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viernes, 4 de marzo de 2011
Continúa hablando Fidel sobre Libia.
USA: el costo de la guerra.
Wisconsin, Indiana, Ohio, Idaho... estos son los últimos frentes en la batalla de los presupuestos, con una lucha más amplia que se asoma a raíz de la posible represión por parte del gobierno de Estados Unidos. Estas luchas, que surgen de la ocupación del edificio del Capitolio de Wisconsin, tienen como telón de fondo las dos guerras que Estados Unidos lleva adelante en Irak y Afganistán. No puede haber una discusión ni un debate sobre presupuestos, salarios, jubilaciones, ni déficits, sin un análisis claro de cuáles son los costos de estas guerras y los beneficios incalculables de poner fin a las mismas.
En primer lugar, el costo de la guerra. Estados Unidos gasta alrededor de 2.000 millones de dólares a la semana solamente en Afganistán, lo que representa alrededor de 104.000 millones de dólares al año, y esto sin incluir Irak. Comparemos esta cifra con el déficit del presupuesto estatal. Según un reciente informe del grupo independiente Centro sobre Prioridades Presupuestarias y Políticas, "alrededor de 45 estados más el Distrito de Columbia proyectan déficit presupuestarios de un total de 125.000 millones de dólares para el año fiscal 2012".
Las cuentas son sencillas: el dinero debería ir a los estados en lugar de gastarlo en la guerra.
El Presidente Barack Obama no da señales de que vayan a terminar ni la ocupación de Irak ni la actual guerra en Afganistán. Al contrario, durante su campaña electoral prometió ampliar la guerra en Afganistán y esa promesa la cumplió. Entonces, ¿cómo marcha la guerra de Obama? No muy bien.
Durante este período se han registrado más muertes de civiles en Afganistán desde que comenzó la invasión encabezada por Estados Unidos en octubre de 2001. Se informó de que recientemente sesenta y cinco civiles fueron asesinados en Kunar, cerca de Pakistán, donde el aumento de las muertes de civiles ha provocado mayor apoyo popular a los talibanes. En 2010 también se produjo el mayor número de muertes de soldados estadounidenses, llegando a un total de 711 estadounidenses y aliados muertos en Afganistán. El número de soldados muertos continúa siendo alto en 2011, y se espera que los enfrentamientos se intensifiquen cuando empiece el clima cálido.
El Washington Post informó recientemente de que el controvertido programa de aviones no tripulados de Obama, llevado a cabo por la CIA, en el que aviones no tripulados sobrevuelan zonas rurales de Pakistán para lanzar misiles Hellfire contra supuestos "militantes sospechosos", mató a al menos 581 personas, de las cuales solo dos estaban en una lista estadounidense de personas sospechosas de ser "militantes de alto nivel". Hay muchas pruebas de que los ataques con aviones no tripulados, que han aumentado drásticamente durante el gobierno de Obama, matan a civiles, sin mencionar el apoyo civil paquistaní a Estados Unidos.
Mientras tanto en Irak la democracia que los neoconservadores de Washington pretendían entregar a punta de pistola con su estrategia de "impacto e intimidación" podría estar llegando finalmente, no con la ayuda de Estados Unidos, sino inspirada en los levantamientos populares pacíficos en Túnez y Egipto. Sin embargo Human Rights Watch acaba de informar de que mientras la gente protesta y los disidentes se organizan, "los derechos de los ciudadanos más vulnerables de Irak, especialmente mujeres y detenidos, se violan sistemática e impunemente".
Samer Muscati, investigador de Human Rights Watch en Irak, acaba de salir del país. Dijo: "Una de las cosas que hemos monitoreado es la tortura en Irak. Y lamentablemente, la tortura sigue siendo sistemática y generalizada en los centro de detención. Los detenidos se quejan habitualmente de los maltratos que sufren. Cuando estuvimos allí hace un par de semanas descubrimos otra prisión secreta en Bagdad administrada por fuerzas se seguridad de élite, que depende de la oficina del ministro, sin ningún tipo de rendición de cuentas. Y estas fuerzas mantuvieron a los detenidos incomunicados. Efectivamente, están desaparecidos. No tienen contacto con sus familiares ni abogados, y los inspectores de derechos humanos tienen prohibido visitarlos. Por lo tanto los problemas de derechos humanos en Irak son graves".
Surgieron protestas en otra Plaza Tahrir, en Bagdad (sí, Tahrir significa “liberación” en Irak y en Egipto), contra la corrupción y para exigir empleos y mejores servicios públicos. Las fuerzas del gobierno iraquí mataron a 29 personas el fin de semana y detuvieron a 300 personas, entre ellas trabajadores de derechos humanos y periodistas.
Sin embargo Estados Unidos continúa destinando dinero y soldados para estas guerras interminables. Michael Hastings, de la revista Rolling Stone, cuyo artículo sacó a la luz el comportamiento inaceptable del General Stanley McChrystal, acaba de poner al descubierto lo que denomina una operación ilegal del Teniente General William Caldwell en Afganistán, en la que el ejército de Estados Unidos montó una "operación psicológica" contra senadores estadounidenses y otros dignatarios que visitaban el país para lograr apoyo y más financiamiento. Según una de las fuentes militares de Hastings, Caldwell preguntó: "¿Cómo conseguimos que estos tipos nos manden más gente?... ¿Qué tengo que ponerles en la cabeza?"
Arnold Fields, inspector general especial para la reconstrucción de Afganistán (SIGAR, por sus siglas en inglés) recientemente retirado, acaba de informar de que 11.400 millones de dólares están en riesgo debido a una planificación inadecuada. Otro grupo, la Comisión Estadounidense para Contratos en Tiempos de Guerra "concluye que Estados Unidos ha dilapidado decenas de miles de millones de dólares de los casi 200.000 millones de dólares que se gastaron en contratos y subsidios desde 2002 para apoyar las operaciones militares, de reconstrucción y otras operaciones de Estados Unidos en Irak y Afganistán."
Esto nos remite a los maestros, enfermeros, policías y bomberos de Wisconsin. Mahlon Mitchell, presidente de Bomberos Profesionales de Wisconsin, me dijo en la rotonda del Capitolio en Madison por qué los bomberos sindicalizados estaban allí, a pesar de que su sindicato no estuvo entre los afectados por el proyecto de ley del gobernador Scott Walker.
Mahlon Mitchell dijo: "Sabemos que el gobernador estaba tratando de utilizar la táctica de dividirnos para reinar. Es un ataque a la clase media. Básicamente está tratando de separar a la clase media, separar a los sindicatos, enfrentarnos y deshacerse de los sindicatos y de la negociación colectiva. Y no íbamos a quedarnos sentados y permitir que eso sucediera".
Si dejamos de atacar al pueblo en Irak y Afganistán, podemos evitar estos ataques contra los pobres y la clase media en nuestro país.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2011 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps, editado por Gabriela Díaz Cortez y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 600 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 300 en español. Es coautora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
rCR
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¿Le llegó la hora a Omán?
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
Omán practica el Islam ibadí –ni suní ni chií– que también se encuentra en latitudes selectas en el norte y el este de África. No podía ser más diferente del wahabismo, o del fanatismo al estilo yihadista de al-Qaida. En términos omaníes, el Islam ibadí involucra el encuentro de la mezcla correcta entre la costumbre tribal y el aparato estatal (Qabus aprecia mucho las consultas con dirigentes tribales).
Washington –y Londres– adoran absolutamente a Qabus; graduado de la academia militar Sandhurst en Gran Bretaña, ama Mozart y Chopin y su acumen estratégico es comparable al del padre fundador de Singapur, Lee Kwan Yew. (Cuando fui a Omán me sentí realmente como si estuviera en un Singapur árabe. Contribuyó el hecho de que había vivido en Singapur. Todo en Omán es demasiado limpio, y también perfecto como en Disneylandia, como en Las mujeres perfectas al estilo singapurense)
Contribuye al amor estadounidense que el sultán haya ayudado considerablemente a George H W Bush durante la primera guerra del Golfo en 1991 contra Sadam Hussein de Iraq, y que extendiera el favor a George W Bush permitiendo que 20.000 soldados de EE.UU. permanecieran en Omán antes de las invasiones de Afganistán e Iraq. Para colmo, el área más profunda del excesivamente estratégico Estrecho de Ormuz –esencial para la navegación de superpetroleros en el Golfo Pérsico– se encuentra en territorio omaní.
Lamento entrometerme en vuestro idilio
Es posible que Qabus, en el poder desde 1970, todavía no sea objeto de revulsión en su paraíso del Golfo de Omán. Pero puede que se le esté acabando el tiempo –a él y a las elites de Omán– frente a la implacable gran revuelta árabe de 2011.
En el índice de lanzadores de zapatos de The Economist, Omán se encuentra nada menos que en sexto lugar, directamente después de Hosni Mubarak –depuesto en Egipto y mucho antes de Zine el-Abidine Ben Alí depuesto en Túnez y de Khalifa, en peligro en Bahréin. La mitad de la población, de menos de tres millones, es menor de 21 años. El desempleo abunda, especialmente entre jóvenes que tienen un diploma inútil. De un total de 40.000 graduados de secundaria al año, sólo unos pocos encuentran trabajo.
Esto sólo puede significar grandes problemas. Blogueros y twiteros de Omán subrayan que ha habido manifestaciones en el sur y en los puertos de crucial importancia estratégica de Salalah (en el sur, cerca de Yemen) y Sohar (donde la policía utilizó munición de guerra, matando a un muchacho de 15 años; la policía omaní –así como la Mukhabarat [policía secreta, N. del T.]– están entrenadas en Jordania). No menos de 3.000 manifestantes fueron atacados con gas lacrimógeno. La carretera de Sohar a al-Ayn –al otro lado de la frontera en los Emiratos Árabes Unidos (EAU)– se cerró.
Los manifestantes se quejan básicamente de salarios miserables, en comparación con una continua y creciente inflación; y de que la mayoría de los puestos de trabajo son ocupados por extranjeros (empleados por corporaciones extranjeras) o por omaníes de la capital Muscat.
Los manifestantes pacíficos dicen que no descansarán hasta que consigan mejores salarios. El sultán aumentó preventivamente el salario mínimo nacional de 316 dólares al mes a 520; los manifestantes “no quieren menos de 1.300 dólares”. Y además: mejores pensiones; educación ulterior gratuita para todos los omaníes; e incluso la renuncia del gobierno. Durante el fin de semana, el sultán también hizo cambios ministeriales y el gobierno anunció 50.000 puestos de trabajo más, aparte de prestaciones por desempleo. La reacción de los manifestantes: “Puras palabras”.
También es crucial que no se informa completamente sobre nada de esto en el Golfo. Al-Yazira mantiene un silencio inquietante. Al-Arabiyya –vocero de la Casa de Saud– también guarda silencio. Y ni hablar de las transmisiones en el propio Omán. Se ha criticado mucho a Al-Yazira en muchos sectores durante semanas por su negligente cobertura de Bahréin –en comparación con una guerra relámpago durante 24 horas cuando se trata de Egipto o Libia. Esto ha provocado muchas sospechas de que para el emir de Qatar, hay una “lucha por la democracia” (en el norte de África) y otra “lucha por la democracia” (en el Golfo).
Con la soga al cuello
Sohar –antiguo albergue de Simbad– a 80 kilómetros de la frontera de los EAU y a 200 km. de la capital Muscat, merece especial atención. Es el centro industrial de Omán, con uno de los mayores proyectos de desarrollo portuario del mundo más una refinería, un complejo petroquímico, una fundición de aluminio y una fábrica de acero. Los trabajadores del petróleo en Sohar se están convirtiendo en manifestantes. No es inverosímil que bloqueen las exportaciones por oleoducto como un medio para presionar al sultán. Omán bombea cerca de 860.000 barriles de petróleo diarios y exporta aproximadamente 750.000 barriles.
La economía global conoce el Golfo Pérsico como su principal centro petrolífero. La noción paranoica de que el Estrecho de Ormuz sería cerrado por Irán en una guerra contra EE.UU./Israel fue siempre una quimera fabricada por los neoconservadores. La realidad presenta ahora otro panorama: la intervención de la verdadera democracia en el “fanal de estabilidad” Omán.
Desde el punto de vista de la economía global, la lucha por la democracia podría convertirse en un panorama de pesadilla. Si tanto Libia como Omán desaparecieran del mercado, la economía global perdería 2,5 millones de barriles de petróleo diarios, un 3% de lo que consume. No existe evidencia de que Arabia Saudí pueda compensarlos sin llevar sus equipos e infraestructura al límite. Traducción: el petróleo podría llegar a más de 150 dólares por barril en cosa de días. Y esto sin incluir siquiera la posibilidad de manifestaciones en marzo en Arabia Saudí.
Omán no es exactamente un accidente de la historia como los territorios gobernados por jeques del Golfo, que fueron básicamente un “collar de perlas” en la carretera naval del imperio británico a lo largo del Océano Índico. No es sorprendente que el imperialista-en-jefe Lord Curzon los haya llamado “nimias jefaturas árabes” (se puede decir que esto no ha cambiado mucho bajo la administración imperial estadounidense). En lo que respecta a Washington, Omán sigue siendo el proverbial “aliado estable de EE.UU.” – con su armada altamente entrenada por EE.UU. y, de modo crucial, desplegada directamente a la salida del estratégico Estrecho de Ormuz.
Omán no es exactamente una reciente hacienda familiar establecida en el desierto como la Casa de Saud. La dinastía gobernante –al-Bu Sa'id– ha estado en el poder desde antes que EE.UU. llegara a ser un país.
Pero agreguemos un poco de zumo a toda esta “estabilidad”. Omán ha tenido uno de los movimientos de oposición más sofisticados de todo el mundo árabe, encarnado en gran parte por el Frente Popular por la Liberación de Omán. Algunos de sus dirigentes fueron cooptados por el sultán, pero sigue existiendo el ímpetu progresista, modernizador.
Por mucho que el Departamento de Estado de EE.UU. se esfuerce por subrayar que Omán respeta los derechos humanos, los derechos políticos siguen siendo casi nulos. No hay prensa libre, ni libertad de expresión, ni libertad de reunión, ni libertad de religión. Puede que Omán no sea la ultra-represiva Arabia Saudí o el Yemen del Lejano Oeste, pero tampoco es Escandinavia (Sujetos de los think tanks de Washington insisten en comparar al sultán con los primeros ministros escandinavos).
La gran revuelta árabe de 2011 es, citando a Bob Dylan, “conducir a 150 kilómetros por hora por una calle sin salida” en Barein; está a punto de tomar un descanso en Arabia Saudí; y ya llegó a Omán. El septuagenario sultán tiene diabetes, no tiene herederos para su trono y ahora le desafían oficialmente los jóvenes desempleados y los trabajadores furiosos delante de su puerta. Cuidado con la posibilidad de que el imperialismo humanitario vuelva a surgir amenazadoramente en Libia. Pero todos los ojos deberían concentrarse en el Estrecho de Ormuz; en la costa omaní, no iraní.
Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/
rCR
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Chávez, no a la guerra en Libia.
Así lo informó el presidente de la República, Hugo Chávez, quien sostuvo una conversación telefónica con el líder libio, con el fin de mostrar la solidaridad del pueblo venezolano hacia la mencionada crisis política.
En ese sentido, el mandatario nacional conminó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y al resto de los países a que se pronuncien respecto a la crisis libia y rechacen las pretensiones del gobierno de Estados Unidos de invadir al país árabe para apropiarse de las grandes reservas de petróleo que posee.
De igual manera, fustigó a los grupos insurrectos libios, así como a la derecha venezolana, que le piden al gobierno estadounidense intervenir en ambos países “en nombre de la democracia”.
Comisión de paz en Libia
El jefe de Estado, quien se encontraba este jueves en el teatro Teresa Carreño en un acto de juramentación de los equipos estadales del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), se dirigió al pueblo venezolano y al resto del orbe para comunicar sobre el diálogo telefónico entre él y al Gaddafi.
“Hablé (telefónicamente) con Gaddafi y me dijo que sí aceptaba la comisión y que ésta, ojalá, no estuviera conformada sólo por países, sino también por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para que vean lo que realmente ocurre antes de condenar y pensar invadir al pueblo de Libia”, manifestó.
Chávez también criticó la política imperialista adelantada por Estados Unidos que está creando las condiciones para justificar una invasión en Libia y así apoderarse de sus recursos naturales.
“Exigimos a Estados Unidos y a las potencias mundiales que respeten al pueblo de Libia. No a la intervención imperialista, no a una nueva guerra imperialista que busca petróleo sobre la sangre de inocentes”, sentenció el mandatario venezolano.
Guerra aumentaría precios del petróleo
El presidente Chávez advirtió que si en Libia se desata una guerra mundial, los precios del petróleo aumentarán a 200 dólares el barril, lo cual no es conveniente para ninguna nación, razón por la cual realizó la propuesta de paz, desde la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (Alba).
“Hemos recibido algunas respuestas de África, del mundo árabe, de América Latina, de Europa. Es la propuesta de paz. Con nosotros no va a funcionar el chantaje, porque yo defiendo mi verdad, Venezuela defiende su verdad. No podemos dejarnos arrastrar como unas veletas, sin saber muy bien lo que pasa y lo que ha pasado en Libia, teniendo más bien evidencias de que allí se desató una guerra civil”, aseveró.
En ese sentido, se pronunció en contra de la actitud silente de algunas naciones del orbe en relación a la realidad que sucede en el país norafricano, mismas que tampoco establecen posiciones ante coyunturas como las de Palestina.
“Después que hay acciones de guerra van a decir que la culpa es del asesino, pero no son asesinos los israelitas que bombardean Fallujah y la Franja de Gaza cada vez que les provoca y que acaban con miles de niños y de familias. Con ellos no se mete nadie. Eso demuestra la falta de ética de tantos voceros de países del mundo, de las Naciones Unidas, pero Venezuela no. Somos revolucionarios y estamos asentados sobre sólidos principios morales”, destacó.
Asimismo, el jefe de Estado dijo que la propuesta de paz que hizo no sólo se circunscribe a Libia, sino que redunda en la paz para todas las naciones colindantes.
“Cuando yo hago esta propuesta de paz para Libia, no sólo es para ese país, porque una guerra o una invasión a Libia sería un polvorín que se extendería por todo el norte de África y cuidado si la candela pasa el Mediterráneo, porque ahí mismo está Italia, Francia, España. Es demasiado peligroso, están jugando con fuego. Ojalá se sumen y también Naciones Unidas”.
Chávez indicó que las presiones de las que es objeto el líder libio Muamar al Gaddafi no provocarán su salida del país árabe, por lo cual Estados Unidos prepara una invasión.
“Como Gaddafi no se va a ir, entonces ellos (Estados Unidos) están preparando una invasión a Libia. Están preparando matarlo. Ya en una ocasión lo bombardearon y mataron a una hija de Gaddafi y lanzaron unos cohetes, eso lo hicieron los yanquis. Esa es la historia de los yanquis”.
El mandatario nacional hizo un llamado al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para que evite una eventual guerra hacia Libia.
“Piénselo, señor Obama. Yo creo, como Fidel (Castro), que Obama es un hombre de buenas intenciones, pero no tiene el coraje para enfrentar al imperio, es decir, está atrapado por el imperio. Y, si él tratara de hacer algo lo más probable es que se lo raspen. Lo matan, allá matan a presidentes”, recordó.
Advirtió que a Europa no le conviene una guerra. “Pónganse de pie cada uno con su soberanía, con su estilo y su respeto. Es la hora de la política ¡No a la guerra! Evitemos una nueva guerra y hagamos política”.
Libia será tema de agenda en reunión del Alba
El conflicto en Libia será uno de los temas que debatirán, este viernes, en Caracas los cancilleres de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (Alba).
En ese sentido, se tiene previsto que el encuentro se realice en la Casa Amarilla, sede protocolar del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores, a partir de las 10:00 de la mañana, razón por la cual han empezado a llegar a la capital venezolana los jefes de la diplomacia del bloque bolivariano.
Hasta ahora, países miembros, como Ecuador y Nicaragua, han coincidido en el rechazo a cualquier escenario de invasión militar al país africano, posición que Venezuela defendió en la más reciente sesión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Sin embargo, en línea opuesta a los esfuerzos de diálogo, el arsenal militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha movilizado a las costas de Libia y, según declaraciones recogidas hoy por la agencia AFP, el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, aseguró que están preparados para “cualquier eventualidad”.
El canciller venezolano, Nicolás Maduro, explicó que lo que está en discusión es “la política de paz o la política de guerra. Nosotros defendemos la paz”, enfatizó en breves declaraciones en el Palacio de Miraflores, después de la firma de acuerdos económicos y comerciales entre Caracas y Bogotá.
La OTAN, alentada por Estados Unidos, admitió haber tomado “nota de la petición” de los fuerzas insurgentes libias, “de una intervención aérea extranjera” que busca ingresar en Libia para bloquear cualquier actividad en ese país.
No obstante, la Liga Árabe ha dejado claro que considera que cualquier incursión “liderada por Estados Unidos transformaría las percepciones que la gente tiene” y “volvería a convertir una revuelta en la región de Medio Oriente en una historia de intervención estadounidense, parecida a la debacle en Irak”, refiere una nota del portal web del diario El País.
Este jueves, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, informó que la organización está interesada en analizar en profundidad la propuesta de Chávez, reseñó la cadena Al Yazira.
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jueves, 3 de marzo de 2011
Fidel pronostica guerra.
A diferencia de lo que ocurre en Egipto y Túnez, Libia ocupa el primer lugar en el Índice de Desarrollo Humano de África y tiene la más alta esperanza de vida del Continente. La educación y la salud reciben especial atención del Estado. El nivel cultural de su población es sin dudas más alto. Sus problemas son de otro carácter. La población no carecía de alimentos y servicios sociales indispensables. El país requería abundante fuerza de trabajo extranjera para llevar a cabo ambiciosos planes de producción y desarrollo social.
Por ello suministraba empleo a cientos de miles de trabajadores egipcios, tunecinos, chinos y de otras nacionalidades. Disponía de enormes ingresos y reservas en divisas convertibles depositadas en los bancos de los países ricos, con las cuales adquirían bienes de consumo e incluso, armas sofisticadas que precisamente le suministraban los mismos países que hoy quieren invadirla en nombre de los derechos humanos.
La colosal campaña de mentiras, desatada por los medios masivos de información, dio lugar a una gran confusión en la opinión pública mundial. Pasará tiempo antes de que pueda reconstruirse lo que realmente ha ocurrido en Libia, y separar los hechos reales de los falsos que se han divulgado.
Emisoras serias y prestigiosas, como Telesur, se veían obligadas a enviar reporteros y camarógrafos a las actividades de un grupo y a las del lado opuesto, para informar lo que realmente ocurría.
Las comunicaciones estaban bloqueadas, los funcionarios diplomáticos honestos se jugaban la vida recorriendo barrios y observando actividades, de día o de noche, para informar lo que estaba ocurriendo. El imperio y sus principales aliados emplearon los medios más sofisticados para divulgar informaciones deformadas sobre los acontecimientos, entre las cuales había que inferir los rasgos de la verdad.
Sin duda alguna, los rostros de los jóvenes que protestaban en Bengasi, hombres, y mujeres con velo o sin velo, expresaban indignación real.
Se puede apreciar la influencia que todavía ejerce el componente tribal en ese país árabe, a pesar de la fe musulmana que comparte sinceramente el 95% de su población.
El imperialismo y la OTAN ─seriamente preocupados por la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe, donde se genera gran parte del petróleo que sostiene la economía de consumo de los países desarrollados y ricos─ no podían dejar de aprovechar el conflicto interno surgido en Libia para promover la intervención militar. Las declaraciones formuladas por la administración de Estados Unidos desde el primer instante fueron categóricas en ese sentido.
Las circunstancias no podían ser más propicias. En las elecciones de noviembre la derecha republicana propinó un golpe contundente al Presidente Obama, experto en retórica.
El grupo fascista de “misión cumplida”, apoyado ahora ideológicamente por los extremistas del Tea Party, redujo las posibilidades del actual Presidente a un papel meramente decorativo, en el que peligraba incluso su programa de salud y la dudosa recuperación de la economía, a causa del déficit presupuestario y el incontrolable crecimiento de la deuda pública, que batían ya todos los records históricos.
Pese al diluvio de mentiras y la confusión creada, Estados Unidos no pudo arrastrar a China y la Federación Rusa a la aprobación por el Consejo de Seguridad de una intervención militar en Libia, aunque logró en cambio obtener, en el Consejo de Derechos Humanos, la aprobación de los objetivos que buscaba en ese momento. Con relación a una intervención militar, la Secretaria de Estado declaró con palabras que no admiten la menor duda: “ninguna opción está descartada”.
El hecho real es que Libia está ya envuelta en una guerra civil, como habíamos previsto, y nada pudo hacer Naciones Unidas para evitarlo, excepto que su propio Secretario General regara una buena dosis de combustible en el fuego.
El problema que tal vez no imaginaban los actores es que los propios líderes de la rebelión irrumpieran en el complicado tema declarando que rechazaban toda intervención militar extranjera.
Diversas agencias de noticias informaron que Abdelhafiz Ghoga, portavoz del Comité de la Revolución declaró el lunes 28 que “‘El resto de Libia será liberado por el pueblo libio’”.
“Contamos con el ejército para liberar Trípoli’ aseguró Ghoga durante el anuncio de la formación de un ‘Consejo Nacional’ para representar a las ciudades del país en manos de la insurrección.”
“‘Lo que queremos es informaciones de inteligencia, pero en ningún caso que se afecte nuestra soberanía aérea, terrestre o marítima’, agregó, durante un encuentro con periodistas en esta ciudad situada 1.000 km al este de Trípoli.”
“La intransigencia de los responsables de la oposición sobre la soberanía nacional reflejaba la opinión manifestada en forma espontánea por muchos ciudadanos libios a la prensa internacional en Bengasi”, informó un despacho de la agencia AFP el pasado lunes.
Ese mismo día, una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, Abeir Imneina, declaró:
“Hay un sentimiento nacional muy fuerte en Libia.”
“‘Además, el ejemplo de Irak da miedo al conjunto del mundo árabe’, subraya, en referencia a la invasión norteamericana de 2003 que debía llevar la democracia a ese país y luego, por contagio, al conjunto de la región, una hipótesis totalmente desmentida por los hechos.”
Prosigue la profesora:
“‘Sabemos lo que pasó en Irak, es que se encuentra en plena inestabilidad, y verdaderamente no deseamos seguir el mismo camino. No queremos que los norteamericanos vengan para tener que terminar lamentando a Gadafi’, continuó esta experta.”
“Pero según Abeir Imneina, ‘también existe el sentimiento de que es nuestra revolución, y que nos corresponde a nosotros hacerla’.”
A las pocas horas de publicarse este despacho, dos de los principales órganos de prensa de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post, se apresuraron en ofrecer nuevas versiones sobre el tema, de lo cual informa la agencia DPA al día siguiente 1º de marzo: “La oposición libia podría solicitar que Occidente bombardee desde el aire posiciones estratégicas de las fuerzas fieles al presidente Muamar al Gadafi, informa hoy la prensa estadounidense.”
“El tema está siendo discutido dentro del Consejo Revolucionario libio, precisan ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ en sus versiones online.”
“‘The New York Times’ acota que estas discusiones ponen de manifiesto la creciente frustración de los líderes rebeldes ante la posibilidad de que Gadafi retome el poder”.
“En el caso de que las acciones aéreas se realicen en el marco de las Naciones Unidas, éstas no implicarían intervención internacional, explicó el portavoz del consejo, citado por ‘The New York Times’.”
“El consejo está conformado por abogados, académicos, jueces y prominentes miembros de la sociedad Libia.”
Afirma el despacho:
“‘The Washington Post’ citó a rebeldes reconociendo que, sin el apoyo de Occidente, los combates con las fuerzas leales a Gadafi podrían durar mucho y costar gran cantidad de vidas humanas.”
Llama la atención que en esa relación no se mencione un solo obrero, campesino, constructor, alguien relacionado con la producción material o a un joven estudiante o combatiente de los que aparecen en las manifestaciones. ¿Por qué el empeño en presentar a los rebeldes como miembros prominentes de la sociedad reclamando bombardeos de Estados Unidos y la OTAN para matar libios?
Algún día se conocerá la verdad, a través de personas como la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, que con tanta elocuencia narra la terrible experiencia que mató, destruyó los hogares, dejó sin empleo o hizo emigrar a millones de personas en Iraq.
Hoy miércoles dos de marzo, la Agencia EFE presenta al conocido vocero rebelde haciendo declaraciones que, a mi juicio, afirman y a la vez contradicen las del lunes: “Bengasi (Libia), 2 de marzo. La dirección rebelde libia pidió hoy al Consejo de Seguridad de la ONU que lance un ataque aéreo ‘contra los mercenarios’ del régimen de Muamar el Gadafi.”
“‘Nuestro Ejército no puede lanzar ataques contra los mercenarios, por su papel defensivo’, afirmó el portavoz rebelde Abdelhafiz Ghoga en una conferencia de prensa en Bengasi.”
“‘Es diferente un ataque aéreo estratégico que una intervención extranjera, que rechazamos’, recalcó el portavoz de las fuerzas de oposición, que en todo momento se han mostrado en contra de una intervención militar extranjera en el conflicto libio”.
¿A cuál de las muchas guerras imperialistas se parecería esta?
¿La de España en 1936, la de Mussolini contra Etiopía en 1935, la de George W. Bush contra Iraq en el año 2003 o a cualquiera de las decenas de guerras promovidas por Estados Unidos contra los pueblos de América, desde la invasión de México en 1846, hasta la de Las Malvinas en 1982?
Sin excluir, desde luego, la invasión mercenaria de Girón, la guerra sucia y el bloqueo a nuestra Patria a lo largo de 50 años, que se cumplirán el próximo 16 de abril.
En todas esas guerras, como la de Vietnam que costó millones de vidas, imperaron las justificaciones y las medidas más cínicas.
Para los que alberguen alguna duda, sobre la inevitable intervención militar que se producirá en Libia, la agencia de noticias AP, a la que considero bien informada, encabezó un cable publicado hoy, en el que se afirma: “Los países de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN) elaboran un plan de contingencia tomando como modelo las zonas de exclusión de vuelos establecidas sobre los Balcanes en la década de 1990, en caso de que la comunidad internacional decida imponer un embargo aéreo sobre Libia, dijeron diplomáticos”.
Más adelante concluye: “Los funcionarios, que no podían dar sus nombres debido a lo delicado del asunto, indicaron que las opciones que se observan tienen punto de partida en la zona de exclusión de vuelos que impuso la alianza militar occidental sobre Bosnia en 1993 que contó con el mandato del Consejo de Seguridad, y en los bombardeos de la OTAN por Kosovo en 1999, QUE NO LO TUVO”.
Prosigue mañana. (hoy)
Fidel Castro Ruz
Marzo 2 de 2011
8 y 19 p.m.
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Libia y la desgracia del petróleo.
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
Por lo tanto, una vez más, se introduce al mundo en la pornografía de la guerra, a la historia como farsa, a una mala reedición de “conmoción y pavor”. Todos –las Naciones Unidas, EE.UU., la OTAN– ponen el grito en el cielo por una zona de exclusión aérea. Fuerzas especiales están en movimiento, así como barcos de guerra de EE.UU.
Algunos senadores estadounidenses comparan, sin resuello, a Libia con Yugoslavia. Tony “El regreso de los muertos vivientes” Blair ha reaparecido lleno de celo misionero, y el primer ministro británico David Cameron presenta su reflejo exacto, escarnecido debidamente por el hijo de Gadafi, el “modernizador” Saif al-Islam. Hay miedo de las “armas químicas”. Bienvenidos al imperialismo humanitario –un crack.
Y como un personaje salido directamente de Scary Movie, incluso el arquitecto de la guerra contra Iraq, Paul Wolfowitz, quiere una zona de exclusión aérea impuesta por la OTAN, mientras la Iniciativa de Política Extranjera –vástago del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense– publica una carta abierta al presidente Barack Obama de EE.UU., pidiendo medios militares para convertir Libia en un protectorado regido por la OTAN en nombre de la “comunidad internacional”.
El simple hecho de que toda esta gente esté apoyando a los manifestantes libios hace que todo huela que apesta. El envío del Gran Atemorizador Charlie Sheen a aporrear a Gadafi parecería más verosímil.
Tocó al ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, introducir una nota de cordura describiendo la noción de una zona de exclusión aérea sobre Libia como “superflua”. Esto significa en la práctica un veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU. Anteriormente China ya había cambiado de tema.
En su histeria al estilo de Sheen –en la que la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton ofreció histéricamente “todo tipo de ayuda”– los políticos occidentales no se tomaron la molestia de consultar a los que arriesgan sus vidas para derrocar a Gadafi. En una rueda de prensa en Bengasi, el portavoz del nuevo Consejo Nacional Transicional Libio, el abogado de derechos humanos Abdel-Hafidh Ghoga, lo dijo claramente: “Estamos contra toda intervención extranjera o intervención militar en nuestros asuntos internos… Esta revolución será completada por nuestro pueblo.”
El pueblo en cuestión, a propósito, está protegiendo la industria petrolera de Libia, e incluso cargando petroleros gigantes destinados a Europa y China. El pueblo en cuestión no tiene mucho que ver con oportunistas como el ex ministro de justicia nombrado por Gadafi, Mustafa Abdel-Jalil, quien quiere un gobierno provisional que prepare elecciones dentro de tres meses. Además el pueblo en cuestión, como ha informado al-Yazira, está diciendo que no quiere intervención extranjera desde hace una semana.
El Consejo de Bengasi prefiere describirse como la “cara política de la revolución”, que organiza asuntos cívicos, y no instalado como un gobierno interino. Mientras tanto, un comité militar de oficiales desertores trata de establecer un esqueleto de ejército para enviarlo a Trípoli; mediante contactos tribales parece que ya han infiltrado pequeñas células en la vecindad de Trípoli.
Queda por ver si esta dirigencia revolucionaria autoproclamada –elementos fragmentarios de la elite establecida, las tribus y el ejército– será la cara de un nuevo régimen, o si será sobrepasada por activistas más jóvenes, más radicales.
Báñame en hipocresía
En todo caso, nada de esto ha aplacado la histérica narrativa occidental, según la cual hay sólo dos opciones para Libia: convertirse en un Estado fallido o en el próximo refugio de al-Qaida. Qué irónico. Hasta 2008, Libia estaba descartada por Washington por que era un Estado canalla y miembro extraoficial del “eje del mal” que originalmente incluía a Iraq, Irán y Corea del Norte.
Como confirmó hace años el comandante supremo de la OTAN Wesley Clark, Libia estaba en la lista oficial del Pentágono y los neoconservadores para ser eliminarla después de Iraq, junto con Somalia, Sudán, el Líbano, Siria y el santo grial, Irán. Pero en cuanto el astuto Gadafi se convirtió en socio oficial en la “guerra contra el terror”, Libia fue instantáneamente ascendida por el gobierno de George W. Bush al estatus de país civilizado.
En cuanto a que el Consejo de Seguridad de la ONU haya decidido unánimemente enviar al régimen de Gadafi ante la Corte Penal Internacional (CPI), vale la pena recordar que la CPI fue creada a mediados de 1998 por 148 países reunidos en Roma. La votación final fue de 120 contra siete. Los siete que votaron contra la CPI, fueron China, Iraq, Israel, Qatar y Yemen, Libia y… EE.UU. A propósito, Israel mató más civiles palestinos en dos semanas alrededor del año nuevo de 2008 que Gadafi en esta última quincena.
Este tsunami de hipocresía provoca inevitablemente la pregunta: ¿Qué sabe Occidente en todo caso del mundo árabe? Recientemente el consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió a cierto país norteafricano por su “ambicioso programa de reforma” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”. El país en cuestión era Libia. El FMI sólo había olvidado hablar con los principales protagonistas: el pueblo libio.
¿Y qué pensar de Anthony Giddens –el gurú que está tras la “Tercera Vía” de Blair– quien en marzo de 2007 escribió un artículo en The Guardian en el que dice que “Libia no es especialmente represiva” y que “Gadafi parece ser genuinamente popular”? Giddens apostó a que Libia será “en dos o tres décadas una Noruega del norte de África: próspera, igualitaria y progresista”. Puede que Trípoli esté de camino a Oslo, pero sin el clan Gadafi.
EE.UU., Gran Bretaña y Francia maniobran de una forma tan torpe para conseguir la mejor posición después de Gadafi que es casi cómico. Pekín, incluso contra su voluntad, esperó tiempo extra para condenar a Gadafi en la ONU, pero se aseguró de que seguía la iniciativa de países africanos y asiáticos (una acción inteligente, como en “escuchamos las voces del Sur”). Pekín está extremadamente preocupado de que su compleja relación económica con la fuente de petróleo libia no se deshaga (entre todo el ruido de los expatriados en fuga, China evacuó silenciosamente a más de 30.000 trabadores chinos del petróleo y la construcción).
Otra vez es el petróleo, estúpido. Un factor estratégico crucial para Washington es que la Libia después de Gadafi puede representar una bonanza para el Gran Petróleo de EE.UU. –que por el momento está excluido de Libia. Bajo esta perspectiva, Libia se puede considerar otro campo de batalla entre EE.UU. y China. Pero mientras China busca acuerdos de energía y negocios en África, EE.UU. apuesta por sus fuerzas del AFRICOM así como por el progreso de la “cooperación militar” de la OTAN con la Unión Africana.
El movimiento contra Gadafi debe mantenerse en máxima alerta. Es justo argumentar que la mayoría absoluta de los libios está utilizando toda su inventiva y está dispuesta a hacer cualquier sacrificio para construir un país unido, transparente y democrático. Y lo hará por su propia cuenta. Podrá aceptar ayuda humanitaria. En cuanto a la pornografía bélica, tiradla al cubo de la basura de la historia.
Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.
Fuente: http://www.atimes.com/atimes/
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Otra vez la guerra.
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
“Espero que sepa que hay gente en todo el mundo que reza y observa y quiere hacer algo”, dijo Anderson, como si fuera un traspunte en el teatro apuntando a los actores las primeras palabras que deben decir. Haya o no recibido una copia del guión, la mujer que llamaba actuó como se esperaba: “El primer paso [es] convertir Libia en una zona de exclusión aérea. Si hacéis que Libia sea una zona de excvlusión aérea no podrán entrar más mercenarios… Hay que actuar. ¿Cuánto tiempo más hay que esperar, cuánto más hay que ver, cuánta gente más tiene que morir?”
Es totalmente posible, tal vez incluso probable, que el sujeto de la entrevista de Cooper haya sido simplemente una mujer aterrorizada pero resuelta que arriesgó su vida para describir la violencia que devora a su país en medio de los estertores finales del Estado policial de Gadafi.
Es igualmente posible que su llamado a la acción internacional para imponer una zona de exclusión aérea haya sido el pedido desesperado de una víctima, más que un acto de ventriloquia mediática de un personaje anónimo que apoya la primera base de una campaña militar propuesta por la misma alianza pro guerra neoconservadora que nos manipuló contra Iraq.
Seguramente fue pura coincidencia que el “Grito en la noche” desde Libia haya tenido eco en la misma red unas pocas noches después en boca del arquitecto de la guerra de Iraq, ex presidente del Banco Mundial y criminal de guerra Paul Wolfowitz, quien pocos días antes de la dramática transmisión de Cooper pidió una “zona de exclusión aérea” sobre Libia impuesta por la OTAN.
En los hechos, al día siguiente de esa entrevista, un grupo ad hoc que se llama Iniciativa de Política Exterior, amalgamado de los residuos del Proyecto por un Nuevo Siglo Estadounidense, publicó una “carta abierta” a Obama pidiendo una intervención militar –empezando por una zona de exclusión aérea”– en Libia. El marco neoconservador para encarar la crisis libia crearía un protectorado regional administrado por la OTAN por cuenta de la “comunidad internacional”. Esto anularía cualquier esfuerzo por parte de libios, egipcios, tunecinos y otros para lograr una verdadera independencia.
Con base en la experiencia previa de campañas mediáticas a favor de la conquista humanitaria, mi incurable cinismo me lleva a oír en el “Grito en la Noche” de Cooper un ligero pero inconfundible eco del lacrimoso, palpablemente serio, testimonio de "Nayirah", la muchacha kuwaití de ojos abiertos quien, utilizando un nombre supuesto para “proteger a su familia”, describió lo que le había pasado a su país después de la invasión iraquí.
Recobrando valerosamente su compostura relató horrores que los ojos humanos no deberían presenciar. La joven enfermera voluntaria de 15 años, precozmente madura, relató en la Reunión de Derechos Humanos del Congreso de EE.UU. cómo soldados iraquíes penetraron en el hospital al-Addan, arrancaron a los recién nacidos de las incubadoras y los lanzaron al suelo. Poco tiempo después este testimonio fue “confirmado” por otros que presentaron un testimonio igualmente angustiado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Durante los tres meses de preparación para el ataque de enero de 1991 contra Bagdad, la imagen de los “bebés de las incubadoras” kuwaitíes fue interminablemente reciclada como tema de discusión en entrevistas en los medios, discursos presidenciales, y debates en el Congreso y en la ONU. Un sondeo de opinión posterior a la guerra estableció que la historia de los “bebés de las incubadoras” fue el arma más potente utilizada por el gobierno de Bush en su campaña con el fin de crear apoyo público para el ataque contra Iraq.
Ese relato de atrocidades fue particularmente efectivo en la superación del escepticismo de gente que apoyaba un punto de vista progresista.
“Pacifista por naturaleza, mi hermano no estaba de humor pacífico ese día”, recordó el columnista del Christian Science Monitor, Tom Regan, al describir la reacción de su hermano ante el testimonio de "Nayirah". “Tenemos que ir y liquidar a Sadam Hussein. Ahora”, insistió el hermano de Regan.
“Comprendí completamente sus sentimientos”, señaló Regan. Después de todo, “¿quién podría consentir semejante brutalidad? La noticia de la matanza había llegado en un momento clave de las deliberaciones sobre si EE.UU. debería invadir Iraq. Los que presenciaron los ininterrumpidos debates en la televisión vieron que muchos de los que antes habían vacilado al respecto fse convirtieron en guerreros por medio de horroroso incidente. Lástima que nunca haya sucedido.”
"Nayirah" no era una ingenua traumatizada que presenció un acto de barbarie digno de las Einsatzgruppen [Escuadrones de la muerte de Alemania nazi, N. del T.]; se trataba en realidad de la hija de Saud Nasi al-Sabah, embajador de Kuwait en EE.UU. (y miembro de la familia real del emirato). Su guión había sido escrito por la firma de relaciones públicas de Washington Hill & Knowlton, que –bajo la supervisión del ex jefe de gabinete del gobierno de Bush, Craig Fuller, había preparado una campaña para crear apoyo público a la inminente guerra.
No fue difícil convencer al público de que Sadam era un abominable matón. La venta de la idea de una gran guerra en Medio Orienta era una propuesta de mayor envergadura. A finales de 1990 Hal Steward, oficial de propaganda retirado del ejército, definió el problema del gobierno: “Sí, y cuando, comiencen los disparos, los periodistas empezarán a preguntar por qué los soldados estadounidenses da su vida por los jeques ricos en petróleo. Más vale que los militares de EE.UU. se en prisa en presentar un plan de relaciones públicas que tenga respuestan que el público pueda aceptar.”
La imagen de los kuwaitíes recién nacidos arrancados de las incubadoras era un motivo actualizado de un clásico tema de propaganda bélica utilizado por los servicios de inteligencia británicos –y sus compañeros de viaje estadounidenses– en sus esfuerzos para provocar la intervención de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial.
El equivalente en la era de la Primera Guerra Mundial de los “bebés de las incubadoras” kuwaitíes fueron los infantes belgas supuestamente ensartados por las bayonetas de hunos de nudillos peludos con cascos de pincho. Los soldados alemanes lo hacían para divertirse si no podían saciar sus ansias lascivas violando mujeres belgas y amputando sus pechos. Es lo que dijo al público estadounidense, con toda seriedad, gente que trabajaba por cuenta de un comité de propaganda británico secreto dirigido por Charles Masterman.
En 1915, una comisión oficial dirigida por el vizconde James Bryce, un notable historiador británico, “verificó” esas historias de atrocidades sin nombrar a un solo testigo o víctima. Eso no satisfizo a Clarence Darrow, quien ofreció una recompensa de 1.000 dólares a cualquiera que pudiera presentar a una víctima belga o francesa mutilada por soldados alemanes. Nadie cobró esa gratificación.
“Después de la guerra”, cuenta Thomas Fleming en su libro Illusion of Victory, “se dijo a los historiadores que trataron de examinar la documentación para las historias de Bryce que los archivos habían desaparecido misteriosamente. Esa flagrante evasión llevó a la mayoría de los historiadores a descartar un 99% de las atrocidades de Bryce como inventos.”
La guerra desata cualquier impulso bajo y repulsivo al que es susceptible el hombre abatido. Por lo tanto es seguro que algunos soldados alemanes (como sus homólogos franceses, belgas, británicos y estadounidenses) aprovecharon oportunidades para cometer actos individuales de crueldad depravada. Pero el propósito de la propaganda de guerra pregonada por la elite angloestadounidense, como señala Fleming, era crear una imagen pública generalizada de los alemanes como “monstruos capaces de un sadismo horripilante”, creando así un llamado a un odio colectivo asesino con un barniz hipócrita.
He descrito agitación y propaganda de esta variedad como “pornografía de la atrocidad”. Se hace para atraer intereses lascivos y manipular un apetito peligroso, en este caso, lo que San Agustín llama libido domimandi, o sea la lujuria de dominar a otros.
El truco es provocar que toda la audiencia tiemble de horror ante un espectáculo de depravación infrahumana, palpitando con un deseo visceral de venganza, y extática de fariseísmo por la pureza de sus motivos humanos. La gente que sucumbe a él es fácilmente sumergida en una mente colectiva de odio sancionado oficialmente, y está dispuesta a perpetrar crímenes aún más horrendos que los que cree que caracterizan al enemigo.
La retórica de ese tipo abundó durante la Revolución Francesa, particularmente en la guerra del régimen jacobino para aniquilar a la rebelde Vendée. También figuró de manera destacada en la guerra del régimen de Lincoln para conquistar a los recién independizados Estados del Sur. Sin embargo es difícil encontrar una expresión mejor de ese modo de pensar que el ofrecido en un editorial publicado en 1920 por Krasni Mech (La espada roja), publicación de la Checá, policía secreta soviética:
“Nuestra moralidad no tiene precedentes, y nuestra humanidad es absoluta, porque se basa en un nuevo ideal. Nuestro objetivo es destruir toda forma de opresión y violencia. Para nosotros todo está permitido, porque somos los primeros en alzar la espada no para oprimir a las razas y reducirlas a la esclavitud, sino para liberar a la humanidad de sus cadenas… ¿Sangre? Que la sangre fluya como agua… porque sólo mediante la muerte del viejo mundo podremos liberarnos para siempre.”
Al realizar su Gran Cruzada por la Democracia, Woodrow Wilson se ubicó perfectamente en esa tradición, ensalzando la supuesta virtud de “Fuerza sin restricciones o límites… la Fuerza justiciera y triunfante que convertirá la Justicia en la ley del mundo y arrojará al polvo toda dominación egoísta.” Para fortalecer la “voluntad de guerra” estadounidense mediante una dosis continua de pornografía de la atrocidad, el gobierno de Wilson creó un Departamento de Información Pública que se relacionó con su equivalente británico, así como frentes casi privados de propaganda británica como la Navy League. Esa organización, señala Fleming, incluía “docenas de importantes banqueros y ejecutivos bancarios, de J.P. Morgan Jr. a Cornelius Vanderbilt."
Aunque no tiene absolutamente la menor culpa, Anderson Cooper es el tataranieto de Cornelius Vanderbilt. Mucho más interesante es el hecho de que como estudiante en Yale, Cooper pasó dos veranos como pasante en Langley en un programa de la CIA para formar futuros agentes de inteligencia.
Cuando le prguntaron sobre los antecedentes de Cooper con la CIA, una portavoz de CNN insistió en que decidió no buscar trabajo en la Agencia después de graduarse en Yale. Se puede decir lo mismo, sin embargo, de muchos de los agentes mediáticos más valiosos de la CIA.
Como documentó hace decenios Carl Bernstein, la CIA “realizó un programa formal de entrenamiento en los años cincuenta para enseñar periodismo a sus agentes. Se enseñó a agentes de inteligencia ‘cómo sonar como periodistas’, explicó un alto responsable de la CIA, y luego los colocaron en importantes organizaciones noticiosas, con ayuda de la dirección. ‘Fueron los sujetos que escalaron posiciones y se les dijo: ‘vas a ser periodista’, dijo el funcionario de la CIA. Relativamente pocas de las cerca de 400 relaciones [mediáticas] descritas en los archivos de la Agencia siguieron ese camino, sin embargo, la mayoría de las personas involucradas ya eran periodistas bona fides cuando comenzaron a realizar tareas para la Agencia.”
Mediante una iniciativa llamada “Operación Sinsonte [Mockingbird]", la CIA formó un amplio harén de cortesanas mediáticas pagadas. Se realizó a través de la Oficina de Coordinación Política, creada por Allen Dulles y Frank Wisner, este último, el funcionario que posteriormente organizó golpes (y las campañas de propaganda correspondientes) contra los gobiernos de Irán y Guatemala. (El hijo y homónimo de Wisner, incidentalmente, fue vicepresidente de AIG, el conglomerado asegurador global favorito de la CIA, hasta 2009; más recientemente el gobierno de Obama recurrió a sus servicios como contacto secreto con Hosni Mubarak y Omar Suleimán.)
Los tentáculos de la “Operación Sinsonte” se extendieron a todos los medios nacionales significativos, del Washington Post y el Newsweek al conglomerado Time-Life, de New York Times a CBS. Como resultado, según el antiguo analista de la CIA Ray McGovern, el Cuarto Poder “ha sido capturado por el gobierno y las corporaciones, el complejo militar-industrial, el aparato de inteligencia”. Es, en todo salvo en el nombre, un apéndice del régimen. Esto se ve claramente cada vez que el régimen decide que ha llegado la hora de montar otra campaña humanitaria de derramamiento de sangre en el extranjero.
Después de “no aprender nada de los horrores que vitorearon como porreros adolescentes excitadas durante los últimos 15 años, esos bombarderos bohemios, esos tenientes infantiloides, esos imperialistas del iPad están de vuelta”, suspira Brendan O’Neill, con un disgusto cansado, en el Telegraph de Londres. “Esta vez quieren que se invada Libia”.
Al lado del Atlántico de O’Neill, los samurái de Fleet Street propagan “rumores de sistemáticas violaciones masculinas” en Libia. Otros insisten en que la eventual guerra en Libia no se parecería de ninguna manera a “la insensatez de la invasión de Iraq”, tal como semejantes sabios autoproclamados prometieron que las continuas guerras de Iraq y Afganistán, cada una de las cuales ha durado por lo menos tanto como la Guerra de Vietnam, no serían “otro Vietnam”.
Por algún motivo, esto recuerda la imagen de Bullwinkle mientras trata repetidamente de sacar un conejo de su sombrero, descartando despreocupadamente la queja de Rocky de que el truco “nunca funciona”, y exclama: “¡Esta vez es seguro!” Esta vez, se supone que creeremos –o que por lo menos fingiremos que creemos– que los relatos de atrocidades son verídicos, que la acción militar santificada por la “comunidad internacional” es una obligación moral, que la sed de guerra y el odio son virtuosos, y que el inminente derramamiento de sangre será un torrente purificador.
Tal como es el caso, se supone que la pornografía de la guerra es indudablemente predecible en todas sus variedades. Sin embargo, a diferencia del inepto Bullwinkle, la pornografía de la guerra es un truco que parece funcionar todo el tiempo.
William Norman Grigg [enviadle correo] publica el blog the Pro Libertate y presenta el programa de radio Pro Libertate.
Copyright © 2011 William Norman Grigg
Fuente: http://www.
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