miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sobre Wikilicks







Rebelion. Wikileaks y el cártel de los medios















Portada ::
Conocimiento Libre






Aumentar tamaño del texto
Disminuir tamaño del texto
Partir el texto en columnas
Ver como pdf
01-12-2010







Wikileaks y el cártel de los medios




El Periódico de Catalunya






El fenómeno Wikileaks ha acaparado numerosos análisis y reflexiones sobre el futuro de la información, Internet y la participación ciudadana en la difusión de las noticias. El debate se ha limitado entre quienes presentaban como un problema y una irresponsabilidad la distribución de información secreta, y quienes defendían su libre circulación y apoyaban a Wikileaks. En mi opinión se trata de una simplificación, y el modus operandi del propio Wikileaks ha demostrado que el asunto es más complejo. Una prueba de ello ha sido la forma en que ha difundido los 250.000 documentos que recogían comunicaciones de la diplomacia y la Administración central estadounidense. Quienes parecía que subvertían las formas de comunicación del siglo XXI optaron por ofrecer en exclusiva y de forma privilegiada la documentación a cinco grandes medios de comunicación mundial: The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde y El País. Días después de que las direcciones de estos periódicos los tuvieran en su poder, los ciudadanos seguimos sin poder acceder a los documentos en la Web de Wikileaks.

Por su parte, los cinco periódicos se organizan en un cártel -como bien ha denominado Juan Carlos Monedero- y se coordinan. Según han reconocido, “hay un acuerdo sobre la publicación simultánea de los mismos documentos de relevancia internacional y las fechas de su difusión”. Afirman que “tienen autonomía para decidir sobre la selección, valoración y publicación de las comunicaciones que afecten a sus países”, es decir a cinco países del bloque occidental, toda la información referente al resto del mundo está filtrada por ellos. “Únicamente se publicarán aquellos papeles que consideremos que no representan una amenaza para la seguridad de personas o de países”, han afirmado. En concreto El País reconoce que “ha decidido aceptar los compromisos a los que The New York Times llegue con el Departamento de Estado para evitar la difusión de determinados documentos”.

La connivencia entre Wikileaks y el cártel de los cinco es absoluta. Desde su twitter, Wikileaks ya se remitía a ellos asumiendo que su página quedaría fuera de servicio. Y lo que anuncia en la red social son enlaces a las páginas de los periódicos.

No sé si el origen de Wikileaks era limpio y honesto, lo que sí parece claro es que se está convirtiendo en un sujeto domesticado. Hasta el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha afirmado que los documentos dan la razón a su gobierno en la valoración de la amenaza iraní.

No debemos descartar que, ante la pérdida de credibilidad de la información que hacen pública los gobiernos, se esté recurriendo a formas imaginativas que, bajo una aureola de espontaneidad, filantropía y mitificación de Internet, no sea más que el mismo perro con distinto collar. Que, por ahora, la única iniciativa concreta contra el fundador de Wikileaks sea algo tan peregrino como acusarle de una violación, resulta bastante pintoresco.

Pascual Serrano es periodista. Acaba de publicar el libro “ Traficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles". Foca. Noviembre 2010

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/20101130/cartel-medios/602586.shtml

rCR







Envía esta noticia

Compartir esta noticia:
delicious 
digg 
meneame
twitter









Dos terapias antipoblación







Rebelion. Las dos terapias de la superpoblación















Portada ::
Ecología social






Aumentar tamaño del texto
Disminuir tamaño del texto
Partir el texto en columnas
Ver como pdf
01-12-2010







Las dos terapias de la superpoblación




Agone.org



Traducido para Rebelión por Caty R.




La superpoblación, desde el punto de vista capitalista, se refiere a la imposibilidad –una vez constituido un ejército de reserva susceptible de reclutamiento en caso de «expansión» o «recuperación económica y que sirva de influencia sobre los sueldos de las personas con trabajo- de emplear al resto de la población. Una dificultad que está en vías de superación de dos formas, alternativas o combinadas. La primera corresponde a un escenario «duro» planificado por expertos que emergen directamente del Pentágono. La segunda, claramente más «suave» pero que no excluye recurrir simultáneamente a la primera, emana de civiles pertenecientes a la élite del capitalismo globalizado.

En un «Informe secreto del Pentágono sobre el cambio climático» publicado hace algunos años figuran las consideraciones y recomendaciones relativas a las cuestiones de estrategia militar a corto y medio plazo (1). Pueden resultar, a elegir, instructivas o aterradoras. Hay que señalar que ese informe no fue redactado por personas fantasiosas sino, a petición del siniestro Donald Rumsfeld –que entonces todavía no era ministro de la «guerra preventiva» contra Iraq de Bush hijo-, por Peter Schwartz, un «futurólogo» presente a menudo en las cumbres de Davos, y Doug Randall, un experto de Global Business Network, un instituto de previsión y asesoría vinculado al mundo de los negocios. Los autores resumieron lo que el actual consenso de la comunidad científica admite como el escenario más probable del planeta a muy corto plazo, que consolida la teoría emitida por numerosos científicos: la de un deterioro acelerado de la exosfera antes de mediados de siglo.

En efecto, ya no hay duda: el recalentamiento es obvio. Y efectivamente tiene una estrecha relación con el efecto invernadero vinculado a las actividades humanas productoras de CO2. Dicho recalentamiento ha empezado a producir sus desastrosos efectos. Ya está empujando a las poblaciones a huir de las regiones golpeadas por la sequía. Pero éste es sólo el primer episodio de un cambio más radical: el deshielo del cascote polar y del permafrost siberiano en los que se establece la Corriente del Golfo que regula las temperaturas, en particular en el hemisferio norte. Si esa corriente marítima se detuviera surgiría un período de glaciación, probablemente enorme, en el norte del planeta, que lo dejaría encerrado en un denso caparazón de hielo. Según esta teoría el norte de Europa (Escandinavia, Holanda, Gran Bretaña y una buena parte de Alemania) se volvería inhabitable. Otra perspectiva no mucho más halagüeña: la inundación de zonas inmensas densamente pobladas en la actualidad, como consecuencia del recalentamiento de la atmósfera, que quedarían sumergidas definitivamente y por lo tanto también se volverían inhabitables.

Lo que tienen en común esas hipótesis, a la vez catastróficas y plausibles, es lo que ambas implican: enormes masas de población obligadas a expatriarse, a emigrar, añadiéndose a los expulsados por condiciones de vida inhumanas. Por lo tanto es fácil deducir que, en el mejor de los casos, las zonas que permaneciesen habitables serían escasas y de superficie reducida. Lo que condujo a los pensadores del Pentágono a expresar algunas sugerencias de orden estratégico. Al leerlas se comprende por qué se hizo todo lo posible para no darles publicidad, ya que son muy explícitas: es necesario tomar medidas para «asegurar» los últimos recursos vitales y, al mismo tiempo, para repeler a los innumerables «refugiados climáticos» que «tenderían a fluir hacia las zonas habitables» (2).

En realidad, al principio, las limitaciones que debido a un brusco cambio climático caerían sobre los alimentos, el agua y la energía se podrían «manejar con medios diplomáticos, políticos y económicos tales como tratados o embargos [sic] sobre el comercio». Pero ese período de gracia no durará. «Con el tiempo, advierten los autores del informe, los conflictos por la utilización de las tierras y el agua tienen posibilidades de volverse más agudos –y más violentos-. A medida que crezca la desesperación de los Estados [re-sic], el paso a la acción será más apremiante. ¿Cómo? Ni más ni menos que instaurando una dictadura con finalidad «ecológica» basada en un terrorismo de Estado generalizado.

Naturalmente desde el punto de vista del Pentágono se trata en primer lugar, por no decir en exclusiva, de Estados Unidos donde hay que prepararse para ese cambio. «Incluso aunque Estados Unidos se mantenga relativamente bien favorecido y dotado de una enorme capacidad de adaptación, los autores del informe concluyen con la afirmación de que el país se encontrará en un mundo en el que las olas de refugiados vendrán a estrellarse a sus costas (3); donde Europa se enfrentará a luchas internas; donde Asia se sumergirá en una grave crisis a causa del agua y los alimentos».

Por lo tanto las «estrategias de marcha» que se deberán elaborar y aplicar serán únicamente en beneficio de los ciudadanos estadounidenses (4). Sobre todo porque teniendo en cuenta sus avances científicos, técnicos y organizativos, y el hecho de tener «más recursos a su disposición en relación con el tamaño de la población, […] las naciones susceptibles de adaptarse con más facilidad a los cambios bruscos del clima [pueden] suscitar una sensación más aguda de la distinción entre ricos y pobres que conlleva un resentimiento hacia las naciones con mayor capacidad de acogida». Lo que, hablando claro, significa que los dos objetivos a los que las «estrategias de marcha» tendrán que responder sólo se podrán alcanzar a costa de las poblaciones de los demás países. «Garantizar el acceso a los recursos alimentarios», por una parte, equivale en realidad a dejar, sin escrúpulos, que el resto de la humanidad corra el riesgo de morir de hambre y de sed. Y por otra parte «garantizar la máxima seguridad nacional» hace prever, conociendo el sentido de la formulación (5), el establecimiento y despliegue de un arsenal represivo para uso externo, y también interno, del que sólo las novelas o películas más pesimistas pueden dar una idea. Todavía no está descartado un «happy end»: Los numerosos muertos causados por la guerra, el hambre y la enfermedad, reducirán el tamaño de la población total. Lo cual, con el tiempo [re-sic], equilibraría el número de personas en la tierra capacitada para el acogimiento (6).

A ese futuro poco halagüeño y todavía menos radiante para la mayoría de los habitantes de la tierra, se puede oponer un escenario más «suave», al menos para una parte de ellos. Durante una discreta reunión en el lujoso hotel Fairmont de San Francisco, celebrada en noviembre de 1995 bajo los auspicios de la Fundación Gorvachov –financiada por la aristocracia del capitalismo internacional-, «quinientos políticos, líderes económicos y científicos de primer orden» confrontaron sus puntos de vista sobre el futuro de la nueva civilización planetaria nacida del hundimiento de los regímenes pretendidamente «socialistas» (7).

Esa augusta asamblea tomaba como punto de partida de su reflexión el postulado, considerado por los participantes como una evidencia, según el cual «en el siglo que viene dos décimas de la población activa serán suficientes para mantener la actividad de la economía mundial» (8). La «revolución científica y técnica» que sólo puede seguir su curso imparable continuará, de forma efectiva, sustituyendo a las personas por máquinas. Entonces se plantea el problema que antes o después deberá afrontar la élite globalizada: ¿Cómo garantizar la gobernabilidad o el gobierno –es decir, la dominación- del ochenta por ciento de la humanidad restante de la que los desastres ecológicos futuros diezmará ciertos sectores pero, a pesar de todo, sin hacerla desaparecer por completo? En otras palabras, ¿qué hacer con los futuros «inútiles del mundo» capitalista?

Debemos a un experto, Zbignew Brzezinski, la solución adoptada al final del debate. Este ex asesor del presidente estadounidense Jimmy Carter, y fundador de la Conferencia Trilateral, ya se distinguió en los años 70 al predicar una «democracia limitada» para hacer frente a las reivindicaciones y las aspiraciones populares cada vez más difíciles de «manejar». Esta vez no encontró nada mejor que recuperar, en un lenguaje actualizado, la vieja receta del «Panem et circenses». En la neolengua global: el tittytainment (de «entertaiment», entretenimiento, y «tits» tetas, en argot estadounidense). Ese neologismo en forma de puzzle designaba un «cóctel de entretenimiento embrutecedor y alimentación suficiente que permita mantener de buen humor a la población del planeta» (9).

Las almas piadosas no dudarían en adoptar esta solución cínica y despectiva de cara al pueblo. Pero no olvidemos al respecto que los burgueses, cuando conversan entre ellos de asuntos serios, no se entretienen con florilegios retóricos humanitarios. Y que los informes nacidos de sus reflexiones a puerta cerrada no están destinados al conocimiento del denominado pueblo soberano de nuestras «democracias». Pero volviendo al contenido y mirándolo de cerca, la solución avalada por el selecto Areópago reunido en San Francisco es precisamente la que ya está establecida desde hace mucho tiempo en las sociedades donde el espectáculo del consumo va de la mano con el consumo del espectáculo. Veamos, por ejemplo, la televisión y el supermercado. O Disneylandia y McDonalds. Pero con una diferencia: la ayuda del «desarrollo sostenible», que será la consigna para las masas de consumir menos para consumir mejor. Así, la distracción y la alimentación ya estarán ubicadas bajo el signo de un reverdecimiento generalizado. Las distracciones serán cada vez más «eco-responsables» y la alimentación cada vez más «bio».

En Estados Unidos se califica de greenwashing (lavado verde) del capitalismo, incluso en los círculos de la oligarquía, esta «persecución del diamante verde» unido a la búsqueda del beneficio. Incluso aunque van retrasados con respecto a sus homólogos del otro lado del Atlántico, los industriales franceses no son una excepción. Dos párrafos escogidos entre muchos otros sacados de la prosa patronal lo atestiguan:

Estas palabras son definitivas: «La introducción del concepto de ‘desarrollo sostenible’ también podría tener un efecto revolucionario como lo tuvo en su época la introducción del vapor, la electricidad y la electrónica. Se trata sobre todo de una revolución intelectual. Para conseguirla será necesario desplegar un intenso esfuerzo de educación y formación con el fin de introducir los problemas del medio ambiente en la estrategia de las empresas. Todos los actores de la empresa están implicados. Del primero al último de la jerarquía. Los programas de formación deben integrar el concepto de desarrollo sostenible y aplicarlo globalmente, tanto para los técnicos como para los gerentes. El medio universitario, más lento en reaccionar, también deberá ser movilizado rápida y eficazmente en el marco de programas de cooperación existentes parcialmente financiados por la industria» (Remodeler l’Europe, Mesa Redonda de los industriales europeos, septiembre de 2001).

«Lo importante es que ahora los fabricantes se han dado cuenta de que si no son buenos con respecto al medio ambiente no serán competitivos y en última instancia no podrían trabajar. No sólo se pueden reconciliar medio ambiente y crecimiento, sino que además se puede convertir el medio ambiente en un factor de crecimiento» (Bernard Collomb, director ejecutivo de Lafarge-Coppée, La Tribune de l’expansion, 1 de junio de 1992).

Notas

(1)  Informe secreto del Pentágono sobre el cambio climático, Allia, 2006.

(2) Ibid.

(3) La cínica reacción de las autoridades maltesas dejando morir en el mar a los emigrantes subsaharianos en sus pateras, sin intentar siquiera socorrer a los supervivientes, es un aperitivo, a una escala muy reducida, de la suerte que espera a las decenas de miles de refugiados «climáticos».

(4) El informe no dice nada sobre la selección interna que se operará entre los beneficiarios. El ciclón Katrina dio una primera estimación: Los habitantes negros «desfavorecidos» de Nueva Orleans fueron las principales víctimas.

(5) Sacando las enseñanzas de las prácticas de los regímenes represivos instalados por todo el mundo con la aprobación y el apoyo de Estados Unidos, el lingüista Noam Chomsky concluyó que «seguridad nacional significa simplemente «guerra contra la población» (Class warfare, Pluto Press, Londres 1996).

(6) Informe secreto del Pentágono…, op. Cit.

(7) Hans Peter Martin y Harald Schuman, Le Piège de la mondialisation, Solin-Actes Sud, 1977.

(8) Ibid.

(9) Ibid.

Jean-Pierre Garnier ha publicado en la editorial Agone: Une violence éminemment contemporaine. Essais sur la ville, la petite-bourgeoisie intellectuelle et l'effacement des classes populaires (2010).

Fuente: http://blog.agone.org/post/2010/11/23/Surpopulation-les-deux-therapies






Envía esta noticia

Compartir esta noticia:
delicious 
digg 
meneame
twitter









De interés

www.elviejotopo.com

OTAN

Portada :: Mundo
01-12-2010

OTAN encrucijada

Juan Agulló
Milenio México


“Lo de Lisboa, puro teatro” editorializó –el pasado 19 de noviembre- un periódico español. El Mundo se refería así a la Cumbre en la que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sancionó su Nuevo Concepto Estratégico (NSC, en inglés).
Fue el fin de un largo proceso que arrancó en 2005 cuando, luego de la controversial invasión estadunidense de Irak (2003) el entonces Primer Ministro alemán, Gerhard Schröder, propuso estudiar la reforma de la OTAN.

Su idea funcionó porque el unilateralismo que pretendieron imponer los neocon estadunidenses, con George W. Bush, está teniendo costos económicos –pero también, políticos- demasiado elevados para Washington.

En dicho marco, apostar por un NSC, supone hacerlo por una nueva forma de multilateralismo que, en la práctica, trata de poner a la OTAN al servicio de las nuevas necesidades estratégicas globales estadunidenses, rebautizadas como occidentales.

Plantear una redefinición del horizonte estratégico, tanto en términos de medios (repartir esfuerzos financieros, políticos y militares) como de fines (reconocer que Rusia no es el único enemigo) no supone, en realidad, nada nuevo: cuando en 1991 desapareció el Pacto de Varsovia, hubo quien planteó aplicar a la OTAN algo muy parecido al actual NSC.

Asumirlo ahora, desde esta perspectiva, supone la aceptación subrepticia de un fracaso político: las guerras de Irak y Afganistán se han caracterizado por errores de partida basados en su propia legalidad y legitimidad.

La nueva OTAN (cuyo presupuesto anual equivale a las necesidades para la reconstrucción de Haití) pretende resolver dicho problema anteponiendo el concepto de seguridad al de defensa de forma que, en lo sucesivo, sea posible intervenir, “legal” y “legítimamente”, en cualquier parte del mundo. Se disuelve así, la obsesión anti-rusa trocando el anti-comunismo por el anti-terrorismo, más acorde a las obsesiones contemporáneas.

Se traslada además, taimadamente, el eje de preocupación geopolítica, de Europa hacia Eurasia (donde la Organización de Cooperación de Shangai -que aglutina a Rusia y a China- es la que realmente preocupa) y se insinúa por último, la necesidad de una fuerza armada mundial al servicio de la ONU: ¿se estará pensando en la OTAN? En Pekín, probablemente, no…



Fuente: http://impreso.milenio.com/node/8872559

martes, 30 de noviembre de 2010

LA GUERRA DE LAS DIVISAS:USA- China(MB)







Rebelion. Krugman, China y la naturaleza del actual capitalismo financiarizado occidental















Portada ::
Economía






Aumentar tamaño del texto
Disminuir tamaño del texto
Partir el texto en columnas
Ver como pdf
30-11-2010







Krugman, China y la naturaleza del actual capitalismo financiarizado occidental







"Los actuales ataques a China se parecen mucho a los ataques a Japón y otros países asiáticos a finales de los 80, que consiguieron demonizar a economías exitosas por haber evitado ser víctimas de las prácticas predatorias que corroyeron a la industria norteamericana, que 'financiarizaron' y postindustrializaron su economía. La piramidalización de la deuda estadounidense que arrancó en los 80 ha desembocado en una guerra de clases sin apenas justificación económica. Así pues, culpar a los extranjeros –por enriquecerse del mismo modo que hicieron los EEUU desde que el Norte ganó la Guerra Civil en 1865— equivale simplemente a proporcionar una coartada política para un statu quo económicamente estéril."




He aquí el dilema en que se halla la economía estadounidense: la política de flexibilización cuantitativa de la Fed –crear más liquidez para que los bancos puedan prestar más— pretende ayudar a la economía a "tomar prestado el camino para salir de la deuda". Pero los bancos no están prestando más por la sencilla razón de que un tercio de los bienes raíces estadounidenses se hallan ya en situación de quiebra técnica [negative equity: deben más de lo que valen los activos hipotecados; T.], mientras que la pequeña y mediana empresa, que ha creado el grueso de los puestos de trabajo nuevos en Norteamérica en las últimas décadas, ha visto como su colateral preferido (los bienes raíces y los pedidos de venta) se encoge más y más. ¿Cómo puede esperares que los bancos presten más y contribuyan a reinflar los precios de los activos en la economía, si los salarios y los precios al consumidor siguen su deriva bajista? Así pues, el conjunto de la economía "real" no puede sino seguir encogiéndose.

Lo que ha dado centralidad al argumento a favor de la política de la Fed esta semana pasada han sido los intercambios entre Republicanos y Demócratas. El deterioro de la situación llevó a un grupo de economistas y estrategas políticos republicanos a publicar una carta abierta al presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, criticando la política de flexibilización cuantitativa (QE2) de la Fed, política consistente en inundar la economía con liquidez, lo que tiene que repercutir en los mercados exteriores de divisas al empujar a la baja la tasa de cambio del dólar. Hasta aquí, no deja esa crítica de ser atinada. Pero apenas rasca la superficie.

Piénsese en Paul Krugman, uno de los defensores más progresistas de la política del Partido Demócrata. Sus columnas en el New York Times rechazan el papel de los republicanos como abogados de los intereses de Wall Street y de los grandes empresarios. Pero también disculpa y aun se añade al vapuleo a China. "Culpar al extranjero", y no al sistema, suele ser una respuesta de la derecha, pero Krugman culpa a China simplemente porque los chinos tratan de salvarse evitando ser las víctimas de las políticas de Wall Street que el propio Krugman critica cuando la víctima son los trabajadores norteamericanos. Al culpar a China, no sólo deja fuera de foco al comité directivo de la Reserva Federal y a los amigos wallstreetenses de ésta, sino que, en la práctica, culpa al mundo entero; un mundo que, en formación de frente unido, propinó hace dos semanas en Seúl un sonoro y unánime bofetón al nacionalismo financiero de Obama en las reuniones del G20.

Es triste que en la columna de Krugman del pasado viernes, 19 de noviembre, en el New York Times, intitulada "El eje de la depresión", se mostrara a las claras que las soluciones preferidas de Krugman no van más allá de lo que permite concebir el superficial y manoseado instrumental intelectual del pensamiento económico marginalista. Su columna venía a aceptar el intento de la Fed de reinflar, mediante la flexibilización cuantitativa, la burbuja inmobiliaria inundando los mercados con crédito suficiente para rebajar las tasas de interés. Pretende que lo que la Fed pretende con eso es "la creación de puestos de trabajo", y no, principalmente, como es el caso, rescatar a los bancos tenedores de hipotecas sobre propiedades en situación de quiebra técnica.

Lo cierto es que reinflar los precios de los bienes raíces no facilitará a los perceptores de salarios y a los compradores de vivienda la consecución de sus objetivos. Rebajar los tipos de interés reinflará los precios de los bienes raíces ("creación de riqueza", al estilo de Alan Greenspan), lo que aumentará el nivel de la deuda en que deben incurrir los compradores de vivienda para adquirirla. Y cuanto mayor es el servicio a pagar de la deuda, tanto menos disponible queda para gastar en bienes y servicios (la "economía real"). El empleo encogerá en una espiral financiera de austeridad económica.

Desgraciadamente, la mayoría de economistas están obnubilados con la trivializante fórmula DV=PT. La idea es que más dinero (D) lleva al incremento de los "precios" (P), presumiblemente, precios del consumo y de los salarios. (Se puede ignorar la velocidad, "V", que es simplemente un residuo tautológico.) "T" son "transacciones", y vale por el PIB, a veces también llamado output, producto.

Aproximadamente el 99,9% del dinero y del crédito no se gasta en bienes de consumo (la "T" en DV=PT). Cada día, un volumen mayor que todo el PIB anual pasa por la New York Clearing House y por el Chicago Mercantile Exchange para préstamos bancarios, acciones y bonos, hipotecas empaquetadas, derivados financieros y otros activos y apuestas financieros. De modo que el efecto de la flexibilización cuantitativa de la Fed –la inflación monetaria— será inflar los precios de los activos, no los precios de los bienes de consumo y de otras mercancías.

La dinámica clave del capitalismo financiero de nuestros días

Esa es la dinámica clave del capitalismo financiero de nuestros días. Lastra a las economías con deuda, y cuando el servicio de la deuda rebasa el excedente a partir del cual esa deuda es pagadera, el banco central busca "reinflar para salir de la deuda", creando crédito nuevo "dinero" suficiente como para revalorizar bienes raíces, acciones y bonos (suficiente, esto es, para que los deudores puedan seguir pagando los intereses debidos). Tal es el deus ex machina, el flujo de crédito, de fuera a dentro, capaz de permitir que las economías financiarizadas operen como esquemas Ponzi piramidales a gran escala. Esa dinámica es estimulada mediante la gravación fiscal de las ganancias especulativas (de "capital") a tipos marginales inferiores a los impuestas a salarios y a beneficios empresariales. Así las cosas, ¿por qué deberían financiar los inversores inversiones en capital tangible, si pueden cabalgar alegremente la ola de la inflación de precios de activos? La economía de la burbuja troca en "creación de riqueza" especulativa.

¿Puede funcionar eso? ¿Hasta cuando seguirán unos inversores crédulos invirtiendo en un esquema piramidal desarrollado a ritmos exponenciales imposibles y disfrutando de una ficticia "creación de riqueza", mientras los banqueros cargan a la economía con deuda? ¿Hasta cuándo creerá la gente del común que la economía está creciendo realmente cuando los banqueros prestan a una economía supervisada por agencias regulatorias pilotadas por ideologizados desreguladores?

El ideal de los banqueros es que todo el excedente que se halle por encima de la mera subsistencia sea pagado en forma de intereses y honorarios: todo el ingreso personal, todo el flujo de caja empresarial y toda procedente de los bienes raíces. Así que cuando la política de flexibilización cuantitativa de la Fed rebaja las tasas de interés hipotecario, lo que consigue no es que los propietarios de vivienda terminen pagando menos, sino que lo que hace es simplemente permitir el incremento de la tasa de capitalización del valor de la renta existente.

La coartada de la Fed es que la flexibilización cuantitativa beneficia a los compradores de vivienda reduciendo la deuda en la que tienen que incurrir. Pero si eso fuera verdad, su ganancia significaría una pérdida para los bancos, y los bancos son la principal base de la Fed. Para la reserva federal, el "problema" económico radica en que unos precios de la vivienda a la baja (es decir, más accesibles) están matando los balances contables de los bancos. De manera que el objetivo real de la Fed es reinflar la burbuja inmobiliaria, al tiempo que, de paso y si puede, espolear una burbuja en el mercado de valores.

Una columna de Andy Kessler en el Wall Street Journal (viernes, 19 de noviembre, la misma fecha en que apareció la columna antes mencionada de Paul Krugman) apuntaba a eso, pero reconociendo que la Fed naufragaría desastrosamente en la opinión pública si iba de cara y explicaba que la motivación de su nueva ronda de flexibiliación cuantitativa era revertir la caída de los precios de las propiedades inmobiliarias. "Bernanke provocaría el pánico, si dijera públicamente que, de no ser por la polvareda mágica levantada con el dólar, los bienes raíces caerían al abismo", y si admitiera que, en tal caso, los balances contables de los bancos seguirían sufriendo con "los créditos inmobiliarios y los derivados financieros tóxicos". Pero el carácter en buena medida ficticio de la solvencia bancaria oficialmente reconocida se refleja en el hecho de que el valor en la bolsa del Bank of America (que compró Countrywide Finance) es sólo la mitad de lo que figura en sus libros, mientras que el de Citibank está exagerado en un 20%.

Las ejecuciones hipotecarias, ni que decir tiene, son mala cosa para los propietarios de vivienda, pero son aún peores para los bancos, a causa de la pirámide financiera de crédito erigida sobre el valor de las hipotecas basura de la década pasada. El problema con el análisis de Krugman es su aceptación, de partida, de que la flexibilización cuantitativa –pensada para reinflar la burbuja inmobiliaria— es buena para el empleo y aun para la renovación de la competitividad estadounidense, y no, como es el caso, todo lo contrario. Al centrarse en el comercio y el trabajo, concede ya por implicación que el dólar se está debilitando sólo a causa del déficit comercial, ¡no a causa del déficit militar y de la fuga de capitales! Y parte del supuesto de que reinflar la burbuja inmobiliaria –objetivo explícito de la Fed— hará más competitivas las exportaciones norteamericanas, ¡y no menos! Con toda seriedad, afirma en su columna del 19 de noviembre que "la razón esencial del ataque a la Fed es el egoísmo puro y simple. China y Alemania quieren que Norteamérica siga siendo poco competitiva".

No es eso lo que yo he oído en China y en Alemania. Chinos y alemanes quieren simplemente evitar disrupciones e inestabilidades en su comercio y en su producción nacional, y evitar sufrir pérdidas en sus reservas internacionales (reservas, dicho sea de paso, mantenidas en buena parte por una inercia que viene de la I y de la II Guerras Mundiales, cuando los EEUU incrementaron hasta el 80% de los años 50 su participación en las reservas de oro en el mundo). El Tesoro norteamericano querría que los bancos y los especuladores estadounidenses ganaran fácilmente 500 mil millones de dólares a costa del Banco Central chino, especulando astutamente con el comercio de divisas. La Fed querría ver reivivir la economía estadounidense por la vía de saquear otras economías.

No habrá tal. El patrón de un dólar en desplome para las finanzas internacionales quedará gravemente tocado tan pronto como otros países sean capaces de reemplazar al dólar por una moneda mutuamente aceptada en sus intercambios, un proceso que ahora mismo encabezan los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Sudáfrica acaba de sumarse a esos países como quinto miembro, y los exportadores de petróleo, desde Nigeria hasta Venezuela e Irán, se están asociando entre sí para hacer que el sistema monetario internacional sea menos injusto y menos explotador. Joseph Stiglitz, compañero de Nóbel Paul Krugman, ha advertido (de modo aparentemente irónico, porque lo hizo en una columna reproducida en el Wall Street Journal): "Se supone que ese dinero [de la flexibilización cuantitativa] revitalizará a la economía norteamericana, pero, lejos de ello, lo que hará es recorrer el planeta en busca de economías que parecen funcionar bien, provocando una catástrofe aquí."

La Fed y el Congreso han instado a China a reevaluar su moneda, el renminbi, un 20%. Eso obligaría al gobierno chino y a su banco central a absorber una pérdida de medio billón de dólares de los 2,6 billones de reservas que ha ido acumulando. Esas reservas no proceden solamente de las exportaciones, mucho menos de las exportaciones a los EEUU. Son fugas de capitales realizadas por gestores financieros estadounidenses, arbitrajistas de Wall Street, especuladores internacionales y otras gentes que buscan comprar activos chinos. Y son el resultado del gasto militar estadounidense en sus bases en Asia y en otros sitios, dólares que los países receptores mueven y gastan en China.

Las autoridades chinas han tratado de dejar claro que lo que les resulta objetable es la política estadounidense de creación de "crédito electrónico en la pantalla de ordenador" a un 0,25% para comprar luego por doquiera activos de alto rendimiento (y casi cualquier activo extranjero es de mayor rendimiento). La reunión del G20 la pasada semana en Corea del Sur acusó a los EEUU de depreciación competitiva de la moneda y de agresión financiera, y los países comenzaron a rehuir el dólar y aun a evitar incurrir en excedentes comerciales y de pago como tales.

Lo esencial es que no hay manera de que los EEU puedan defender la depreciación del dólar en términos que obliguen a otros países a aceptar pérdidas en sus valores. Los inversores de todo el mundo han perdido la fe en el dólar y en otras monedas papel, y se están movimiento hacia el oro o, simplemente, cierran sus economías. En el curso del pasado año –desde las reuniones de los BRIC en Ecaterimburgo, Rusia, en verano de 2009— su respuesta ha sido evitar el uso del dólar para protegerse de la agresivas fugas de capital estadounidense que buscan atacar por sorpresa a sus bancos centrales y comprar sus empresas, sus materias primas y sus activos con "papel crédito" (y en realidad, posibilitar también el aumento del gasto militar).

En vez de apoyar ese intento –un movimiento con consecuencias positivas para la paz en el mundo, porque tiende a limitar el aventurerismo militar estadounidense (como la Guerra de Vietnam obligó al dólar a soltar las amarras del oro en 1971)—, Krugman se sirve de la crisis para atacar a China como si el éxito de ésta fuera lo que está perjudicando a los trabajadores norteamericanos, y no las políticas estadounidenses postindustriales y profinancieras que han inflado la burbuja inmobiliaria, privatizado la asistencia sanitaria sin opción pública –sin siquiera un descuento para las compras de fármacos públicos norteamericanos— ni la incapacidad para depreciar las deudas hipotecarias y otras deuda bancarias y acercarlas a la capacidad de pago.

Los actuales ataques a China se parecen mucho a los ataques a Japón y otros países asiáticos a finales de los 80, que consiguieron demonizar a economías exitosas por haber evitado ser víctimas de las prácticas predatorias que corroyeron a la industria norteamericana, que "financiarizaron" y postindustrializaron su economía. La piramidalización de la deuda estadounidense que arrancó en los 80 ha desembocado en una guerra de clases sin apenas justificación económica. Así pues, culpar a los extranjeros –por enriquecerse del mismo modo que hicieron los EEUU desde que el Norte ganó la Guerra Civil en 1865— equivale simplemente a proporcionar una coartada política para un statu quo económicamente estéril.

A los dos partidos norteamericanos y a sus portavoces políticos les resulta más fácil demonizar políticas que van más allá de lo meramente marginal (y que, por lo mismo y en ningún caso, puede afrontar la solución de problemas estructurales centrales). El debate político termina así alzaprimando diferencias políticas insignificantes. Difícilmente se tendrá consciencia por esa vía de que el problema que tiene ante sí el desempleo industrial norteamericano es que los perceptores de salario tienen que ganar lo suficiente para pagar la vivienda más cara del mundo (la FDIC [corporación federal de seguros de depósitos, por sus siglas en inglés] está tratando de limitar las hipotecas para que no absorban más del 32% del presupuesto del prestatario hipotecado), la asistencia sanitaria y la Seguridad Social más caras del mundo (con un 12,4% de deducciones, conforme a lo dispuesto por la FICA [Ley federal de seguro de las contribuciones, por sus siglas en inglés], elevadísimos niveles de endeudamiento personal con los bancos y las rapaces empresas de las tarjetas de crédito (cerca de un 15%) y un desplazamiento de la carga fiscal desde la propiedad y los más ricos hacia los ingresos procedentes del trabajo y hacia los bienes de consumo (otro 15%, más o menos). El propósito de los banqueros pasa por calcular cuánto pueden pagar sus clientes, lo que se define como cualquier cantidad que rebase los costes básicos de subsistencia y los gastos "no-discrecionales" que vayan a parar al sector FIRE [Finanzas, Aseguradoras y Bienes Raíces, por sus siglas en inglés].

Eso es suicidio postindustrial, y es la vía a la servidumbre por deudas para los asalariados y los consumidores norteamericanos. China ha creado una economía que ha conseguido –hasta ahora— evitar la financiarización de sus empresas. El Estado posee más de la mitad de las acciones de sus bancos comerciales. De acuerdo con el Ministerio de Finanzas chino, los activos de todas las empresas estatales en 2008 representaban cerca de 6 billones de dólares (lo que equivale a un 133% del producto económico anual). Lo que trae consigo que, cuando se hacen préstamos a las empresas nacionales –especialmente a las que son de propiedad parcial o totalmente estatal—, los intereses y los réditos financieros fluyen hacia el sector público, lo que hace innecesaria la grabación fiscal del trabajo.

Como puede comprenderse, China está tratando de defender este sistema. Sin embargo, la administración Obama (imitada por los fundamentalistas republicanos del libre mercado) critica eso, particularmente su subsidio público de la energía solar, una inversión destinada a desacelerar la polución y el calentamiento global. El Wall Street Journal del pasado miércoles proporcionaba un ejemplo casi cómico de este ataque hipócrita (Jason Dean, Andrew Browne y Shai Oster: "China's 'State Capitalism' Sparks a Global Backlash" ["El capitalismo de Estado chino desencadena una reacción global"]), denunciando la aceleración de las inversiones chinas en energía solar para emancipar a su economía (y a su atmósfera) de las importaciones de petróleo y de las emisiones de carbono. "Aprovecha el control estatal del sistema financiero para canalizar capital de bajo coste hacia las industrias nacionales (y hacia naciones extranjeras ricas en recursos combustibles fósiles y en minerales que China necesita para mantener su rápido ritmo de crecimiento)".

Esa política china llevó a Charlene Barshefsky, representante del comercio exterior norteamericano bajo Bill Clinton (y quien ayudó a negociar la entrada de China en la OMC en 2001), a quejarse de que "economías vigorosamente dirigidas por el Estado, como la china o la rusa (…), puedan decidir que 'ramas industriales enteras sean creadas por el Estado', (…) lo que desequilibra el campo de juego, penalizando al sector privado". Eso es precisamente lo que hizo Japón para fomentar su industrialización: suministrar crédito público, a fin de promover la inversión en capital tangible, no el latrocinio de las exacciones financieras. "Vastas franjas industriales siguen controladas por empresas estatales, estrictamente restringidas para los extranjeros", se quejan los autores del artículo en el Wall Street Journal. "El Estado posee los principales bancos en China, sus tres mayores compañías petroleras, sus tres servidores de telecomunicaciones y sus principales empresas de medios de comunicación".

Hay dos ideas muy distintas sobre cuál debe ser el papel desempeñado por el sistema financiero. En Occidente, en los últimos treinta años, los bancos comerciales han creado el grueso del crédito para la especulación y la inflación de los precios de los activos, no para financiar la formación de capital y la industria. La idea directriz de una banca pública es promover la inversión a largo plazo para aumentar la productividad, la producción y el empleo. Y eso es lo que ha permitido a China triunfar con tanta rapidez, mientras que las economías occidentales se financiarizaban y degradaban. Los países bálticos, Islandia y ahora Irlanda son ejemplos del desastre que el neoliberalismo financiero causa cuando tiene las manos libres.

La moraleja es que el éxito bancario chino –y su propósito de defenderse del asalto de la moneda estadounidense y de la especulación arbitrajista que busca saquear sus reservas extranjeras—, lejos de merecer la acusación de promover la guerra económica, merecería ser emulado. Emularlo es, precisamente, lo que los países BRIC declaran ahora querer. La administración Obama y los políticos europeos tocan, desde luego, certeramente nervio cuando urgen a China a centrarse más en su propio mercado interior y a acelerar el aumento de sus propios niveles de vida. Es claro que los mercados interiores de EEUU y Europa se están encogiendo, a medida que avanza la deflación por deuda.

China no es tan autosuficiente como los EEUU en recursos naturales y agua. Eso significa que un incremento de sus niveles de vida exigirá gastar buena parte de los ahorros internacionales que han llegado a atesorar. Pero al menos se halla en la senda adecuada. ¿Puede decirse lo mismo de Norteamérica? ¿En qué ayuda denunciar a China? ¿No deberíamos más bien preguntarnos por qué su productividad, su inversión de capital y sus niveles de vida están creciendo, mientras declinan los nuestros?

La misma pregunta sugiere la respuesta: el sistema financiero chino está concebido para promover un crecimiento del excedente, no para chupar el excedente existente. Un producto lateral de eso es el aumento de los precios en los bienes raíces y en los mercados de valores, pero ese aumento refleja aquí incrementos de inversión de capital y progreso, no una diversión de la inversión para alimentar el vaciamiento de activos [asset stripping], como ha ocurrido en los EEUU de la codicia arrogante imperante en los últimos 30 años.

Lo que debería preocupar a Krugman y otros economistas que abogan por los asalariados y por el conjunto de la economía es el peligro de que la Fed emprenda otro rescate camuflado de sus amigos de Wall Street. Pues bien; Kessler sugiere que la Fed debería hacer precisamente eso: "trasladar la deuda tóxica a los libros contables de la FDIC [Corporación federal de seguros de depósitos, por sus siglas en inglés] y de la Fed, y reflotar a los bancos con capital fresco para abrir el próximo lunes por la mañana".

¡No puede criticarse a China por hacer lo que hace!

Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Su dedicación a los problemas de las economías postsoviéticas, y especialmente la letona, le ha llevado a ser comisionado recientemente, por parte de la coalición de izquierda letona Centro de la Armonía, como economista jefe de la Reform Task Force Latvia, un think tank encargado de elaborar una política económica alternativa para ese país báltico. Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3755






Envía esta noticia

Compartir esta noticia:
delicious 
digg 
meneame
twitter









lunes, 29 de noviembre de 2010

Las dos Coreas

Rusia- Irán




Rebelion. Objetivos: Rusia e Irán















Portada ::
Mundo






Aumentar tamaño del texto
Disminuir tamaño del texto
Partir el texto en columnas
Ver como pdf
29-11-2010






La cumbre de la OTAN en Lisboa

Objetivos: Rusia e Irán










En su pulso contra China por la hegemonía mundial, la OTAN en su nuevo “concepto estratégico” engrasa dos principales ejes: domesticar a Rusia, y aumentar su capacidad operativa para lograr el control de las rutas y de las reservas de petróleo, como es el caso de Irán.

La alianza militar-política dirigida por el Pentágono, anunció en Lisboa ampliar su “perímetro defensivo” para “actuar en cualquier lugar del mundo”. Este golpe al derecho internacional sucedía ante un servil Ban Ki-moon, jefe de una lamentable ONU. Se mantiene así un estado de guerra permanente para regocijo de los marchantes de armas. En la edición especial para una opinión pública anestesiada, el santo y seña de dichas hazañas serán “lucha contra las violaciones de derechos humanos, emisiones de CO2, el deshielo o la sequía”.

Tres enclaves estratégicos, ya ocupados por EEUU pueden servir para llevar a cabo este macabro plan: Kosovo en Europa, Irak en Oriente Medio y Afganistán en Asia Central.

Washington seduce a Rusia para que abandone la OCS (Organización de Cooperación de Shangai, dirigida por China) y se integre a la OTAN. Su fin es aislar a Pekín y abortar los intentos de Moscú a recuperar su antaño poder. Éste ya ha firmado las sanciones contra Irán y ha renunciado a entregarle los sistemas de defensa antiaérea, mejorando así su relación con Israel. Es obvio que Kremlin se beneficia de las amenazas a Teherán. El gasoducto Irán-Turquía-Europa, cuya finalización está prevista para 2014, competirá con el suyo, económica y políticamente.

Las alianzas se reconfiguran. EEUU utiliza a la India como el contrapeso de China, invitándole a romper con la OCS. Luego, con el fin de truncar el giro en la política exterior turco hacia el oriente musulmán, le fuerza a alojar en su tierra un escudo antimisiles que apunte a Irán, país que no ha dudado en realizar maniobras militares conjuntas con Pekín.

La crisis del capitalismo se ahonda. Y un Barack Obama derrotado en la política doméstica puede tener la esperanza de que nuevas aventuras bélicas, le refuercen de cara a las próximas elecciones.

La OTAN se presenta como la principal amenaza de la paz mundial. Es hora de exigir su disolución.

Fuente: http://www.nazaninamirian.es/?p=4963







Envía esta noticia

Compartir esta noticia:
delicious 
digg 
meneame
twitter