viernes, 4 de febrero de 2011

El acuífero de Paraná en peligro.







Rebelion. A la conquista del acuífero Guaraní















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Ecología social






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04-02-2011







A la conquista del acuífero Guaraní










Está situado entre los paralelos 16º y 32º latitud sur y los meridianos 47º y 56º longitud oeste. Se extiende por las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, afluentes todos ellos del Río de la Plata.

El sistema del acuífero Guaraní ocupa una extensión de 1.195.700 km2, el 70% bajo suelo brasileño, el 19% en Argentina, el 6% en Paraguay y un 5% en Uruguay. Su capacidad de abastecimiento es suficiente para los 360 millones de habitantes de la zona, dado que su recarga oscila entre los 160 y 250 km3 al año.

La zona brasileña contacta con el pantanal en la parte norte que a su vez conecta con la cuenca de la Amazonía. Se desconoce el límite oeste del acuífero en Paraguay. En territorio argentino se prolonga hasta la cuenca del río Bermejo donde tampoco se sabe hasta dónde llega por el límite sur. Se calcula que puede llegar a conectarse con la zona de los grandes lagos de la precordillera andina.

El acuífero Guaraní constituye la principal fuente de suministro de agua potable para el consumo urbano, agrícola e industrial. Abastece a más de trescientas ciudades de entre 3.000/500.000 habitantes en Brasil. Sólo en la megaurbe de Sao Paulo más del 60% de la población dependen del agua del acuífero.

Se registran actualmente unos doscientos grandes pozos que abastecen a poblaciones de la región oriental de Paraguay. Uruguay cuenta con unos 135 pozos para el abastecimiento público y baños termales. Argentina utiliza solamente seis pozos termales de agua dulce en el sector oriental, en la provincia de Entrerríos.

El área más importante y fundamental de recarga es el corredor transfronterizo entre Paraguay, Brasil y Argentina. Este corredor está ubicado significativamente en la denominada Triple Frontera.

Se intentan unificar actualmente las legislaciones nacionales de estos países para que se faciliten programas de inversión privada sobre un recurso que cada día es más estratégico.

Davis Foster_Hale1 dice en 1999:

Nosotros consideramos el agua no solamente como elemento de importancia decisiva del desarrollo sostenible, sino que en muchos casos es el factor limitador más importante. Por lo tanto, al examinar cuestiones como el crecimiento económico, siempre volvemos por último a la pregunta ¿Cuánta agua existe?

Nosotros utilizamos ahora, de una manera u otra (agricultura, industria) más de la mitad de toda el agua dulce anualmente disponible en el mundo. De modo que con la población del mundo que aumenta a razón de 90 millones de personas/año, el problema que se nos viene encima es inmenso. El agua va a ser una limitación grave. Por cierto

que para mediados del siglo actual, solamente tres o cuatro países no habrán experimentado una crisis mayor debido a la escasez de agua. Estados Unidos será de los afectados, uno de los países que tendrán que enfrentar un problema mayor causado por la escasez de agua”.

Si hacemos caso a la opinión de este autor, nos permite comprender que la intervención norteamericana en el acuífero Guaraní se planifica a largo plazo, desde una concepción estratégica y no por la percepción intuitiva y de corto plazo por el que se suele regir nuestros análisis.

El acuífero Guaraní tiene una importante capacidad de generación energética. Argentina tiene establecidas dos de sus principales centrales hidroeléctricas en este sistema. El complejo argentino/paraguayo de Yacerte-Apipe, en las aguas del Paraná ya produce electricidad para el 30% de la energía consumida por Argentina, en el año 2005. El otro complejo es el argentino-uruguayo de Salto Grande, ubicado sobre el río Uruguay.

El acuífero Guaraní reúne dos de los componentes fundamentales para el desarrollo económico: agua y electricidad. Por eso, este lugar está marcado como uno de los puntos conflictivos y de preocupación de los Estados Unidos. Si seguimos la visión de la UNESCO, podemos comprobar el acierto de esta afirmación, cuando se afirma:

Más población supone mayor necesidad de energía y ello a su vez hidroelectricidad. La industrialización, sobre todo en el mundo occidental, ha tenido…”.

Paraguay, que dispone del acuífero Guaraní, es presionado al igual que otros países vecinos por el Banco Mundial, las multinacionales del agua y los grandes grupos industriales para que privatice sus compañías de agua. El foro social del agua, celebrado en la ciudad de Araraquera (Brasil) planteó la defensa de la soberanía de los pueblos sobre sus recursos naturales. Las multinacionales ven en ellos un gran negocio, no buscando su utilidad humana ni un uso racional de los mismos, sino su propio beneficio.

Se calcula que el acuífero Guaraní dispone de 132 millones de hm3. Su origen se remonta a cuando África y América aún se encontraban unidas. Se supone que a enormes profundidades, el acuífero conecta con los lagos de la Patagonía. El volumen total del agua almacenada es inmenso. El volumen explotable en la actualidad es de unos 80 km3, una cifra equivalente a cuatro veces la demanda anual de Argentina.

Estados Unidos, país muy interesado en este acuífero, estructura un sistema para detectar la magnitud del Guaraní, para asegurarse su uso de manera sostenible y evitar todo tipo de contaminación. Para ello, pone al frente de la investigación al Banco Mundial, la Organización de Estados Americanos, organismos alemanes y holandeses de investigación que controlan y algunas facultades universitarias de los países involucrados. Destinan un presupuesto de 27 millones de dólares anuales.

Se produce la cíclica presencia del Comando Sur del ejército norteamericano en la zona llamada Triple Frontera, que unido con las declaraciones del departamento de Estado han levantado protestas porque da la sensación de que el objetivo es el control del sistema del acuífero Guaraní. Brasil critica la posición de Estados Unidos por su intento de controlar este acuífero.

El nuevo mapa de la expansión militar en la región militar (el denominado Plan Colombia) determina los puntos neurálgicos del control de las fuentes de recursos estratégicos en gran parte de América del Sur. A través de éste, se extiende su control no sólo a las zonas de petróleo de estos países, sino también el gran objetivo norteamericano que es el control del Amazonas, con el establecimiento de bases fronterizas, que significa el control de la poderosa red de ríos y reservas subterráneas en todo el continente.

Estudiando el plan Colombia se ve como apunta al control de todos los grandes ríos desde el norte de Méjico al extremo sur de Argentina. El acuífero Guaraní es pues uno de los principales puntos a controlar, para ello se ha producido el establecimiento de una base militar de inteligencia en la zona llamada de la Triple frontera (Puerto de Iguazú en Argentina, Ciudad del Este en Paraguay y Foz de Iguazú en Brasil).

La posibilidad de que se establezcan en esta zona puntos de aglomeración industrial se ve reforzada por la proximidad a recursos petrolíferos y gasíferos argentinos y bolivianos. Oleoductos y gaseoductos ya en funcionamiento desde Bolivia hasta Santa Fe en Argentina siendo una zona alejada de conflictos militares.

Además, tiene una buena red de comunicación por carretera, vías férreas, ríos navegables y puertos oceánicos tanto en el Pacífico como en el Atlántico. Proximidad de grandes mercados de consumo como son Brasil (175 millones de habitantes) y Argentina (36 millones de habitantes) Un bajo coste de la mano de obra con 4,8 millones de parados argentinos y con un salario de 184 dólares mensuales, unido a los 9,7 millones de desempleados brasileños y con salarios parecidos a los argentinos.

La Organización Internacional de la Energía Atómica2 pide al Banco Mundial la realización de estudios isotópicos de las aguas del acuífero. Se ha determinado que el acuífero es rico en distintos elementos químicos como el deuterio, que se utiliza en aeronáutica y cohetes militares como combustible formando parte de la mezcla de gases propulsores de tritio. Usado éste en los ensayos termonucleares a partir de 1952, a través de las lluvias penetra en la tierra y en los acuíferos, uranio, torio, silito, que se encuentran también en la tierra y cuyas propiedades similares a la del titanio lo hacen apto para la industria espacial y aeronáutica.

Coca Cola y Nestlé ya tienen plantas separadoras de estos elementos en la zona. Como podemos ver, se preparan para un futuro dándole pleno sentido a las carencias de agua.

Europa tiene puestos los ojos desde el punto de vista económico en esta acuífero, puesto que las grandes empresas vinculadas a la industria del agua son europeas. Estados Unidos ve como sus reservas hídricas se terminan y se otea un horizonte estéril y seco de ahí la importancia de esta reserva hídrica para ellos.

En un documento denominado de Santa Fe IV, preparado por miembros del partido republicano y demócrata plantean una serie de principios geoestratégicos para garantizar la seguridad nacional. Uno de esos puntos es procurar que los países del hemisferio sur no sean hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional.

Es prioritario que los países que albergan el acuífero Guaraní promulguen legislaciones que lo protejan como patrimonio de esas naciones. Debe asegurarse que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales.

El diario británico The Guardian publica,en febrero de 2004, un informe secreto del consejero del Pentágono, Andrew Marshall, que advertía al presidente Bush de los oscuros efectos del calentamiento global en el planeta a corto plazo, entre ellos, la falta de agua potable. Allí se sugiere que Estados Unidos se prepare para estar en condiciones de apropiarse de este recurso estratégico, allí donde éste y cuando sea necesario.

Está clara la política Norteamérica, es necesario reclamar que no se privatice el agua del acuífero Guaraní y que sirva a los pueblos de la región y no a potencias y multinacionales extranjeras.

Notas:

1 Funcionario de la USAID (Centro Mundial para el Medio Ambiente de la Agencia de Estados Unidos para el desarrollo Internacional).

2 La Organización Internacional de la Energía Atómica.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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Entrevista a Jhon Brawn.







Rebelion. “El comunismo es la libre producción de los comunes, sin Estado, sin clases, sin mercado y sin derecho"















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04-02-2011






Entrevista a John Brown (I)

“El comunismo es la libre producción de los comunes, sin Estado, sin clases, sin mercado y sin derecho"










Colaborador de Rebelión.org y de otras páginas alternativas de la red, John Brown es autor, entre otras publicaciones, de La dominación liberal. Ensayo sobre el liberalismo como dispositivo de poder.

Me gustaría preguntarte por asuntos de filosofía y política que, sabido es, no forman sistemas disjuntos. Empiezo por el primer nudo. Tú sueles declararte spinozista. ¿Qué es lo que, en tu opinión, tiene mayor interés en la obra del autor de la Ethica more geometrico demonstrata?

La obra de Spinoza es la mayor contribución de un solo autor al pensamiento materialista que se haya hecho hasta hoy. Lo que tiene mayor interés para mí en el spinozismo es la permanente lucha de Spinoza contra la abstracción. Para Spinoza estamos siempre ya en lo concreto, en lo complejo y en lo plural: lo complejo no debe ser deducido. A diferencia de las filosofías que parten de un principio y una esencia, el materialismo parte de la pluralidad como algo siempre ya dado: los infinitos átomos y el vacío que los separa en Demócrito o Epicuro, Dios como la causa y el efecto de los infinitos modos que lo constituyen en Spinoza, o, antes, la confluencia imprevisible, no regida por ningún principio de unidad, de la fortuna y la virtud en Maquiavelo.

Esto es lo que significa ese aparentemente místico comienzo de la filosofía por el concepto de Dios. No se trata aquí de una teología, sino de una indispensable deconstrucción materialista de la idea imaginaria, ideológica diríamos en términos marxistas, de Dios. Dios -una sustancia infinita que consta de infinitos atributos que se expresan en infinitos modos - no es sino la complejidad siempre ya dada, como único horizonte especulativo y práctico. Todo lo demás es mistificación, obra de la imaginación cuando no de la superstición. Si Dios se disuelve en la infinita complejidad de lo real -los infinitos modos que constituyen la realidad finita-, el hombre corre la misma suerte: el concepto de “hombre” no es sino la imagen especular del de Dios. Sólo el delirio teleológico universal que constituye el universo del “sentido común”, o lo que es lo mismo, de la ideología, para los cuales el mundo ha sido hecho para el hombre, y existe “algo” o “Alguien” que todo lo ha dispuesto en su beneficio, permite pensar los conceptos de Dios y de Hombre. El hombre, como sujeto libre, rinde culto a Dios, también Sujeto libre que ha organizado el mundo en favor del hombre y exige de él ese culto. Desde Jenófanes y Epicuro nadie había combatido la idea imaginaria y antropomorfa del absoluto con tanta energía como Spinoza. Nadie había combatido tampoco con tanta radicalidad la idea “antropomorfa” del hombre.

Ser spinozista hoy, ¿qué quiere significar? ¿Intolerancia ante la superstición como tú mismo has señalado en alguna ocasión? ¿No hay algún peligro que nos convirtamos en algo, digamos, políticamente muy extraño como ha sido el caso del ex spinozista y ex althusseriano Gabriel Albiac?

Más que intolerancia ante la superstición, lo que hay en el spinozismo -y en general en el auténtico materialismo- es una necesidad de entender los mecanismos de la superstición. Como afirmaba Althusser, el materialismo consiste en “no contarse cuentos” (“ne pas se raconter des histoires”). Es este un requisito indispensable de la libertad. Para ello, sin embargo, es necesario producir el conocimiento teórico de la ilusión, es preciso conocer la ilusión por sus causas. Es lo que hizo Spinoza, pero también lo que hizo Marx en el Capital: pasar de las relaciones efectivas que son la esencia del capitalismo a sus formas fenoménicas y explicar estas últimas como efecto necesario de las primeras. El antihumanismo teórico, la crítica radical de las ilusiones morales y políticas, el reconocimiento de que todo poder se basa en una correlación de fuerzas son, a mi juicio, elementos fundamentales de cualquier teoría materialista de la historia y de cualquier ética materialista tanto individual como colectiva. Liberarse de la idea imaginaria del hombre es una exigencia de la libertad intelectual y práctica.

Sin embargo, el problema de la libertad que se conquista duramente por y con el conocimiento verdadero, es que nada la garantiza y un materialismo, aislado de todo compromiso político comunista y practicado en un entorno universitario y periodístico, como ocurrió en el caso de Albiac, puede fácilmente degenerar en un cinismo misantrópico, en un pesimismo antropológico, un libertinismo triste. No creo que el problema sea del spinozismo, ni de Althusser, quienes siempre combatieron toda forma de antropología. El antihumanismo teórico no es una misantropía reaccionaria y elitista, sino, por el contrario, un requisito teórico indispensable para una práctica individual y colectiva libre de ilusiones ideológicas.

Aunque ya has dado pistas en tus respuestas, permíteme insistir sobre una noción que has usado: cuando hablas de materialismo, ¿de qué materialismo estás hablando? ¿No contarse cuentos, de eso se trata? Añado además, ¿esa permanente lucha contra la abstracción de la que hablas no es contradictoria con el proyecto de una “Ethica” -que no es sólo una ética desde luego- demostrada, no es cualquier cosa la aspiración, al modo o estilo de la geometría clásica?

Materialismo: recordaba Althusser en sus últimas obras que el término no era muy feliz y que la contraposición materialismo-idealismo era bastante menos clara de lo que parece. Existe en toda filosofía un elemento materialista que la despega de la ideología y de lo imaginario: las filosofías, en general, procuran, al menos en parte, no contarse cuentos o no sólo contarse cuentos, no adular al sujeto que interpelan de modo que pueda reconocerse en lo que dicen. Existe asimismo en las filosofías idealismo e ideología, reconocimiento imaginario y no sólo concepto.

Materialismo e idealismo existirían por lo tanto de manera tendencial en cada filosofía como los términos de un insuperable conflicto. De ahí que, a la hora de buscar una filosofía para el marxismo, Althusser procurase encontrar una nueva línea de antagonismo que permitiese entender mejor el conflicto constitutivo de la filosofía: el principio de razón. Existen así filosofías que se fundan en el principio de razón y pretenden que es posible una explicación racional de todo, un saber absoluto, y otras que se sitúan, como podríamos decir imitando el título de Freud, “más allá del principio de razón”. Más allá del principio de razón se encuentran los materialistas clásicos como Demócrito, Epicuro o Lucrecio, Maquiavelo, Spinoza y Marx, pero también Martin Heidegger. Heidegger hizo en su escrito sobre el principio de razón una crítica de la contraposición idealismo-materialismo, concebidos como las dos ramas de un pensamiento sometido al principio de razón. Frente al principio de razón está lo aleatorio, el clinamen de Lucrecio/Epicuro, la fortuna de Maquiavelo y las formas de causalidad estructural que se encuentran en Spinoza y Marx. Se constituye así un nuevo frente, en el que lo que está en juego es que la historia no se conciba como el despliegue de una esencia sino como el resultado aleatorio de un encuentro de elementos no ligados. Se trata de hacer compatible el materialismo histórico con la práctica de la política, con lo aleatorio de la coyuntura.

Y en cuanto a la lucha contra la abstracción…

En cuanto a la lucha contra la abstracción, uno de los aspectos materialistas de la filosofía de Hegel es su rechazo de la abstracción: ahora bien, la abstracción para Hegel es lo concreto de la experiencia común, el lenguaje de las verduleras. Frente a la abstracción de la conciencia inmediata en la experiencia común, está el concepto, que debe producirse a través del duro trabajo de las mediaciones internas a la conciencia. Lo concreto no es lo inmediato, sino el resultado del paciente trabajo del concepto. En idéntico sentido, el modelo constructivista euclidiano en que se basa la Ética de Spinoza sirve para dos cosas: impedir el reconocimiento inmediato, el libre curso de la imaginación que “reconoce” el sentido de los términos Dios, substancia, alma etc. y, sobre todo, producir, construir a partir de la productividad de las nociones comunes, el concepto de lo concreto, la idea adecuada, lo concreto pensado. Existe, con todo una importante diferencia entre Hegel y Spinoza: para Spinoza la idea y lo ideado no se identifican nunca, no se integran nunca en una esencia común superando sus diferencias a través de la negación. El círculo y la idea del círculo serán eternamente dos cosas distintas.

Déjame que vindique el lenguaje de las verduleras y permíteme también que, en el caso del círculo, señale que yo no estoy tan seguro que en este caso la cosa y su idea sean, eternamente o no, dos cosas distintas. Sea como sea, hablabas antes de “antihumanismo teórico” como sinónimo de crítica radical de las ilusiones morales y políticas. ¿No hay algún problema en el uso de ese término? ¿Qué conseguimos usando la expresión “antihumanismo”? ¿Liberarse de la idea imaginaria del hombre implica librarse de cualquier aproximación al concepto hombre o ser humano? ¿Se infiere también de ello la negación, uso términos althusserianos, del continente científico de la antropología? ¿Claude Lévi-Strauss fue un charlatán?

Quien tendría que justificarse a este respecto es el que afirma, no el que niega. Aparte de la evidencia imaginaria y de lo “concreto” ideológico en que todos nos reconocemos, aparte también de la teoría zoológica o biológica de lo que es la especie humana, la idea de hombre sólo tiene un uso ideológico dentro de los dispositivos modernos de gestión de la población y en la economía política. En la teoría, en la filosofía materialista o en la teoría materialista de la historia ese concepto no tiene cabida. Para escribir el Capital, Marx tuvo que deshacerse de la evidencia ilusoria del hombre, sus necesidades y sus intereses, en la que se basa la economía política: concebir los individuos como portadores, vectores (“Träger”) de las relaciones sociales. Como le dijo Laplace a Napoleón cuando este le preguntó por el lugar de Dios en su sistema de mecánica celeste, un marxista podría decir respecto del “hombre”: “no he necesitado esa hipótesis”.

En cuanto a que la antropología sea un “continente científico”, esto es algo que no se puede atribuir a Althusser…

No pretendía hacerlo. Usaba la terminología que él usó en alguna ocasión para referirse, por ejemplo, a la Historia, al continente “historia” según su forma de decir.

La antropología es un espacio intermedio entre el cuestionamiento sobre el hombre propio de las “ciencias sociales” y “humanas” y la historia materialista o científica. Lévi-Strauss no es un charlatán, pero tampoco es un humanista teórico, por mucho que hable de antropología. Su objeto, a pesar de ciertas ambigüedades, no es el hombre.

Ese compromiso político comunista del que también hablabas antes, ¿qué significa hoy para ti? ¿En qué consiste el comunismo del siglo XXI en tu opinión?

El comunismo en el siglo XXI creo que es idéntico en lo esencial al comunismo en el siglo XIX tal como lo veía Marx. A lo que no es idéntico es a una aspiración socialista. El socialismo, al igual que la dictadura del proletariado sólo puede ser una mediación evanescente del comunismo, un momento de transición inestable entre capitalismo y comunismo en el que se dan todas las “condiciones de inexistencia” (Althusser, Spinoza) del comunismo. Perseverar en el socialismo conduce al error y al horror de Stalin, quien, a diferencia de Marx y de Lenin, considera que existe un “modo de producción socialista”. Un modo de producción socialista es, en términos de Althusser, algo así como un “logaritmo amarillo”, una contradicción en los términos. Históricamente lo único que representó el socialismo fue la pesadilla ya prevista por Marx en el libro III del Capital de un “capitalismo sin capitalistas”, donde el Estado reproduce policialmente las relaciones sociales basadas en el trabajo abstracto y en el valor, sin que exista un mercado autónomo.

Naturalmente, el comunismo es otra cosa: la libre producción de los comunes, sin Estado, sin clases, sin mercado y sin derecho. El capitalismo de hoy ya ha descubierto las virtualidades de la libre asociación de trabajadores libres y las parasita y explota. La estrategia comunista tiene hoy por finalidad liberar esas relaciones sociales y esos comunes productivos ya comunistas.

Si mi memoria ha acuñado bien esta moneda, creo que fue Althusser en sus Elementos de autocrítica, un texto de principios o mediados de los setenta, quien señaló que la ausencia del legado de Spinoza en las aproximaciones y desarrollos de la obra marxiana era uno de los puntos débiles de la tradición. ¿Es así en tu opinión? ¿Qué pueda aportar la lectura de Spinoza a la interpretación de Marx?

Althusser buscó en Spinoza la filosofía de Marx. Esa filosofía que subyace al Capital, pero que Marx jamás llegó a formular. Una lectura spinozista del Capital aleja numerosas tentaciones: 1. en primer lugar la de una interpretación dialéctica de la historia, que concibe, a la manera de Hegel, el acontecer y los cambios históricos como despliegue de una esencia en la que estos cambios están preinscritos; 2. en segundo lugar, permite fundar teóricamente la tesis de Marx de que ningún concepto teórico tiene carácter ahistórico: toda realidad es una esencia singular que depende de unas condiciones de existencia (sobre)determinadas. Una perspectiva spinozista nos permite, por ejemplo, reconocer que, para Marx, a diferencia de lo que ocurre en la economía política, no existe el trabajo ni el valor en general, sino que estas categorías deben necesariamente integrarse en un modo de producción y en las condiciones de existencia reales de este modo de producción. Frente a la dialéctica, por lo tanto, lo que propone una lectura spinozista de Marx es una explicación de lo plural y lo complejo por y en lo plural y lo complejo.

Por tanto, en tu opinión, ¿el legado dialéctico-hegeliano en la obra de Marx no tiene ninguna interpretación que permita frutos político-teóricos? La dialéctica, si me permites la broma analítica, sería un cuento, uno de los cuentos que no debería narrar un materialista que se precie de serlo.

Sí, al igual que cualquier pensamiento teleológico, pues la dialéctica, como bien explica Hegel, es una teodicea. No hay materialismo dialéctico: es otro “logaritmo amarillo”.

Hablando de la tradición marxista y de aquellos años. ¿Queda algo de interés en la obra de autores como Althusser, Rancière, Dominique Lecourt, Balibar, etc? ¿Hay ahí jugo sustantivo que exprimir?

Depende para quien. Si de lo que se trata es de defender un proyecto teórico o político “moderno”, esto es, adaptado a la hegemonía definitiva del capital, en estos autores poco hay que exprimir. Con Althusser, por ejemplo es imposible hacer una defensa del Estado de derecho como las que hoy están de moda en ciertos sectores de la izquierda: para Althusser -como para Marx-, el “concepto clave” de la teoría marxista es el de dictadura del proletariado. Con Rancière también es difícil defender las “democracias” actuales que, para él constituyen prototipos del régimen policial, de aquel que gestiona el reparto de lugares sociales entre los distintos grupos, sin preocuparse de la existencia de ese grupo sin lugar, de esa clase sin clase que Marx llamaba “proletariado”.

Hablas, sin embargo de autores muy distintos entre sí. Althusser sigue siendo la gran referencia teórica de un marxismo que opta por un materialismo sin concesiones, integrado en la “única tradición materialista”, la de Demócrito, Epicuro, Lucrecio, Maquiavelo, Spinoza, Marx, etc. Rancière se sitúa en otro plano y en alguna medida, lo que intenta recuperar son las tradiciones políticas del movimiento obrero real frente al marxismo “teoricista”, por un lado, y frente a los aparatos de representación de la clase obrera. Rancière criticó muy duramente a Althusser en su libro La lección de Althusser, pero hay una importante dosis de malentendido entre los dos; Althusser, en sus escritos de mediados de los años 70 acepta explícitamente muchas de las críticas de Rancière. De Rancière, son por otra parte indispensables sus reflexiones sobre la democracia como poder de la parte sin parte, del sector del pueblo que queda fuera del reparto “policial” de las posiciones sociales. Mal que le pese, lo que llama Rancière “democracia” coincide en lo esencial con lo que Marx denominara “dictadura del proletariado”. Las reflexiones de Balibar sobre la ciudadanía no carecen de interés, aunque cada vez se orienta más hacia una concepción neutralista del Estado capitalista, que lo integra más en la tradición republicana francesa -en su versión radical- que en el marxismo. Con todo, la aportación de Balibar al estudio del Spinoza político es sumamente valiosa. En cuanto a Lecourt, considero que sus trabajos de epistemología siguen teniendo gran interés. Tampoco hay que olvidar los trabajos de Macherey sobre Spinoza y su seminario aún en curso en Lille sobre “la filosofía en presente”.

Tengo algunas preguntas sobre lo que acabas de señalar. La primera está relacionada la noción “dictadura del proletariado”. ¿Me permites que prosigamos la entrevista hablando de ello?

De acuerdo, como tú veas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.






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miércoles, 2 de febrero de 2011

John Brawn, sobre la situción en Egipto y Tünez.







Rebelion. Reflexiones actuales e intempestivas con ocasión de la caída de algunas tiranías















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Opinión






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02-02-2011






Las dictaduras retroactivas

Reflexiones actuales e intempestivas con ocasión de la caída de algunas tiranías




Iohannes Maurus






La relación entre el poder político y la violencia siempre ha sido problemática, pues todo poder político se basa, por brutal que sea en una apariencia de derecho, al tiempo que mantiene siempre dispuesto a intervenir el puño de hierro de los aparatos represivos. Por otra parte, en sus inicios, todo poder echa sus raíces en la violencia, al menos en el sentido elemental de que no se conoce ninguno que haya surgido de un consenso racional y del libre consentimiento de todos los individuos; y donde no hay libre consentimiento, siempre existe algún grado de coacción y de violencia. Las teorías del pacto social siempre sirvieron para ocultar este hecho y dar una apariencia de continuidad entre el orden jurídico-político constituido y sus orígenes. Así, el derecho establece retroactivamente la ficción de que siempre ha existido y de que el ordenamiento jurídico-político vigente ha estado "siempre-ya" basado en el derecho. Esa intemporalidad del derecho nadie la ha expresado mejor que Jean-Jacques Rousseau cuando sentaba como principio metodológico del Contrato Social el lema: "Dejemos de lado todos los hechos".

La ficción jurídica de la intemporalidad del derecho tiene una importante función ideológica y contribuye a que también en el eje temporal se produzca la saturación del orden social que caracteriza al discurso jurídico. Para el derecho todo debe ser derecho: todas las situaciones del presente, pero también el propio origen del ordenamiento jurídico. Por ello es importante ocultar por todos los medios el trauma inicial: el momento inaugural de no-derecho en que se funda todo derecho. Frente a la saturación jurídica, el "todo debe ser conforme a derecho", cuyo broche es la idea de Estado de derecho, esto es la identificación del Estado con el derecho (Kelsen), el materialismo jurídico de Maquiavelo, Spinoza o Marx ha afirmado el fundamento no jurídico del derecho, o, en otros términos, su continuidad rigurosa con las correlaciones de fuerza que rigen el orden natural. Para el materialismo jurídico, el origen del derecho no es jurídico, como tampoco lo es el fundamento del propio derecho. El derecho está siempre determinado -sobredeterminado- por realidades no jurídicas, sin que la recíproca pueda afirmarse: el derecho no determina en su totalidad las realidades no jurídicas.

De lo anterior se deduce la necesidad de que en toda sociedad que se presente como un orden jurídico saturado, como ocurre en las sociedades capitalistas, que se declaran Estados de derecho, la pregunta sobre el origen del ordenamiento jurídico, esto es sobre el origen del soberano que dicta el ordenamiento, sólo deba contestarse en términos siempre ya jurídicos. Cualquier intento de romper el círculo vicioso del derecho mediante una reconstrucción de su origen histórico y de su fundamento material efectivos se convierte automáticamente en un discurso subversivo. Afirmar que el fundamento del Estado es la lucha de clases, que el Estado, incluso el Estado de derecho es siempre y sólo un aparato de dominación de clase como afirma el marxismo, o, que la correlación de fuerzas es el fundamento de toda soberanía como sostiene Spinoza, es romper la saturación propia del discurso jurídico, introduciendo un elemento extrajurídico no retraducible en términos jurídicos.

Afirmaba Kant en sus Principios metafísicos del derecho que: « El origen del poder político es inescrutable desde el punto de vista práctico para el pueblo que está sometido a él; es decir que el súbdito no debe razonar prácticamente σobre este origen, como sobre un derecho controvertido (jus controversum) con respecto a la obediencia que le debe. Porque, puesto que el pueblo, para juzgar válidamente el poder soberano de un Estado (summum imperium) debe ya ser considerado reunido bajo una voluntad legislativa universal, no puede ni debe juzgar de otra manera más que como agrade al poder soberano existente.[....] Porque si el súbdito que investiga hoy este último origen quιsiese resistir a la autoridad existente debería ser castigado con toda razón, expulsado o desterrado (como proscrito- vogelfrei-, exlex) en nombre de las leyes de esta autoridad. Una ley que es tan santa (inviolable) que aun es un crimen en la práctica ponerla en duda, y por consiguiente impedir su efecto por un solo instante, es concebida de tal suerte que no debe ser mirada como procedente de los hombres, sino de algún legislador muy grande, muy íntegro y muy santo [...] »(I. Kant, Principios metafísicos del derecho Segunda parte, XLIX, Observación general). Esta prohibición de investigar el origen del poder va acompañada para quien ose infirngirla de la terrible sanción que supone la muerte civil. El curioso en materia histórica se declarará "vogelfrei", lo cual significa que podrá ser matado sin delito por cualquiera y que su cuerpo no será enterrado, quedando entregado a los pájaros. En derecho germánico antiguo la declaración de un individuo como "vogelfrei", es una condena de exclusión total del orden social equivalente a la declaración de "homo sacer" en Roma. Quien explora lo extrajurídico queda así arrojado a lo extrajurídico, a los pájaros y a las fieras. La santidad de la ley sólo se reconoce como tal si va acompañada de estas amenazas y maldiciones para quienes la transgredan.

Kant no es, sin embargo, tan ingenuo o tan conformista como algunos kantianos, pues reconoce que una revolución triunfante puede ser origen de un poder legítimo, por mucho que su fundamento y origen se encuentren en la violencia: « si sucede una revolución y se establece una constitución nueva -afirma Kant en los Principios metafísicos del derecho-, la injusticia de este principio y de su realización, no puede dispensar a los súbditos de la obligación de someterse al nuevo orden de cosas como buenos ciudadanos, y no pueden dejar de obedecer honestamente a la autoridad soberana que está entonces en el poder. » En otros términos, y de manera no muy alejada de los planteamientos de Maquiavelo en el Príncipe, Kant reconoce que, de manera retroactiva, la violencia -victoriosa- se puede legitimar a sí misma como fundamento del derecho y que, a partir del este origen puede inaugurarse una nueva ficción de orden jurídico saturado, esperando, probablemente, que el tiempo borre la memoria de la violencia fundadora.

En estas últimas semanas, estamos viviendo un proceso como el que describía Kant a propósito de la revolución francesa, pero al revés, un proceso de deslegitimación retroactiva. Después de haber apoyado durante décadas a toda una serie de regímenes de los países árabes calificándolos como "países árabes moderados" y "amigos de occidente", alabando sus progresos hacia la democracia y sus resultados económicos, los Estados Unidos y la Unión Europea han tenido que reconocer que son regímenes tiránicos y despóticos, que son "dictaduras". Las insurrecciones populares que están teniendo lugar en Túnez y Egipto han hecho ya un milagro, que las potencias occidentales digan lo que nunca habían dicho: que los regímenes de Ben Ali y de Mubarak son dictaduras, regímenes basados en la violencia. Al igual que la violencia revolucionaria quedó legitimada por la victoria de la revolución, los regímenes amigos de occidente en el norte de África se ven deslegitimados y reconocidos como los despotismos que siempre han sido gracias a la eficaz pedagogía de las poblaciones insurrectas. De este modo, para el Occidente acostumbrado a ocultar e ignorar el fundamento del poder de sus regímenes amigos y aliados, sólo habrán sido dictaduras retrospectiva o retroactivamente. Cuando caigan, o mejor cuando derribemos a su vez al norte del Mediterráneo a las propias dictaduras capitalistas occidentales que se presentan como Estados de derecho, nos percataremos de lo que siempre habían sido.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2011/02/las-dictaduras-retroactivas-reflexiones.html


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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Crisis en Egipto

El factor Hermandad Musulmana




Asia Times Online



Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.




Un millón de personas marchó por las calles en El Cairo este martes, un millón más marchará hacia el palacio presidencial egipcio en Heliópolis el próximo “Viernes de la Partida”. El grafiti más común –pintado también sobre los tanques Abrams estadounidenses de color caqui– así como la consigna más popular, sigue siendo “el pueblo quiere que caiga el sistema”. Parece que el ejército ha elegido su lado, afirmando tácitamente que “no recurrirá a la fuerza contra nuestro gran pueblo”.

Con el barril Brent de petróleo rompiendo la barrera de los 100 dólares por primera vez desde septiembre de 2008, los temores crecientes sobre el flujo del petróleo por el Canal de Suez, bancos, escuelas y la bolsa cerrados, comités populares dirigiendo la seguridad, la quema de sus uniformes por algunos policías que se suman a las protestas y filas de activistas, manifestantes y blogueros gopeando con furia los teclados para transmitir la palabra (antes de que el presidente Hosni Mubarak tuviera la "valentía" de cerrar el último servidor de Internet en funcionamiento), la revolución egipcia puede estar acercándose a la fase final.

La estrategia del faraón y su “sucesor”, Omar “el torturador suave”, Suleiman de utilizar al ejército para intimidar, y luego recuperar la calle, sólo podría tener éxito si el Nilo se tiñera de sangre esta semana. Parece poco probable. A pesar de todo esta implacable dictadura militar hará todo lo posible por aferrarse al poder.

Tal como lo ve la multiforme calle egipcia, no se trata de que, como señala de modo tan curioso el Wall Street Journal, “tal vez la nueva fase sea feliz para Washington”. A esas masas en la Plaza Tahrir (Plaza Liberación) que protestan arriesgando sus vidas no les importa un rábano, lo mismo que no les importa un rábano la seguridad de los suministros de petróleo a Occidente o la seguridad de Israel. Se trata de Egipto, no de EE.UU.

El domingo, el presidente de EE.UU., Barack Obama instó a un dócil “cambio en el gobierno de Egipto”, mientras las calles gritan “¡fuera el dictador!”. Al-Jazeera tuvo que salir con un editorial en el que recuerda a todos que la definición de “reforma” de Obama simplemente no puede significar el mismo régimen corrupto/represor con un retoque.

Estamos ante una situación revolucionaria clásica; los que están arriba no pueden imponer su voluntad como solían hacerlo, los muchos que están abajo se niegan a ser dominados como lo hacían. Infinitamente desconcertadas, las capitales de EE.UU. y Europa pueden agregar en el mejor de los casos cantos de fondo al revuelo de la calle. La calle quiere una vida política e institucional sólida y poder ganarse la vida decentemente en un entorno menos corrupto. Y resulta que es imposible bajo las reglas inmutables del juego: el sistema de “nuestro” dictador apoyado por el Occidente industrializado.

Entre sonsas teorías conspirativas como que la revolución egipcia está financiada por el lobby judío, la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., el financiero estadounidense George Soros, o todos juntos, a la calle egipcia no puede importarle menos si el faraón decide o no “dirigir una transición ordenada”; no aceptará nada menos que su pasaje sin retorno, tal vez para abrazar a sus amigos en la Casa de Saud. Especialmente ahora que la calle ha visto cómo, con Suleiman, Mubarak está imitando al Shah de Irán en 1978, cuando instaló a Shapour Bakhtiar como primer ministro (y no funcionó).

Hablad con la Esfinge

El futuro camino sensanto apunta a una alianza cívica egipcia dominada por todos los sectores opuestos al régimen (virtualmente todos los del país) y el componente inevitable, el ejército. Por mucho que sectores del establishment en Washington y los medios corporativos de EE.UU. hayan estado elucubrando frenéticamente, no existen condiciones objetivas para una toma del poder islamista; es simplemente estúpido.

Washington puede estar a punto de dar luz verde a Mohamed El-Baradei –crucialmente apoyado por la Hermandad Musulmana-. Pero ni siquiera la Esfinge de Giza sabe si esto será suficiente para la calle.

El-Baradei es una persona extraña y creíble. Durante los duros años del faraón estuvo en el extranjero. No es pusilánime, y se mantuvo firme estoicamente con respecto a Irán contra el gobierno de George W. Bush como jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica. El-Baradei, galardonado con el Premio Nobel de la Paz de 2005 en realidad puede emerger como “puente” antes de unas elecciones libres y limpias, una nueva constitución y un nuevo orden en Egipto.

Pero no hay evidencia de que vaya a urdir una política económica muy diferente de la del usual engaño del “ajuste estructural” del Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, con muchas sospechosas privatizaciones mezcladas con ese mantra nebuloso de Davos: “buena administración”. Si es así, la calle tenderá a enfurecerse realmente, de nuevo.

Por el momento, no hay mucha evidencia de que Egipto pueda seguir el camino de Irán en 1979. La izquierda secular estuvo a cargo del gobierno post revolucionario de Irán (en Egipto, la izquierda está diezmada por la represión). Irán sólo se convirtió en una república islámica meses más tarde, después de un referendo nacional (si eso sucediera, los egipcios apoyarían abrumadoramente una república secular). La perspectiva más probable, positiva, es que en 2012 Egipto, políticamente, pueda parecerse más a Turquía.

Esto nos deja con la candente pregunta sin respuesta que está por encima de todas: ¿cuál será el papel post revolucionario de la Hermandad Musulmana (HM)?

Hermanos al rescate

La HM provoca un miedo total en todo Occidente porque el régimen de Mubarak siempre la asimiló efectivamente con al-Qaida. Es ridículo.

La HM fue fundada por Hasan al-Banna en el puerto de Ismailia en 1928 –luego se trasladó a El Cairo-. Su preocupación inicial fue concentrarse en servicios sociales, estableciendo mezquitas, escuelas y hospitales. Durante las últimas décadas, la HM logró convertirse en la fuerza política fundamentalista más importante del mundo suní. También es el mayor partido disidente de Egipto, con 88 escaños de los 454 de la cámara baja del Parlamento.

La HM no apoya la violencia –aunque lo hizo en el pasado, hasta los años setenta-. El aura de violencia se relaciona sobre todo con el legendario Sayyid Qutb, considerado por muchos como padre espiritual de al-Qaida. Qutb, crítico literario que había estudiado en EE.UU., se unió a la HM en 1951 y se separó años más tarde.

Las ideas de Qutb eran radicalmente diferentes de las de al-Banna –especialmente su concepto de una “vanguardia” que tiene más de Lenin que de El Corán-. Estaba convencido de que la democracia era “un fracaso” en el mundo islámico (a diferencia de la abrumadora mayoría de los egipcios en la actualidad, que luchan por la democracia; la HM, además, participa plenamente en la sociedad civil y política.) Qutb ni siquiera se califica como el pensador islamista moderno más influyente; el Islam político dominante, personificado por la autoridad del imam de al-Azhar en El Cairo, lo refutó despiadadamente.

Contrariamente a la propaganda neoconservadora estadounidense, la HM tampoco tuvo nada que ver con los movimientos fascistas en la Europa de los años treinta o con partidos socialistas (en realidad está a favor de la propiedad privada). Es sobre todo un movimiento nativo urbano, de la clase media baja, tal como lo define el profesor de la Universidad de Michigan, Juan Cole. Incluso antes de la revolución, la HM estaba comprometida con el derrocamiento del régimen de Mubarak, pero pacífica y políticamente.

La Hermandad Musulmana iraquí, fundada en los años treinta en Mosul, ahora es el Partido Islámico Iraquí y un protagonista político importante que siempre ha mantenido un diálogo con Washington. Y en Afganistán, el partido Jamiat-I Islami fue inspirado por la HM.

La HM ciertamente no rechaza la tecnología y la innovación intelectual.

Está verdaderamente por todas partes en las calles de la revolución egipcia, pero con mucho cuidado de no mostrar una actitud “descarada”. Según el portavoz Gamel Nasser, se considera sólo un pequeño sector de la revolución. Y la revolución tiene que ver con el futuro de Egipto, no del Islam.

Algunos podrán argumentar una vez más que es lo mismo que lo que decían los mulás en Teherán en 1978/1979. Indudablemente el shah fue depuesto pràcticamente por todos los sectores de la sociedad, incluido el Partido Comunista. Entonces los teócratas se hicieron cargo, violentamente. Según sus antecedentes, durante las últimas tres décadas, no existe evidencia de que la HM tendría el alcance necesario para intentar la misma acción.

A los extranjeros les cuesta imaginar lo brutal que ha sido la máquina de represión de la policía estatal de Mubarak. El sistema se basa en 1,5 millones de policías, cuatro veces la cantidad de miembros del ejército. Sus salarios se pagan en gran parte con los 1.300 millones anuales de “ayuda” de EE.UU., que también ha servido para reprimir duramente a la clase trabajadora y en general a cualquier organización progresista.

Esta situación ha existido desde mucho antes de Mubarak. La historia formulará preguntas directamente al fantasma del ex presidente Anwar Sadat. Éste creó una "trifecta" para hacer que sus políticas intifah (puertas abiertas) funcionaran; el FMI le aconsejó que creara una economía rudimentaria de exportación, manipuló la religión para extraer fondos de Arabia Saudí y así aventajó a la HM, y obtuvo miles de millones de dólares de EE.UU. por llegar a un acuerdo con Israel. La inevitable consecuencia crucial de todo esto es que fue un monstruoso Estado policial dedicado, entre otras joyas represivas, a una lucha brutal contra las organizaciones de la clase trabajadora.

Y este es el antídoto para al-Qaida

Incluso mientras la devastaban durante las décadas de Sadat y Mubarak, la HM por lo menos conservó una estructura. En las elecciones libres y limpias, la HM ciertamente conseguiría por lo menos un 30% de los votos.

A los medios corporativos globales les vendría bien desplazarse a la central de la Hermandad Musulmana en El Cairo, en El Malek El Saleh, y aprender algo. El nuevo jefe de la HM, Mohamed Badie, se preocupa más del área social que de la política. Sobre la posibilidad de que Egipto acabe siendo un Estado islámico, insiste en que la decisión será “del pueblo”.

A diferencia de Badie, Sherif Abul Magd, profesor de ingeniería en la Universidad Helwan y jefe de la HM en Giza, fue mucho más locuaz al hablar con el periódico italiano La Stampa. Tuvo cuidado de destacar que los manifestantes no deberían oponerse a los militares. Subrayó que “nuestro pueblo ya controla las calles”.

Sobre todo bosquejó la estrategia de la HM para la próxima etapa; a un primer ministro interino deberían agregarse cinco jueces para establecer un comité presidencial encargado de reescribir la constitución y luego de convocar a elecciones para el Parlamento y la presidencia.

Magd fue inflexible: “Un Estado islámico no está en conflicto con la democracia, pero el pueblo debería poder elegirlo”. Washington ya lo sabe, pero en todo caso se alarmará porque la HM no cree en ese famoso cadáver geopolítico: el proceso de paz israelí-palestino; “la paz es imposible sin un acuerdo con Hamás”. En cuanto a al-Qaida: “actualmente sólo es una invención de la CIA para justificar la guerra contra el terror”.

La calle árabe sabe –y en gran parte aprueba– que la HM se ha opuesto permanentemente a los acuerdos de Camp David de 1978 y no reconoce a Israel. Estratégicamente, la HM ha comprendido que es contraproducente destacarse ahora; otra cosa es en el futuro. El punto crucial es que la HM se opone firmemente a la violencia contra los civiles, y por lo tanto rechaza con firmeza a al-Qaida. Una HM que rechaza la violencia y que es muy activa en la política civil en Egipto posiblemente no asustará a Occidente. Como partido establecido del Islam político, la HM podría ser el mejor antídoto para fanáticos al estilo de al-Qaida.

Al contrario de lo que dicen las sirenas alarmistas de derecha, ningún “fervor islámico” envuelve a Medio Oriente. Al contrario, lo que se ve actualmente es mucha corrupción moral, que para colmo está del lado equivocado de la historia.

La posición de Israel se explica por sí misma, desde el Jerusalem Post que describe la revolución egipcia como “el peor desastre desde la revolución de Irán”, hasta un columnista del periódico Ha’aretz que vocifera que Obama traicionó a “un presidente moderado egipcio que se mantuvo leal hacia EE.UU., promovió la estabilidad y alentó la moderación”.

En cuanto al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, telefoneó a Mubarak para decirle cuánto lamenta todo este lío; y luego ordenó a sus matones que impidieran que los palestinos manifestaran su apoyo a la democracia en Egipto.

No cabe duda, con la HM como parte de un gobierno egipcio, un gobierno egipcio verdaderamente soberano, el tratado de paz entre Israel y Egipto será volverá a negociar (la HM está a favor de un referendo). Y así llegamos al meollo de la cuestión. Después de esta revolución, los intereses de EE.UU. e Israel posiblemente no podrán converger, ni siquiera como una ilusión óptica.

No es una revolución antiestadounidense; es una revolución contra un régimen apoyado por EE.UU. Un gobierno post Mubarak legítimo y soberano posiblemente ya no podrá ser un títere de Washington, con todas las implicaciones regionales que esto significa. Y eso va mucho más allá de la HM. Tiene que ver con el corazón milenario del mundo árabe que posiblemente está al borde de un drástico cambio radical.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MB02Ak03.html







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02-02-2011






El lado oscuro de Google

Historia y futuro de la industria de los metadatos







El lado oscuro de Google. Historia y futuro de la industria de los metadatos.Ippolita (traducción de Maria Grazia Macchia y Guisepe Maio) Barcelona : Virus editorial, 2010, 205 páginas




Editorial Virus nos continua proporcionando un valioso material para el debate, que distribuye gratuitamente en la página web de su editorial y siempre bajo la licencia Creative Commone. El libro que nos ocupa continua con un proyecto iniciado por un libro colectivo de ciberactivismo sobre los usos políticos y sociales en la red ( 2006) y al que siguió la publicación de Tercera Piel. Sociedad de la imagen y conquista del alma ( Ramón Fernández Durán). El lado oscuro de Google es también un libro colectivo, escrito por hackers y activistas sociales italianos llamado Ippolita. Disponen de un servidor independiente y una comunidad de escritores que quiere intervenir activamente en el mundo de lo que puede llamarse la tecnocultura. En la conclusión el colectivo Ippolita explica que quería escribir un libro sobre el salto de la epistemología a la ontología en los mundos digitales. Tema política y filosóficamente muy interesante que ellos mismos vieron como inviable por la extraordinaria complejidad del tema pero al que dedican alguna reflexión. Es muy interesante por ejemplo la de desmontar el mito del ciberespacio como un mundo inmaterial ya que surge de la interacción de un soporte físico, unas conexiones eléctricas y un agente biológico que es el ser humano. Explican entonces que se centraron en un proyecto más específico y modesto que es el de ocuparse de Google como paradigma de lo que es el paradigma de un motor de búsqueda.

Ippolita adopta una perspectiva crítica para analizar el fenómeno desde una posición política democrática, es decir autogestionaria. ¿ Como contemplar la historia de Google, su funcionamiento y la lógica de su planteamiento global ? Por supuesto de manera ambivalente, recogiendo los matices de lo que es a la vez una oportunidad y un peligro. La oportunidad es el campo de posibilidades que abre un motor de búsqueda muy rápido y eficaz que pone de manera gratuita la información y los recursos de manera gratuita al usuario. Las virtudes de Google en este sentido son claras y no hace falta insistir. Sí hay que hacerlo en cambio en el segundo aspecto, el de los peligros. ¿ Qué hay detrás de esta empresa flexible, que mima a sus empleados y en la que todo el mundo quiere trabajar ? ¿ qué podemos decir de este ambiente informal, híbrido de empresa y campus universitario ? ¿ es realmente Google "el gigante bueno" abierto y democrático que quiere potenciar la libre y rápida circulación de información ? ¿ hemos de agradecerle el que nos brinde sus servicios de manera gratuita y desinteresada ? El recorrido del libro desmonta estos tópicos a través de análisis rigurosos y críticos imprescindibles para entender los entresijos ocultos de Google. Y también de la lucha feroz y despiadada ( totalmente en contra de la imagen de capitalismo blando que pretende vender) contra los otros gigantes, como Microsoff o Yahoo!. Muy interesante es la diferencia entre software open (abierto) y free ( libre) que a veces se confunden pero que vale la pena diferenciar, ya que el primero sirve para introducir en la economía de mercado a través de empresas como Google el trabajo abierto y de colaboración de los hackers.

Hay que superar muchas dicotomías binarias como privado/público, verdadero/falso, subjetivo/objetivo sin no queremos quedar encerrar en las opciones que nos plantea el sistema.

La lucha del ciberespacio es entre la autogestión y el control, entre la construcción de redes libres y el dominio a través de la información y los filtros que la jerarquizan y la censura determinada por intereses políticos y económicos. Tenemos ejemplos : webs censuradas, cancelación de publicidad que violan los supuestos principios de neutralidad de Google. Hay otro elemento crítico presente en el libro sobre el que quiero insistir. Es la propuesta de una cultura científico-humanista e incluso técnica para la gestión de la red abierta y no académica. La ideología tecnocrática-académica-empresarial que consolida el poder de los expertos al servicio del Capital y del Estado es hoy el principal enemigo de la democracia, que en términos reales no es otra cosa que la autogestión. Hay que ir hacia un saber científico-filosófico artesanal, basada en la razón común de los humanos de vincular la lógica, la experiencia y la información. Este es el desafió y libros como éste nos ayudan a conseguirlo. Pienso que vale la pena complementar este tipo de escritos con algunos más teóricos, tanto sobre la democracia radical ( Cornelius Castoriadis, Jacques Rancière) como con análisis más sobre el ciberespacio, como por ejemplo los de Slavoj Žižek.

El libro me parece en definitiva imprescindible para entender algo mejor esta “tercera piel” de la que nos habla Ramón Fenández Durán. También lo es para ver que no hay una alternativa válida sino alternativas plurales a construir pero que en todo caso irían por la línea de instrumentos tecnológicos convivenciales. La idea de convivencialidad, original de Ivan Illich ( autor que, críticamente, hay que recuperar), quiere decir que son las mismas personas que utilizan la red las que tienen que construir su propia tecnológica. La tecnología, y a ello quiere ayudar también el libro, es una ocasión de apertura y de participación que hay que ir transformando y enriqueciendo. Google como punto de encuentro entre el estilo meritocrático de la Academia, el empuje a la innovación a toda costa y de capitalismo financiero avanzado no debe ser el modelo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.







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