalidades ibéricas catalana, vasca y gallega del estado federal, sino que además pretendían federar también a Portugal. ¡Y esto lo proponían en Canarias, hace exactamente cien años, a dos mil kilómetros de la península ibérica! Me parece a mi, Sr. Soros, que hoy necesitamos algo de este espíritu, de esta osadía que describió José Saramago en “La balsa de piedra” (1986), una utopía que mantuvo el ilustre escritor durante todo su exilio en Canarias hasta su muerte en Lanzarote en junio de 2010. ¿Para qué excluir a Portugal de la zona euro, si existe también la alternativa de la inclusión de Portugal y España en una entidad ibérica de gobierno y, por lo tanto, política económica, común y subsidiaria de la política europea? ¿No es la propia reunificación alemana un precedente real, en el propio corazón de la Unión Europea, de la viabilidad de la unión ibérica? ¿No sería esta nueva entidad de integración un contrapeso equilibrador de las finanzas del euro ante la debilidad de Francia, el aislamiento de Inglaterra y la soledad de Alemania al frente de la productividad y del capital financiero de la Unión?
Como usted debe saber, en España y en Portugal una de las medidas más controvertidas en el debate para disminuir el déficit público es la propuesta de reducir el número de administraciones locales como los ayuntamientos, medida ya adoptada en Grecia que aquí puede justificarse en algunos casos. Pero, créame, en cuanto a los beneficios económicos y la superación de la crisis de la deuda, en cuanto a las medidas de estímulo y las reformas estructurales, no existe reducción de administraciones locales que sea comparable a la unificación de los estados portugués y español.
Ángela Merkel hace bien al ir a depositar coronas de flores por los alemanes caídos intentando cruzar el Muro de Berlín, pero ¿cuántos portugueses y españoles anónimos van a tener que caer para que en la Unión Europea se den cuenta que la unión ibérica también es una asignatura pendiente en el proceso hacia una cada vez mayor integración continental? ¿Por qué sostener con paliativos a dos Estados rehenes de su propia debilidad, si podemos constituir uniéndolos un Estado más fuerte capaz de salir de la vulnerabilidad económica y de contribuir con su potencia al bienestar de todos los ciudadanos europeos y a una mayor estabilidad de la eurozona?
Dejo estas preguntas en el aire, como ideas en las que usted podría hacer apuestas en la perspectiva de hacer un buen negocio, aunque haya de pagar impuestos y asumir riesgos. El tono que empleó en la entrevista a mi me pareció forzadamente distante, propio de un espectador que opina desde la grada sobre cuáles pueden ser las mejores jugadas que se desarrollan en el terreno de juego. No es un entrenador, ni un árbitro, pero admita que tampoco puede presentarse como un simple observador desde la barrera. Sus opiniones no son neutras, influyen en la creación de opinión global. Por eso me permito ponerme a su altura, como simple ciudadano europeo, para decirle que nosotros, los europeos anónimos o no tan anónimos, necesitamos ideas que no son necesariamente nuevas, ni pueden ser solamente bienintencionadas, en apariencia, o prudentes, en esencia. Es el momento de las ideas válidas, aunque sean antiguas, y de las decisiones acertadas, aunque atrevidas, en Europa.
Atentamente,
Octavio Hernández
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BCE y la crisis.
| Traducción para www.sinpermiso.info: Ramona Sedeño |
El Banco Central Europeo (BCE), por exigencia del gobierno alemán, fue creado con una sóla misión: la estabilidad de precios. Su monomisión representaba un explícito rechazo de la misión dual de la Reserva Federal estadounidense: estabilidad de precios y pleno empleo. La explicación habitual de esa opción es la inveterada fobia de Alemania a la inflación, una fobia nacida de la terrible experiencia de la República de Weimar con la hiperinflación. La hiperinflación desacreditó a la República, y suela culpársela de los éxitos electorales de Hitler. Sin embargo, hay que ser cauto con esa explicación, pues no fueron las exigencias de la poblaciónn alemana lo que empujó a la creación del BCE. La creación del euro llevó a la creación del BCE. Las encuestas mostraban que, de haber prevalecido la opinión pública alemana, Alemania habría rechazado ampliamente la adopción del euro. Los empresarios alemanes, particularmente los bancos, empujaron a Alemania a adoptar el euro, asegurándose de que la población alemana no pudiera votar sobre la creación del euro y la adopción de esta moneda por Alemania.
La banca alemana no se fiaba de Italia, y exigió que la única misión encargada al BCE fuera la de prevenir la inflación (más precisamente: cualquier inflación por encima de un 0,5% anual). El BCE tenía que desempeñarse estrictamente conforme a la línea de guerra santa antiinflacionista del Banco Central alemán. El diseño de un BCE exclusivamente centrado en frenar la inflación creó tensiones políticas con Francia, el socio de Alemania en la dirección de la UE. Francia exigió con éxito que el primer director del BCE sirviera sólo la mitad de un mandato, siendo sucedido por un funcionario francés. La obsesión alemana con evitar hasta una modestísima inflación era, sin embargo, compartida por muchos banqueros centrales, independientemente de su nacionalidad, de modo que estos veteranos actuaron como si de conservadores banqueros centrales alemanes se tratara.
El BCE se jactó de su monovisión y afirmó su superioridad sobre el modelo estadounidense. La monomisión era la perfecta compañía para el ascendente culto rendido a la teoría económica teoclásica. El uso activo de la política fiscal para contrarrestar las recesiones se convirtió en anatema, un instrumento del diablo keynesiano. El dogma teoclásico era tan claro como arrogante: 1) los gobiernos democráticos tienen incentivos perversos para buscar niveles de desempleo bajos; los cuales 2) crean un sesgo político-económico inflacionario, que 3) sólo puede contrarrestarse disponiendo de un banco central rigurosamente independiente, instituido 4) con una monovisión estatutariamente fijada que lo oriente exclusivamente a la prevención de la inflación cualquiera que se el impacto a corto plazo de eso en el desempleo 5) con una creencia inamovible en la idea de que acabar con la inflación minimiza automáticamente el desempleo a largo plazo.
En substancia, el BCE declaraba que la inflación causa recesiones y que los incrementos salariales traen consigo la inflación. El dogma del BCE sobre el desempleo es internamente contradictorio. El BCE (generalmente) creía en la Curva de Phillips: reducir el desempleo inevitablemente incrementa la inflación, y una devoción fanática por el mantenimiento de la estabilidad de precios maximiza el empleo.
El problema, según no pocos economistas observaron cuando se creó el euro, es que esas políticas del BCE, sumadas a las severas restricciones (precisamente en plena recesión) del pacto de la UE por “el crecimiento y la estabilidad”, llevarían ineluctablemente a la crisis cuando la UE se enfrentara a una recesión grave. Los economistas críticos del euro señalaron en su día que el escenario más desagradable sería una recesión de harto mayor gravedad en la periferia que en el centro, pues las políticas del BCE se fijarían por el núcleo franco-alemán, con mínima participación de la periferia. El núcleo exigiría austeridad, lo que atenazaría a una periferia incapaz de devaluar, dada la adopción del euro, e incapaz de adoptar políticas fiscales contraciclicas, dado el oximorónico pacto de “crecimiento y estabilidad”. En una recesión grave, eso expondría a los países periféricos a ataques a su deuda pública. Las naciones que adoptan el euro ceden su soberanía fiscal y su soberanía monetaria. La teoría del euro y del BCE significaba dejar que los pueblos de la periferia flotaran lánguidamente en el aire en caso de una recesión grave.
El BCE se jactaba realmente de su política de indiferencia hacia el sufrimiento de los periféricos. El BCE se revelaba en su insistencia en lo que podría llamarse “amor bronco” por esa periferia meridional de que no hay que fiarse ni un pelo. La inhumanidad de la monomisión del BCE era intencionada. Sin embargo, las consecuencias no intencionadas de la monovisión del BCE amenazan la supervivencia del euro del propio BCE. En efecto, las consecuencias no intencionadas muestran las graves limitaciones de la devoción franco-alemana por crear una “Unión Europea cada vez más unida”. La Gran Recesión ha mostrado que los alemanes y los franceses nunca se sintieron realmente parte de una nación europea, nunca creyeron estar tratando con connacionales necesitados. No; se les requirió para rescatar a griegos indolentes, a irlandeses holgazanes y a irrelevantes portugueses. La disposición de los dirigentes alemanes a rescatar la periferia no tiene prácticamente nada que ver con la solidaridad de la UE y tiene prácticamente todo que ver con el rescate de la banca alemana a través de un mecanismo “indetectable por radar”.
Ineluctablemente, el BCE tendrá que realizar cuatro tareas, si se quiere evitar que el euro vaya de crisis en crisis, hasta el colapso. Además de luchar contra la inflación grave, el BCE tiene que: 1) minimizar el desempleo; 2) servir como prestador de última instancia a las naciones miembro y a los bancos, 3) hacer las veces de “regulador de toque de atención” para prevenir la epidemia del control fraudulento de la contabilidad en los bancos de la UE que hiperhincharon burbujas financieras, generaron la insolvencia de los mayores bancos de la UE y causaron las crisis financieras que provocaron el colapso de centenares de mercados financieros trayendo consigo la Gran Recesión. Sin embargo, bajo sus actuales estatutos monovisión, al BCE no le está permitida la realización de estas otras tres tareas. Con todo y con eso, la perspectiva de quedarse colgado en un par de semanas (si no menos) aguza las prodigiosamente las mentes de los banqueros centrales de Francfort. Una y otra vez, el BCE ha saltado por encima de sus principios y se ha saltado la ley por la que se rige su misión. La necesidad ha forzado al BCE a adoptar la función de prestador de último recurso y a meterse la harina –substancialmente económica, con independencia de la estructura nominal— del rescate de bancos y de países miembros.
No obstante, el BCE permanece indiferente al desempleo de la periferia. En efecto, la exigencia del BCE de programas de austeridad (en Irlanda) que nuestra CIA llamaría “draconianos” es la principal causa del aumento del desempleo en buena parte de la periferia. Las políticas procíclicas del BCE son económicamente analfabetas y no harán sino generar crisis económicas y políticas recurrentes en la periferia, políticas que no tardarán en traer al poder político a algunos de los más odiosos extremistas políticos de la UE. Si el BCE sigue con sus políticas procíclicas, lo que obtendrá es una década perdida en la periferia y la salida del euro de varias naciones.
El BCE sigue ciego a la necesidad perentoria de asegurar una regulación financiera efectiva, señaladamente de las instituciones sistémicamente peligrosas (ISPs), si el euro y el propio BCE quieren mantenerse a flote con eficacia. El control contable fraudulento impulsa las crisis en varias naciones europeas. Esas crisis ponen en peligro a la UE, al BCE y al euro. Los reguladores deben poner fin a la “dinámica de Gresham”, causante de que el mal comportamiento ético expulse la buen comportamiento ético de los mercados financieros. La regulación financiera de la UE está aquejada de lo que los autores del libro Guaranteed to Fail [Una caída garantizada] (Princeton, 2011) llaman la “carrera hacia el abismo”. Esa perversa carrera hacia políticas antirregulatorias no puede quebrar la “dinámica de Gresham” creada por el fraude del control contable, que lleva a burbujas financieras hiperhinchadas y al fraude endémico. Las naciones por sí solas no pueden romper la “dinámica de Gresham”. Pueden desplazar el fraude hacia otras naciones haciendo de “reguladores de toque de atención”, pero no pueden proteger a la UE. Solo el BCE está en situación de suministrar la regulación efectiva capaz de romper la dinámica de Gresham en el conjunto de la UE.
Como era predecible, el BCE se ha saltado sus principios y ha rebasado la monomisión de la que tanto se jactaba. Su monomisión pone en peligro la capacidad para responder a la crisis de la deuda (no tan) soberana de la periferia y a las crisis de deuda privana y pública de los bancos europeos. El BCE necesita saltarse sus principios y la ley para reducir el grave desempleo y el terrible sufrimiento económico causado por la actual crisis, convirtiéndose en el efectivo regulador capaz de prevenir o al menos mitigar seriamente las crisis venideras.
Wiliam Black , uno de los mayores penalistas norteamericanos vivos, es un especialista en delitos económicos, particularmente, financieros. Fue el director ejecutivo del Instituto para la Prevención del Fraude entre 2005 y 2007.
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4369Envía esta noticia
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viernes, 19 de agosto de 2011
¿Qué hay detrás de la lucha contra "el narco"?
Observando la magnitud descomunal del negocio de drogas ilícitas, afirma que el circuito comercial mueve unos 800 mil millones de dólares anuales, por arriba de la venta de petróleo pero por debajo de la de armas, que sigue siendo el mercado más redituable en todo el mundo. La hipótesis principal de Colussi radica en plantear que el poder hegemónico liderado por Estados Unidos ha encontrado en este nuevo campo de batalla un terreno fértil para prolongar y readecuar su estrategia de control universal. “Como lo ha encontrado también con el llamado “terrorismo”, nueva “plaga bíblica” que ha posibilitado la nueva estrategia imperial de dominación militar unipolar con su iniciativa de guerras preventivas.”
Se sostiene que los mismos factores de poder que mueven la maquinaria social del capitalismo global crearon la oferta de estupefacientes, generaron la demanda, y “sobre la base de ese circuito tejieron el mito de unas maléficas mafias súper poderosas enfrentadas con la humanidad, causa de las angustias y zozobras de los honestos ciudadanos, motivo por el que está justificado una intervención policiaco-militar a escala planetaria.”
Siguiendo una metodología de preguntas y respuestas, nuestro autor establece un interrogante clave: ¿Quién se favorece con el tráfico de drogas ilegales?, a lo que responde que para las grandes mayorías no hay beneficio alguno: el drogo-dependiente entra en un infierno en el que no más del 10% de quienes lo intentan, logra recuperarse; sus familiares llevan una carga agobiante, pues la adicción envenena toda convivencia; a los agricultores que cultivan la materia prima en los países del Sur sólo llega un 1% de los beneficios totales del negocio; entre los pueblos indígenas el pago en efectivo, la represión y la cultura delincuencial rompen con las estructuras de autogobiernos comunitarios; la economía campesina de autoconsumo es remplazada por una mercantilizada; la cultura del dinero fácil vinculado a la criminalidad se liga con un desgarramiento profundo de todo el tejido social, entrando en un proceso de descomposición y de guerra; todo el aparato del sicariato y el dedicado a la comercialización, sea la mula , el jibaro o el capo , tiene una historia de vidas breves y fortunas efímeras (de unos pocos) en las que la muerte o la cárcel están siempre a la vuelta de la esquina. No es una economía sustentable. Es una historia sórdida de sufrimiento y dolor. “A los latinoamericanos nos queda la crisis, la guerra civil, los muertos, sociedades desgarradas y sólo algunos dólares que mueven las mafias locales.”
Estas mafias –afirma Colussi-- sin con esto quitarles su cuota de responsabilidad, no son sino una pequeña parte de toda la cadena. Los mafiosos son unos comerciantes que hacen su trabajo y no pasan de ahí; ganan dinero, mucho dinero sin dudas, pero no tienen el poder de decisión sobre los términos macros del asunto…Quienes hacen la gran fortuna, en definitiva, son los banqueros: “Esa masa enorme de dinero que mueve el negocio –que, por cierto, se traduce en poder, mucho poder político, poder social—también llega a otras esferas de acción: ese dinero es “lavado” e ingresa a circuitos aceptados…No es ninguna novedad que existe toda una economía “limpia” producto de las operaciones de blanqueo de los capitales del narcotráfico. Y son bancos “limpios” y honorables los que proceden a hacer esas operaciones, los mismos que manejan el capital financiero trasnacional que hoy controla la economía mundial y a los que el Sur pobre y dependiente adeuda cifras astronómicas en calidad de deuda externa.”
Pero además de un enorme negocio, el tráfico de drogas ilegales tiene otro significado: es utilizado como mecanismo de control de las sociedades. Es un dispositivo que permite una supervisión del colectivo por parte de la clase dominante. Se pasa a controlar a la sociedad en su conjunto, se la militariza, se tiene la excusa ideal para que el poder pueda mostrar los dientes. Una población asustada es mucho más manejable.
Por su parte, el imperialismo estadounidense viene aplicando en forma sostenida un supuesto combate al negocio de las drogas ilícitas, cuyo objetivo real es permitir a Estados Unidos intervenir donde lo desee, tenga intereses, o los mismos se vean afectados. Terminar con el consumo está absolutamente fuera de sus propósitos. Donde hay recursos que necesita explotar –petróleo, gas, minerales estratégicos, agua dulce, etc. y/o focos de resistencia popular, ahí aparece el “demonio” del narcotráfico. Ello es una política consustancial a sus planes de control global. Gracias a ella, el gobierno de Estados Unidos cuenta con un arma de dominación político-militar. En realidad, el supuesto combate al narcotráfico es el montaje de una sangrienta obra de teatro. Es un combate frontal contra el campo popular organizado, en el que en Colombia, y ahora en México, por ejemplo, las oligarquías y sus gobiernos, se han supeditado dócilmente a las estrategias de Estados Unidos, siendo la plataforma para la contrainsurgencia, la criminalización de las resistencias, la militarización y paramilitarización de nuestros países. El consumo inducido de drogas es parte medular del mantenimiento del sistema capitalista, tanto como lo es la guerra, por lo que el autor plantea en su conclusión la misma disyuntiva de Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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Sobre la tasa Tobin.
¿Es que hablamos todos del mismo ITF o Tasa Tobin? Evidentemente no. La Tasa Tobin en manos de las potencias capitalistas apunta a recomponer el sistema capitalista en crisis. En cambio, nuestra propuesta y la de diversos movimientos y redes globales, tiene como finalidad la creación de un nuevo modelo productivo y de desarrollo. La crisis civilizatoria que atraviesa la humanidad y que pone en riesgo su existencia misma, así lo exige. La crisis mundial incapacitó a las potencias capitalistas para seguir creando un consenso global respecto de sus decisiones. Ante la necesidad de seguir imponiendo sus intereses al resto del mundo, dichas potencias, agrupadas en el G-8 1 , decidieron trasladar su base operacional al G-20 2 , sin que por ello se vea perjudicada o diluida su capacidad de decisión e influencia.
Dominado por las potencias capitalistas y sus multinacionales, el G-20 se impuso como meta recomponer la tasa de ganancia del capital trasnacional en un contexto de crisis integral del sistema. El capitalismo sólo puede superar las crisis acentuando la explotación de los trabajadores y reduciendo el gasto social.
Por esa razón, las políticas que surgen del G-20 y de su mano derecha, el FMI, responden a esa lógica y pueden resumirse en lo siguiente: a) Por un lado las políticas de ajuste sobre la clase trabajadora y clase media (aumento de impuestos al consumo, elevación de la edad para jubilarse, reducción del gasto social, etc.), b) Por otro lado, políticas de transferencia de recursos fiscales hacia las grandes empresas a través de operaciones de rescate, exenciones fiscales, subsidios o préstamos casi sin interés por parte de los gobiernos. c) Por último, medidas de regulación del sistema para evitar algunos de sus excesos, en especial en el sector financiero. Es en relación al último punto que el G-20 propone la creación de un ITF. Pero como dijimos anteriormente, la crisis del sistema capitalista, con sus niveles de desocupación a escala global y de endeudamiento (a nivel personal y a nivel de los Estados) exige medidas radicales en favor de la redistribución de la riqueza y de embate contra la especulación financiera.
En nuestra opinión la Tasa Tobin sólo puede tener un sentido “progresista” en tanto se aplique en el marco de un programa anticapitalista, que rompa con la lógica de favorecer la ganancia del capital como única meta, y apunte a satisfacer necesidades sociales insatisfechas, cuidando el medio ambiente. Para ello debe ser impulsada como parte de un paquete de medidas que incluya:
- A nivel internacional: a) Creación de una nueva arquitectura financiera. A nivel regional existen alternativas en marcha como lo son el Banco del Sur 3 , el SUCRE 4 b) Abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario.
- A nivel interno de cada país: a) Nacionalización de la banca, b) reforma impositiva profunda y progresiva, c) la lucha contra el fraude fiscal, entre otras.
Notas:
1 G-8 está formado por los siete países más industrializados, ricos e influyentes del planeta (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido), más Rusia (que no es de los más industrializados ni de los más ricos, pero sí de los más influyentes). Su fortaleza radica en el poder de sus países miembros en las instituciones internacionales como el Consejo de Seguridad de la ONU, el Banco Mundial, el FMI o la OMC, en los cuales acostumbran a funcionar en bloque.
2 Compuesto por los países del G 8 más los denominados “emergentes” Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía.
3 Banco del Sur es una entidad fina nciera creada en el ámbito de la UNSASUR que tiene por objeto financiar el desarrollo económico y social de los países que lo componen, en forma equilibrada y estable, haciendo uso del ahorro intra y extra regional, fortaleciendo la integración, reduciendo las asimetrías y promoviendo la equitativa distribución de las inversiones dentro de los países miembros del Banco.
4 El SUCRE es el Sistema Único de Compensación Regional, creado por los países del ALBA (Nicaragua, Bolivia, Cuba, Honduras y Ecuador y Venezuela). Se trata de una moneda sin emisión física -una moneda virtual- y, se utilizará para valorar los intercambios comerciales entre los países de la región y como medio de pago entres los bancos centrales de los Estados Parte, reduciendo así la dependencia respecto del dólar. UNASUR – Unión Suramericana de Naciones, está integrada por Argentina , Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay, Venezuela.
Fuente: http://www.acordem.org/2011/08/16/la-tasa-tobin-como-una-herramienta-capitalista-o-anticapitalista-esa-es-la-cuestion/
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