jueves, 7 de julio de 2011

Los tres desenganches.







Rebelion. Una nueva sociedad o un tsunami social y ecológico















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Opinión






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07-07-2011







Una nueva sociedad o un tsunami social y ecológico




Alainet






En mi último artículo lancé la idea, sustentada por minorías, de que estamos ante una crisis sistémica y terminal del capitalismo, y no es una crisis cíclica. Dicho en otras palabras: las condiciones para su reproducción han sido destrozadas, sea porque los bienes y servicios que puede ofrecer han llegado al límite por la devastación de la naturaleza, sea por la desorganización radical de las relaciones sociales, dominadas por una economía de mercado en la que predomina el capital financiero. La tendencia dominante es pensar que se puede salir de la crisis, volviendo a lo que había antes, con pequeñas correcciones, garantizando el crecimiento, recuperando empleo y asegurando ganancias. Por lo tanto, los negocios continuarán as usual.

Las mil millonarias intervenciones de los Estados industriales salvaron los bancos y evitaron el derrumbe del sistema, pero no han transformado el sistema económico. Peor aún, las inyecciones estatales facilitaron el triunfo de la economía especulativa sobre la economía real. La primera es considerada el principal desencadenador de la crisis, al estar comandada por verdaderos ladrones que ponen su enriquecimiento por encima del destino de los pueblos, como se ha visto ahora en Grecia. La lógica del enriquecimiento máximo está corrompiendo a los individuos, destruyendo las relaciones sociales y castigando a los pobres, acusados de dificultar la implantación del capital. Se mantiene la bomba con su espoleta. El problema es que cualquiera podría encender la espoleta. Muchos analistas se preguntan con miedo: ¿el orden mundial sobreviviría a otra crisis como la que hemos tenido?

El sociólogo francés Alain Touraine asegura en su reciente libro Después de la crisis (Paidós 2011): la crisis o acelera la formación de una nueva sociedad o se vuelve un tsunami, que podrá arrasar todo lo que encuentre a su paso, poniendo en peligro mortal nuestra propia existencia en el planeta Tierra (p. 49.115). Razón de más para sostener la tesis de que estamos ante una situación terminal de este tipo de capital. Se impone con urgencia pensar en valores y principios que puedan fundar un nuevo modo de habitar la Tierra, organizar la producción y la distribución de los bienes, no sólo para nosotros (hay que superar el antropocentrismo) sino para toda la comunidad de vida. Este fue el objetivo al elaborar la Carta de la Tierra, animada por M. Gorbachev que, como ex-jefe de Estado de la Unión Soviética, conocía los instrumentos letales disponibles para destruir hasta la última vida humana, como afirmó en varias reuniones.

Aprobada por la UNESCO en 2003, la Carta de la Tierra contiene efectivamente «principios y valores para un modo de vida sostenible, como criterio común para individuos, organizaciones, empresas y gobiernos». Urge estudiarla y dejarse inspirar por ella, sobre todo ahora, en la preparación de la Río+20.

Nadie puede prever lo que vendrá después de la crisis. Solo se presentan insinuaciones. Todavía estamos en la fase de diagnóstico de sus causas profundas. Lamentablemente son sobre todo los economistas quienes hacen los análisis de la crisis y menos los sociólogos, antropólogos, filósofos y estudiosos de las culturas. Lo que va quedando claro es lo siguiente: ha habido una triple separación: el capital financiero se desenganchó de la economía real; la economía en su conjunto, de la sociedad; y la sociedad en general, de la naturaleza. Y esta separación ha creado tal polvareda que ya no vemos los caminos a seguir.

Los “indignados” que llenan las plazas de algunos países europeos y del mundo árabe, están poniendo el sistema en jaque. Es un sistema malo para la mayoría de la humanidad. Hasta ahora eran víctimas silenciosas, pero ahora gritan fuerte. No sólo buscan empleo, reclaman principalmente derechos humanos fundamentales. Quieren ser sujetos, es decir, actores de otro tipo de sociedad en la que la economía esté al servicio de la política y la política al servicio del bien vivir, de las personas entre sí y con la naturaleza. Seguramente no basta querer. Se impone una articulación mundial, la creación de organismos que hagan viable otro modo de convivir, y una representación política ligada a los anhelos generales y no a los intereses del mercado. Hay que reconstruir la vida social.

Por mi parte veo indicios en muchas partes del surgimiento de una sociedad mundial ecocentrada y biocentrada. Su eje será el sistema-vida, el sistema-Tierra y la Humanidad. Todo debe centrarse en esto. De no ser así, difícilmente evitaremos un posible tsunami ecológico-social.

- Leonardo Boff es Teólogo / Filósofo y autor de Opção-Terra. A solução para a Terra não cai do céu. Record 2010.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=442

Fuente original: http://alainet.org/active/47745







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miércoles, 6 de julio de 2011

UE:¿Auditoría (popular) de la deuda?







Rebelion. ¿Qué hacer para liberarse de la trampa de las deudas públicas?















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Economía






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06-07-2011






Crisis económica

¿Qué hacer para liberarse de la trampa de las deudas públicas?




www.alencontre.org / Viento Sur






[Publicamos aquí la entrevista completa realizada el 28 de junio entre François Chesnais y Dominique Sicot, periodista en L´Humanité Dimanche.

Por falta de espacio, sólo algunos extractos aparecerán en la edición

de dicho semanario en la edición del 7 de julio de 2011. Redacción de À

l´encontre].






¿Cómo definir la situación de las clases populares en Europa en relación a la cuestión de la deuda?





En mi libro (Les dettes illégitimes.

Editions Raisons d´Agir, mayo 2011) hablo del “doble castigo” que las

burguesías y los gobiernos están infringiéndoles. A fines de 2008 y

durante todo el año 2009, los asalariados y asalariadas han sufrido de

lleno el látigo de los efectos de la crisis mundial bajo la forma de

cierres de fábricas, despidos, reducción de horarios y congelación

salarial. Luego, a partir de la primera fase de la crisis de la deuda

griega en mayo de 2010 y la entrada en escena de las agencias de

notación como portavoces de las exigencias de los bancos y de los

inversores financieros, los gobiernos europeos han emprendido un ataque a

las clases populares a todos los niveles en nombre de la “obligación de

pagar la deuda”.





Lo que el gobierno Papandreu ha aceptado imponer a los ciudadanos

griegos en el marco del nuevo “plan de salvamento” puesto a punto por la

troika –UE, BCE y FMI- produce escalofríos. Subida de dos puntos del

IVA, del 19% al 21%, aumento de los impuestos sobre el alcohol, el

tabaco y los carburantes (0,008 euros sobre la gasolina y 0,03 euros

sobre el gasoil). Creación de un “derecho de acceso” a la red

eléctrica. Reducciones de salarios y de jubilaciones en la función

pública por 1,7 millardos de euros, es decir el 0,7 % del PIB.

Congelación de todas las jubilaciones públicas y privadas. Amputación

del programa de inversión pública. Medidas para facilitar los despidos.

Ola de privatizaciones de una amplitud sin precedentes: los puertos, los

aeropuertos, los ferrocarriles, el agua, las telecomunicaciones y el

Banco Postal, etc. En Portugal, las medidas aceptadas por los dos

partidos “mayoritarios” son de la misma naturaleza. En Irlanda, en el

contexto de un sistema económico y social a la anglosajona, donde la

protección social era ya débil, los estragos del plan de austeridad como

consecuencia de la estatización de la deuda de los bancos son

particularmente fuertes en la salud pública y la enseñanza.





En mi libro, recuerdo que la decisión del gobierno Sarkozy de acelerar

de repente la “reforma” de las jubilaciones y de imponerla a cualquier

precio es la consecuencia de una exigencia de las agencias de notación, a

fines de mayo de 2010. Los planes de austeridad están ya en marcha en

todas partes. No tienen aún el grado de intensidad que la UE, el BCE y

el FMI están administrando a Grecia, pero también a Portugal e Irlanda.

Los asalariados y asalariadas y los jóvenes de la mayor parte de los

países europeos deben esperarse políticas que apuntan a imponerles la

misma amarga poción. Buen número de los indignados que han ocupado las

ciudades de España lo han comprendido.





Se leen llamamientos a que el pago de

la deuda sea puesto en el centro del debate de la campaña presidencial

de 2012. ¿Qué piensas sobre este tema?






Es inevitable que ocurra. Lo que está en juego es saber quién toma la iniciativa y define sus términos. En Le Monde

del 28 de junio, Stéphane Boujnah (que es delegado general del grupo

financiero Santander en Francia –tras haber sido una “vedette” del

Deusche Bank- y no solo presidente del think tank: “En tiempo real”),

escribe por supuesto que la deuda francesa debe ser pagada. Desea la

creación de un “Consejo nacional para la recuperación de las cuentas

públicas”, que se estaría inspirado, dice, “en el legendario Consejo

Nacional de la Resistencia”. Esto equivale a decir que la deuda pública

francesa es legítima y que una especie de unión sagrada debe permitir

que sea “liquidada”.



El movimiento social francés debe oponerse con todas sus fuerzas a este

discurso que es absolutamente dominante en los medios y por el momento

en la mayor parte de los discursos políticos. Si la deuda de Grecia

tiene rasgos de deuda odiosa, todas las deudas públicas europeas son

ilegítimas, entre ellas la de Francia. Por las condiciones políticas en

las que los países han caído bajo el dominio de los “mercados, y por la

naturaleza de los “préstamos” sobre los que se deben pagar intereses a

los bancos y asegurar su devolución.



El mandato moral de pagar la deuda hecho a los ciudadanos se basa en dos

ideas. En primer lugar, que éstos formarían parte consciente y

consintiente de la acumulación de la deuda. En mi libro, reúno un

conjunto de elementos puestos a la luz por sindicatos como el SNUI

(Sindicato de las finanzas públicas) y de Sud Trésor o periodistas

meticulosos como los de Médiapart, que muestran hasta qué punto esto no

ha sido así. El escudo fiscal es solo la punta visible de un iceberg de

bajada de los impuestos del capital y de las altas rentas y de evasión

fiscal. La segunda “falsa evidencia”, por utilizar la expresión de los

Economistas Aterrados, es que serían sumas, fruto de un ahorro amasado

por una dura labor, que habrían sido prestadas. No es sino muy

marginalmente así. Cuando los bancos y los fondos de inversión “prestan a

los estados”, activan mediante “el efecto de palanca” un mecanismo de

apropiación de una parte de los impuestos pagados por quienes no pueden

escapar a él (el IVA en particular). Estos “préstamos” se basan en un

tejido complicado de transacciones interbancarias en buena parte ocultas

(el “shadow banking system” o “sistema financiero de la sombra”), cuyas

bases son tan frágiles que toda falta de pago, incluso de un muy

pequeño país (Grecia representa el 2% del PIB de la zona euro) es una

amenaza para los bancos.



Defiendo, igual que lo hace Attac, la necesidad de proceder a una

auditoría pública de la deuda. En Grecia, un comité por la moratoria y

la auditoría de la deuda ha sido creado en enero de 2011. Sus militantes

han llevado a cabo ya un trabajo suficientemente fuerte como para que

un sector de los militantes de la plaza Syntagma lo haya adoptado y que

se haya podido oír en un video de Dailymotion, a una joven portavoz del

sindicato de los empleados estatales, gritar al fin de la entrevista las

consignas de la pegatina que llevaba: “¡No debemos nada! ¡No se venderá

nada! ¡No se pagará nada!”.



En España, la actividad de los bancos está en el punto de mira de los

indignados. Subrayo quizá más fuertemente de lo que lo hace por el

momento Attac, que dadas las tradiciones políticas francesas, la

auditoría puede verdaderamente tomar cuerpo solo bajo la forma de una

amplia campaña popular iniciada por las asociaciones y partidos, de la

que la campaña de los comités por el No al Tratado Constitucional

Europeo (TCE) de 2005 proporciona un perfecto ejemplo. El caso griego

muestra el inmenso alcance democrático de una campaña por la moratoria y

la auditoría popular de la deuda. En Francia, quienes han estudiado las

centenares de páginas del TCE serán perfectamente capaces de analizar

los documentos públicos, particularmente los informes parlamentarios, en

los que son detallados una amplia parte de los “regalos al capital”.

Tratándose de los detentadores de los títulos de deuda, la cuestión de

la salvaguarda del pequeño ahorro en caso de anulación es a menudo

planteada. Cuando se hacen las declaraciones del impuesto, los bancos

calculan al céntimo los montantes aferentes a diferentes formas de

ahorro de los hogares. Les sería garantizado, pues no representa sino

una minúscula parte de los “créditos” sobre el estado reclamados por los

bancos y los inversores financieros.





¿Así pues, no estamos ante una crisis griega, sino ante una crisis propiamente europea?






Exacto. Se trata de una crisis europea, porque bancos europeos, alemanes

y franceses en particular están amenazados más o menos seriamente por

una suspensión de pagos del estado debido a su gestión arriesgada y

oculta. Mucha gente ha dicho que la crisis de los bancos estaba

acompañada por una crisis de la “gobernanza europea”. Estamos más bien

ante un ensayo de puesta en marcha de lo que Naomi Klein llama “la

estrategia del shock”.



Las rivalidades entre las élites europeas, la independencia del BCE, la

pesadez de las instituciones de la UE hacen su montaje complicado. Pero

si se toman las propuestas ya antiguas del luxemburgués Jean-Claude

Juncker, presidente del Eurogrupo, los discursos de Ángela Merkel y de

Nicolas Sarkozy y el “Pacto por el euro” que endurece drásticamente el

“Pacto de estabilidad” y, en fin, el reciente discurso de Jean-Claude

Trichet defendiendo una “gobernanza” aún más centralizada y autoritaria

de la zona euro, estamos claramente frente a una tentativa de utilizar

la “crisis de la deuda” para someter de nuevo a las clases populares al

“talón de hierro” del capital.



Esta “estrategia del shock” tiene por contexto, en el plano mundial, el

callejón sin salida de la acumulación financiarizada y del modelo de

crecimiento por endeudamiento. Los Estados Unidos han sido su clave de

bóveda. Estuvieron en el epicentro del krach del Nasdaq en 2001 y de los

bancos de inversión en septiembre de 2008. No conocen otro modelo e

intentan por tanto perpetuarlo. Sin embargo el gobierno americano está

en casi suspensión de pagos. Los países de Europa, entre ellos los de la

zona Euro, han copiado los mecanismos del modelo de crecimiento por

endeudamiento en combinaciones diferentes. Irlanda y España han

construido una prosperidad ficticia sobre booms inmobiliarios

insensatos. En todas partes las empresas han aprovechado las

oportunidades de la liberalización para hacer jugar la competencia entre

asalariados de países de trayectoria histórica y niveles de salario y

de protección social muy diferentes. La demanda interna ha decaído y no

ha sido sostenida más que por el endeudamiento de las familias. En todas

partes los gobiernos, tanto de izquierdas como de derechas, han bajado

los impuestos sobre el capital y sobre las altas rentas y han

compensado la bajada de la fiscalidad mediante un recurso creciente al

préstamo.



La tasa de endeudamiento de Francia se acerca ahora al 90% del PIB. Pero

en el otoño de 2008, antes del rescate de los bancos y de los grupos

del automóvil, estaba ya al 63%. Lo mismo es cierto para otros países.

Pero Francia es también la sede de tres de los grupos financieros (se

les llama aún “bancos” pero el término es falso) muy implicados en el

apoyo al boom inmobiliario en España y en la compra de títulos de la

deuda.



Se oye a los dirigentes europeos repetir que si el pueblo griego lograra

impedir el nuevo plan de austeridad, ello podría desencadenar quiebras

bancarias en cascada.



La realpolitik de la finanza quiere efectivamente que los pueblos

acepten inmolarse para que la dominación del capital perdure. El primer

acto de la toma de posesión de la nueva directora del FMI (Christine

Lagarde) ha sido pues, de forma completamente natural, hacer un

llamamiento al parlamento griego a ser “responsable” y a votar

unánimemente las leyes correspondientes al nuevo “plan de rescate”.



Volvamos sobre los “bancos”. Con la ayuda de la concentración, los

bancos se han transformado en grupos financieros para los que las

operaciones de lejos más provechosas son las de valorización de las

carteras de los ricos (la “banca privada”) y sobre todo las operaciones

de especulación sobre los títulos de la deuda pública y de

refinanciación de los préstamos de las sociedades inmobiliarias y de los

bancos hipotecarios. Desde su salvamento en 2008, los “bancos” no han

depurado todos los activos tóxicos de sus cuentas. Han continuado

haciendo inversiones de alto riesgo en las dos esferas de actividad

mencionadas. Han reencontrado su nivel de hacer ganancias de antes de la

crisis. Sus accionistas han recibido dividendos y los dirigentes

stock-opcions elevadas. Sus títulos (cerca del 20% del CAC40) han

dopado el curso de las bolsas. Hay un debate incesante en los periódicos

especializados para apreciar, se puede decir incluso adivinar, la

situación de su balance y por tanto el grado en que una suspensión de

pagos “haría temblar el sistema financiero mundial” realmente. En lo

que concierne a la deuda griega, la mayor parte de los grupos

financieros han tomado sus disposiciones. Se pueden interpretar así las

informaciones relativas a las iniciativas tomadas por el BNP Paribas

sobre Grecia. Pero un “efecto dominó” sigue siendo posible. Lo que

inquieta verdaderamente a las finanzas es la situación española, cuarta

economía de la zona euro, donde el marasmo económico es profundo en un

momento en que la juventud y sectores sociales se movilizan.





En tu libro, privilegias la cuestión de

la anulación de la deuda y la puesta de los bancos bajo control social,

ahí donde otros se focalizan en la salida del euro.






Hay diferentes formas de posicionarse en relación a la crisis del euro.

Se puede ver el euro como una cortapisa (algunos lo han pensado desde el

comienzo) y por tanto la crisis actual como la ocasión de volver a una

moneda nacional, cuyo gobierno podría relanzar el crecimiento por la

devaluación de la tasa de cambio. Quienes tienen esta posición hablan

poco o nada en absoluto de la deuda. Piensan quizá que el aumento de los

ingresos fiscales ayudaría a resolverla en buena parte. Olvidan la

experiencia de la devaluación competitiva de finales de los años 1980,

con una deuda bastante menos elevada y una base industrial bastante más

sólida.


Se puede ver la crisis del euro como algo inscrito en los hechos en

razón de la probabilidad, incluso la ineluctabilidad, de una suspensión

de pagos de Grecia. La deuda griega era del 133% del PIB en 2010. Va a

acercarse al 160% en 2011 y rozar, según algunas proyecciones, el 180%

de aquí a dos años. Las medidas brutales no hacen sino retardar el

momento en que habrá que dar “un salto a lo desconocido”, es decir,

reestructurar la deuda, alargar los plazos, borrar una parte. Es

completamente posible que el efecto dominó sea entonces tan fuerte que

la zona euro estalle. Ciertos bancos no lo resistirían, de forma que la

cuestión de su puesta bajo control social se plantearía.


No se les podría sin embargo evitar la quiebra una vez más de forma

gratuita. Los trabajadores se encontrarían más que nunca confrontados a

la pregunta: ¿hay que desangrarse para que el estado asegure un servicio

de la deuda pública aplastante –¡en Francia, a la altura de 50

millardos de euros, absorbe la totalidad de lo que es recaudado a título

del impuesto sobre la renta!- de forma que se les permitiera a los

bancos continuar pagando dividendos y remuneraciones alucinantes a sus

dirigentes?


Lo que yo defiendo es que el movimiento social, ayudado si es posible

por algunos partidos, se prepare para no ser tomado por sorpresa en una

nueva crisis bancaria y para poder responder a ella con la ayuda de la

consigna de “tomar los bancos”. Esta consigna tiene un “carácter

algebraico”. El grado de radicalidad de su puesta en marcha depende del

estado de la correlación de fuerzas políticas, es decir, en buena parte,

de la importancia de la preparación política ciudadana anterior. Es

posible que la resistencia de las clases populares y de la juventud,

como en España, sea un factor desencadenador de las quiebras bancarias.

Pero es el propio sistema bancario el que se ha puesto en esa

situación. La creación de una red de comités por la auditoría de la

deuda permitiría al movimiento social prepararse para esa eventualidad.

Estaría dispuesto a movilizarse contra todo nuevo anuncio gubernamental

de la necesidad de “salvar a los bancos”. Es el primer paso

evidentemente hacia consignas más radicales. Es lo que muchos militantes

esperan de las asociaciones altermundialistas y de los partidos de

izquierda y de extrema izquierda.


El combate político por la moratoria y la anulación, tras la auditoría

popular, de la mayor parte de la deuda pública no es de los que pueden

ser “delegados”. Lo que ocurre en Atenas nos concierne en Francia. Si la

deuda de Grecia tiene rasgos de “deuda odiosa”, todas las deudas

europeas son ilegítimas.





Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Fuente traducción:
 http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=4115

Fuente original:


http://alencontre.org/?p=3144






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domingo, 3 de julio de 2011

Perú

Portada :: América Latina y Caribe
03-07-2011

Perú
El frente único en el orden del día

Gustavo Espinoza M.
Rebelión


En nuestro país, la crisis que afectó en las últimas décadas a todos los segmentos de la sociedad, se expresó también en la descomposición de los Partidos Políticos, que virtualmente desaparecieron del escenario sin pena ni gloria. En verdad, esta era una realidad que se veía desde antes. El fujimorato fue, en buena medida, una expresión de esa realidad. Y pudo concretarse precisamente porque, en el marco de la falta de cultura democrática, la sociedad en su conjunto no valoró en absoluto la función ni el papel de las colectividades políticas en ese entonces aún vigente.

El espontaneísmo y la improvisación asomaron así como una realidad alimentados por el desencanto de las multitudes ante el fracaso de un liderazgo que se hundió por deformaciones y taras. Por eso, cuando cayó el régimen oprobioso de fines del siglo pasado, no fueron los Partidos Políticos los que llenaron el vacío, sino núcleos ocasionales o caudillos menores -como Perú Posible, o Alejandro Toledo- los que ganaron una circunstancial y precaria estima ciudadana. Y cuando en el 2006 volvió Alan García a la conducción del país, eso no fue consecuencia, tampoco, de la recuperación del APRA como colectividad política o partido, sino la expresión de una extraña suma de temores infundados. La clase dominante -en efecto- acomodó todos sus fardos en la cartera del señor García porque creyó que de ese modo, le cerraría la puerta a un pueblo que asomaba dividido e incluso inconsistente.

Sensatamente, nadie podría asegurar que el APRA gobernó propiamente el país en los últimos cinco años. Fue García y un cogollo aprista, corrupto y descompuesto, el que se hizo de las riendas del Poder y manejó a su antojo la estructura del Estado en provecho y beneficio suyo, y de los poderosos. Sin García de candidato, el 2011 el APRA volvió al oscuro rincón de la desesperanza y hoy cuenta apenas con 4 de los 130 parlamentarios electos.

Ollanta Humala asomó, en este escenario como un caudillo nacionalista. No se empeñó por construir ni un Partido que captara simpatía ciudadana, ni por diseñar un programa atractivo para las multitudes. Si ganó el respaldo de muchos, fue por su perseverancia y sincero empeño, y, precisamente, por la falta de alternativas que pudieron haberse levantado desde el campo popular. Como tal carencia se mantiene, hoy en el gobierno Humala no tendrá una fuerza orgánica y estructurada que le sirva de respaldo. Su pequeña organización partidista -con voluntad y decisión encomiables- estará seguramente siempre en disposición de lucha, pero carecerá de los vínculos indispensables con la sociedad para asegurar una sólida participación ciudadana en las tarea que se avecinan.

Y como en los predios de la izquierda esta realidad es también tangible, lo que está en la orden del día del proceso peruano es la necesidad de construir un Frente Unico capaz de aglutinar voluntades pero también de canalizar propósitos y secundar esfuerzos para avanzar por un terreno en buena medida desconocido.

Las Tesis del Frente Unico, que en el contexto de nuestro país fueron planteadas y propuestas por José Carlos Mariátegui en los años veinte del siglo pasado, han adquirido por eso inusitada vigencia. En verdad que él diseñó sus tesis pensando más bien en la organización sindical, y concibiendo al sindicato como un Frente Unico de clase, en una circunstancia en la que la estructura representativa del movimiento obrero despertaba resistencias incluso entre los mismos trabajadores. Pero por su importancia y trascendencia, ellas pueden perfilarse sin resistencia alguna en el escenario más amplio que compromete a todos los sectores.

Cuando el Amauta nos dice: “Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas instituciones representativas. Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena”, nos está hablando de las tareas que hoy importan a la inmensa mayoría de los peruanos que podemos, coyunturalmente, militar, o no, en uno u otro Partido o destacamento político del movimiento popular o incluso trabajar al margen de las precarias estructuras existentes.

El Frente Unico -añade Mariátegui- “No anula la personalidad, no anula la filiación que ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El Programa del Frente Unico considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el Frente Unico no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del Frente Unico cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario”.

Y es que, en efecto lo que el país requiere -y lo que es objetivamente posible hacer en esta circunstancia- es sumar fuerza, y anhelos de personas, segmentos y sectores hermanados por una misma voluntad de lucha y por expectativas coincidentes, en procura de construir un Perú mejor en la perspectiva. Eso requiere, por cierto, un elemental conjunto de propuestas y acciones vinculadas a la actividad cotidiana pero también al propósito de marchar hacia un porvenir mejor. De ahí surge la idea de una verdadera unidad programática que llame al esfuerzo común. Pero los puntos de ese programa que habrá de servir a la causa unitaria no serán impuestos por nadie, sino por las propias exigencias nacionales, por los retos que tenemos de afrontar y por las urgencias que generan las luchas actuales de nuestro pueblo.

Si lo que el país reclama es una educación de calidad, la lucha por ella debe ser un punto esencial en el programa del Frente Unico. Todos debemos trabajar a lo largo y ancho del país para que, en efecto, se haga posible, al servicio de las grandes mayorías nacionales. Y lo mismo podemos decir cuando abordamos otros temas cardinales: la salud, el empleo, la inclusión social, la explotación de los recursos naturales, la defensa del medio ambiente, los temas de la ecología o la lucha contra la corrupción. Cada cual debe trabajar por su propio segmento social en función de ese programa que fluye de la vida misma, añade Mariátegui, “pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria y la misma pasión renovadora”.

Sin renunciar a ninguna posición de principios ni ceder la función ni el papel que cada quien ocupa en la vanguardia, todos podemos -y debemos- contribuir en la tarea de afirmar un proceso de cambios que tendrá su propia dinámica y su potencialidad de desarrollo. Ambos factores jugarán, en la circunstancia concreta, un papel decisivo para construir el escenario del futuro. Y es indispensable comprender esto para enfrentar los dos grandes peligros que asoman ya en el escenario. Por un lado, hoy la derecha actúa, presiona, amenaza, acosa, exige y desestabiliza mientras el movimiento popular está paralizado y las “vanguardias” esperan: están a la expectativa. Temen que el más leve sismo social derrumbe sus pretensiones hoy que anhelan cargos en la estructura del Poder.

Pero además, ante la pasividad de la base social, arrecia la ofensiva reaccionaria contra la alcaldesa de Lima. No es gratuita. Se orienta a debilitar la imagen de la Izquierda y minar su precario poder en Lima Metropolitana. Pero hay aún más: la ignominiosa campaña contra Susana Villarán es el ensayo general de lo que se buscará hacer mañana contra Ollanta Humala. Hay que salirle al frente con todo. Si se necesita corregir errores o enmendar rumbos, hay que hacerlo. Pero no se puede permitir que la reacción recupere el terreno que perdiera en la ciudad capital. La movilización ciudadana, es la consigna.

Nada es más importante, por cierto, que enfrentar con iniciativa y fuerza la presión del enemigo. La derecha peruana tiene experiencia. Es siniestra, y además extremadamente peligrosa. Sabe que no tiene fuerza ahora para presentar batalla, pero sí puede minar el terreno para actuar después. Hay que demostrarle en los hechos, una y mil veces, que el pueblo está listo y dispuesto a desbaratar sus planes. Para este efecto, el Frente Unico es vital.

En las próximas horas el presidente electo Ollanta Humala emprenderá un viaje rápido a los Estados Unidos. Un buen síntoma de su estado de ánimo lo grafica el que, antes de enfrentar al monstruo, haya enviado un mensaje de saludo al Presidente de Venezuela, Comandanta Hugo Chávez, deseando su más pronto restablecimiento. Buen gesto, sin duda, que confirma no sólo su vocación solidaria sino también su voluntad de lucha en vísperas del Bicentenario de la Independencia de la Patria Bolivariana.

Firefox y conocimiento libre.

Portada :: Conocimiento Libre
03-07-2011

Las 5 mejores extensiones de Firefox para proteger tu privacidad

Eärendil
Usemos Linux


Estas extensiones no sólo te van a permitir navegar en forma anónima y más segura, sino también mucho más rápido (debido al bloqueo de múltiples scripts). 1. No-Script NoScript es una extensión libre y de fuente abierta para Mozilla Firefox, SeaMonkey, Flock y navegadores web basados en Mozilla. NoScript bloquea la ejecución de Javascript, Java, Flash, Silverlight, y otros plugins y contenidos de scripts. Noscript tiene un lista blanca (whitelist) para permitir la ejecución de scripts de ciertos sitios.

Esta es definitivamente la mejor herramienta para aquellos que deseen controlar todos los scripts que las páginas quieren ejecutar.

Instalar No-Script 2. Ghostery Ghostery es una TREMENDA extensión que te permite bloquear aquellos servicios que recolectan información privada y aquella relacionada con el comportamiento de los usuarios en la Web. No permite gestionar TODOS los scripts como No-Script sino sólo aquellos que se sabe están allí para rastrearnos, robarnos información, etc.

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¡Imprescindible!

Descargar Ghostery 3. BetterPrivacy BetterPrivacy permite bloquear y controlar los cookies de Flash, que son bastante más difíciles de detectar para los exploradores web tradicionales y que, además, algunos malware e incluso sitios web prestigiosos utilizan para otros fines (propaganda, rastreo, etc.), muy alejados del mero funcionamiento de Flash.

Instalar BetterPrivacy 4. Foxy Proxy FoxyProxy es una extensión Firefox que cambia entre uno o más proxies automáticamente, en base a patrones de la URL. Dicho de otra manera, FoxyProxy automatiza el proceso manual de modificar los parámetros de las Propiedades de Conexión de Firefox. El cambio de servidor proxy depende de la página a cargar y de las reglas de selección definidas por el usuario.

Un proxy, en una red informática, es un programa o dispositivo que realiza una acción en representación de otro, esto es, si una hipotética máquina a solicita un recurso a una c, lo hará mediante una petición a b; C entonces no sabrá que la petición procedió originalmente de a. Su finalidad más habitual es la de servidor proxy, que sirve para interceptar las conexiones de red que un cliente hace a un servidor de destino, por varios motivos posibles como seguridad, rendimiento, anonimato, etc.

Instalar Foxy Proxy 5. DuckDuckGo (SSL) DuckDuckGo es un buscador web (sí, como Google, Yahoo! o Bing) que utiliza información de sitios de origen público (como Wikipedia) con el propósito de aumentar los resultados tradicionales de búsqueda, y mejorar la relevancia de los mismos.

La filosofía de este motor de búsqueda hace hincapié en la privacidad y no en el registro de información del usuario, a diferencia de Google, por ejemplo.

Esta extensión permite agregar a DuckDuckGo en tu lista de buscadores de Firefox, con el agregado de que tus búsquedas se realizarán a través de una conexión segura SSL.

Instalar DuckDuckGo (SSL) Yapa En Firefox 4 y superior, podemos habilitar la opción "Do Not Track" (No Me Rastreen). Se puede acceder a ella a través de Preferencias > Privacidad > Decirle a los sitios web que no quiero ser rastreado.

http://usemoslinux.blogspot.com/2011/07/las-5-mejores-extensiones-de-firefox.html

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El Planeta Libre from Horatiux on Vimeo.

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